Carnavales en Bruselas y Oslo.


Por Arthur González.

A los enemigos de Cuba parece que 60 años de mentiras, manipulaciones mediáticas y el gasto de millones de dólares no es suficiente y continúan dilapidándolo, pero sin conseguir el sueño de conformar una Isla infernal.

El nuevo carnaval, repleto de máscaras y payasos, se conformó el 18 de febrero 2020 en Bruselas, Bélgica, durante el debate en la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. El otro lo celebraron el mismo día, también con la participación elementos contrarrevolucionarios financiados por Estados Unidos, en Oslo, Noruega, en la llamada Cumbre de Ginebra por los Derechos Humanos y la Democracia, Freedom Fórum.

En Bélgica estuvo al frente del show la española Elena Larrinaga, quien recibe un fuerte financiamiento de la NED y la USAID, (CIA) para llevar a cabo acciones de prensa contra Cuba, a través del subvencionado y farsante Observatorio Cubano de Derechos Humanos, nada menos que con sede en Madrid, España.

Larrinaga sin encomiendas del verdadero pueblo cubano, habló a nombre de la fabricada “oposición cubana”, entiéndase contrarrevolución made in USA, de la idílica “Red Femenina de Cuba”, la cual no tiene validez alguna por no representar a las mujeres cubanas que se enfrentan diariamente a las penurias causadas por la guerra económica, comercial y financiera impuesta por Estados Unidos para quebrar la voluntad popular, desde hace 60 años.

¿Quién del valeroso y estoico pueblo cubano le ha solicitado a esa mercenaria española que hable en su nombre y mienta sobre una realidad que ella no vive?

Antes de hablar mal de Cuba debería interesarse por la situación que padecen los españoles, especialmente de los jóvenes que no tienen muchas oportunidades de empleo y desarrollo futuro.

¿Por qué si es tan “preocupada por los derechos humanos, no acusa al gobierno chileno de asesinar y atacar a miles de jóvenes, que muchos de ellos han perdido un ojo por los disparos de los carabineros?

¿Y que ha dicho esa asalariada por la violación de los derechos humanos de los cientos de líderes sociales colombianos que son asesinados a diario, sin que ninguna de las organizaciones construidas por Estados Unidos, hayan condenado esos crímenes?

¿Dónde está la preocupación de Elena Larrinaga, que se tragó la lengua ante las violaciones cometidas contra el pueblo boliviano durante y después del golpe militar que pisoteó la democracia constitucional en Bolivia, para imponer por la fuerza y con el apoyo total de la CIA, al actual gobierno al servicio de Estados Unidos?

¿Qué voz levantó la súbdita española, que tanto habla de las mujeres cubanas, para defender a las mujeres argentinas durante el gobierno de Mauricio Macri, que las lanzó a las calles con sus hijos y demás familiares, a dormir en los portales sin trabajo ni seguridad pública?

Hay que ser muy cínico para criticar los derechos sociales de la Cuba socialista, donde todos los niños, adolescentes y jóvenes estudian de forma gratuita, desde el prescolar hasta la universidad, al igual que reciben la atención médica, incluidos los tratamientos contra el cáncer, los trasplantes de órganos, las 13 vacunas desde que nacen, sin distinción de raza, estatus social, creencias políticas o religiosas.

¿Sabrá ella que, en Estados Unidos, los “campeones” de los derechos humanos, hay más de 42 millones de pobres y el triple de estadounidenses que no tienen dinero para pagar un seguro médico?

¿Será sorda y ciega la añeja española que ahora pretende en erigirse en defensora de los cubanos?

Por esas y mil razones más, el Parlamento Europeo no condena el sistema cubano, porque en Honduras, Guatemala, Colombia, Argentina, Brasil, Salvador, Panamá, Haití y muchos países de la región, no logran niveles de vida, seguridad, salud, escolaridad, cultura, igualdad y derecho de las mujeres como los alcanzados por Cuba después de 1959.

Una simple visión del campesinado cubano antes de 1959 y la actual, bastan para conocer los cambios radicales logrados con la Revolución, algo que tampoco mencionó en Oslo, la asalariada cubana Laritza Diversent, denominada directora de Cubalex, otro engendro creado y financiado con la pantalla de la NED y la USAID, según consta en su sitio en la Web.

¿Quién les paga los viajes a esas reuniones, los hoteles, la alimentación y el transporte desde Madrid y La Habana?

