Regresan los golpes militares en América Latina.


Por Arthur González.

Desesperados por eliminar de raíz todo vestigio de nacionalismo, soberanía y desobediencia ante sus órdenes, Estados Unidos no ha tenido otra opción que desempolvar los golpes militares, para intentar imponerse a la fuerza sobre gobiernos que levantan las banderas de la libertad e independencia en Latinoamérica.

Ante el fracaso de su política contra Venezuela, aplicaron la vieja y sangrienta fórmula contra el presidente constitucional Hugo Chávez, para lo cual contaron con el apoyo inmediato de algunos países europeos que se declaran “democráticos”, pero el tiro le salió por la culata, al no tomar en cuenta al pueblo que respaldó a su presidente, hasta regresarlo al palacio.

La OEA, desprestigiada y fiel servidora de su amo, ni habló para condenar el golpe militar, como tampoco lo hizo cuando Juan El Títere Guaidó, junto a Leopoldo López, sirvieron de pantalla al nuevo golpe militar contra el presidente Nicolás Maduro, electo por el voto popular. La Unión Europea no reprobó la acción, al contrario, arreció sus sanciones contra Venezuela, como muestra evidente de su subordinación a Washington.

La puñalada a la democracia popular la dio el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, al enfrentar al ejército con el pueblo con una brutalidad descomunal, para acallar los reclamos de quienes sufren las consecuencias de la aplicación de una economía neoliberal, por mandato del Fondo Monetario Internacional, ídem Estados Unidos.

Los hechos que viven hoy los chilenos son idénticos a los que ejecutó la dictadura militar de Augusto Pinochet, quien derrocó al presidente Salvador Allende, mediante una Operación de la CIA y el Departamento de Estado yanqui, para impedir que un presidente socialista imitara las acciones de soberanía nacional de Cuba.

Los cientos de miles de asesinados, desaparecidos y torturados por esa tiranía, nunca recibieron el repudio de la Casa Blanca, no hubo ruptura de relaciones, ni guerras económicas, comerciales y financieras contra Pinochet, vivió felizmente e impuso una constitución al deseo de Washington

Hoy, Sebastián Piñera goza del apoyo pleno de los yanquis y no hay una sola declaración de la Unión Europea, la Comisión de Derechos Humanos ONU ni de la OEA, en contra de sus asesinatos, cientos de detención arbitrarias, adolescentes y jóvenes heridos por las balas del ejército que reprime con saña a pacíficos chilenos que piden una vida mejor.

La alta jerarquía de la Iglesia Católica ecuatoriana y chilena se ha quedado muda, sin embargo, para acusar a Venezuela y exigir libertades en Cuba tiene incontinencia verbal.

Ahora lo sucedido contra el mandatario Evo Morales, demuestra lo que alertaba Ernesto Che Guevara, que “al imperialismo no se le puede dar ni un tantico así”.

Ellos no respetan soberanía nacional, ni libertad de pensamiento y menos democracia. La de ellos es sobre la base de represión y sangre para amedrentar a los pueblos.

La Operación desarrollada por la CIA y el Departamento de Estado, contra el presidente Evo Morales, estaba avisada. La oposición ecuatoriana estuvo asesorada desde el inicio del proceso eleccionario, por oficiales de la CIA, bajo manto diplomático, desde la misión estadounidense en La Paz. Oficiales de esa Agencia, con diferentes coberturas, campearon a sus anchas por Bolivia, como realizan en todo el mundo los No Official Cover, NOC, para no evidenciar a sus “diplomáticos”.  

La OEA se relamió los bigotes al ser designada por Evo Morales, para ejecutar la auditoría de las elecciones, algo que bien pudo asesorarle algún agente CIA reclutado dentro de su equipo de trabajo, pues se sabe perfectamente que Luis Almagro es uno de los cientos de colaboradores secretos, que poseen en Latinoamérica para penetrar los movimientos sociales, como le orientaron cuando trabajaba con José Mujica, ex miembro del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

Sabiendo que Evo ganaría las elecciones a pesar de la cruzada mediática desarrollada por la prensa y las redes sociales, debido a los avances económicos y sociales alcanzados durante los años de sus mandatos, comenzaron el golpe militar con las declaraciones públicas de sus contrincantes de derecha, de: “no reconoceremos los resultados”.

