Lo absurdo de una mentira.


Por Arthur González.

No es de extrañar que Mike Pompeo, secretario de Estado de los Estados Unidos, exprese deliberadamente una de sus tantas mentiras, al afirmar en una conferencia de prensa que: mi país está enfocado en presionar al gobierno cubano para que repiense su apoyo a Maduro, y mi gobierno seguirá insistiendo a sus aliados sobre la necesidad de presionar a Cuba, que apoya a Maduro en materia de inteligencia y contrainteligencia”.

El gran error de Estados Unidos es su fabricada pretensión de hacérsele creerse al mundo que el gobierno de Nicolás Maduro, se mantiene por el apoyo de una pequeña nación como Cuba, insólita afirmación que pretende desconocer que la Revolución bolivariana ha hecho más por el pueblo venezolano, que todas las administraciones anteriores.

Fue el presidente Hugo Chávez Frías quien diseñó y ejecutó las misiones sociales para ayudar al pueblo, ese que durante décadas estuvo olvidado para las clases dominantes venezolanas.

Gracias a esas misiones, millones de venezolanos tienen acceso a la salud de forma gratuita, como es la Misión Milagro y Barrio Adentro, que instituyó los centros integrales de diagnóstico para atender enfermos en cada parroquia del país, incluso en la selva donde no conocían un médico.

Las misiones de cultura, deporte y de educación, cambiaron la vida de millones de personas, enseñándoles a leer y a escribir bajo el método cubano “Yo sí puedo”, algo que molesta al imperialismo yanqui porque le abrió los ojos a los que antes no sabían cómo reclamar sus derechos.

La cultura se generalizó en todos los estados de Venezuela, detectando valores en niños, adolescentes y adultos, que pudieron alcanzar una educación artística sin precedentes en la historia de ese gran país.

Cuba le tendió la mano a Venezuela al igual que a otros países del mundo, ayudando a los más necesitados, algo que Estados Unidos ni Europa hacen, a pesar de las riquezas económicas que poseen.

Los cubanos comparten lo que tienen, no lo que les sobra y eso irrita a los yanquis porque es para ellos un mal ejemplo que no quieren que se copie.

Por esas razones y muchas más, el pueblo defiende su soberanía e independencia de los Estados Unidos, acostumbrados a meterse en los asuntos internos de los países latinoamericanos, al considerarlos como su patio, sin embargo, jamás ha desembolsado un dólar para ayudar los más necesitados y sí para invertir en beneficio de sus grandes trasnacionales y compañías, que solo explotan los recursos naturales para enriquecerse a costa de los demás.

Es por ese motivo que Washington diseña acciones encubiertas contra Cuba y Venezuela con la intensión de desestabilizar sus economías, para fomentar el malestar en la población a fin de que culpen a los procesos revolucionarios.

Esa fórmula, ya gastada contra Cuba por 60 años de guerra económica, comercial y financiera, la replican contra Venezuela, pero ya es tarde para que obtengan resultados, pues precisamente el pueblo ya sabe leer, escribir y pensar con entera libertad, resultándole difícil a los yanquis engañarlos con sus mentiras y tergiversaciones.

¿Quién en Venezuela no sabe hoy que los ataques al sistema electro energético nacional, que dejó sin electricidad a los hospitales, escuelas, centros fabriles, el transporte público y las viviendas de los ciudadanos, no es obra de los yanquis?

¿Quién no conoce en Venezuela que el intento de golpe de estado y el apoyo a Juan El títere Guaidó, no fue por obra y gracia de los yanquis?

Cada medida de guerra económica que impide al gobierno de Maduro adquirir alimentos y medicinas para el pueblo, une más a los venezolanos y fortalece el sentimiento anti yanqui.

Ningún venezolano que aprendió a leer y a escribir, ha sido operado gratuitamente y recibido tratamiento médico, le fue entregada una vivienda con el mejor nivel, y sus hijos pueden estudiar en la universidad o escuelas de arte como nunca lo soñaron, puede desear regresar al pasado que dejó el expresidente Carlos Andrés Pérez, quien robó con las dos manos, enriqueciéndose junto a cientos de funcionarios de su gobierno.

De eso la prensa yanqui no dice una sola palabra, como si la historia de Venezuela comenzara solo bajo el gobierno de Chávez. El chavismo acabó con la explotación de los pobres, como jamás otro gobierno hizo por ese pueblo.

Las cruzadas de mentiras fabricadas contra la Revolución Bolivariana son brutales, todo con el único fin de satanizar a Chávez y a Maduro, haciendo campañas de desinformación en todo el mundo para evitar el apoyo a ese proceso.

La Unión Europea también ha sido víctima de esas falsedades y de ahí el apoyo que le dan a la política agresiva y violatoria del marco legal internacional contra Venezuela, pero la verdad está saliendo a flote, pues desde el mes de enero 2019 en que Estados Unidos fabricó al auto nombrado “presidente” Juan El Títere Guaidó, no ha recibido respaldo del pueblo, ni de los militares de Venezuela.

