Se abre paso la verdad sobre Cuba


Por Arthur González.

No hay nada mejor que un día tras otro para esperar, con mucha paciencia, el descorrer de cortinas donde se oculta la verdad. Uno de los mejores ejemplos es la historia de Cuba.

Documentos elaborados por el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, la CIA y el Departamento de Estados, se desclasifican cada año y en ellos se palpa la verdad de planes y operaciones encubiertas ejecutadas de forma permanente para intentar destruir la Revolución socialista, e incluso para asesinar a Fidel Castro Ruz.

Estados Unidos se autoproclama “campeón y paladín de principios democráticos, derechos humanos y reformas en el mundo”, pero en la práctica es el mayor violador de todos los derechos conocidos, desde los humanos, la democracia, el libre pensamiento, la salud, la igualdad social y de géneros, hasta el derecho a la vida.

La prueba es que ellos planifican asesinar cuando no soportan que alguien ostente una ideología diferente, no se someta a sus dictados y exprese con valentía sus ideas, como han hecho contra decenas de líderes en el mundo que les molestan, por movilizar las masas hacia otra posición ideológica.

Para dar fe de esas acciones criminales, el diario miamense Nuevo Herald, publicó recientemente un artículo que desempolva las acciones cometidas por dos delincuentes que cumplen sanción por tráfico de drogas y lavado de dinero, los cuales también participaron en planes para asesinar a Castro, pero por dicho delito no fueron condenados.

De acuerdo con el mencionado trabajo periodístico, Willie Falcón y Sal Magluta, contrabandistas de drogas que colaboraron con uno de los carteles colombianos, en la década de los años 90 del pasado siglo XX, emplearon cientos de miles de dólares de sus ganancias para que terroristas cubanos radicados en Miami llevaran a cabos planes de asesinar a Fidel Castro, propósitos, que asegura el Nuevo Herald, conocían funcionarios de la policía miamense.

Falcón nació en Cuba y junto a Magluta apoyó financieramente a terroristas cubanos de Miami, para la compra de armas, otros insumos y actividades ilegales contra otra la Isla, que incluían planes de asesinato, lo que fue apoyado por la CIA, según informes escritos y testimonios de personas que estuvieron familiarizadas con el caso.

Jamás el gobierno de Estados Unidos impidió dichos planes, por el contrario, los permitió y estimuló, a pesar de que Cuba denunció constantemente tales actividades y publicadas durante años en Granma, diario oficial del Partido Comunista.

La manipulación mediática contra la Revolución cubana, califica a los terroristas como “grupos anticastristas en el exilio”, a pesar que sus tareas y actos son similares a los ejecutados por grupos terroristas islámicos, y muchos de ellos son prófugos de la justicia cubana por actividades terroristas al servicio de la CIA.

Hoy camina libremente por las calles de Miami el asesino y agente CIA, Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano que en 1976 causó la muerte de 73 personas, así como de bombas colocadas en varios hoteles de La Habana, donde resultó muerto un turista italiano.

Si alguien hubiera ejecutado un crimen similar contra un avión de Estados Unidos, estuviera ejecutado en la silla eléctrica, pero como fue contra Cuba, Posada es “un luchador por la libertad”.

Eso es lo que el presidente Donald Trump debe conocer y ser consecuente con sus palabras de condena al terrorismo, pero, por el contrario, se reunió en Miami, el pasado 16.06.2017, con varios de esos terroristas que tienen sus manos manchadas de sangre de personas inocentes y ahora les concede las peticiones de cerrar aún más el cerco económico contra el pueblo de Isla, con la esperanza de que se culpe al sistema socialista de las penurias.

Viejos documentos de 1967 y 1968, reflejan situaciones similares, cuando existían presiones en el Gobierno yanqui para un cambio de política hacia la mayor de las Antillas.

