Los verdaderos oprimidos de Latinoamérica.


Por Arthur González.

Los obreros, campesinos, estudiantes y pensionados de América Latina, tiene todo el derecho a protestar ante las medidas neoliberales que aplican los gobernantes, para complacer al FMI y otras entidades creadas por el sistema capitalista que los aplasta, sin importarle los verdaderos derechos humanos.

Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina, eliminó las ventajas establecidas por el gobierno de Cristina Fernández, como continuidad a las aplicadas antes por su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner.

Lo mismo sucedió en Brasil, cuando Temer impuso métodos que en nada ayudan a las capas más pobres del país, borrando de un plumazo las medidas aprobadas por el presidente Luis Ignacio Lula, mantenidas por su sucesora Dilma Rousseff.

El capitalismo salvaje solo beneficia a las clases altas y así sucede en toda Latinoamérica e incluso llega a algunos países de Europa.

Sin embargo, Estados Unidos se empeña en impedir que gobiernos nacionalistas, preocupados por sus pueblos, avancen con leyes populares, aplicándoles planes de guerra económica, aprueban altos presupuestos para subvertir el orden interno, sufragan grupos para cometer actos terroristas y orientan manifestaciones populares que llegan hasta el asesinato, tal y como hicieron en Venezuela y ejecutan actualmente en Nicaragua.

El empleo de la manipulación jurídica para juzgar y encarcelar a verdaderos líderes populares, es la táctica recientemente implementada, violando todo derecho legal a los que son acusados sin pruebas, solo basado en campañas de prensa fabricadas para crear un ambiente psicológico que les favorezca en sus acciones criminales, que solo persiguen anular de por vida a las figuras políticas que no son de su agrado.

Millonarios presupuestos son aprobados por Estados Unidos para esos fines, distribuidos entre el Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia para reclutar políticos, jueces y periodistas, así como a la USAID a la NED, con el fin de llevar a cabo la preparación de jóvenes, que posteriormente son encargados de salir a manifestarse violentamente en las calles, incluso con el empleo de armas de fuego.

Esos terroristas que queman, destruyen y asesinan, reciben total apoyo de la prensa oficialista que responde a los intereses yanquis. Son calificados de “inconformes” que protestan “pacíficamente”, y al ser reprimidos por sus actos de terrorismo, desatan cruzadas periodísticas en su defensa, como si los muertos que originan sus acciones no reclamaran justicia.

Ahora cuando en Argentina los trabajadores agobiados por el alza del costo de la vida, la pérdida de sus derechos, el aumento del desempleo y la inseguridad de un futuro cierto para sus familias, salen a las calles a protestar, sin la violencia empleada por los orientados y financiados con los millones de Estados Unidos, Patricia Bullrich, ministra de seguridad, declara con total desfachatez, que “no sabe de dónde sacan el dinero para manifestarse todos los días”, y acusa a las centrales sindicales de querer sacar al Gobierno.

¿Por qué la ministra no se hace la misma pregunta para saber de dónde sale el dinero para sufragar las protestas violentas fabricadas desde la embajada de Estados Unidos en Venezuela y en Nicaragua?

¿No sabrá ella que los trabajadores argentinos se cansan de tanta explotación?

En Venezuela, solo la NED tuvo una asignación para el presupuesto del año fiscal de 2017, de 2 millones 893 mil 847 usd; sin contar el dinero que dispone la USAID, el cual es muy superior, sumado al asignado a la CIA y al Departamento de Estado.

Con tanto dinero si se pueden organizar protestas y manifestaciones callejeras en Nicaragua, país que también recibe desde hace algunos años, millonarios presupuestos para organizar cursos de preparación en los locales de la embajada norteamericana en Managua, de donde egresaron los principales cabecillas ejecutantes de los actos callejeros y las acciones terroristas, incluida la confección de armas de fuego casera y otros medios que causaron muerte y destrucción en varias ciudades de ese país centroamericano.

Solo con buscar en las páginas de la USAID y la NED, disponibles en Internet, la ministra podrá conocer esos datos y comprobar que para Argentina la situación no es la misma, porque a los yanquis no les interesa ayudar a las centrales sindicales que reclaman los derechos de sus afiliados.

Si ella está inconforme con las protestas, debería compadecer al pueblo de Venezuela y de Nicaragua que sufren del terrorismo financiado por Estados Unidos.

Todo indica que la ministra de seguridad vive de espaldas a la realidad que padece su pueblo, por las medidas económicas impuestas por el gobierno del presidente Macri, y como bien señaló recientemente Hugo Yasky, diputado y dirigente de la CTA, “en Argentina hay dos millones de personas que no llegan al final del día. No estamos hablando de llegar a fin de mes, estamos hablando del día”.

Ante el caos económico creado por Mauricio Macri, la Confederación General del Trabajo (CGT), las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y otros sindicatos, no les ha quedado otra alternativa que salir a las calles a protestar por el acuerdo firmado recientemente por el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), a lo que se suma el plan económico de ajuste que ese organismo impone.

No es el sistema socialista el que ahoga al pueblo de Argentina, es sencillamente el capitalismo salvaje que no respeta el derecho a la vida.

Por tanto, la ministra Patricia Bullrich debería recordar lo que dijo José Martí:

“Los pueblos no se rebelan contra las causas naturales de su malestar, sino contra las que nacen de algún desequilibrio o injusticia”

 

 

 

 

 

 

 

 

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Enseñanzas para aprender


Por Arthur González.