A pesar de los planes de la CIA para comprar a los generales del ejército bolivariano, no logran resultado alguno y por tanto no pudieron llevar adelante el golpe de estado el 30 de abril 2019. Los líderes de la oposición ante el aplastante fracaso, corrieron a solicitar asilo o alberge en embajadas, dando por sentado que el gobierno de Maduro es fuerte y cuenta con todo el apoyo de su pueblo.

Los yanquis andan desesperados y sin muchas posibilidades para sus proyectos. La opción militar no es apoyada por los gobiernos latinoamericanos ni los europeos, y aunque no se descarta que Estados Unidos la ejecute, los costos en vidas yanquis serían demasiado altos para enfrentar a la opinión interna, ante el proceso electoral, aunque la táctica a emplear sea similar a la ejecutada en Yugoslavia, con un bombardeo diario para someter al ejército y aniquilar la vida económica del país.

Por esa razón, quieren construir la matriz de opinión de que hay que doblegar la resistencia y unidad del pueblo cubano, pues “es Cuba la que mantiene vivo al gobierno de Nicolás Maduro”, como si los venezolanos no tuvieran criterio y pensamiento propio para saber qué es lo mejor para ellos.

La pasada semana, un alto funcionario del Departamento de Estado confesó al Miami Herald que: “el Gobierno estadounidense estudia opciones para limitar la influencia de Cuba en Venezuela, pues constituye un obstáculo en la búsqueda de una solución a la crisis política en ese país y el propósito principal del Departamento de Estado es conseguir que los cubanos salgan de Venezuela”.

La táctica es clara, dejar a los venezolanos sin la asistencia médica gratuita, la deportiva, la educacional, la cultural, la de la agricultura y otras que reciben de los colaboradores cubanos, lo que agravaría aún más las limitaciones de la población y por tanto su malestar se incrementaría, siendo aprovechado por los yanquis para culpar a Maduro de sus penurias.

Pero ya sabemos que el mismo secretario de Estado reconoce que la CIA entrena a sus oficiales para mentir, engañar y robar; por eso a otros con ese cuento, mientras, los cubanos continuarán su apoyo a los venezolanos, haciendo gala a lo expresado por José Martí:

“Dígame Venezuela en que servirla; ella tiene en mi a un hijo”

 

 

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Reconoce Donald Trump que fue engañado sobre Venezuela.


Por Arthur González.

El diario The Washington Post acaba de publicar un artículo donde afirma que el actual inquilino de la Casa Blanca, el inexperto en política Donald Trump, aseguró sentirse frustrado ante las constantes derrotas sufridas en Venezuela, en su obsesión por derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Todo indica que el Presidente yanqui está insatisfecho con la estrategia diseñada por los especialistas de la CIA y su asesor de seguridad nacional, John Bolton, la que no logra aglutinar al pueblo venezolano a favor del títere Juan Guaidó, figura gris mal seleccionada para fungir, o, mejor dicho, fingir como gobernante interino.

Guaidó, ausente de carisma, imagen atractiva y de un discurso encendido, no ha sido capaz de movilizar a la oposición y menos aún de ser reconocido por los militares, demostrando una nefasta actuación durante el fallido intento de trasladar hacia Venezuela la ayuda “humanitaria” por la frontera colombiana, el pasado mes de febrero 2019, a pesar del fuerte apoyo sustentado por Estados Unidos, en el que movilizaron al Secretario General de la OEA, y a los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay, para estar junto al títere Guaidó.

Como operación mediática, Estados Unidos aprobó un concierto organizado por el empresario británico Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, el que atrajo a un grupo de artistas de fama internacional, quienes quedaron en ridículo y marcados para la historia como peones de los yanquis, al no obtener los resultados planificados.

Funcionarios del Gobierno y de la Casa Blanca, aseguran que Trump se siente engañado, pues la CIA y Bolton le aseguraron que reemplazar al presidente Maduro por Juan Guaidó, sería una tarea muy fácil, pero en realidad ha sido todo lo contrario.

Ya pasaron tres meses de su auto proclamación como Presidente sin resultados, y la vida dice que todo el dinero gastado en sostenerlo ha sido un fiasco total. Los 50 países que se dejaron presionar por Washington, deben estar sacando las mismas conclusiones y en el futuro tendrán que volver a reconocer a Maduro como único y legitimo presidente de Venezuela.

Lo que le sucede hoy a Trump, también lo sufrió el presidente John F. Kennedy, cuando el entonces director de la CIA, Allen Dulles, le aseguró en 1961, que el pueblo cubano “esperaba ansioso” la llegada de la invasión con la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue enfrentada y vencida en solo 67 horas.

Al tener que asumir la derrota, Kennedy tomó la decisión de defenestrar a la CIA y a varios de sus asesores por engañarlo, medida que tendrá que tomar Trump con Bolton y Elliott Abrams, que no dan en el centro de la diana con sus planes imperiales contra Maduro, y solo han incrementado el odio de millones de personas y de países como los centroamericanos, a los que les retiró más de 450 millones de dólares, al no poder detener el flujo de inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras, hacia la frontera sur de Estados Unidos con México.

