Motivos de Donald Trump para calificar a Venezuela y Cuba como regímenes represivos


Por Arthur González.

El mundo escuchó con atención el primer discurso de Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU, y al final la decepción fue total.

Su intervención fue irracional y belicista, sin explicar sus motivos para calificar a Venezuela y Cuba como “regímenes represivos”, bajo la “dictadura” socialista inaceptable del presidente venezolano Nicolás Maduro, y al cubano como “corrupto y desestabilizador”.

La realidad es que Estados Unidos no soporta países con sistemas diferente al de ellos, a pesar de que afirman que: “los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos, gozar de democracia y derechos humanos”.

¿Por qué razones Cuba y Venezuela no puede escoger un camino socialista para sus pueblos, bajo el principio de libertad y democracia?

Sencillamente porque  que puedan exhibirle al resto de los pueblos, especialmente de Latinoamérica, por considerarlo un mal ejemplo que afectaría el poder imperial.

Así lo expusieron especialistas del Council on Foreign Relations, al afirmar en 1999:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

El interés por crear matrices de opinión negativas a todo lo que huela a socialismo, está basada en las insuficiencias del sistema capitalista que posee Estados Unidos, algo puesto de manifiesto ante la crisis de los ciudadanos que lo han perdido todo por el azote del huracán Irma, muy diferente a los cubanos que, si tienen total apoyo del gobierno, ese que Trump califica como una dictadura.

Mientras en Miami, un numeroso grupo de personas, entre ellos adultos de la tercera edad con graves enfermedades y niños que no fueron evacuados previamente a la llegada del huracán, debido a la ausencia de un sistema que se preocupe ante todo por el ser humano, se ven obligados a dormir en automóviles y en la calle sin apoyo gubernamental, en Cuba la defensa civil evacuó oportunamente a un millón 738 mil personas hacia lugares seguros.

El régimen cubano, ese que acusa Trump de dictadura corrupta, ofrece alimentación y atención médica gratuita, además de organizar brigadas artísticas para atenuar el estrés postraumático de adultos y niños que lo han perdido todo.

Esa preocupación jamás la podrá llevar a cabo un sistema capitalista, pues el dinero es lo principal y los seres humanos no cuentan.

Prueba de ello es lo sucedido a los residentes en las Civic Towers de Miami, que se han visto obligados a soportar en las calles el fuerte sol y la lluvia, solo con la escasa ropa que pudieron a sacar de sus apartamentos, sin atención médica ni preocupación de las autoridades.

El alcalde de Miami, Tomás Regalado, ni la comisionada de Miami-Dade, Audrey M. Edmonson, han resuelto el futuro de esos y otros tantos desamparados, porque el sistema capitalista no tiene mecanismos para ello.

El socialismo es lo opuesto, en Cuba los secretarios del Partido y los presidentes del Poder Popular en cada provincia afectada por el huracán, no descansan buscándole soluciones a los problemas, levantar casas temporales, repartir ayuda, priorizar la reparación de escuelas, hospitales, policlínicas, comunicaciones, electricidad y alimentación, a fin de devolver lo antes posible la normalidad de pueblos y ciudades.

Ese gobierno socialista “corrupto y desestabilizador”, movilizó de inmediato al Ministerio de la Construcción con 20 mil 400 constructores y 855 máquinas ingenieras, más cientos de camiones, para ejecutar labores de resarcimiento constructivo, limpieza urbana y de carreteras, reparación de viales, puentes y alcantarillas, más la reparación de viviendas o construcciones temporales donde los pobladores puedan tener condiciones para vivir humanamente.

Lo mismo hizo con las empresas eléctrica y de telecomunicaciones.

Muy distinta es la situación de los miamenses, pues el Alcalde Tomás Regalado, declaró públicamente que no tiene disponibilidad de albergar a los que se han quedado sin sus apartamentos en las Civic Towers, y su homólogo, el alcalde de Miami-Dade, Carlos Jiménez, no aparece para darle frente a la grave situación de sus electores.

Mientras Miami tiene que enfrentarse a esa cruda realidad brindada por el sistema capitalista, la noticia de principales diarios reflejaba que cinco abogados corruptos del sur de la Florida y cinco de sus cómplices, fueron arrestados por estar complotados para estafar a sus víctimas, por lo que ganaron más de medio millón de dólares.

El sistema de Estados Unidos no puede compararse con el de Cuba y el de Venezuela, donde sus programas sociales de salud, educación, cultura y atención al ser humano gratuitamente es lo más importante, por eso la reacción de Trump de que hay que hacer lo indecible por derrocarlos.

Sin embargo, para espiar al mundo si les sobra el dinero, porque el imperialismo yanqui tiene que saber lo que dicen, piensa y actúan los demás.

Documentos recientemente conocidos, revelan que Estados Unidos espía a 193 países y varias organizaciones, incluida la ONU, el Mercosur y el Vaticano.

De esa intromisión violadora de todos los principios que Estados Unidos no habla, no se escapan la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, la Liga Árabe, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y el Mercosur, entre otras organizaciones internacionales.

EE.UU. espía a la alianza petrolera entre Venezuela y varios países de América Central y del Caribe, Petrocaribe, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Coordinadora Continental Bolivariana y los Hermanos Musulmanes de Egipto, más otras organizaciones políticas nacionales.

Al final el desestabilizador, corrupto y represivo es el gobierno de Estados Unidos, quien siembra terror y muerte, sin ocuparse de sus desamparados.

Ante situaciones semejantes afirmó José Martí:

“No se ha de ofender a aquellos a quienes no puede vencerse”.

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Lo que deben saber los “disidentes” cubanos.