Los altos mandos militares, formados en academias yanquis, fueron reclutados uno a uno, mediante dinero y ofertas jugosas, lo mismo que hicieron antes del golpe militar de Pinochet.

El mecanismo de la Operación CIA estaba listo para ejecutar cada tarea aprobada en Washington, algo muy parecido a la Operación Mangosta contra la Revolución cubana, aprobada por el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, en febrero de 1962, la cual incluida actos provocativos para justificar una invasión con el ejército norteamericano.

Carlos Mesa Gispert, ex presidente de Bolivia y Francisco Camacho, líder del Comité Cívico de Santa Cruz, son las caras visibles del golpe militar, pero quien gobierna hoy en el país es el alto mando militar, quienes colocaron la banda presidencial a la senadora opositora Jeanine Áñez, a pesar de no ser aprobada por la mayoría del legislativo, pero sí el visto bueno de la CIA.

Así funciona la democracia que imponen los yanquis ante su impotencia de no poder derrocar los deseos del pueblo.

Una imagen bien definida, evidentemente contemplada en la Operación CIA en Bolivia, la dio Stanislaw Dowlaszewicz, Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la Sierra, polaco, nombrado por el Papa San Juan Pablo II, quien en su homilía calificó el 12 de noviembre 2019, como “un día histórico para el país, por ser la resurrección de una nueva Bolivia”; y añadió:

Gracias por recuperar la democracia. Gracias Santa Cruz por pacificar a nuestra nación y a nuestra ciudad. Gracias por el sacrificio a lo largo de los paros y los bloqueos. Gracias a los policías y a las fuerzas armadas, y gracias a los jóvenes de Santa Cruz y Bolivia. Gracias por su testimonio, fortaleza y valentía y por su entrega, porque ustedes luchaban por su presente y futuro”.

Todo encaja y por eso el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, en el contexto de la Sesión Especial del Consejo Permanente, solicitó a la Conferencia Episcopal Boliviana, “guiar el proceso de pacificación constitucional en Bolivia”.

Significativo resultó que Francisco Camacho, sin ser molestado por el ejército, ingresó al Palacio de Gobierno de La Paz y depositó una Biblia, pocos minutos antes del anuncio de dimisión de Evo.

Una vez culminada esas etapas de la Operación, Mike Pompeo, ex director de la CIA y secretario de Estado, declaró que, con el fin de restaurar la credibilidad del proceso electoral, “todos los funcionarios del Gobierno y los funcionarios de cualquier organización política implicada en las elecciones defectuosas del 20 de octubre, deben hacerse a un lado del proceso electoral”.

Vergüenza histórica para los que apoyan a los yanquis en este nuevo golpe militar que pisotea la voluntad de los pueblos y mancha de sangre inocente a Latinoamérica, sin recibir la justa condena de aquellos que levantan su voz contra gobiernos verdaderamente democráticos y luchadores por el bien de sus ciudadanos.

Por esa razón, José Martí expresó:

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

 

Quién tiene la culpa, el socialismo o el capitalismo.


Por Arthur González

Diariamente la prensa del llamado “mundo libre”, controlado por poderosas corporaciones, acusa al sistema socialista de ser responsable del empobrecimiento y poco desarrollo de aquellos países que lo adoptaron.

A todos, Estados Unidos les impone medidas para entorpecer el desarrollo de sus economías, como le hacen a Cuba desde hace 60 años, con el fin de que su modelo no sea imitado por otros, según afirmó el Council on Foreign Relation:

“La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Al triunfar Hugo Chávez en Venezuela y destinar fondos para misiones sociales como la alfabetización, estudios de nivel medio y superior, cultura, deporte, construcción de viviendas y asistencia médica gratuita con el apoyo solidario de Cuba, Estado Unidos le impuso una guerra económica y financiera, con el propósito de impedirle su desarrollo y evitar que brindara petróleo a precios justos a otros países del área.