Hoy Estados Unidos posee mayor rechazo en América Latina y otros lugares del mundo, debido a su política intervencionista e injerencista, incluidas las sanciones económicas y financieras a Cuba y Venezuela, unido a las elevadas multas impuestas a bancos extranjeros y la reciente liberación de la aplicación del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, que perjudica a miles de inversionistas extranjeros en Cuba, muchos de ellos procedentes de países aliados a Estados Unidos.

Kennedy también subestimó a Fidel Castro y su prepotencia imperial no le permitió valorar el mayoritario respaldo popular que tuvo, de ahí sus constantes fracasos en derrocarlo, llegando en su desesperación a aceptar los planes propuestos por la CIA para asesinarlo, unido a operaciones de terrorismo de Estado, acciones de guerra económica y biológica, que sus sucesores han seguido sin el menor resultado, porque continúan sin evaluar objetivamente el apoyo del pueblo a su Revolución.

Con Venezuela les sucede de forma idéntica, y cuales trasnochados embriagados, persisten en la guerra económica como medio para que el pueblo se lance a las calles, ante las crecientes limitaciones alimentarias.

Si Trump no toma en serio sus fracasos en Venezuela, terminará aceptando las propuestas del anciano John Bolton, que pide constantemente una intervención militar en Venezuela, y sin dudas será el fracaso y fin de su carrera política, debido a la cantidad de muertos que pondrá el ejército norteamericano, bajas que no podrá justificar ante sus ciudadanos, pues los venezolanos, al igual que los cubanos en Bahía de Cochinos, defenderán su patria con todo el coraje que tienen como herencia de sus próceres, principalmente de Simón Bolívar.

Hay que estar ciego para no ver que la oposición venezolana no está dispuesta a enfrentarse en las calles con el pueblo, pues la integran miembros de la burguesía acostumbrados a vestir con sacos y corbatas, sin mezclarse con los trabajadores y personas humildes, quienes apoyan a Maduro por ser los más beneficiados de la Revolución chavista y de sus programas sociales.

Esa oposición burguesa tomó el camino de Miami, España y otros países de habla hispana, llevándose en sus maletas el capital suficiente para vivir bien en el “exilio”.

Los que se quedaron, después del fiasco de la intentona golpista, corren a refugiarse en embajadas para evitar la justicia y otros son encarcelados por violar las leyes del país.

Guaidó sigue en libertad, como una magistral maniobra de Maduro para que aumente su desprestigio ante el mundo, detenerlo sería convertirlo en víctima, pero él caerá por su propio peso sin penas ni glorias.

Mientras, desde Washington, Bolton y Abrams con total ignorancia del sentimiento de los pueblos, continúan jugando a la guerra desde posiciones seguras, pero sin mojarse sus posaderas.

Certero fue José Martí cuando afirmó:

“La ignorancia es la garantía de los extravíos políticos”.

 

Pueblos del mundo conozcan al imperialismo yanqui.


Por Arthur González.

Estados Unidos se autoproclama paladín de los derechos humanos del mundo, pero realmente es el máximo violador y solo con su dinero y poderío militar logran silenciar sus crimines, compran y chantajean a funcionarios y gobernantes de otros países, y muchos periodistas se arrodillan antes sus amenazas; ejemplos sobran.

El más reciente hecho que pone en evidencia la anterior aseveración, lo realizó el Senador Marco Rubio, quien en compañía del Representante Mario Díaz-Balart, ambos miembros de la mafia terrorista asesina de Miami, visitaron la ciudad de Cúcuta, en Colombia, zona fronteriza con Venezuela por donde pretenden ingresar la supuesta ayuda humanitaria, que enmascara la invasión militar con la que planifican acabar con la Revolución Bolivariana venezolana.

Desde el 2014 Estados Unidos incrementó la guerra económica, comercial y financiera contra el Gobierno de Nicolás Maduro, con la finalidad de que las penurias que esa acción ilegal causa en el pueblo venezolano, le resten apoyo popular y provocar masivas revueltas que serían respaldadas por las fuerzas militares de Colombia, como punta de lanza de una invasión con tropas yanquis.

El pueblo venezolano alfabetizado y preparado culturalmente por la Revolución iniciada por el presidente Hugo Chávez, no se ha dejado engañar por campañas de noticias falsas generadas por la CIA, a través de los mecanismos creados para esos fines, unido a las acciones ejecutadas por la USIA y la NED que, desde la embajada yanqui en Caracas, inciden en grupos de estudiantes universitarios, asociaciones de empresarios, organizaciones religiosas y la prensa.

Gracias al conocimiento adquirido por la población trabajadora y los sectores más humildes de Venezuela, Estados Unidos no ha podido manipular a su antojo a las masas, de ahí que la Revolución bolivariana haya ganado mayoritariamente en 20 de los 23 procesos electorales celebrados en ese país, algo que exaspera a la Casa Blanca al no poder derrocar el socialismo bolivariano.

