Los yanquis y su mafia de Miami no saben que más hacer contra Cuba.


Por Arthur González.

Amargados por sus fracasos permanentes durante 60 años, los mafiosos terroristas de Miami, siguen cocinándose en su veneno y por eso acaban de aprobar una resolución, al mejor estilo de los nazis, contra el arte proveniente de Cuba, algo increíble en el siglo XXI.

La mencionada resolución fue presentada por el alcalde, Francis Suárez y por el comisionado Manolo Reyes, para impedir el intercambio cultural con artistas residentes en Cuba, elevándola al Congreso de Estados Unidos para que formule una ley que permita, a los estados y gobiernos locales, prohibir la contratación de artistas que vienen de Cuba.

El odio de los hijos y nietos de esbirros del dictador Fulgencio Batista es tal que no soportan la auténtica cultura cubana, esa con sabor a ron y tabaco, copiada en Miami por los que un día abandonaron su patria, pensando que la Revolución no duraría 6 meses y llevan ya 60 años sufriendo sus derrotas.

A esos mafiosos les duele que los cubanos de la Isla bailen, canten y gocen con felicidad, a pesar de estar sometidos a una extrema guerra económica, comercial, financiera y biológica, durante más de medio siglo, que no ha podido doblegar a todo un pueblo que disfruta su soberanía e independencia de los Estados Unidos.

La realidad los golpea, porque a pesar de sus planes para convertir a los artistas cubanos que actúan en Miami, en agentes transmisores de sus ideas subversivas, regresan a la patria satisfechos de ofrecer un arte de calidad, al estar formados en prestigiosas escuelas de la Isla, donde estudian gratuitamente, pintores, escultores, bailarines, actores y músicos, algo que no tienen otros países del aérea.

Personajes que se buscan la vida en Miami atacando a la Revolución, como Willy Chirino, Los Tres de La Habana, Amaury Gutiérrez, y el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, ahijado del dictador Fulgencio Batista, dieron su apoyo a dicha resolución.

Sin contar con los ciudadanos de Miami, que sí disfrutan del arte cubano, los defensores de la llamada “democracia representativa”, adoptan decisiones sin tomar en cuenta la verdadera voluntad popular, situación que se les revertirá en las próximas elecciones presidenciales en las que Donald Trump aspira a ser reelegido.

Ese anhelo del actual Presidente le será difícil de materializar, por las medidas que adopta contra los emigrantes latinoamericanos, los portorriqueños afectados por huracanes que aún esperan por la asistencia del gobierno, los cubanos que no pueden reunificarse con sus familiares en Cuba y por quienes tendrán que pagar más dinero por los productos importados desde China, a partir de las nuevas imposiciones arancelarias.

Una realidad que demuestra la división que existe en Miami por la política hacia Cuba la está mostrando Mario Díaz-Balart, miamense Representante en el Congreso por el distrito 25, quien se expresa contra de la política de Trump de cerrar el consulado yanqui en La Habana.

Aunque su verdadero interés es captar votantes en Miami, Mario envió en días pasados una carta al Secretario de Estado, Mike Pompeo, pidiéndole “mejorar el acceso de servicios consulares para cubanos en la Habana”, situación que contradice su apoyo hace dos años a las campañas de mentiras sobre los inventados ruidos que “afectaron” a los diplomáticos yanquis, los que hasta la noche antes de retirarse de Cuba bebían ron y cerveza, en bares y restaurantes habaneros.

Para no buscarse la enemistad total del presidente Trump, Mario le declaró su agradecimiento por dar vía libre a la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton y la prohibición de los cruceros yanquis a Cuba, aplaudiendo la medida por considerarlo como “pasos cruciales para promover la democracia, las libertades esenciales y los derechos humanos en Cuba”, aunque en verdad la misma restringe la libertad de los estadounidenses, al no poder visitar un país tan cercano a los Estados Unidos, donde son recibidos con hospitalidad y amistad.

Los votantes del referido Representante, le escriben molestos por la situación creada en La Habana ante el cierre del consulado de Estados Unidos, situación que les dificulta y encarecen los trámites para la reunificación familiar, algo que para él es una contradicción con la facilidad que poseen los artistas de la Isla para obtener visas y actuar en ciudades norteamericanas.

A la vez, Trump continúa arremetiendo contra compañías que organizan viajes a Cuba, porque su pretensión es ahogar económicamente a los cubanos, para que protesten por la crisis económica que padecen y culpen al socialismo, como si fuesen analfabetos que no saben quién es el único responsable de la guerra económica, comercial y financiera que sufren desde hace 60 años.

Para amedrentar con mayor fuerza a quienes mantienen relaciones con La Habana, Trump acaba de anunciar fuertes multas a las compañías Expedia Group, Hotelbeds USA y Cubasphere, por organizar viajes a Cuba y violar las disposiciones del bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos.

Esas medidas coercitivas siguen el interés de que nadie se acerque a la Mayor de las Antillas, a fin de cercarla más para rendirla por hambre y enfermedades, sueño que no alcanzó España en 1897 cuando declaró la tristemente célebre Reconcentración de Weyler, en alusión al General ibérico, Valeriano Weyler, quien mató de hambre a miles de campesinos encerrados en zonas donde no podían cosechar, ni recibir ayuda del exterior.

Esas tres compañías pagarán cientos de miles de dólares por la prestación de servicios de viajes relacionados con Cuba, que violaban el Reglamento de Control de Activos Cubanos (CACR).