En uno de ellos de Henry D. Owen, presidente del Comité de Planificación Política del Departamento de Estado, remitido el 02.05.1967 al Secretario de Estado, Dean Rusk, donde aseguraba:

“Las medidas de rechazo económico y aislamiento político a través de las acciones de la OEA, contribuyen a crearle dificultades a Castro, pero no han sacudido su control sobre el poder” […] Después de seis años, vale preguntarse si esta política será la mejor para hacer avanzar nuestros intereses nacionales, bajo las condiciones que puedan prevalecer en el futuro. La revisión de nuestra política podría concluir en que [···] no se requiere un cambio fundamental, pero se podrían explorar varias estrategias alternativas… aplicar una presión considerablemente creciente sobre el régimen de Castro y estudiar las posibilidades y riesgos en la búsqueda de cierto acomodo”.

Hubo oponentes a ese Programa que señalaron:

“No es el momento más propicio, ya que las dificultades económicas de Cuba y las señales del creciente descontento, indican que las penurias tienen un efecto real y es mejor mantener las presiones a fin de lograr el derrumbe del socialismo”.

Evidentemente Trump y sus asesores retoman ese criterio después de la devastación del huracán Irma, conociendo que las limitaciones de recursos se harán visibles en la población y sueñan con una sustitución de sistema desde adentro, teniendo en cuenta el cambio generacional que se avecina.

Eso generó la inventada historieta de los supuestos ataques acústicos, para justificar un grupo de otras acciones que implementarán en las próximas semanas, todas dirigidas a ocasionar mayores carencias de recursos financieros a Cuba, con la idea de incentivar protestas populares, para lo cual orientan a sus asalariados en la Isla.

Algún día conoceremos quien la inventó y otros detalles, pero una vez más tropezarán con la misma piedra, cuales burros obcecados con el socialismo cubano.

Por esas razones alertaba José Martí:

“Por este mundo hay que andar con la espada en una mano y el bálsamo en la otra; que desconfiar es muy necesario”.

 

 

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Estudiar o tener salud, dilema de los estadounidenses


Por Arthur González  

En Estados Unidos el dilema del ciudadano común es costear los estudios de los hijos o mantener la salud de la familia, porque lo salarios no alcanzan para sufragar mensualmente el pago de los altos alquileres, la gasolina de los autos, la compra de ropa, la electricidad, cuentas de teléfonos, más los seguros médicos y la compra de libros, libretas y decenas de impuestos que deben liquidar a los bancos.

La sociedad de consumo estructurada en Estados Unidos, obliga a la compra diaria de productos de todo tipo que van endeudando a las personas y al final del mes deben liquidarlas.

Esos que se pasan el tiempo criticando y atacando a Cuba con campañas tendenciosas de que la disyuntiva de los cubanos es comprar alimentos o comprar ropa, no se miran por dentro para reconocer que todos los meses deben hacer malabares sacando cuentas de sus crecientes gastos, y el salario no les da para cubrir todo lo que adquirieron con sus tarjetas.

Es cierto que los salarios en la isla son bajos y como en cualquier país del planeta no cubre todas las necesidades, pero lo que no dicen esos que solo miran las manchas, es que los hijos de los obreros cubanos, sin excepción, van a la escuela sin pagar un solo centavo y pueden terminar una carrera universitaria o un instituto tecnológico sin endeudarse de por vida, como sucede en Estados Unidos.

Un reciente artículo publicado en Nuevo Herald intenta poner a Cuba con un nivel de pobreza que no se corresponde con la vida real de los ciudadanos comunes y oculta que para esos que poseen salarios bajos o altos, simpaticen o no con el gobierno socialista, crean en Dios, Olofi o Alá, no tienen que preocuparse por desembolsar un solo centavo para tener una asistencia médica total, que incluye una operación de corazón, un trasplante de riñón o un tratamiento de diálisis, el parto en un hospital, hasta las 13 vacunas que reciben todos los niños, incluidas las  consultas periódicas.

Para los cubanos es normal recibir una canasta básica mensual de alimentos racionados y a muy bajos precios subvencionados por el estado, que contiene arroz, granos, pan, aceite vegetal, carne de pollo, azúcar, café, pastas, sal, leche para los niños de 0 a 7 años, yogurt de soya para los mayores de esa edad y para los ancianos, que si ciertamente no cubre todo el mes, es algo impensable para los ciudadanos de Estados Unidos o de cualquier país del llamado primer mundo.