Recientemente Donald Trump firmó un grupo de medidas contra Nicaragua, para tratar ahogar su economía, y al igual que hacen con Cuba y Venezuela, sembrar el desencanto y el desaliento en su pueblo, para que culpe mediante campañas de prensa, al gobierno revolucionario de la escasez y limitaciones financieras.

Sin embargo, la realidad en muchos países que tienen gobiernos capitalistas, con políticas económicas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, es mucho peor que en los tres países denominados por Estados Unidos como el “eje del mal”.

Argentina con el gobierno de Kirchner y de Cristina, vivieron momentos luminosos, aunque no exentos de problemas, pero los beneficios sociales eran palpables. Al tomar el poder el actual presidente pro yanqui, Mauricio Macri, las medidas adoptadas han llevado a la clase trabajadora a una crisis económica increíble, lanzando a la calle a miles de personas que no tienen dinero para pagar la renta de una vivienda; despidos masivos y recortes sociales de todo tipo, volviendo a endeudar al país con préstamos del FMI.

Datos oficiales de la Universidad Católica Argentina, UCA, afirman que la pobreza urbana en Argentina subió más de cinco puntos en 2018, elevándose entre el tercer trimestre de 2017 y 2018 del 28,2% al 33,6%, y ahora uno de cada tres argentinos es pobre, a pesar de que Macri prometió trabajar por llevar a cero la pobreza.

Actualmente Argentina tiene 2,1 millones de nuevos pobres, sobre un total de 13,6 millones, en un país que nada tiene de socialista.

Un estudio culminado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), relativo al panorama laboral latinoamericano de 2018, reveló que jóvenes y mujeres son los más perjudicados laboralmente, pues uno de cada cinco jóvenes de 15 a 24 años de la región, -que son el 19,6%-, no encuentra trabajo, cifra que casi triplicaba a la tasa de desempleo entre los mayores de 25 años (6,3%).

Dicha investigación expone que el porciento de desocupación juvenil en la región se mantuvo en el 14% entre 2012 y 2014, disparándose en cinco puntos porcentuales desde entonces, en buena medida por la ralentización de muchas de las grandes economías capitalistas de América Latina y el Caribe.

En esto no tiene responsabilidad el sistema socialista, toda es del capitalismo salvaje que no ve al ser humano como el objetivo principal del desarrollo, ni se preocupa por ejecutar programas sociales como los aplicados por Cuba y Venezuela, a pesar de la cruel guerra económica y financiera impuesta por Washington, unido a las acciones de subversión política ideológica, diseñadas por la CIA.

A diferencia de la economía socialista cubana, el resto de los países latinoamericanos con un sistema capitalista como paradigma del “desarrollo y la abundancia”, en 2018 una de cada diez mujeres no encontró trabajo, tasa mayor a la de los hombres en el mismo período (10% frente al 7,5%). La participación laboral femenina es igualmente menor: más de 20 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres.

Tal situación no sucede en la Cuba socialista demonizada por la propaganda yanqui, quienes ocultan que las mujeres cubanas gozan de los mismos derechos que los hombres, con leyes que les aseguran sus derechos, como el de proteger su reproducción y sexualidad, la planificación familiar, salud, educación, seguridad, asistencia social, vivienda, empleo e igualdad de salarios, superación técnica y cultural, capacitación laboral y aprendizaje, más la posibilidad de acceder a todos los cargos del Estado, sin ningún tipo de discriminación.

Por su parte, la economía capitalista argentina exhibe un aumento de la indigencia de 0,4%, afectando a 2,47 millones de personas, que no ganan ni para comprar sus alimentos.

El informe de la UCA expone que los jóvenes sufren más la pobreza y casi el 52% de los menores de 17 años están por debajo del umbral de pobreza, siendo Buenos Aires la zona más golpeada del país, con un 43,4% de pobres.

¿Por qué la prensa yanqui y europea no denuncian esa realidad del capitalismo, como le hacen a Venezuela y a Cuba?

El capitalismo en Europa también hace de las suyas, siendo España un vivo ejemplo, donde se ha producido una fuerte emigración de jóvenes ante la crisis iniciada en 2010, no precisamente por “huir del comunismo”, sino del capitalismo que no les ofrecía oportunidades de desarrollo ni seguridad social para subsistir, cuando la tasa de paro juvenil en el país superaba el 40%.

