La pesadilla que no deja dormir a Donald Trump.


Por Arthur González.

Los indomables pueblos de Cuba y Venezuela se han convertido en la pesadilla que no deja dormir al presidente de los Estados Unidos y toda su caterva de políticos que viven del dinero que les aporta la guerra ideológica contra ambos países.

Cuba rebelde por naturaleza y más aún después de 1959, es castigada con una guerra económica, comercial, financiera y biológica para intentar doblegarla, sin lograrlo.

Desde la llegada a la Casa Blanca, Trump abrazó la vieja y fracasa política anticubana esgrimida por la mafia terrorista de Miami, a los que se sumaron venezolanos refugiados en la Florida, a la espera de ver caer la Revolución Bolivariana, que al igual que Cuba resiste los embates de guerras similares.

Al no obtener los resultados prometidos por sus asesores y políticos anticubanos, Trump aprueba medidas disparatas y sanciones inhumanas con el deseo de matar por hambre y enfermedades a los dos pueblos, esos que le quitan el sueño.

Contra Venezuela emplean desde los golpes militares, el secuestro del presidente Hugo Chávez, la formación de una contrarrevolución interna financiada y entrenada por especialistas en temas subversivos de la USAID y la NED, hasta el desarrollo de las etapas concebidas por el ideólogo Gene Sharp, en su guerra de baja intensidad, pretendiendo repetir en América Latina los triunfos alcanzados en las llamadas “Revoluciones de colores” y la “Primavera Árabe”.

Ante tantos reveses decidieron aplicar más sanciones económicas y financieras, bajo el manido pretexto de que “Cuba es quien sostiene al gobierno venezolano” y este a su vez, “mantiene la estabilidad económica de la Isla por el petróleo que intercambia por servicios de Salud”.

Mentiras disparatadas salen a diario de la mente enferma del presidente yanqui, una de esas 16 mil 241 que ha dicho desde que ocupó la Sala Oval, según afirma el diario The Washington Post.

Si ese diario asegura que Trump dice 14 mentiras, exageraciones o declaraciones engañosas diariamente, ¿por qué dar como cierto que Cuba posee un ejército de oficiales de inteligencia en Venezuela, o que redes de Hezbollah apoyadas por Irán, accionan en territorio venezolano, como alegó el secretario de Estado, Mike Pompeo, el pasado 20 de enero en Colombia?

Todo es parte del mismo plan para satanizar a dos países que no aceptan arrodillarse ante Washington y, ahora acuden al terror para justificar ante la opinión pública mundial nuevas sanciones.

En su desesperación, Pompeo convocó al Títere Juan Guaidó, a Colombia, para explicarle los próximos planes, ante el rotundo fracaso desde que se auto proclamó presidente en una calle de Caracas y más recientemente cuando varias facciones de la oposición decidieron dejarlo sin el cargo de presidente de la Asamblea Nacional en desacato, algo que rompió con los planes trazados por Estados Unidos.

Consternado por la falta de apoyo popular que tiene Guaidó, unido a la división de la oposición interna, Pompeo y los especialistas de CIA, ya no saben qué más hacer para derrocar a Nicolás Maduro, por eso convocaron el 20 de enero 2020, la reunión en Bogotá con varios ministros de la región, ordenándole al presidente Iván Duque crear las condiciones, donde conformarán la mentira de que “Venezuela ha recibido de redes del grupo terrorista Hezbollah”.

Prueba del desconcierto que tienen los yanquis ante la resistencia de Maduro y, por tanto, pretenden crear las bases para una posible intervención militar con apoyo de la OEA, algo idéntico a lo diseñado contra Cuba en 1962.

Ante la cruda realidad que vive Colombia, donde el gobierno de Duque asesinó en el 2010 a 120 líderes sociales de comunidades campesinas, a los que se suman otros 20 en la primera quince del presente enero 2020, Pompeo no dice una sola palabra para condenarlo, a pesar de ser una realidad constatada por Naciones Unidas.

La ONU asegura que los asesinatos de defensores de los derechos humanos en Colombia, aumentaron en casi un 50 por ciento en comparación con 2018, pero ese tema no es de interés de Washington porque Duque es uno de sus lacayos más fieles y no un rebelde como Maduro o el gobierno cubano.

