Marco Rubio y Bob Menéndez piden que EE.UU. desclasifique reporte sobre los falsos ataques en Cuba.


Los yanquis, expertos en desinformación y mentiras cuando desean lograr un objetivo, no dejan desvanecer el fabricado “ataque sónico” a sus diplomáticos acreditados en La Habana, con la finalidad de sembrar en la mente de turistas y visitantes potenciales a la isla, que realmente algo sucedió que enfermó a su personal.

El costo de los tratamientos médicos en Estados Unidos es elevado y por eso la campaña sobre enfermedades provocadas es lo que más se repite; pero si los ataques son falsos, no puede haber enfermos de algo que no existió y esa debe ser la respuesta de Cuba.

Para mantener en titulares las noticias sobre el tema y que no se le olvide al público, ahora destacan que los Senadores Marco Rubio y Bob Menéndez, pidieron al Secretario de Estado y ex director de la CIA, que desclasifique la información disponible, pero todo eso responde al mismo show mediático para darle divulgación a la mentira, repetida una y otra vez, tal y como hacían los nazis.

Todos saben que ambos Senadores son parte de la mafia terrorista anticubana, opuesta al mejoramiento de relaciones entre ambos países, especialmente a los viajes a Cuba.

El Departamento de Estado no tiene nada que desclasificar, a no ser que, en un idílico arranque de sinceridad, reconozca que todo es parte de un plan premeditado para arreciar la guerra económica contra Cuba, pues el turismo es la segunda fuente de dinero fresco del país y hay que afectarlo a toda costa.

Parece que los dos Senadores se olvidaron de otras operaciones falsas llevadas a cabo por Estados Unidos, para ejecutar planes específicos de su conveniencia.

¿No recuerdan los dos mafiosos el testimonio de la adolecente kuwaití de 15 años, nombrada Nayirah, ante el Congreso de Estados Unidos en octubre de 1990, donde relató “emocionadamente” la inventada brutalidad cometida por el ejército de Irak, en un hospital de Kuwait, exponiendo entre sollozos cómo los soldados de ese país habían matado a 300 bebés que se encontraban hospitalizados?

Esa información se divulgó hasta la saciedad y la consideraron verídica para respaldar a Kuwait en la Guerra del Golfo, que tanto convenía a los intereses yanquis.

Unos años más tarde, se descubrió que Nayirah era en realidad hija de Saud Nasser Al-Saud Al-Sabah, embajador de Kuwait en Estados Unidos y que la adolecente había sido entrenada por especialistas de la compañía de relaciones públicas Hill & Knowlto.

Por su buena actuación teatral ante el Congreso de Estados Unidos, Nayirah recibió la suma de 10,8 millones de dólares, abonados por la asociación “Ciudadanos por Kuwait Libre”, creada por la familia real de Kuwait, con el objetivo de persuadir a la opinión pública norteamericana de la necesidad de que los yanquis interviniesen en la Guerra del Golfo.

Esos senadores anticubanos que apoyaron al asesino terrorista Luis Posada Carriles, uno de los autores de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano, causándole la muerte a 73 inocentes, se hacen los desentendidos de las operaciones ejecutadas por la CIA, donde se demuestra de lo que son capaces los yanquis cuando desean obtener beneficios.

Ejemplo irrefutable fue el proyecto “MK Ultra”, el cual se hizo público en 1975, a partir del trabajo realizado por la Comisión presidencial Rockefeller, conociéndose el programa secreto elaborado por la CIA, diseñado para buscar métodos de control de la mente humana, y tenía como fin mejorar sus capacidades de extraer información de los individuos resistentes en los interrogatorios.

Algunos historiadores sospechan que lo perseguido por ese proyecto secreto, era desarrollar técnicas más eficaces de tortura, para sacarle información a los detenidos, pues empleaban en esos estudios señales eléctricas, drogas y psicotrópicos, y mensajes subliminales.

Si los Senadores mafiosos están preocupados por conocer detalles de acciones en Cuba, deberían solicitarle a la CIA que desclasifique también los hechos de guerra biológica que han llevado a cabo contra el pueblo cubano, entre ellos la introducción del virus la fiebre porcina africana, detectado el 23 de julio de 1971.