Adivinaron. Los yanquis que intentan presionar a la Unión Europea para que suspenda el Acuerdo de Diálogo y Cooperación entre La Habana y Bruselas, por considerarlo “muy flojo”, cuando es público y notorio que la actual administración de Donald Trump pretende suspenderlo y cortar la cooperación económica, como expresara recientemente Steven Mnuchin, secretario del Tesoro:

“Las nuevas sanciones impuestas a Cuba por Estados Unidos, incluyen medidas para evitar que Cuba tenga acceso a divisas”.

Esa criminal e inhumana política si viola los derechos de once millones de cubanos, que se ven obligados a resistir la escasez de alimentos, medicinas, insumos para la industrial, el gas licuado para cocinar, el petróleo para el transporte y la generación de electricidad unido a otras que hacen la vida del pueblo bien difícil, con la trasnochada ilusión que culpen al socialismo, cuando todos conocer perfectamente la política de guerra, comercial y financiera diseñada por la CIA desde los años iniciales de la Revolución, según consta en sus documentos desclasificados.

Todos esos planes están archivados en la biblioteca Kennedy, Archivos de Seguridad Nacional, Serie de reuniones y memorandos, Grupo Especial Ampliado, Operación Mongoose, 7/62 y en el Volumen X, Foreign Relations, Cuba 1961-1962 páginas 857-862.

El criterio espurio de Elena Larrinaga sobre las mujeres cubanas, basta para conformarle un expediente judicial por acusación falsa, al que se le puede sumar el invento mal sano de las supuestas “detenciones arbitrarias”, y tendría que presentar ante el tribunal las pruebas reales, no la propaganda que hacen quienes reciben sumas cuantiosas de una potencia extranjera, empeñada en destruir un proceso revolucionario que permitió que Cuba sea hoy una potencia médica, biotecnológica, académica, cultural y deportiva, siempre acompañadas de sus mujeres, como jamás ocurrió durante los 58 años que estuvo atada a los Estados Unidos.

Esos son los vende patrias al servicio del amo imperial y por lo que expresó José Martí:

“La dignidad propia se levanta contra la falta de dignidad ajena”.

Acusan a Cuba de fusilar, pero no dicen los crímenes que cometieron.


Por Arthur González.

En 1959 al triunfar la Revolución cubana, una de las primeras medidas adoptadas fue detener y someter a juicios a los asesinos, torturadores y colaboradores del régimen del dictador Fulgencio Batista; muchos de ellos fueron sancionados a pena de muerte por sus crímenes.

Los que ahora acusan a Cuba, no mencionan esos asesinatos, solo conforman operaciones mediáticas para tergiversar la verdad y ocultar que Estados Unidos recibió y otorgó la categoría de “refugiados políticos”, a una parte de aquellos asesinos.

De lo sucedido a los asaltantes al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba en 1953, ni una palabra, cuando allí el ejército batistiano asesinó, sin juicio alguno, a todos los detenidos.

Contra Batista nunca se llevó a cabo una denuncia por sus violaciones de los derechos humanos, ni fue sometido a sanciones económicas, porque fue un fiel peón de Washington y asesorado por oficiales del FBI que viajaron a La Habana para entrenar a quienes formaron parte del Buro de Represiones Anti Comunistas, BRAC, tenebrosa organización que detenía arbitrariamente y asesinaba a mansalva, por el solo hecho de ser sospechoso de comunista.

Los juicios celebrados en 1959 contra los asesinos y torturadores, fueron públicos, miles de personas asistieron, para declarar contra quienes cometieron todo tipo de crímenes.

Entre los asistentes a los juicios estaban periodistas extranjeros, que comprobaron la justeza de las sanciones. Entre ellos el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Jules Dubois; el editor del Washington Daliy News, John T. O´bourke y los diputados chilenos Alfredo Lorca y José Musalem.

Sin esclarecer los motivos que los impulsan o quienes les sufragan en estos momentos esa campaña contra la Revolución, organizaciones contrarrevolucionarias a las órdenes de Estados Unidos, entre ellas: Archivo Cuba, la Fundación de los Derechos Humanos y Cubalex, presentaron un documento sobre fusilamientos, supuestas desapariciones forzosas, asesinatos extrajudiciales, muertes de opositores e inducción al suicidio, algo que jamás el gobierno de Estados Unidos ha podido probar.

Las acusaciones parten de Miami, donde precisamente se refugiaron los asesinos más crueles de la tiranía batistiana, a pesar de ser reclamados por el gobierno revolucionarios. La respuesta del Departamento de Estados yanqui fue otórgales la residencia en ese país.

