Aplica Trump un Decreto Ley 370 similar al de Cuba.


Por Arthur González.

El llevado y traído Decreto Ley 370/2018, titulado “Sobre la Informatización de la Sociedad en Cuba”, ha desatado campañas de prensa entre aquellos que difunden noticias falsas, difaman al gobierno revolucionario y se hacen eco de las líneas de desinformación y ataques contra la Revolución cubana, que orientan las agencias yanquis, mientras esos mismos protestones hacen silencio ante las medidas que adopta Donald Trump, como emperador absoluto de este mundo.

Toda la alharaca contra la medida legal cubana, es porque en dicho Decreto Ley se establece como una violación, difundir a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas, algo que para nada violan la libertad de expresión, pensamiento o de prensa y que en cada país se regulan de forma similar.

Sin embargo, en total violación de la libertad de expresión y pensamiento, el presidente de Estados Unidos amenazó el 16 de mayo 2020 en su twitter, con cerrar las cuentas en las redes sociales de Facebook, Instagram, Twitter y Google, de todos los usuarios que manifiesten posiciones de izquierda, pues según afirmó:

“La izquierda radical ha tomado el poder sobre las principales redes sociales y mi gobierno está tomando medidas al respecto”.

A su vez, solicitó se le envíen nombres de personas y eventos para cerrarles las cuentas.

La advertencia del presidente yanqui es contra las posiciones políticas de los usuarios, no contra las informaciones que atentan las buenas costumbres, la moral o la integridad de las personas, como se establece en el Decreto Ley cubano.

Hace pocos días prohibió que el canal DIRECT TV, transmitiera para Venezuela, algo verdaderamente violatorio de la libertad de información, pero lo acusan por ello.

La verdadera razón de las protestas de los cubanos asalariados del imperio, es que temen ser llevados a los tribunales por calumniar, emitir acusaciones falsas y difamar, con lo que a diario inundan las redes sociales, siguiendo instrucciones de quienes le financian sus cuentas desde Estados Unidos.

Cuba nunca ha llevado ante los órganos de justicia a los que se prestan para hacer campañas contra la Revolución, sus instituciones y dirigentes principales, a pesar de que la difamación, la calumnia, la injuria y las acusaciones falsas, contra personas o instituciones, están recogidas como delitos en el Código Penal vigente.

Las sanciones por esas violaciones de la ley pueden conllevar a la privación de libertad, de tres meses a un año, y/o multas de cien a trescientas cuotas, algo que legalmente puede hacerse contra quienes actúan a favor de los Estados Unidos, en su histórica guerra mediática contra Cuba, con el fin de distorsionar la realidad y crear matrices de opinión contrarias al pueblo cubano.

Es ampliamente conocido como la misión diplomática yanqui en La Habana, ha impartido cursos de “periodismo” a la carrera, para que los llamados “disidentes” envíen noticias falsas y distorsionadas de la realidad de Cuba, recibiendo salarios de Estados Unidos por dicha acción totalmente ilegal.

En el año 2003, los destacados periodistas cubanos Luis Báez y la doctora Rosa Miriam Elizarde, publicaron un libro en el que denuncian con innumerables pruebas, las actividades subversivas ejecutadas desde la sede diplomática de Estados Unidos, sustentadas en declaraciones de un grupo de esos “disidentes”, que en realidad trabajaban para la Seguridad del Estado de Cuba.

Fotos, testimonios, cartas, comprobantes de pagos del dinero recibido, listado de alimentos e insumos y las instrucciones recibidas de sus jefes, los “diplomáticos” yanquis, se recogen a lo largo de dicho libro, que ilustra en detalles el trabajo de los llamados “periodistas independientes”, quienes tienen que cumplir al pie de la letra, las órdenes enviadas desde Estados Unidos, aspecto probatorio que de “independientes”, solo tienen el calificativo acuñado por los yanquis.

Tanto el ex analista de la CIA Edward Snowden, como Julián Assange, del sitio WikiLeaks, quitaron el velo en los ojos de miles de millones de personas, al mostrar como los Estados Unidos y sus agencias de inteligencia, espían a gobernantes, hombres de negocios, profesionales, intelectuales, religiosos, diplomáticos y hasta amas de casa, violando la privacidad de sus comunicaciones personales.

Snowden publicó en los diarios The Guardian y The Washington Post, varios programas de la NSA, incluidos los de vigilancia masiva PRISM y XKeyscore, que pusieron a Estados Unidos en el banquillo de los acusados, aunque con sus presiones y chantajes, lograron acallar las denuncias e impiden que ese tema sea tratado nuevamente.

¿Por qué no se quejan de tal violación los lacayos que acusan a Cuba de aprobar el Decreto Ley 370, que protege a la inmensa mayoría de los ciudadanos, para no ser víctimas de informaciones que atentan contra la moral y las buenas costumbres?

