La orden de los yanquis es ahogar la economía cubana.


Por Arthur González.

La pandemia del Covid-19 ha desmoronado la economía mundial, debido al confinamiento necesario, el cierre de fábricas y centros de servicios para evitar contagios y muertes.

Quienes se opusieron a esa única forma real de evitar la expansión del virus, pagan caro su mala decisión y en eso Estados Unidos es el ejemplo evidente, al negarse su Presidente al empleo obligatorio de las mascarillas y el confinamiento, de ahí que, siendo el país más poderoso, es el que acumula más enfermos y muertos.

Para quienes tienen al turismo como fuente de sus ingresos, la situación ha sido terrible y Cuba es una de esas naciones, que unido a las fuertes sanciones que le impone continuamente Estados Unidos, hacen que el descenso de su Producto Interno Bruto sea mayor.

Las cifras actuales lo confirman:

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Estados Unidos sin sentimientos humanos ni solidaridad.


Por Arthur González.

A pesar de los millones de enfermos y cientos de miles de muertos en el mundo a causa de la Covid-19, Estados Unidos manifiesta su ausencia de sentimientos humanos y de solidaridad, impiden la ayuda a países que carecen de recursos y personal de la salud, así como la adquisición de medios de protección, equipamiento médico y medicinas, a países que someten a crueles guerras económicas, comerciales y financieras.

Tras la careta de supuestos paladines de los derechos humanos con la que pretenden engañar al mundo, Estados Unidos esconde su verdadero rostro, ese que no le importa la muerte, el hambre, la desnutrición y las necesidades de países pobres, especialmente aquellos que no se doblegan a sus órdenes.

Para quienes osan desobedecer sus dictados, diseñan y financian políticas hostiles, con el propósito de debilitar su vida económica, negarle dinero y suministros para causar hambre, desesperación y el derrocar sus gobiernos, algo puesto en práctica contra Cuba desde hace 60 años y contra Venezuela casi una docena.

Cuba reparte salud por el mundo para salvar vidas, sus médicos y enfermeros no miran en qué lugar se vive mejor, sino donde está su deber, como misioneros sanadores de cuerpos y espíritus de los necesitados, actitud que los yanquis no entienden pues para ellos la medicina es un negocio, demostrado en los altos costos de la salud y la escasa presencia de sus médicos en lugares que requieren sus servicios.

Esa actitud que Cuba, pobre y bloqueada, exhibe desde 1960, les pone a los yanquis el hígado al borde de la cirrosis. Por eso sus mentiras persiguen incrementar su guerra económica, comercial y financiera, para impedir la entrada de dinero al país, fabricando campañas difamatorias.

En septiembre 2006, el Departamento de Estado aprobó el programa Cuban Medical Professional Parole, para estimular el abandono de las misiones médicas, entre el personal de la salud cubana, y que viajaran a Estados Unidos, donde no les reconocen sus títulos profesionales.

La finalidad era debilitar la atención de salud a los cientos de miles de pacientes tratados por los cubanos.

Ante el fracaso de tal programa, comenzaron a difundir que los cubanos eran “esclavos”, obligados a trabajar por el gobierno revolucionario, que no se les pagaba directamente y el estado recibe la mayor parte del dinero.

Detrás de esa ponzoñosa cruzada mediática está la guerra económica, pues tanto el jefe del Departamento del Tesoro como el de Estado, declaran que “Estados Unidos pretende cortar toda entrada de divisas a la Isla, para ahogar su economía”.

Por eso incrementan las sanciones a terceros que negocian con Cuba, en 2019 pusieron en vigor el Título III de la Ley Helms-Burton, extienden anualmente la aplicación de la Ley de Comercio con el Enemigo, de 1917 y arremeten contra la colaboración médica cubana, presente en más de 160 países.

Sus presiones sobre los actuales gobernantes de Brasil, Ecuador y Bolivia, lograron que esos lacayos rechazaran la presencia de médicos cubanos, sin saber que no podrían enfrentar los miles de enfermos por la pandemia de la Covd-19.