Expedia, con sede en Bellevue, Washington, acordó con la OFAC desembolsar 325 mil 406 dólares, por haber asistido en sus viajes y movimientos dentro de Cuba a más de 2000 viajeros estadounidenses, entre los años 2011 y 2014, algo que los yanquis consideran un delito.

Hotelbeds USA, subsidiaria ubicada en Florida, Estados Unidos, del Grupo español Hotelbeds, con sede en Mallorca, pactó el pago de 222 mil 705 dólares, y Cubasphere, deberá liquidarle a la OFAC, 40 mil 320 dólares, acusada de estar involucrada en transacciones que no fueron autorizadas, al asistir a 100 personas en viajes hacia Cuba, entre diciembre de 2013 y febrero de 2014.

Estas y otras razones son la que demuestran la violación flagrante de los derechos humanos sobre once millones de cubanos, a los que se les impide, a la fuerza, su desarrollo económico por el solo hecho de no aceptar someterse a los dictados de la Casa Blanca, como hicieron gobiernos anteriores a 1959.

Ni esas ni otras sanciones podrán doblegar a los cubanos, que seguirán unidos resistiendo los embates del imperialismo yanqui, porque como expresó José Martí:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

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Miami, la pobreza de la que no se habla


Por Arthur González.

Los que no soportan el socialismo cubano, ciertamente imperfecto, pero si mucho más humano que el sistema capitalista salvaje, como lo calificara el Santo Padre Juan Pablo II, casi nunca escriben artículos dedicados a criticar la pobreza existente en los Estados Unidos y menos la de Miami.

La triste realidad de los habitantes de Miami dista mucho de la cubana, que, a diferencia de ellos, padece una cruel guerra económica desde hace 58 años, con la malsana intensión de matar por hambre al pueblo.

La verdad que no se divulga es que, hoy en día en el estado de Florida se cuentan más de 789 mil núcleos familiares, obligados a destinar la mitad de sus ingresos en pagar la renta de sus viviendas, a lo que se le suman 11,4 millones de estadounidenses que tiene que gastar más de la mitad de su salario en costear la renta y los servicios públicos, situación que no existe en Cuba, a pesar de las campañas mediáticas para hacerla parecer como “el país de mayor pobreza” de Latinoamérica.

En la isla comunista todos los ciudadanos son propietarios de su vivienda, y en Estados Unidos es una quimera poder comprar una, debido a los precios prohibitivos que estas tienen, de ahí que se asegura que el 37 por ciento de los núcleos familiares son inquilinos.

La situación en Padre Juan Pablo II, es aún peor, al estar calificado oficialmente como el tercer condado del país con los precios de renta más elevados, perjudicándose especialmente las personas de bajos y medianos ingresos, ya que deben invertir en alquiler más del 30 %, pues el costo de un simple apartamento de una sola habitación, es no menos de mil 145 dólares mensuales.

Cubanos y otros latinos que llegan a Miami con el sueño dorado de tener abundancia, chocan con otra realidad, unida a la violencia callejera, drogas y la brutal actuación de la policía que mata a tiros a cualquier persona, solo por suponer que iban armadas.

Francis Suárez, alcalde de Miami, reconoció recientemente que “en Miami hay personas que pagan el 100 por ciento de sus ingresos solo en la vivienda, y tienen que ser subsidiados por la familia”.

Esa es una de las causas por las que los ciudadanos carecen de un seguro médico, porque a diferencia de Cuba, la medicina en Estados Unidos hay que pagarla.

En Cuba a pesar de las campañas para satanizar su sistema, ningún ciudadano tiene que desembolsar un solo centavo para sufragar una operación de corazón, pulmón, riñones o un parto, todos los gastos los asume el estado socialista, al igual que la educación, incluida la de niños con discapacidad, las de arte, deportivas y otras especiales.

El sistema de salud cubano garantiza la vida de cada ciudadano, por eso este año logró una tasa de mortalidad infantil de 4,2, en niños menores de un año, entre mil nacidos vivos, lo que no posee ningún estado de Estados Unidos.

Mucha propaganda negativa se divulga en el país del Norte contra Cuba, con imágenes de la Habana Vieja destruida y desgastada por el tiempo y la ausencia de mantenimiento constructivo, pero todos los niños asisten con su uniforme y zapatos a la escuela.

Los indigentes que dormían en portales, aceras, parques y escalinatas de las iglesias, no existen en Cuba desde que triunfó la Revolución, sin embargo, esos casos aumentan en Estados Unidos y Europa, sin que la prensa acuse al sistema capitalista de ignorar el derecho de todos al trabajo, la vivienda, la salud y la escolaridad, como si esos no fueran los derechos humanos básicos para cualquier sociedad.

Jamás Estados Unidos ha sido condenado por el trato inhumano que brinda a sus ciudadanos, al no disponer de un servicio que garantice la salud de todos, donde millones de personas sufren y mueren de enfermedades curables, por la falta de recursos para obtener un seguro médico.

Antes de criticar a Cuba, país pobre y bloqueado por el poderoso imperio yanqui, tienen que mirarse ellos primero. Por eso les prohíben a los norteamericanos visitar libremente al vecino socialista, para que no constaten las mentiras que les cuentan desde hace más de medio siglo y comparen las ventajas de tener otro sistema, que no será perfecto, pero si muchísimo más humano.

Por esas razones dijo José Martí:

“Se exige a Cuba el reconocimiento de los derechos humanos en una sociedad que no puede vivir en paz, sino sobre la base de la sanción y práctica de esos derechos”.