En los últimos 10 años la población española en el exterior aumentó un 64%. Alemania y el Reino Unido, son los países a donde fueron a recalar los españoles, jóvenes en su mayoría, donde radica el 14% y el 27,7% de los emigrantes.

Otros países de la culta Europa, como Portugal y Grecia, también presentan escenarios similares a los de España en cuanto a la emigración, pero para ellos no hay Ley de Ajuste, porque dejan sus tierras para buscar mejoras económicas y no se politiza la emigración, como hace Estados Unidos contra Cuba y Venezuela.

Esa es la verdad que ocultan y tergiversan los yanquis, pero como dijo José Martí:

“La razón ha de entrar en lo que la razón ha de sostener”

 

Un trato diferente para México.


Por Arthur González.

México es un país agobiado por la corrupción gubernamental, las drogas, asesinatos y desparecidos, pero no es condenado y menos sancionado por Estados Unidos ni por la Unión Europea, a diferencia de lo que hacen contra otros gobiernos que asumen posiciones políticas a favor de sus pueblos, como Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Cuba, por haber logrado consolidar una Revolución socialista, fue agredida militarmente por mercenarios armados y entrenados por Estados Unidos; resiste estoicamente una guerra económica, comercial y financiera por 58 años; sufre miles de actos terroristas, incluida la agresión biológica y enfrenta las acciones de subversión política más amplias de las que se tenga conocimiento, y es acusada de “violar” los derechos humanos, de forma manipulada.

Contra Venezuela, Washington reproduce los planes aplicados a la Revolución cubana, y Nicaragua enfrenta por 2da ocasión, una contrarrevolución creada desde los locales de la misión diplomática yanqui, en contubernio con la jerarquía católica nacional.

Sin embargo, México, a pesar de ser el país donde la vida de un periodista no vale nada, los asesinatos se cuentan por miles, desaparecen estudiantes, mujeres y niños, encontrándolos en ocasiones en fosas comunes, no recibe similar tratamiento.

La razón es simple: sus gobernantes siempre cumplen a cabalidad las órdenes que dicta la Casa Blanca y nunca se oponen a sus mandamientos.

Aquel gesto que en 1962 parecía una rebeldía, al no romper relaciones diplomáticas con la Cuba socialista, posterior a las sanciones adoptadas por la OEA, fue una farsa montada por instrucciones yanquis, demostrando su total subordinación a Estados Unidos.

Casi medio siglo después se conocía la verdadera historia, recogida en documentos desclasificados y publicados por el jefe de análisis del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

La realidad fue la siguiente:

El entonces Secretario de Estado, Dean Rusk, le explicó al presidente Lyndon Johnson, el resultado de un pacto secreto acordado entre Brasil, México y Estados Unidos, donde se decidió mantener la embajada de México en La Habana por conveniencia política, colaboración aceptada por el gobierno presidido por Adolfo López Mateo.

Desde abril 2018, en Nicaragua comenzaron acciones de protestas, ante el anuncio del decreto presidencial que aumentaba las contribuciones de trabajadores y empresarios e imponía una retención del 5% a los jubilados. Dicha medida fue recomendada nada menos que por el Fondo Monetario Internacional, como hacen en Argentina y otros países.

Esa disposición desencadenó la violencia callejera, encabezada por estudiantes, muchos de ellos graduados de cursos impartidos en locales de la embajada yanqui en Managua.

Las protestas fueron subiendo de tono, llegando a emplear armas de fuego, lanzamiento de cocteles molotov y barricadas en las calles. Destrozaron y quemaron locales gubernamentales, y asesinaron a simpatizantes de Daniel Ortega.

Esos delincuentes, financiados por Estados Unidos, fueron calificados de “luchadores por la libertad”, y respaldados por el clero católico. Fuerzas del orden al ingresar en la Universidad Nacional, encontraron un arsenal de armas de fuego y otras perforo cortantes, algo que no tiene relación con los reclamos políticos.