La desprestigiada y divida oposición tampoco alcanzó las metas impuestas desde Washington de sumar seguidores, y al estar integrada mayoritariamente por personas de la burguesía, no representa los intereses de la clase trabajadora, campesina y las etnias indígenas, los que saben perfectamente a donde irán a parar los beneficios que les da el proceso revolucionario iniciado por Chávez.

Por esas razones los yanquis ven como única solución el empleo de la fuerza militar para imponer sus intereses, algo en lo que tienen vasta experiencia, demostrada con sus guerras fratricidas en Yugoslavia, Serbia, Afganistán, Irak, y Libia.

Para no dejar dudas de cómo es realmente el imperialismo yanqui, el Senador Marco Rubio, junto al Representante Mario Díaz-Balart, llegaron a Colombia para ultimar detalles de la provocación militar en el puente que divide ese país con Venezuela, prevista para el próximo 23 de febrero 2019, para apuntalar el golpe de Estado organizado con Juan el Títere Guaidó hace dos semanas, pues no ha tenido el menor respaldo del pueblo, aunque lamentablemente sí de otros países y de la Unión Europea, debido a las fuertes presiones políticas y amenazas de represión económica anunciadas por el propio Presidente Donald Trump.

Para tener más clara la proyección de amenazas imperiales, hay que tener presente lo declarado por Marco Rubio, cuando dijo ante la prensa colombiana y extranjera: “Los militares venezolanos que impidan la entrada de la ayuda humanitaria, pasarán el resto de su vida huyendo”.

Esa es la democracia yanqui que imponen al mundo desde el siglo XIX, mediante el uso de las armas que tantos crímenes ha causado en este mundo.

¿Pensará ese Senador mafioso que los militares venezolanos dispuestos a dar la vida por la soberanía de su patria, se atemorizarán ante sus amenazas?

¡Que poco conocen a los pueblos que se niegan a ser esclavos de los yanquis!

No aprenden las lecciones que los cubanos y cubanas les dan a diario desde 1959, enfrentados a cientos de actos terroristas organizados por la CIA, vencedores de la invasión mercenaria derrocada en solo 67 horas, resistiendo la guerra económica más larga y despiadada del mundo, unido a cruzadas comunicacionales para deformar la realidad de la Revolución encabezada por Fidel Castro, líder que no pudieron asesinar a pesar de los casi 600 planes generados desde Estados Unidos.

¿De cuál justicia internacional habla Marco Rubio, quien califica la defensa de la patria como un crimen internacional?

Según afirmó: “negar la comida y negar la medicina a civiles es un crimen internacional y se pasarán el resto de su vida escondiéndose”.

¿Y la guerra económica, comercial y financiera que desarrolla el gobierno que él representa, contra Cuba y Venezuela no es un crimen de lesa humanidad?

El mundo condena anualmente el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, impuesto oficialmente en 1962 por el Presidente John F. Kennedy, pero sus responsables esperan por ser juzgados en un tribunal internacional, como el que juzgó y sancionó a los nazis alemanes.

Cuba es atacada desde hace 60 años por Estados Unidos con acciones de todo tipo, desde el terrorismo, el bandidismo, la guerra biológica causante de muertes y enfermedades en personas, animales y su fauna, los planes de asesinato a sus principales dirigentes reconocidos por la CIA durante la investigación ejecutada por la Comisión Church, organizada en el Senado yanqui, pero jamás las organizaciones judiciales internacionales han sentado en el banco de los acusados a sus responsables.

Estados Unidos protege en su territorio a connotados autores de actos terroristas contra Cuba, otorgándoles el estatus de refugiados políticos, como hizo con Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares, quienes colocaron bombas en centros comerciales de La Habana por órdenes de la CIA; Luis Posada Carriles autor de la voladura de un avión civil cubano donde murieron 73 inocentes, y de las explosiones en varios hoteles de la Isla; Orlando Bosch Ávila, ejecutor de las bombas que explotaron en embajadas, consulados y oficinas comerciales cubanas en el exterior y entidades estadounidenses que tenían alguna relación contractual con Cuba.

Quien no tiene sentimientos patrios no sabe lo que es ofrendar la vida por defender su bandera, su libertad e independencia, y eso es lo que le sobra a los incorruptibles militares y jefes venezolanos, que no temen a las amenazas imperiales de aquellos que no tienen moral para condenar a otros.

Por eso en sus versos aseguró José Martí:

“Quien a su patria defender ansía / ni sangre ni en obstáculos repara /del tirano desprecia la soberbia y en su pecho se estrella la amenaza”.

Sale a flote la verdad sobre el golpe de estado en Venezuela.


Por Arthur González.

 

Al igual que el mundo conoció la mentira fabricada por Estados Unidos respecto a la existencia de armas químicas en Irak, pretexto para justificar su agresión imperialista con el único propósito de apoderarse de su petróleo, ahora ocurre lo mismo con el golpe de Estado que pretenden darle al presidente constitucional Nicolás Maduro, electo por la mayoría de su pueblo.