A conformar campañas subversivas contra otros que no sepan defender sus derechos, porque con los cubanos tales cruzadas mediáticas no caminan, pues como dijo José Martí:

“Es ley que las frentes más altas y limpias atraigan sobre sí las piedras que se mueven en las manos débiles o envidiosas”.

Los yanquis ordenan y sus lacayos cumplen.


Por Arthur González.

Desde 1959 el gobierno de Estados Unidos y la CIA, iniciaron una guerra psicológica contra la naciente Revolución cubana, encabezada por Fidel Castro, a quien el presidente D. Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, no querían para dirigir a Cuba, como expresaron en la reunión del Consejo de Seguridad, celebrada el 23 de diciembre de 1958: “Debemos evitar la victoria de Castro”.

Por la animadversión hacia el líder cubano, la CIA desató una amplia campaña de mentiras, con el objetivo de desacreditarlo ante la opinión pública, algo que el propio Fidel Castro denunció en 1959 durante la conocida Operación Verdad.

Se iniciaba así la cruzada mediática contra la naciente Revolución, que aun 60 años después se mantiene e intensifica.

Muchas han sido las mentiras elaboradas por especialistas en guerra psicológicas de la CIA, consumiendo presupuestos millonarios que no le han servido para nada.

Documentos desclasificados de la CIA confirman su participación, como se expone en el Proyecto Cuba:

[…] “La reunión de la OEA (nota: contra Cuba) será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

En los años más recientes esa guerra se centró en varios temas: los inventos de las “violaciones de los derechos humanos”, “falta de libertades”, incluida la religiosa, “esclavitud de los médicos” y todo lo pueda crear una matriz de opinión negativa contra Cuba.

Para ejecutarlo, fabrican “disidentes” que se encargan de divulgar sus falsedades, como el caso de José Daniel Ferrer, quien intentó acusar a un policía cuando estaba detenido, de que lo había golpeado, sin saber que una cámara oculta filmaba su auto agresión, pero aun viendo ese espectáculo el Parlamento Europeo, bajo las presiones yanquis, se hacía eco de la denuncia del mercenario.

La más reciente campaña es contra el Decreto Ley 370 “Sobre la informatización de la sociedad cubana”, en el cual se establece como una contravención: “Difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”.

Ante esto, los yanquis se asustaron porque les impide hacer campañas subversivas a través de las redes, algo que soñaron desde 1996 cuando la Rand Corporation, del Instituto de Investigaciones para la Defensa Nacional, preparó un estudio para el Departamento de Defensa, que expresa:

“Es nuestro interés ayudar a la apertura y forzar el surgimiento de una sociedad civil independiente, mediante el empleo del enlace de Cuba a Internet, utilizándola para transmitir noticias y análisis balanceados, promover su uso por ONG cubanas, universidades y otros destinatarios”.

Similar interés se aprecia en las declaraciones del senador Marco Rubio, durante evento celebrado el 2012, en la Fundación Heritage, de conjunto con Google Ideas:

“El sistema totalitario cubano podría derrumbarse si todos los cubanos tuvieran libre acceso a Internet, porque Cuba seguiría la misma suerte de aquellos países que pasaron la Primavera Árabe”.

Basado en ese propósito, el presidente Barack Obama, aprobó, durante su segundo mandato, la licencia a Google para entrar en Cuba, con el fin de llegar con sus informaciones distorsionadas, sus símbolos y sus valores, a la juventud cubana, por eso al hacerlo afirmó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso”. “Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano. […] y brindarles nuevas fuentes de información…”

Ante esos planes subversivos, la Revolución cubana tiene el derecho de defenderse legalmente, aunque ladren los lacayos dirigidos y financiados con los dólares norteamericanos.

No importa el partido que esté en el poder, ambos persiguen el mismo fin, destruir el proceso revolucionario de Cuba a como dé lugar y para eso destinan millones de dólares.

El actual mandatario Donald Trump, dijo durante su campaña electoral en 2016:

Reclamamos una plataforma aérea para las transmisiones de Radio y TV Martí, y la promoción del acceso a Internet como herramienta tecnológica para fortalecer el movimiento pro democracia en Cuba.”

Por estas razones hoy observamos como los principales lacayos financiados por los yanquis, se lanzan contra el Decreto Ley 370, como si fuese algo extraterrestre y que ningún otro país tuviera leyes semejantes.

¿Por qué no condenan la plataforma Twitter o a Facebook, cuando cancelan cuentas de usuarios que defienden a la Revolución y combaten las calumnias de aquellos financiados por los yanquis para mentir contra Cuba?

Eso sí impide la libre expresión y el pensamiento, pero como es a favor de Cuba no les importa.

¿Qué derecho tiene el construido Observatorio Cubano de Derechos Humanos, pagado con dinero yanqui, de acusar a Cuba? Sigue leyendo