El impacto de aquel daño fue el sacrificio e incineración inmediata en el área focal, de 45 mil 706 cerdos, más el sacrificio y procesamiento industrial en la zona de peligro de otros 424 mil 848 cerdos.

La descalcificación de esa criminal operación contra la economía de Cuba, permitiría verificar la información de que dicho virus llegó a la Isla desde la base militar de Estados Unidos, Fort Gullick, ubicada en el Canal de Panamá.

Importante para el pueblo de Estados Unidos y el mundo, resultaría la desclasificación que pudiera hacer la CIA, de los detalles de cómo y quién introdujo en Cuba el virus del Dengue Hemorrágico en mayo del año 1981, con una aparición repentina que afectó rápidamente a no menos de 350 mil personas, mayoritariamente niños, ocasionándole la muerte a 158 ciudadanos, de ellos 101 menores, pese al inmediato cuidado y atención para enfrentar ese virus desconocido en la Isla, transmitido por el mosquito Aedes Aegyiptis.

Menéndez y Rubio deben obligar a que la CIA exponga la verdad sobre ese acto criminal, explicándole a los científicos que estudian la enfermedad, dónde se creó la cepa Nueva Guinea 1924 serotipo 02, única en el mundo en ese momento, y qué vacuna utilizaron en septiembre del año 1981, en la Base Naval en Guantánamo, para cubrir a sus soldados y oficiales allí destacados.

Basta de engaños, que los cubanos tienen amplia experiencia en las campañas difamatorias elaboradas por los yanquis.

Ni ruidos, señales acústicas, virus o rayos ultra secretos, todo es mentira como también lo fue la acusación hecha por John Bolton hace varios años, de que Cuba estaba produciendo armas biológicas.

Hay que hablar claro y no perder más tiempo en demostrar inocencia, de hechos fabricados para dañar la imagen de uno de los países más seguros y tranquilos del hemisferio occidental.

Y como afirmara José Martí:

“Ancha tumba se construye con sus propias manos las maldades”

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La CIA la más perjudicada por la reducción del personal en Cuba.


Por Arthur González.

Cuando el 3 de enero de 1961 el presidente Dwight Eisenhower, rompió relaciones diplomáticas con Cuba, Mike Pompeo era un niño de 9 años y no sufrió el error que constituyó retirar la estación local de la CIA de la Isla, en medio de los trascendentales cambios políticos y económicos que acontecían, en medio del proceso revolucionario que se llevaba a cabo.

En aquellos días la CIA aseguraba que la Revolución no resistiría la invasión que estaba preparándose, pero al ver como se rendían sus “brigadistas” a las milicias y al ejército rebelde, sus ilusiones fueron cambiando.

La CIA tuvo que recurrir a sus aliados, europeos y canadienses, para obtener información de lo que acontecía en Cuba; sus oficiales tuvieron que trasladar la atención de su red de espías, algo que no les agradó y menos al comprobar como era desmantelada por los Órganos de la Seguridad.

No fue hasta 1977 cuando el presidente James Carter autorizó la apertura de la Sección de Intereses en La Habana, y la CIA pudo retornar para reclutar nuevos agentes y buscar informaciones para sus planes subversivos.

La situación actual, es parecida a la de 1961, producto de la decisión de Donald Trump de reducir en un 60 % los funcionarios de la embajada en La Habana, entre ellos los oficiales CIA que laboraban encubiertos en cargos diplomáticos, en momentos que se produce la salida del presidente Raúl Castro.

Trump, asesorado por Mike Pompeo, en combinación con Marco Rubio, fabricaron la operación de los falsos ataques acústicos, para interrumpir las frágiles relaciones establecidas por Obama, quien cambió la estrategia para desmontar el socialismo en Cuba, bajo el viejo adagio de que “es más fácil matar a una mosca con miel que a latigazos”.