Las imposiciones yanquis se han visto rechazadas ante el escenario del Coronavirus y por eso 21 países del mundo solicitaron la presencia de médicos y enfermeros cubanos, donde ya 22 brigadas prestan sus servicios.

Ante el fracaso de sus coacciones y amenazas, Mike Pompeo, del Departamento de Estado, sin el menor sentimiento humano y evidenciando sus pretensiones reales, declaró:

“Hemos notado cómo el régimen en La Habana se aprovecha de la pandemia del Covid-19, para seguir explotando a sus médicos. Aplaudimos a los líderes en Brasil, Ecuador y Bolivia y otros países, que se han negado a hacerse de la vista gorda ante estos abusos por parte del régimen cubano, y les pedimos a todos los países que hagan lo mismo, incluidos Sudáfrica y Catar”.

¿Por qué Estados Unidos no envía a sus médicos a cubrir las necesidades de personal profesional en esos países?

Muy sencillo, los estadounidenses no tienen lo que a los cubanos les sobra, solidaridad y humanidad, sin pretender enriquecerse a costa de enfermedades curables, como hacen sus médicos.

La más reciente mentira para cortar la entrada de dinero a Cuba, va dirigida contra los medicamentos cubanos como el Interferón Alfa 2b Humano Recombinante.

Los yanquis conocieron la información publicada por el Ministerio de Salud Pública cubano, que más de 80 países se interesan en adquirir el Interferón producido en la Isla para tratar el Covid-19 y utilizado en China con éxito, hecho que incrementará la entrada de dividas a Cuba.

Ese ingreso monetario es inaceptable para la política de guerra comercial y financiera de Estados Unidos contra Cuba, por eso de inmediato desataron una cruzada psicológica contra ese medicamento, y divulgaron declaraciones de profesionales estadounidense, posiblemente presionados por el Departamento de Estado y otras autoridades, las que afirman:

“El Interferón favorece una infección más grave de la Covid-19”, tratando de amedrentar a los países que lo adquieran.

Vergüenza debería darles a los profesores Alex K. Shalek, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y José Manuel Ordovás-Montañés, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, por prestarse para esa guerra psicológica que buscar desconocer al medicamento cubano.

Para divulgar esa calumnia en Europa, los yanquis utilizaron el suplemento Alimente del diario español El Confidencial, y otras publicaciones norteamericanas, donde aparece la declaración de Ordovás-Montañés:

“Lo que hace el Interferón es favorecer la creación de más puntos de anclaje para el virus, con lo que la infección es más virulenta y más grave”.

Tratando de salvar algo de su reputación, añadió:

“La molécula Interferón normalmente se encarga de interferir y frenar la multiplicación de los virus, sin embargo, en este caso le sirve como fuente de propagación”.

El tratamiento aplicado en China demostró lo contrario y por eso pudieron cortar la pandemia en solo tres meses, algo que Estados Unidos no ha conseguido, incrementándose diariamente los contagios y las muertes.

Dr. Eulogio Pimentel Vázquez, director general del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba, aseguró:

“El Interferón Alfa 2b Humano Recombinante, en combinación con otros fármacos, se emplea en los pacientes contagiados con el Covid-19, pero no en aquellos en estado grave o crítico, y hasta el 14 de abril se trató al 93,4% de los enfermos portadores del Sars-cov-2, y solo el 5,5% llegó al estado de gravedad”.

El Ministerio de Salud de Cuba expuso que la tasa de letalidad hasta esa fecha, fue de 2,7%, mientras que, para los pacientes en los cuales se usó el Interferón, resultó de 0,9%”.

El estudio del Interferón realizado en Wuhan demostró que, cerca de 7 mil miembros del personal médico, a los que se les aplicó el Interferón Alfa 2b Humano Recombinante, no contrajeron la enfermedad, mientras que aquellos que no lo recibieron se contagiaron.

La guerra psicológica iniciada contra el Interferón Alfa 2b Humano Recombinante, intenta aterrar a médicos y pacientes, al afirmar que “favorece el avance del coronavirus en el cuerpo humano”, pero la verdad se impone y las vidas salvadas lo demuestran.