Posterior al 23 de enero 2019, fecha en que Juan el Títere Guaidó, se auto proclamó presidente de Venezuela, el mundo ha ido conociendo la verdad del execrable hecho, a pesar de la manipulación comunicacional desplegada por Estados Unidos.

Ya se sabe que el Títere Guaidó viajó a Colombia y de allí a los Estados Unidos, donde recibió las instrucción y seguridad de que sería respaldado en su acción ilegal, a fin de calmarle los miedos ante el temor de ser juzgado por rebelión y sublevación, como hará España con los catalanes que proclamaron su independencia.

En Washington el Títere fue recibido por el asesor de seguridad John Bolton, uno de los ideólogos de ese acto desesperado ante tantos fracasos para sacar a Maduro del poder. Ese viejo halcón participó directamente en el diseño de la mentira contra Irak, cuando servía a la administración de George W. Bush.

También le dieron instrucciones Mike Pompeo, Secretario de Estado y se comenta que el director de la CIA le dio su respaldo para que Guaidó dejara a un lado el desasosiego que lo abrumaba.

Igualmente, salió a luz pública el conocimiento previo del presidente de España Pedro Sánchez, porque “casualmente” el día 22 de enero, su secretario de Estado de Cooperación y para toda Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, se encontraba de visita en Washington y entre las personas con las que se reunió estaba la Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, vieja oficial de la CIA y otros funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional.

La Subsecretaria Breier confesó a la prensa europea que Estados Unidos había “alentado”, entiéndase presionado, a todos los gobiernos europeos para que respaldaran a Juan el Títere Guaidó, como presidente interino, para no dejar dudas de que Estados Unidos es quien dirige toda la operación subversiva al mejor estilo de los años 60 del siglo XX.

El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, Josep Borrell, admitió que el Departamento de Estado le avisó del golpe antes de este llevarse a cabo y lo han presionado fuertemente para que España y el resto de los países de la Unión Europea, reconozcan al Títere, y no acepten la conformación de un grupo para el diálogo con Maduro, ratificado por el vicepresidente Mike Pence, quien aseguró que “este no es el momento para el diálogo en Venezuela, sino para la acción”.

Todo encaja y hoy se conoce que el mismo día 23 de enero 2019, el ministro Borrell estaba reunido en Madrid con su homólogo de Portugal, Augusto Santos Silva, analizando los pormenores del llamado grupo de contacto internacional para Venezuela, acordado por la Unión Europea el mes de octubre 2018, de conjunto con algunos países latinoamericanos.

En medio de dicha reunión Duke Buchan III, embajador yanqui en Madrid, informó a Borrell que la fecha del golpe de estado era ese mismo día y Estados Unidos lo reconocería de inmediato, reafirmado por Mike Pence mediante un artículo que publicó el diario The Wall Street Journal el propio 23.

La operación estaba en marcha y todos los detalles aprobados anticipadamente se desarrollaban sin dificultades, incluidas las presiones a la UE y a otros aliados como Canadá y Australia.

Todo indica que España recibió el encargo de explicarle personalmente al canciller de Portugal, dada las relaciones de estos estados con Venezuela, al ser los dos países europeos con mayores intereses allí, pues del millón de ciudadanos de Europa residentes en Venezuela, cerca de 500 mil son españoles y portugueses.

La sumisión de España a Estados Unidos en el tema venezolano tiene sus antecedentes en el 2002, cuando fue el primer país que reconoció al golpista Pedro “El breve”, impuesto por los yanquis.

La fecha seleccionada por Washington para el golpe estuvo relacionada con la celebración en Suiza del Foro de Davos, porque así podían presionar mejor a los presidentes allí presentes.

Informaciones desde España afirman que el criterio de la cancillería española era diferente al del presidente Sánchez, quien al parecer no deseaba quedarse al margen de postura asumida por otros gobiernos europeos, unido a las presiones del Partido Popular y Ciudadanos, ambos seguidores de los yanquis.

Inicialmente el Ministerio de Exteriores no deseaba sumarse al apoyo del golpe, al sentar un precedente que rompía la doctrina Estrada, la cual afirma que “lo que se reconoce diplomáticamente es el Estado, no el Gobierno de turno” y es la primera vez en la historia que se reconoce a un presidente que no controla el funcionamiento del aparato estatal y rompe con quién ostenta el poder de facto como resultado de elecciones populares, aunque se cuestione su legalidad.

La Unión Europea demostró que en política exterior son los Estados Unidos quien la dirige, pisoteando la soberanía de los pueblos.

La intervención militar será el próximo paso que darán los yanquis de no poder consolidar el golpe, como expuso Trump en entrevista con la CBS News.

No se equivocó José Martí cuando afirmó:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

 

La agresión yanqui contra Venezuela, una lección para el mundo.


Por Arthur González.

Aquellos “inocentes” que aún creen en la llamada democracia representativa tan divulgada por los yanquis, ahora podrán comprobar que no existe, y el mejor ejemplo es la agresión de Estado Unidos contra el gobierno venezolano, elegido democráticamente el pasado 2018, ante la supervisión internacional que calificó dicho proceso como limpio y correcto.