Un error más de los cometidos por los yanquis; por eso al ser nominado como Secretario de Estado, Pompeo acaba de afirmar que trabajará para “construir un equipo diplomático en Cuba que pueda responder a los intereses estadounidenses en la isla”.

Cómo será ese equipo, no lo explicó, pero es posible que la CIA tenga una mayor representación en la embajada, que le permita ejecutar planes de influencia y reclutamiento entre el gobierno cubano, siguiendo recomendaciones de quien estuviera al frente de la legación diplomática en La Habana, cuando en un informe secreto expuso:

“Es preciso que busquemos en otra parte, incluso dentro del propio Gobierno, para identificar a los más probables sucesores del régimen de Castro”.

“Se hace necesario tratar de ampliar nuestros contactos dentro de la sociedad cubana, tanto como sea posible, hablando de liderazgo e iniciativas democráticas. Debemos continuar abriendo Cuba a la era de la información a través de medidas como las anunciadas el 13 de abril 2015, para ayudar y estimular a las generaciones más jóvenes de cubanos en la búsqueda de más libertades y oportunidades”.

Esas acciones subversivas no se pueden ejecutar a distancia, la CIA requiere estar en el terreno para llevarlas a cabo, algo que Marco Rubio no entiende y de ahí sus acciones que impiden la labor de las agencias de inteligencia que estaban presentes en La Habana.

El propósito que busca el Senador es afectar al turismo americano y de otros países, algo en lo que fracasó, por eso la presión sobre el gobierno de Canadá como último recurso.

Pompeo ha tratado de reforzar la guerra económica, financiera y mediática, incluso como director de la CIA en junio de 2017 recibió en su despacho a connotados representantes de la Brigada mercenaria 2506, prometiéndoles medidas más duras contra la isla.

La vida le demostró a Pompeo que sin información no se pueden trazar planes, por ahora diseña la estrategia de darle marcha atrás a la decisión de Trump, sin reconocer la mentira de los ataques y las enfermedades, pero sí desea estar presente en el actual teatro de operaciones, no tiene más opción que volver a armar la estación de la CIA que el mismo desmotó.

En su audiencia de confirmación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, afirmó:

Nos comprometemos en construir un equipo que proporcione diplomacia en Cuba para impulsar los intereses estadounidenses”.

Al parecer Marco Rubio ha sido persuadido de la importancia de la presencia de la CIA, porque en sus más recientes declaraciones sobre los inventados ataques acústico dijo:

“Considero que Rusia pudiera estar detrás de los misteriosos ataques, sucedidos en residencias diplomáticas y en los hoteles Capri y Nacional, en La Habana, entre noviembre de 2016 y agosto de 2017”.

No obstante, mantiene su postura de responsabilizar al gobierno cubano de la agresión, expresando que “sus autoridades saben que pasó y quien lo hizo”.

Hay que esperar la entrada de Pompeo al Departamento de Estado para ver qué actitud asume, pero sus antecedentes son muy negativos hacia Cuba.

En 2015, siendo representante por Kansas, copatrocinó el proyecto de ley Cuban Military Transparency Act, que prohíbe intercambios financieros con empresas gestionadas por los militares cubanos.

Pertenece a la rama más conservadora republicana y es miembro de la Asociación Nacional del Rifle.

Participó como militar en la primera Guerra del Golfo y en Europa del Este.  Es graduado de Ingeniería Mecánica en la Academia Militar de West Point, donde recibió el grado de capitán. Una vez licenciado del ejército, se graduó de abogado en Harvard.

En 1998 inició su carrera como empresario junto con tres amigos de estudios de West Point, adquiriendo tres empresas de piezas para aviones, creando  y entre sus clientes estaban Lockheed Martin y Boeing.

En 2006 se incorporó como presidente a la empresa Sentry International, dedicada a equipamiento petrolífero, vinculada a Koch Industries; por eso coincide con Trump en los temas del cambio climático y el petrolero.

El tiempo dirá como conduce su trabajo exterior pero los cubanos seguirán resistiendo, pues al decir de José Martí:

“El aire de la libertad tiene una enorme virtud que mata a las serpientes”