Sabio fue José Martí cuando dijo:

“Si el sentimiento pudiera obrar sin que la infamia lo infestara, el mundo sería feliz”.

 

Washington aprovecha el Covid-19 para estrangular más a Cuba y Venezuela.


Por Arthur Gonzalez.

Por estos días en que la pandemia del Coronavirus ataca al mundo, Estados Unidos ejecuta acciones para estrangular aún más a Cuba y Venezuela, con la ilusión de derrocar sus procesos revolucionarios que tanto los agria, al constatar que su guerra económica, comercial y financiera, no logra indisponer a los pueblos contra sus gobernantes.

Muchas voces se unen para solicitarle a Estados Unidos que levante su criminal bloqueo y permita que ambos países puedan comprar medicinas y equipos imprescindibles para salvar vidas, pero los yanquis se niegan a aceptar los reclamos y aduce que es falso que ellos impidan tales compras, como si la gente fuera tan bruta que no conocieran las crueles medidas que lo impiden.

Desvergonzadamente el 16 de abril 2020, el Departamento del Tesoro afirmó en un comunicado:

“Nuestra política de sanciones contra los gobiernos de Cuba y de Venezuela permiten la ayuda humanitaria y el comercio para combatir la Covid-19”. Argumento que refutaron La Habana y Caracas, por ser falsos y sin pruebas.

Recientemente una donación para Cuba de la empresa privada china Alibaba, no pudo llegar a la Isla porque el transportista adujo que podía ser multado por violar las regulaciones establecidas en la Ley Torricelli y Helms-Burton. Las autoridades cubanas explicaron que, por esa guerra financiera, los bancos internaciones se niegan a efectuar transacciones para los pagos de las medicinas que Cuba necesita, viéndose obligados a sortear mil trabas para poder adquirirlas.

Palabrerías de bajo costo emplean los funcionarios yanquis para confundir a quienes no dominan las regulaciones legales, pero al final siempre se descubren sus verdaderos planes, porque resulta imposible ocultarlos, como las afirmaciones de Michael Kozak, subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, quien dijo:

El embargo tiene como objetivo al régimen comunista que durante décadas ha oprimido el pueblo de Cuba”.

La pregunta es, si no dejan entrar medicinas y alimentos ¿a quién perjudican, a los gobernantes o la población que se ve impedida de adquirirlos?

Sus argumentos de que “el Bloqueo es contra el gobierno comunista” no engañan a los cubanos, porque son los ciudadanos de a pie quienes sufren la escasez, con el objetivo calculado de que estos culpen al sistema socialista de ineficiente, algo que no han logrado en 60 años, porque la gente común sabe leer y escribir y conoce perfectamente el nudo gordiano de leyes aprobadas contra Cuba y el esfuerzo del gobierno para mantener las necesidades básicas cubiertas, a pesar de esa guerra económica.

Con Venezuela ejecutan similar receta, por eso el Departamento del Tesoro declaró hace pocos días que la guerra económica “está diseñada para limitar las fuentes de ingresos para el régimen de Nicolás Maduro”.

Pero no es el Presidente quien se afecta, si no su pueblo.

El diseño lo publican descaradamente al afirmar:

“Este programa es una forma de responsabilizar a aquellos que se interponen en el camino de restaurar la democracia en Venezuela, asegurando un flujo de bienes humanitarios y servicios al pueblo de Venezuela”.

O sea, Estados Unidos embarga bienes venezolanos en el exterior, incluidos los fondos depositados en bancos yanquis y en otros países, impide la venta de suministros para el pueblo y es Nicolás Maduro el responsable.

Por eso es que fracasan y su títere Juan Guaidó, pasado más de un año de su auto proclamación como presidente de Venezuela, no tiene apoyo popular alguno.

Siempre se dice que se detecta primero a un mentiroso que a un cojo y así se puso de manifiesto el pasado año cuando Mike Pompeo, Secretario de Estado y ex director de la CIA, respondió varias preguntas con relación a Cuba y América Latina, donde afirmó descarnadamente los verdaderos propósitos que persigue Estados Unidos contra el pueblo cubano, para intentar que los ciudadanos se lancen a las calles a protestar, tal como hicieron en Polonia y Alemania.