En esas elecciones, incluso pospuestas ante el reclamo de la oposición que finalmente no participó en el proceso por órdenes de Washington, se demostró que Nicolás Maduro tiene el apoyo mayoritario de su pueblo, algo que el imperialismo yanqui no tolera.

Ante tantos planes subversivos fracasados, su impotencia se multiplica y como alternativa fabricaron al títere Juan Guaidó, desconocido para el pueblo, quien aceptó prestarse para seguir a las indicaciones de la CIA.

¿Se puede hablar de democracia y participación popular en la auto proclamación como presidente del títere Guaidó?

Por supuesto que no, es un acto de rebeldía según el código penal de todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Lastimosamente la Unión Europea y Canadá aceptaron las presiones de la Casa Blanca, demostrando un doble racero en su política exterior, y que ante los llamados del presidente Donald Trump cierran filas a su favor, a pesar de ese puede marcar un antecedente muy peligroso para el futuro de la región.

Lo que está sucediendo contra el pueblo venezolano es piratería moderna, al apoderarse de los fondos monetarios de Venezuela, negarse bancos europeos al traspaso de su oro y congelarle cuentas bancarias para entregárselas a la oposición, hecho sin antecedentes y que Europa ahora acepta en total sumisión.

Sin embargo, en los propios Estados Unidos la prensa acusa al presidente Trump de loco e irresponsable, lo que se evidenció con el cierre del gobierno federal al no interesarle el bienestar de los ciudadanos de su país, como afirmó recientemente Maribel Hastings, asesora ejecutiva de America’s Voice.

Si para los norteamericanos la decisión de Trump de ese cierre gubernamental es descabellada, por haber castigado a casi un millón de familias sin poder cobrar sus salarios durante 35 días, sin importarle las penurias que esas personas pasarían, ¿por qué no se solidarizan con el pueblo venezolano y el cubano que están sometidos a una cruel y despiadada guerra económica y financiera desde hace muchos años?

A Trump y a la mayoría de su Gabinete no les interesa lo que sufren sus conciudadanos y menos los cubanos y venezolanos, porque el interés por apoderarse de las riquezas de otros países es mucho más importante que la vida de millones de seres humanos.

La operación para construir al títere Juan Guaidó, contó con el visto bueno de Donald Trump y su asesor en política contra Cuba y Venezuela, el senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, algo que el propio títere confirmó al asegurar que dialogó con el mandatario estadounidense, sobre la crisis del país, quien le aseguró que contara con todo su apoyo.

Ya salen a luz pública los pasos que dio la CIA y funcionarios del Departamento de Estado para preparar al títere durante sus visitas a Washington y a Colombia, país que visitó subrepticiamente para recibir los últimos consejos y acordar la fecha en que se auto proclamaría presidente.

No por gusto el primer mandatario en reconocer al títere fue su jefe Donald Trump, de ahí le siguieron los demás que ya estaban advertidos por funcionarios del Departamento de Estados.

Lo que sucede en Venezuela hoy no es una simple payasada, es una operación que cuenta con varias etapas, las cuales irán subiendo de tono y de complejidad en la medida que el pueblo continúe su respaldo al presidente constitucional Nicolás Maduro.

La segunda etapa se produjo en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos intentó legitimizar la operación subversiva, pero ahí no obtuvo los resultados que deseaba.

La siguiente fue apretar aún más la tuerca sobre la economía venezolana, al secuestrar el dinero de las ventas de petróleo y pretender adjudicárselo al títere Guaidó para que compre a sus seguidores e intente sobornar algunos militares.

A esa se unió la farsa del títere yanqui de nombrar embajadores en los países latinoamericanos que le apoyaron, siguiendo instrucciones del Departamento de Estado, especialmente algunos integrantes del Grupo de Lima, en Washington y en el consulado de Miami. El objetivo es cortarle a Venezuela sus lazos con Latinoamérica y legitimar el golpe de estado.

Si ninguna de esas medidas remueve al presidente Maduro, todos los esfuerzos se concentrarán en el ejército, en busca de un nuevo Augusto Pinochet que se pliegue a los dictados de la CIA, para repetir el vergonzoso golpe contra el presidente chileno , donde el mundo observaría el derramamiento de sangre en todas las calles venezolanas.

De producirse ese escenario, tendría la gran diferencia que mucha de la sangre será de los yanquis y sus secuaces, porque ese pueblo que alcanzó a leer y a escribir, tener la salud gratuita, cultura, viviendas, trabajo y la dignidad de ser libres y soberanos, no se dejará arrebatar el poder que les dio Hugo Rafael Chávez Frías, cuando fue elegido presidente por mandato popular.

La Unión Europea, los lacayos latinoamericanos y los actuales dirigente de Estados Unidos, llevarán sobre su espalda la traición y la conjura, y los pueblos exigirán justicia, más temprano que tarde, por tantas felonías en nombre de una “democracia” ensangrentada.

No son los mismos tiempos en que los yanquis quitaban y ponían presidentes y juntas militares, como hicieron en Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Guatemala, Salvador, Honduras, Haití, República Dominicana y Cuba, en el pasado siglo XX.