Nadie se llame a engaño, las acciones que ejecuta la derecha en América latina contra gobiernos que trabajan por y para el pueblo, con el fin de descabezar los movimientos de izquierda, son lecciones que enseñan cómo actuar cuando se ostenta el poder en defensa de los intereses populares.

La derecha cuando tiene el poder es implacable, no respeta leyes ni derechos humanos, actúa con saña para arrancar de raíz todo lo que los gobiernos de izquierda han hecho por los desposeídos, para que no queden ni recuerdos de tales avances.

Así lo constatamos en Argentina y Brasil, países que sufren de gobiernos neoliberales hechos a la medida de lo que desea Washington, para recuperar su patio trasero e imponer políticas de privatización de la economía, pisoteando los derechos de millones de personas sin importarles los derechos humanos, que solo exigen a los gobiernos de izquierda.

Argentina está pagando el error de haber votado por Mauricio Macri, presidente pro yanqui, quien, desde los primeros días de su mandato, inició el desmantelamiento de todas las medias favorables a los trabajadores, pensionados, estudiantes e incluso contra la lucha llevada a cabo por las valerosas Abuelas de la Plaza de Mayo, para encontrar a sus nietos robados por la dictadura.

Para ese presidente no hay campañas mediáticas ni sanciones de la Unión Europea, la poderosa prensa de Estados Unidos no lo acusa de violar los derechos humanos y países como España, ni se dan por enterados de las medidas antipopulares que ha tomado.

La policía secuestró y asesinó a Santiago Maldonado, pero de ese tema no se habla. Si hubiese sucedido en Cuba o Venezuela otro gallo cantaría y el Comando Sur acuartelado dispuesto a una intervención militar.

Un ejemplo de la enseñanza que ofrece el presidente Macri, es la persecución despiadada que lleva a cabo contra la ex presidenta Cristina Fernández, trabajando hombro con hombro con el sistema judicial para enjuiciarla y encarcelarla, como advertencia de lo que puede sucederle en el futuro a los líderes de izquierda.

Sin embargo, en países como Venezuela que tienen que enfrentar operaciones subversivas, diseñadas y financiadas por Estados Unidos, donde han asesinado a partidarios del gobierno, organizado actos vandálicos contra instituciones estatales y se fabrican planes para ejecutar un golpe de estado, si le exigen al presidente Nicolás Maduro que libere a los responsables de esas violaciones de la ley y le organizan campañas mediáticas para satanizarlo, arrastrando al Parlamento Europeo para imponerle sanciones injustas sin basamentos legales.

Brasil es otra de las muestras notables, solo porque el gobierno del Partido de los Trabajadores llevó a cabo profundos cambios en favor de las clases más pobres del país, además de iniciar programas para llevarle salud y alfabetización a los indios en la profundidad de la amazonia, algo que jamás habían realizado ni realizarán los gobiernos de derecha.

En respuesta, Estados Unidos organizó un golpe de estado a nivel del parlamento, que destituyó a la presidenta constitucional Dilma Rousseff, ante el temor de que se consolidara la izquierda en el coloso de Suramérica, que, sumado a Venezuela, Ecuador y Argentina, ejercían una influencia inaceptable para los yanquis.

Acto seguido, y para impedir el retoño del Partido de los Trabajadores, le fueron encima con toda fuerza al ex presidente Ignacio Lula, para evitar que triunfe en las próximas elecciones, acusándolo sin pruebas, de haber aceptado un apartamento.

De ser encarcelado, Lula será convertido de inmediato en un preso político, aunque ese término la derecha lo tiene reservado exclusivamente para los “disidentes” que ellos fabrican contra los mercenarios que actúan contra los gobiernos de izquierda.

Para que no queden dudas de la manipulación política dirigida desde la Casa Blanca, el actual presidente Michel Temer, quien ocupó la silla sin ser elegido por el voto popular, fue acusado de corrupto con suficientes pruebas, pero los tribunales en vez de juzgarlo lo protegen, incluso los parlamentarios que acusaron a la ex presidenta Dilma, fueron destituidos por actos graves de corrupción, sin ser procesados, como ahora hacen con Lula Da Silva.

Esas lecciones dejan bien esclarecido que cuando el pueblo logra tomar el poder, no puede temblarle la mano para sancionar a los que, pagados por el imperialismo yanqui, ejecutan actos contra la ley.

Contra Estados Unidos solo vencen los que resisten como hace Cuba, a pesar del desgaste que conlleva la guerra económica y financiera sostenida hace más de medio siglo, porque si al imperialismo se le da un mínimo espacio, las consecuencias serán lamentadas por millones de cubanos y cubanas, quienes verán retroceder todos los logros alcanzados gracias a la Revolución socialista, ya que la mafia terrorista anticubana jamás perdonará a todos aquellos que participan en la obra revolucionaria.

La izquierda tiene que mantenerse unida, para juntos enfrentar las cruzadas mediáticas y las sanciones, como hace actualmente el gobierno popular de Maduro, porque la victoria está precisamente en la integración de la lucha contra ese enemigo que no respeta derecho alguno, cuando tratan de conservar el poder.

José Martí, que vivió en el monstro y le conoció bien sus entrañas, afirmó:

“Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”