La desfachatez de los yanquis llega a tal punto, que obligaron al español Josep Borrell, de la Unión Europea, a recibir el día 22 de enero, al Títere Guaidó como presidente “legitimo” de Venezuela, algo que también hicieron con su aliado incondicional del Reino Unido, el primer ministro británico Boris Johnson y el ministro de Exteriores, Dominic Raab, quienes lo recibieron el 21 de enero, bajo la promesa de un tratado de comercio, una vez que abandonen la Unión Europea el próximo 31 de enero.

El chantaje mafioso y las amenazas son las bases de la política exterior de Estados Unidos y es así como países poderosos y con una aparente política independiente, se ven presionados por los yanquis, no quedándoles otra oposición que incluir al Títere como orador, de última hora, en el Foro Económico Mundial de Davos.

Después se autodefinen “democráticos y libres”, cuando no son más que una caterva de subordinados a las exigencias yanquis, ante el temor de ser sancionados con nuevos aranceles a sus exportaciones.

Independientes y soberanos son Cuba y Venezuela que tienen el coraje de decirle las verdades a la cara y la valiente resistencia ante las constantes sanciones que les imponen los yanquis.

Por eso no soporten la luz que emanan ambos pueblos, que encandilan los ojos de esa serpiente venenosa que son los Estados Unidos, país que, sí es una amenaza en este hemisferio al tener decenas de bases militares dispuestas a invadir y asesinar a civiles inocentes, como han consumado durante todo el siglo XX.

Ni Cuba, Venezuela o Nicaragua invaden a otros países, no imponen guerras económicas, comerciales y financieras a nadie, ni financian grupos contra gobiernos elegidos en América Latina, a diferencia de los Estados Unidos que no respetan la dignidad y los derechos de los pueblos, y solo trabajan por destruir multilateralismo en el mundo.

Los yanquis, mediante sus organizaciones USAID y la NED pantallas de la CIA, reparten millones de dólares anuales para desestabilizar países que tienen gobiernos no aceptables para ellos, tal y como hacen contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina y en otros más, según programas publicados en los sitios oficiales de ambas organizaciones, y afirmado recientemente por Elliott Abrams, agente especial yanqui para desestabilizar a Venezuela.

Si algún gobierno del mundo osa ejecutar acciones similares para ayudar a los desposeídos en Estados Unidos y los de origen latino y africano, la invasión no demoraría un mes y sería barrido de la tierra, algo que solo pueden hacer los yanquis creídos que son enviados de Dios.

El gobierno de Nicolás Maduro ha demostrado madurez política, sabiduría e inteligencia para afrontar las provocaciones del Títere Guaidó y no caer en trampas perfiladas por los yanquis.

La vida se ha encargado de desmoronar la imagen de cartón creada desde Washington, exponiendo al ridículo a los 50 países que bajo presiones lo reconocieron hace un año, enfangándose en el lodo made in USA, mientras Cuba y Venezuela despliegan sus banderas soberanas con mayoritario apoyo popular.

Sabio José Martí al afirmar:

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”

Finalmente, los yanquis se dieron cuenta de que perdían dinero.


Por Arthur González

Los yanquis han tardado casi medio siglo para darse cuenta que anualmente perdían millones de dólares, en alimentar a una contrarrevolución dentro de Cuba que nadie apoya, ni respalda.

De eso acaba de enterarse el presidente Donald Trump, quien de política no sabe nada, pero contar dinero sí.

Por tal motivo, le ha dado un recorte profundo a los 20 millones que todos los años aprueba la Casa Blanca, para acciones de subversión en Cuba bajo el edulcorado título de: “promover la democracia y los derechos humanos en Cuba”.

Se sabía perfectamente que una gran parte de ese dinero iba a parar a los bolsillos de la mafia terrorista anticubana de Miami y solo algunos miles de dólares llegaba a los llamados “disidentes” dentro de la Isla, quienes lo emplean en comprarse nuevas casas, ropas costosas y pasar sus vacaciones en hoteles de lujo en las mejores playas cubanas.

Barack Obama fue el presidente que más dinero autorizó para la subversión contra la Revolución, y en sus ocho años malgastó 120 millones de dólares, sin obtener los resultados soñados de ver destruido el socialismo.