Hoy venezolanos y venezolanas defienden con los dientes su independencia, porque como expresara José Martí:

“Los hombres, subidos ya a la libertad entera, no han de bajar hasta una de sus gradas”.

¿Por qué EE.UU. y la UE no apoyaron a Carles Puigdemont y si a Juan Guaidó?


Por Arthur González.

¿Qué país en este mundo acepta que un individuo se auto proclame presidente de un Estado, sin haber sido elegido democráticamente por el voto popular y la reafirmación del tribunal supremo?

La respuesta es solo una: ninguno.

Pero en Venezuela, espina trabada en la garganta de los Estados Unidos, ha sucedido en días pasados, mediante la farsa diseñada por los yanquis con el desvergonzado apoyo de la Unión Europea, la misma que no respaldó al líder del pueblo de Cataluña, Carles Puigdemont, quien sí fue abalado por el voto popular.

¿Con qué moral los europeos van a respaldar al títere de Juan Guaidó, fabricado por las manos de la CIA y el Departamento de Estado, orientado a la carrera en los locales de la propia misión diplomática yanqui, como parte del plan diseñado para darle un golpe de Estado al presidente constitucional Nicolás Maduro?

Es evidente que los mandatarios de la Unión Europea recibieron indicaciones de la Casa Blanca, para darle apoyo a la farsa política contra Caracas en clara pérdida de su soberanía y de la memoria, pues hace menos de un año en Cataluña se celebraron elecciones y solo por haber declarado su deseo de ser independientes de España, Carles Puigdemont y los demás líderes de ese proceso fueron acusados de rebelión.

Ahora la canciller Ángela Merkel se humilla ante el presidente Donald Trump, aceptando el ridículo papel de acusar a Nicolás Maduro, y reconocer al títere impuesto por los yanquis, en el infantil e ilegal golpe de Estado, cuando ella misma aprobó la detención de Puigdemont, bajo sentencia del tribunal de primera instancia de Neumünster, que decidió mantener en prisión provisional al expresidente del gobierno autónomo de Cataluña, mientras se esperaba el trámite de entregarlo a España.

Recordemos que el líder independentista catalán se vio obligado a viajar a Bélgica, debido a que el gobierno de Madrid quería juzgarlo por los delitos de sedición, rebelión y malversación de fondos públicos, después de su participación en el proceso de independencia de Cataluña que había sido prohibido por las autoridades; de ahí que le solicitaran al gobierno de Berlín su detención cuando viajaba desde Finlandia hacia Bélgica.

La Unión Europea adopta una posición a favor de Washington en sus planes de reconocer al títere Juan Guaidó, cuando no hizo lo mismo con el catalán, lo que demuestra la manipulación política que ejerce Estados Unidos sobre sus aliados y subordinados latinoamericanos, al fracasar durante décadas en sus planes contra la Revolución bolivariana de Venezuela.

El mundo de hoy está gobernado por Estados Unidos, quien dispone del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para doblarle el brazo a los que se oponen a sus órdenes.

¿Cómo es posible que la Unión Europea con tantos problemas que enfrenta Francia, no adopte resoluciones de condena contra por las salvajes represiones que ordena contra los partidarios del movimiento Chalecos Amarillos?

El tratamiento opuesto que asume Estados Unidos y sus aliados europeos en el caso de Venezuela, es prueba de que no existen democracia ni respeto a los derechos humanos.

¿Con qué derecho legal Juan Guaidó decidió auto proclamarse presidente de Venezuela y ser respaldado por el gobierno de Estados Unidos?

¿Aceptarían los parlamentarios europeos, Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea y el propio Donald Tusk, actual presidente del Consejo Europeo, que uno de los líderes del movimiento Chalecos Amarillos, se auto proclame presidente de Francia bajo el Arco de Triunfo, aplaudido por miles de sus seguidores?

De inmediato sería detenido y acusado de sedición y rebeldía como le hicieron al catalán Puigdemont, sancionándolo a decenas de años de prisión, algo que Estados Unidos no aceptaría si Maduro decide detener y acusar al títere Juan Guaidó. Para respaldarlo, despegarían rápidamente al Comando Sur para invadir a Venezuela, como han hecho con otros países de America Latina.

La Unión Europea parece olvidar que en el 2017 el expresidente catalán fue acusado de los delitos de rebelión y sedición, con la posibilidad de cumplir hasta 30 años de cárcel, después de que el Parlamento catalán declarara la independencia el 27 de octubre 2017.  Además de Puigdemont, otros 14 imputados fueron obligados a depositar en un plazo de tres días, una fianza de 6,2 millones de euros para responder a posibles responsabilidades civiles.

Eso es lo que le corresponde ahora al títere venezolano, pero a diferencia del catalán cuenta con el respaldo yanqui y europeo que lo defienden como si fuese inocente, quien solo cumple con las órdenes recibidas de sus amos de Estados Unidos.