Por Arthur González.

Esos que han calificado desde Estados Unidos como “disidentes”, que según documentos oficiales desclasificados fueron creados y financiados por la CIA ante la ausencia de opositores a la Revolución, deben conocer algunas cosas elementales del por qué ellos no tienen futuro en Cuba, ni el pueblo votaría por ninguno en las elecciones venideras.

El huracán Irma se ensañó con las islas del Caribe y entre ella Cuba, la que prácticamente arrasó, pero solo un sistema social como el escogido por el pueblo cubano, pudo impedir que un millón 700 mil personas murieran por las inundaciones y derrumbes de sus casas, al evacuarlas con antelación para centros y lugares seguros con alimentación y servicios médicos sin costo alguno.

Esa organización ejemplar de la defensa civil cubana jamás la tuvo Cuba antes de 1959 y de la que países poderosos como Estados Unidos tienen mucho que aprender.

Los “disidentes” que proyectan cambios en la Isla no pudieran asumir ninguna medida semejante, ellos no disponen de programas políticos para el pueblo, solo buscan dinero y viajes para vivir sin trabajar, algo que había informado el jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en la Habana, cuando aseguró en un cable confidencial:

“No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores […] su impacto en la sociedad cubana es muy poco y no ofrecen una alternativa política al gobierno”.

El pueblo cubano tiene una alta preparación académica y cultura política suficiente para comprender lo que busca esa mal llamada “oposición” al servicio de una potencia extranjera, que no es capaz de enfrentar las consecuencias de un huracán como Harvey, que destrozó a Texas y aun pasará mucho tiempo para que puedan recuperarse, porque dicho sistema no se preocupa de los ciudadanos comunes.

Rosa María Payá Acevedo asalariada de Estados Unidos, a quien utilizan ahora para intentar renacer de las cenizas el fracasado Proyecto Varela, diseñado por especialistas en subversión de la CIA y el Departamento de Estado para su padre, Oswaldo Payá Sardiñas, debería saber lo que informó a su gobierno, el mismo jefe de la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Crudo pero exacto fue el experimentado diplomático Jonathan Farrar, cuando informó al Departamento de Estado, a la CIA y al Consejo de Seguridad Nacional, entre otros, sus criterios sobre Payá Sardiñas, siendo estos los siguientes:

El Diálogo Nacional, de Osvaldo Payá, ha recogido algunos disidentes dispersos, pero no ha hecho acciones importantes en meses […] En realidad, muchos de los líderes del movimiento disidente son relativamente viejos. Disidentes de larga data como Osvaldo Payá andan por los 50 y 60 años; tienen poco contacto con los cubanos más jóvenes y cuando logran sacar un mensaje, este no es de interés para ese segmento social”.

Estos elementos no son propaganda de un comunista, sino del representante del gobierno de Estados Unidos en Cuba, quien sostenía un sistemático trabajo con los asalariados de Washington.

Por esas razones, quienes pretenden cambiar el sistema socialista tienen que darse cuenta que, mientras el poderoso huracán Irma destrozaba a su paso cuanto bien material se encontraba, en el Instituto de Cardiología Infantil de La Habana, se operaba gratuitamente un niño a corazón abierto, para subsanarle un problema genético en una de las válvulas de su pequeño corazón.

El equipo conformado por médicos, especialistas y enfermeras, trabajaron todo el tiempo en condiciones muy difíciles, pero la intervención quirúrgica fue un éxito, y ese personal calificado es el mismo que no acepta los encantos que les ofrece el programa Cuban Medical Professional Parole, diseñado desde septiembre del 2006 por el Departamento de Estado yanqui para que deserten y abandonen sus pacientes en Cuba.

Hay que ver la diferencia de sistemas cuando se palpa el triste destino que llevaron los ancianos residentes en viviendas públicas en Miami, tras el paso del huracán Irma, quienes no han tenido otra alternativa que dormir en plena calle sin recursos ni apoyo del gobierno, ese mismo que trabaja afanosamente por lograr “cambios” en la Isla, con el apoyo de sus asalariados “disidentes”, como las Damas de Blanco, Yoani Sánchez, Antonio Enrique González-Rodiles, Eliecer Ávila y Rosa María Payá.

Nadie sabe dónde podrán pasar los días esos ancianos que sus viviendas quedaron inhabitables, porque el sistema yanqui no mira al ser humano sino a sus bolsillos.

Mucha propaganda se divulga sobre los destrozos causados en Cuba, pero no dicen que el poderoso huracán Irma ha dejado a los pobres de la Florida en la ruina, ni se menciona nada respecto a los daños sufridos por los pobladores de Liberty City en Miami, barrio conformado por negros, latinos y caribeños de escasos recursos, donde perdieron lo poco que tenían.

No sería ocioso que Rosa María Payá y sus tutores de la mafia terrorista anticubana, se dieran una vuelta por ese lugar para que vean los sufrimientos de esos norteamericanos que el sistema capitalista los tiene olvidados, al igual que los 3,3 millones de personas viven en la pobreza en Florida, según informes oficiales de la Oficina del Censo de Estados Unidos, al afirmar que “los pobres son casi un 16% de los 20,6 millones de habitantes del estado”.

Para esos 3,3 millones de pobres Disney World no existe, ni las grandes tiendas y hoteles, donde solo los ricos disfrutan, mientras el Secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, solicita aviones oficiales para ver el eclipse solar o trasladarse a Europa en luna de miel, siendo el costo del vuelo de 25 mil dólares por hora, algo de lo que no habla la prensa oficialista yanqui.

No por gusto José Martí afirmó:

“Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”