El propio Jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, Jonathan Farrar, lo informó en uno de sus informes secretos enviados al Departamento de Estado y a la CIA, con la referencia: 09HAVANA221 – ID:202438, fechado el 15 de abril del 2009, donde afirmaba:

“…No es probable que el movimiento disidente tradicional pueda reemplazar al gobierno cubano… es preciso que busquemos en otra parte, incluso dentro del propio gobierno, para identificar a los más probables sucesores del régimen de Castro. […] No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día, de los principales organizadores y sus seguidores…”

Trump, al parecer influenciado por sus dos ancianos asesores, Elliott Abraham y John Bolton, apuesta por aplicar más sanciones económicas contra Cuba, al considerar que es el “camino correcto” para ver realizados los sueños que doce administraciones yanquis no pudieron materializar.

Quienes están remordiéndose los hígados y tratando de que Trump reevalúe su decisión, son los congresistas de la mafia terrorista anticubana, Marco Rubio, Bob Menéndez y Mario Díaz-Balart, quienes junto a Mike Pompeo, Elliott y Bolton, pudieron obligarlo a declarar que autorizará la puesta en vigor del Capítulo III de la conflictiva Ley Helms-Burton, aunque solo logrará buscarse más problemas con los aliados europeos, sin poder hacer nada efectivo contra la economía de la Isla.

El primero en quejarse fue el senador Marco Rubio, quien expresó de inmediato: “Esto demuestra la gran desconexión que existe entre las personas que llevan el presupuesto del Estado y los encargados de hacer efectivas las políticas del Presidente”.

El corte de tijeras ha dejado solo 6 millones de dólares para “promover la democracia y los derechos humanos en Cuba”, cifra que les apretará el cinto a los que en Miami llevan 60 años prometiendo “derrumbar a Fidel Castro” y nunca lograron sus propósitos.

Envalentonados con las medidas de guerra económica y sabotajes ejecutados contra Venezuela, los mafiosos anticubanos Marco Rubio y Bob Menéndez, presentaron el pasado 12 de marzo 2019 ante el Congreso, un proyecto de ley para prohibir el reconocimiento ante los tribunales de Estados Unidos, de todas las marcas comerciales cubanas que pudieran estar vinculadas con propiedades nacionalizadas después de 1959.

Parece que esa será línea de acción de los yanquis contra Cuba, olvidándose que, desde la aprobación de la Operación Mangosta, madre de la guerra económica contra el pueblo cubano aprobada el 18 de enero de 1962, por el presidente John F. Kennedy, pasando por la Ley Torricelli y la Helms-Burton, nunca obtuvieron el éxito añorado.

Quizás por sus años y la falta de estudios de la historia, Marco Rubio no recuerde los constantes fracasos que obtuvieron los gobiernos de turno en Estados Unidos y ahora pretende que Trump se sume a la lista de los incompetentes Presidentes que prometieron la caída de Castro, sin poder disfrutarlo.

Por esa razón, presentan la nueva ley que aspira a prohibirle a los tribunales de Estados Unidos, “el reconocimiento o la validación de cualquier derecho por parte de un individuo o compañía que haya registrado una marca, o los activos de la misma, siempre que estén relacionadas de alguna manera con propiedades confiscadas por el régimen cubano después de 1959, a menos que el propietario original de la marca lo haya consentido expresamente”.

Ingenuo Marco Rubio que no sabe que Cuba también puede impedir que las marcas estadounidenses que tienen aún licencias comerciales, se distribuyan en la Isla como son Coca Cola, Pepsi Cola, Gillette y muchas más, que perderían su valor en un mercado de 11 millones de personas, que, aunque no muy grande, si representa la posibilidad de ventas para esas compañías.

De todas formas, por la guerra económica, comercial y financiera aplicada brutalmente contra Cuba, los productos cubanos no circulan en Estados Unidos.

Por tanto, ese proyecto de ley no sería efectivo en estos momentos, ni en el futuro inmediato, y el auténtico ron Havana Club y los famosos puros cubanos confeccionados con el mejor tabaco del mundo, seguirán siendo consumidos por aquellos yanquis que viajen a la Isla bajo una licencia, o comprándolos en el mercado negro que existe allá, para esos deseados productos cubanos.

Siempre recordamos a José Martí cuando dijo:

“Los negocios tienen sus rufianes, sus fanáticos y sus calaveras”.