El apoyo a esa violencia contrarrevolucionaria por parte de la OEA, organizaciones de derechos humanos y la Unión Europea, es el mismo que dieron a las bandas de delincuentes que actuaron en Venezuela, y llegaron a quemar a varias personas vivas.

En días pasados en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se produjeron manifestaciones y huelgas estudiantiles, solicitando el cese de los asesinatos, los desaparecidos como el hecho de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, aún sin resolver, que lesiona la agenda política y social mexicana de los últimos años.

Las protestas se iniciaron en el bachillerato del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), de Azcapotzalco, por los asesinatos de estudiantes y la desaparición de varios profesores, efectuándose una gran marcha desde la Facultad de Ciencias Políticas Sociales hasta la Rectoría de la Universidad.

De inmediato un grupo de choque irrumpió en la UNAM para romper la protesta pacífica de los estudiantes, agrediéndolos con armas blancas y palos. Ninguna autoridad intervino, dejándolos que hicieran su trabajo sucio para amedrentar al estudiantado.

Dos alumnos fueron heridos gravemente, uno apuñalado dos veces en el riñón, una oreja cortada y múltiples golpes.

La Policía detuvo a dos sujetos y el Tribunal Superior de Justicia de Ciudad de México, informó que un juez de Control los acusaría por el delito de motín.

Tristemente, el procurador capitalino declaró que los dos quedaban en libertad, por no existir acusación en su contra.

En México después de las manifestaciones universitarias de 1968, criminalmente reprimidas por las autoridades, nacieron esos grupos que se encargan de dispersar las protestas, a los que se le denominan “porros”, afirmándose que son financiados por partidos políticos, brindándoles protección.

Ante los desórdenes en Nicaragua, orientados y pagados por la misión yanqui, de ipso facto, se iniciaron las presiones sobre el Gobierno para que cesará la “represión”, exigiendo la salida del poder del presidente Daniel Ortega, verdadero motivo de las protestas.

Nadie condenó a los amotinados que quemaron, destruyeron y asesinaron a inocentes, por el contrario, los calificaron de “victimas”.

La OEA, la ONU, el Vaticano, la Unión Europea, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, aliados de Washington, acusan a Ortega de ser el único responsable, y Estados Unidos se encargó de financiar las campañas de prensa con ese fin.

Todo es muy diferente al silencio o escasas denuncias de lo que sucede en México, país con el índice de periodistas asesinados más alto del mundo, sin preocupar a ninguno de los que se alarman por los hechos en Nicaragua, provocados por los grupos de la “oposición”, conformada por delincuentes comunes.

Sabio siempre nuestro José Martí al expresar:

“Levantarse sobre intrigas, es levantarse sobre serpientes”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Motivos de Donald Trump para calificar a Venezuela y Cuba como regímenes represivos


Por Arthur González.

El mundo escuchó con atención el primer discurso de Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU, y al final la decepción fue total.

Su intervención fue irracional y belicista, sin explicar sus motivos para calificar a Venezuela y Cuba como “regímenes represivos”, bajo la “dictadura” socialista inaceptable del presidente venezolano Nicolás Maduro, y al cubano como “corrupto y desestabilizador”.

La realidad es que Estados Unidos no soporta países con sistemas diferente al de ellos, a pesar de que afirman que: “los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos, gozar de democracia y derechos humanos”.

¿Por qué razones Cuba y Venezuela no puede escoger un camino socialista para sus pueblos, bajo el principio de libertad y democracia?

Sencillamente porque  que puedan exhibirle al resto de los pueblos, especialmente de Latinoamérica, por considerarlo un mal ejemplo que afectaría el poder imperial.

Así lo expusieron especialistas del Council on Foreign Relations, al afirmar en 1999:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

El interés por crear matrices de opinión negativas a todo lo que huela a socialismo, está basada en las insuficiencias del sistema capitalista que posee Estados Unidos, algo puesto de manifiesto ante la crisis de los ciudadanos que lo han perdido todo por el azote del huracán Irma, muy diferente a los cubanos que, si tienen total apoyo del gobierno, ese que Trump califica como una dictadura.