Al parecer María Werlau, directora ejecutiva de la organización Archivo Cuba, no sabe que Esteban Ventura, Jesús Blanco Hernández, Conrado Carratalá Ugalde, Luis Alberto del Rio Chaviano, Sotero Delgado Méndez, Orlando Piedra Negueruela, Mariano Faget Díaz, Rafael Gutiérrez Martínez, Pilar García, Irenaldo García Báez, Julio Laurent Rodríguez, Lutgardo Martín Pérez Molina y Rolando Masferrer Rojas, encontraron refugio seguro en territorio estadounidense, a pesar de tener sus manos llenas de sangre.

Tampoco conoce que por las calles de Miami camina libremente Posa Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano donde murieron 73 personas, padre de los actos terroristas contra 6 hoteles cubanos, donde falleció un turista y que fue participante del plan de asesinato de Fidel Castro, en ciudad de Panamá.

¿Por qué ella no reclama justicia para esas víctimas?

Entre los fusilados en Cuba estaba el ex comandante del ejército de Batista, Jesús Sosa Blanco, acusado de cometer 108 asesinatos, de ellos 53 en una tarde.

Otro de los fusilados fue el capitán Grao, quien en solo una mañana asesinó a 30 campesinos de un caserío en las faldas de la Sierra Maestra, para que no apoyaran al ejército rebelde.

Entre los testigos en aquellos juicios comparecieron sacerdotes que declararon sobre la crueldad de los acusados.

¿No saben los miembros de esas organizaciones contrarrevolucionarias, de los 214 asesinatos cometidos por los alzados en las montañas del Escambray, organizados y armados por la CIA?

Alfabetizadores, maestros, campesinos y sus familiares, obreros agrícolas y funcionarios, fueron torturados y asesinados por esos llamados “luchadores por la libertad”.

Entre los alfabetizadores están Pedro Blanco Gómez de 13 años; Manuel Ascunce de 16 años; Delfín Sen Cedré de 20 años y el maestro Conrado Benítez de 18 años.

Total de víctimas fatales, de ellos 63 campesinos y obreros agrícolas, 13 niños, 3 mujeres, 8 ancianos, 9 maestros voluntarios de la campaña de alfabetización, 10 funcionarios, 6 administradores de granjas agrícolas.

Muchos de los asesinos fueron juzgados y fusilados justamente.

Terroristas a las órdenes de la CIA, colocaron explosivos en los centros comerciales, cines y escuelas de la isla, donde murieron personas inocentes. Entre los autores está Carlos Alberto Montaner, hoy residente en Estados Unidos, a pesar de ser un prófugo de la justicia cubana.

Miembros de organizaciones terroristas como Alfa 66, Omega 7, y muchas más, transitan libremente por calles y ciudades de Estados Unidos, como lo hizo Orlando Bosch, quien contó con el apoyo de la representante al Congreso Ileana Ros-Lehtinen, al igual que Guillermo Novo Sampoll, implicado directamente en el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y el chofer.

Antes de mentir contra Cuba, deberían responder ante la Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, por qué no demandan al FBI de no actuar contra los residentes en Miami, Ángel de Fana Serrano, participante del plan de asesinato a Fidel Castro, junto a Posada Carriles; Armando Valladares, terrorista que colocó bombas en centros comerciales de La Habana; Gaspar Jiménez, asesino del diplomático Dartagnan Díaz; Pedro Remón, asesino de los funcionarios cubanos Eulalio Negrín y Félix García; Ramón Saúl Sánchez, ex miembro de Omega 7 y cómplice de los asesinos Eduardo Arocena y Pedro Remón.

La guerra psicológica contra Cuba nunca ha fructificado, pues se desbarata con las propias informaciones desclasificadas de la CIA y del FBI.

Los que reciben altas sumas de dinero para tales campañas carecen de moral y elementos convincentes, viajan constantemente a Estados Unidos, son asiduos visitantes a residencias diplomáticas y abastecidos para sus acciones.

Mientras acusan a Cuba, callan sobre las desapariciones, secuestros y asesinatos de miles de mexicanos, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, y no dijeron una sola palabra de la detención arbitraria y asesinato del joven argentino Santiago Maldonado.

Por la ausencia de moral y apego a la verdad, nunca han contado con apoyo del pueblo cubano, son repudiados permanentemente por una población que sabe lo que es padecer el terrorismo de estado, ese que durante medio siglo ejecuta Estados Unidos contra Cuba.

No por gusto expresó José Martí:

“Se aborrece a los viles y se ama con todas las entrañas, a los hombres pudorosos y bravos”