Washington busca un pretexto para invadir a Venezuela, porque todas las fórmulas empleadas han fracasado y a pesar de la despiadada guerra económica, comercial y financiera impuesta, unido a las campañas mediáticas para satanizar la imagen del presidente Maduro, la mayoría del pueblo le sigue dando su apoyo incondicional, porque saben quién es el único responsable de las penurias que sufren.

El mundo observa con asombro como los gobiernos de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal y Holanda, se toman el derecho de imponerle ocho días de plazo a Nicolás Maduro, para que convoque nuevas elecciones en Venezuela y, si no lo hace, lo amenazan con reconocer al títere fabricado por los yanquis, Juan Guaidó, cuando nunca respaldaron al líder Puigdemont, quien ganó en elecciones libres celebradas en Cataluña.

Los pueblos del mundo tienen que asumir el papel que les corresponde, prepararse políticamente y mantener la unidad, porque de lo contrario serán convertidos en esclavos y pisoteados a su antojo por el emperador Donald Trump.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud”.

 

 

 

Los verdaderos planes de Estados Unidos contra Venezuela


Por Arthur González

Nadie se llame a engaño, desde que triunfó Hugo Rafael Chávez Frías, mediante el voto popular, Estados Unidos inició planes desestabilizadores contra su gobierno, por tener ideas socialistas que beneficiaban a su pueblo.

Se conoce de los cientos de millones de dólares gastados por el Departamento de Estado con el propósito de derrocarlo, el trabajo de subversión ejecutado por la USAID en las universidades para fabricar un movimiento estudiantil contrario a Chávez, a pesar que todas las medidas aprobadas iban encaminadas a disminuir la pobreza que durante años sembró el capitalismo en Venezuela.

Las Misiones fomentadas por el chavismo a favor de los desposeídos no han sido vistas con buenos ojos en Washington, considerándolas un mal ejemplo para otros países de la región, y al igual que hicieron contra Cuba, se dieron a la tarea, con la CIA y otras agencias de inteligencia yanqui, de diseñar planes de acción encubierta para derrocar a Chávez, en total similitud con que los llevados a cabo contra Fidel Castro.

Mientras Carlos Andrés Pérez robaba a las dos manos y les reía las gracias a los yanquis, el Departamento de Estado y la OEA callaban en plena complicidad con sus desmanes, por eso al final fue a refugiarse en Miami sin ser sometido a un juicio por sus actos delictivos.

Cuando la embajada estadounidense organizó el golpe de estado, con el secuestro del Presidente constitucional incluido, la OEA no se pronunció y mucho menos habló de aplicar la Carta Democrática, todo lo contempló en silencio cómplice y con el aplauso del gobierno español encabezado por el agente José María Aznar.

Lo mismo sucedió cuando el golpe de estado en Honduras, igualmente con el secuestro del Presidente Manuel Celaya, electo democráticamente, algo inaudito que no fue condenado por la OEA, pero sí apoyado plenamente desde Washington por los congresistas mafiosos de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Díaz–Balart.

Ahora que el gobierno venezolano toma medidas para impedir los planes que desarrolla la oposición financiada y orientada por Estados Unidos, el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, habla de “ruptura de las normas democráticas y constitucionales que dañan en gran medida las instituciones democráticas de Venezuela y niegan al pueblo venezolano el derecho de moldear el futuro”
Pero la historia no miente y los planes que diseñaron y ejecutaron contra la Revolución cubana, están desclasificados y demuestran que están siendo aplicados casi idénticamente contra el gobierno de Nicolás Maduro.

En 1961 el presidente J.F. Kennedy organizó un Grupo Especial Ampliado dentro del Consejo de Seguridad Nacional, para crear las condiciones necesarias que justificaran una invasión a Cuba por parte del ejército norteamericano. Al frente del mismo fue designado el General de Brigada Edward Lansdale.

Si se analiza con detenimiento que pretendía alcanzar Estados Unidos con ese plan, podremos entender mejor lo que le aplican a Venezuela y comprobar la similitud de sus objetivos y tareas.

El nombre de aquel plan fue Proyecto Cuba y su objetivo era el mismo que hoy desean para Venezuela. Planteaba en detalles cómo acabar con el Gobierno revolucionario que quería el pueblo cubano, pero había que introducir acciones para restarle apoyo y finalmente el rechazo total de las masas.
Entre las ideas diseñadas estaban:

“El objetivo de EE.UU. es ayudar a los cubanos a derrocar al régimen comunista en Cuba, e instaurar un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

“Concepto de la Operación: Básicamente, la Operación está dirigida a provocar una rebelión del pueblo cubano. Esta sublevación derrocará al régimen comunista e instaurará un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

“La sublevación necesita un movimiento de acción política fuertemente motivado y arraigado en Cuba, capaz de generar la rebelión, de dirigirla hacia el objetivo perseguido y de aprovecharse de su momento clímax”.

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

“El clímax del levantamiento saldrá de la reacción airada del pueblo ante un hecho gubernamental (producido por un incidente), o de un resquebrajamiento en la dirección política del régimen o de ambos incluso”. (Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto) Sigue leyendo