Mientras en Miami, un numeroso grupo de personas, entre ellos adultos de la tercera edad con graves enfermedades y niños que no fueron evacuados previamente a la llegada del huracán, debido a la ausencia de un sistema que se preocupe ante todo por el ser humano, se ven obligados a dormir en automóviles y en la calle sin apoyo gubernamental, en Cuba la defensa civil evacuó oportunamente a un millón 738 mil personas hacia lugares seguros.

El régimen cubano, ese que acusa Trump de dictadura corrupta, ofrece alimentación y atención médica gratuita, además de organizar brigadas artísticas para atenuar el estrés postraumático de adultos y niños que lo han perdido todo.

Esa preocupación jamás la podrá llevar a cabo un sistema capitalista, pues el dinero es lo principal y los seres humanos no cuentan.

Prueba de ello es lo sucedido a los residentes en las Civic Towers de Miami, que se han visto obligados a soportar en las calles el fuerte sol y la lluvia, solo con la escasa ropa que pudieron a sacar de sus apartamentos, sin atención médica ni preocupación de las autoridades.

El alcalde de Miami, Tomás Regalado, ni la comisionada de Miami-Dade, Audrey M. Edmonson, han resuelto el futuro de esos y otros tantos desamparados, porque el sistema capitalista no tiene mecanismos para ello.

El socialismo es lo opuesto, en Cuba los secretarios del Partido y los presidentes del Poder Popular en cada provincia afectada por el huracán, no descansan buscándole soluciones a los problemas, levantar casas temporales, repartir ayuda, priorizar la reparación de escuelas, hospitales, policlínicas, comunicaciones, electricidad y alimentación, a fin de devolver lo antes posible la normalidad de pueblos y ciudades.

Ese gobierno socialista “corrupto y desestabilizador”, movilizó de inmediato al Ministerio de la Construcción con 20 mil 400 constructores y 855 máquinas ingenieras, más cientos de camiones, para ejecutar labores de resarcimiento constructivo, limpieza urbana y de carreteras, reparación de viales, puentes y alcantarillas, más la reparación de viviendas o construcciones temporales donde los pobladores puedan tener condiciones para vivir humanamente.

Lo mismo hizo con las empresas eléctrica y de telecomunicaciones.

Muy distinta es la situación de los miamenses, pues el Alcalde Tomás Regalado, declaró públicamente que no tiene disponibilidad de albergar a los que se han quedado sin sus apartamentos en las Civic Towers, y su homólogo, el alcalde de Miami-Dade, Carlos Jiménez, no aparece para darle frente a la grave situación de sus electores.

Mientras Miami tiene que enfrentarse a esa cruda realidad brindada por el sistema capitalista, la noticia de principales diarios reflejaba que cinco abogados corruptos del sur de la Florida y cinco de sus cómplices, fueron arrestados por estar complotados para estafar a sus víctimas, por lo que ganaron más de medio millón de dólares.

El sistema de Estados Unidos no puede compararse con el de Cuba y el de Venezuela, donde sus programas sociales de salud, educación, cultura y atención al ser humano gratuitamente es lo más importante, por eso la reacción de Trump de que hay que hacer lo indecible por derrocarlos.

Sin embargo, para espiar al mundo si les sobra el dinero, porque el imperialismo yanqui tiene que saber lo que dicen, piensa y actúan los demás.

Documentos recientemente conocidos, revelan que Estados Unidos espía a 193 países y varias organizaciones, incluida la ONU, el Mercosur y el Vaticano.

De esa intromisión violadora de todos los principios que Estados Unidos no habla, no se escapan la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, la Liga Árabe, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y el Mercosur, entre otras organizaciones internacionales.

EE.UU. espía a la alianza petrolera entre Venezuela y varios países de América Central y del Caribe, Petrocaribe, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Coordinadora Continental Bolivariana y los Hermanos Musulmanes de Egipto, más otras organizaciones políticas nacionales.

Al final el desestabilizador, corrupto y represivo es el gobierno de Estados Unidos, quien siembra terror y muerte, sin ocuparse de sus desamparados.

Ante situaciones semejantes afirmó José Martí:

“No se ha de ofender a aquellos a quienes no puede vencerse”.