Muchas gracias presidente Donald Trump.


Por Arthur González.

En realidad hay que darle gracias al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por demostrarle al pueblo cubano, especialmente a los nacidos después de los años 80 del pasado siglo XX, quienes son los imperialistas yanquis, porque esas generaciones no vivieron los primeros años del triunfo de la Revolución, cuando la CIA ejecutaba sus planes de terrorismo de Estado haciendo estallar centros comerciales, cines, teatros, escuelas, incendiando industrias y pequeñas fábricas, campos de caña, asesinando a campesinos inocentes y tiroteando pueblos de pescadores.

En esos años el gobierno de Estados Unidos inició la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, la que se mantiene hasta nuestros días, aunque algunos cubanos no la evalúan en toda su dimensión y muchas veces culpan al gobierno de la escasez, ante la falta de conocimientos históricos de las agresiones ejecutadas por los yanquis.

Con el ascenso a la presidencia de Barack Obama y el desarrollo de una política hábil y edulcorada, con la que se atrevió a restablecer las relaciones diplomáticas, e incluso visitar La Habana, siempre con el objetivo de acabar con el socialismo, pero bajo otros métodos, embriagó a no pocos, al creer que avanzaba por “la dirección correcta pero limitada”, sin percatarse del peligro que los asechaba tras aquel lenguaje acaramelado y simpático.

Como parte de su mañosa estrategia, hasta participó en el programa humorístico de mayor tele audiencia en la Isla, a fin de trasladar una imagen diferente a sus antecesores; pero Obama fue claro y preciso en sus intereses al declarar públicamente:

“Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso…” “Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro…”.   “Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente…” “La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos…”  “Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano…”

“Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

Aquella política del llamado “abrazo de la muerte”, fue eliminada el 16 de junio del 2017, cuando el nuevo presidente Donald Trump firmó el memorando presidencial titulado “Fortalecimiento de la política de EE.UU. hacia Cuba”, inducido por integrantes de la mafia terrorista anticubana de Miami.

Desde ese momento y enaltecido por dos viejos halcones que lo mal asesoran, John Bolton y Elliott Abrams, el recrudecimiento de las sanciones ha vuelto a ser el eje de la política anticubana, sin percatarse que esas le permiten al pueblo cubano reforzar su sentimiento anti yanqui, ante el incremento de las agresiones que buscan ahogar la economía.

Obama, en su almibarada política, mantuvo la guerra económica y financiera, siendo el presidente que más sanciones impuso a la banca internacional, para evitar que Cuba pudiera tener una mejoría económica. Es bueno recordar que en sus 8 años de mandato las multas ascendieron a 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares, siendo el banco francés PNB Paribas quien pagó la multa record de 8 mil 500 millones de dólares, por sus relaciones financieras con La Habana.

En materia de subversión política contra Cuba, Obama sumó otra marca, al aprobar en 8 años 160 millones de dólares, sin contar otros presupuestos secretos de la CIA y sus organizaciones pantalla.

Trump cambió la miel por un lenguaje arrogante, haciéndose más evidente el actuar imperial contra el pueblo cubano, que, si bien le hace la vida cotidiana más difícil, también ayudará a encontrar nuevas soluciones internas, promover ideas novedosas para incrementar la producción nacional, y cambiar todo lo que sea necesario, para mantener la soberanía nacional que tanto esfuerzo y sangre ha costado.

La llamada sociedad civil que tanto añoran captar para sus planes subversivos, también rechazan las nuevas sanciones yanquis, por ser los trabajadores privados notablemente perjudicados.

La mafia terrorista de Miami cegada por su odio visceral, no se percata que cada nueva sanción crea más unidad entre los cubanos, al ver con mayor nitidez al único responsable de sus penurias, situación que fortalece políticamente al pueblo, pues compara la posición del senador Marco Rubio, con la asumida en 1960 por el sub secretario de Estado yanqui, Lester Mallory cuando propuso:

“Enajenar el apoyo interno a la Revolución  a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Si en aquellos años no lograron sus objetivos, 60 años después con una población mejor preparada cultural y políticamente, y con experiencias suficientes, menos podrán hacerlo, porque como nos indicó José Martí:

“Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada”.

 

 

 

 

 

 

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