Innegable es que los precios de la ropa y el calzado en Cuba es alto y no está acorde con los salarios actuales, pero en Estados Unidos un par de zapatos de mujer no baja de 60 dólares y el de los hombres por el estilo.

¿Puede un trabajador adquirir ropa y calzado en una tienda de Armani, Versache, Lacoste, Kevin Clain, Christian Dior, Hugo Boss, Givenchi, y otras de las marcas famosas que se expenden en lujosas boutiques?

¿Por qué criticar las recientemente abiertas boutiques en el nuevo Hotel Manzana en la Habana, si antes de 1959 eran pocos los que podían comprar, e incluso entrar en la lujosa tienda El Encanto, incendiada por la CIA como preludio a la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, o adquirir un anillo de brillantes en la exclusiva joyería Le Trianon?

En Estados Unidos se inventó el sistema de compras a crédito, algo que estimula el consumo ya que nadie emplea el dinero en efectivo y por tanto no ve realmente como se le va el salario del bolsillo, pero el problema llega al final del mes cuando deben liquidar sus gastos.

Todo el que adquiere un auto o una vivienda solo tienen la posesión, pero no la propiedad, son los bancos los que tiene puesta la soga al cuello de los que reciben los préstamos, de ahí los millones de personas que anualmente pierden sus casas por no poder pagar las hipotecas, algo que no sucede en Cuba y de eso no dicen ni una sola letra.

No hay nada perfecto en este mundo, pero mientras un norteamericano se pasa toda su vida pagando hipotecas por estudiar, mantener un seguro médico, que además no cubre todas las enfermedades ni los tratamientos necesarios para recuperar la salud, los cubanos no poseen esos dolores de cabeza, ni tienen que llenar alcancías para costear un tratamiento contra el cáncer de un ser querido, sin contar que el funeral en Cuba es tambien gratuito.

Se puede vestir con sencillez y modestia, tener un TV sin alta definición o no usar el perfume de moda, de esos que anuncian estrellas de Hollywood, pero lo que los cubanos no aceptarían nunca es volver a ser analfabetos, pagar altos precios por enviar a sus hijos a la escuela, gastar gran parte del salario mensual en los servicios de salud, o cambiar una cama en un hospital por el voto a un politiquero para no ver morir en la calle a un ser querido.

Hoy los cubanos desconocen el desempleo, algo que Nuevo Herald no menciona en su artículo y aunque el salario no es el deseado, no hay desnutrición, mendigos en las aceras de las avenidas, ni niños tocando maracas en los ómnibus y menos limpiando parabrisas de autos para ganarse el pan de cada día.

Antes de señalar a Cuba, Nuevo Herald pudiera hacer un artículo de la precaria situación que existe en una zona tan cercana a Miami Dade como en el barrio denominado Liberty City, donde la miseria y la ausencia de recursos para asistir al médico y cursar estudios superiores es una constante.  Allí si hay que buscar un centavo en la cartera para poder sobrevivir, y de los 10,3 millones de personas que viven en el umbral de la pobreza, con un salario por debajo del 30 por ciento de la media del país, según la organización estadounidense National Low Income Housing Coalition, no hablan.

A pesar de esas cruzadas mediáticas Cuba sigue navegado soberanamente desde hace 58 años, pues como dijera José Martí:

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

La historia que no cuenta el Miami Herald sobre Cubana de Aviación.


Arthur González.

IL 96 Tm cubana ade aviación

El 14.01.2013 El Nuevo Herald, de Miami divulgó una falsa  noticia titulada  “De la euforia callejera y la realidad cubana”, donde se cuestiona la política de la aviación civil cubana.

El diario Intenta trastocar la historia, al asegurar que   “…la baja demanda de pasajeros y la pésima dirección del país, causaron un fuerte impacto en los costos operacionales de Cubana de Aviación. El transporte aéreo del país estuvo completamente en quiebra. Cuba se quedó sin aviones y tuvo que vender su cielo, sus rutas transoceánicas y  domésticas”. Sigue leyendo