En esas declaraciones Pompeo confesó la crueldad de la política yanqui al reconocer: Sigue leyendo

Cólera yanqui ante fracasos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Ante los constantes fracasos por derrocar a la Revolución Bolivariana de Venezuela, Washington no ha encontrado más acciones y ahora preparan a la opinión pública para lanzar la invasión militar, vieja fórmula empleada en América Latina y otros países del mundo.

Desde que Hugo Chávez ganó las elecciones en Venezuela, Estados Unidos inició sus planes subversivos, hasta llegar al bochornoso golpe de Estado, con el apoyo político de su peón José María Aznar. Aquella maniobra les salió mal y Chávez regresó victorioso a Caracas, dándole más dolores de cabeza al imperio.

Ni las acciones de terrorismo llevadas a cabo por la llamada oposición venezolana, entrenada, abastecida y financiada por la CIA, ni la guerra económica, comercial y financiera, y menos aún el intento de proclamar a un títere como presidente del país, sin ser electo por el pueblo, les ha resultado y por tanto no ven más salida que la intervención militar.

Ante el nuevo escenario que se avecina en la región, con un México que no se les subordina, una Argentina sin Macri, un Chile al borde del colapso, Bolivia a las puertas de elecciones donde el partido MAS se vislumbra como favorito y Ecuador a la espera de enviar loma abajo al traidor Lenin Moreno, Estados Unidos parece querer adelantar sus planes militaristas.

Para dar ese peligroso paso, Estados Unidos ha desempolvado viejos planes aplicados contra Cuba, y para ello echan a rodar sus libretos de guerra psicológica, al declarar:

“La Revolución bolivariana adelantada por Chávez, terminó desvirtuándose al poco tiempo de sus ideales socialistas, para quedar reducidos a las actividades del narcotráfico”, por eso acusan de narcotraficantes al presidente Nicolás Maduro y a otras figuras su gobierno.

Ese mismo argumento lo empleó la CIA en su Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba, marzo 1960, que dice:

“Se alentará al Consejo adoptar como lema Restaurar la Revolución, para que desarrolle una posición política que se avenga con el lema y se dirija al pueblo cubano como una alternativa política atractiva a la de Castro”.

Dicho Programa culminó con la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril 1961.

Aunque llevan 60 años de frustraciones con Cuba, los nuevos oficiales de la CIA retoman viejos planes, con la esperanza de obtener una victoria. También recurren a la estratagema de declarar a Venezuela como país “patrocinador del terrorismo”, algo que hicieron contra la Revolución cubana, como regalo electoral a los grupos de presión política más poderosos de Estados Unidos, entre ellos el lobby anticubano.

El ser declarado como Estado “patrocinador del terrorismo”, es un arma legal empleada para justificar un conjunto de sanciones, incluso contra terceros países, en violación de leyes internacionales por su carácter extraterritorial.

Las leyes de Estados Unidos permiten que un país así calificado y sus funcionarios, no tengan inmunidad jurisdiccional en las cortes estadounidenses, por ese motivo solo castigan a los gobiernos que no son de su agrado.

Informes fabricados por organizaciones estadounidenses sirven de base a la Casa Blanca para sancionar a su antojo, mientras Estados Unidos, principal promotor y refugio de terroristas, no se menciona ni condena, a pesar de sus Programas y Planes especiales desclasificados, como pruebas irrebatibles de su actuar terrorista.

Estados Unidos posee amplia experiencia en acciones militares, mediante el empleo de pretextos creados por la CIA, tal y como le comentó el director Allen Dulles, al embajador británico, a quien le aseguró que “al negarle a Cuba la compra de armas en occidente, forzaban a Castro a comprarlas en el bloque soviético y en el caso de Guatemala, un envió de armas soviéticas creó la justificación a la CIA para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz”.

Nicolás Maduro y su pueblo resisten agresiones ejecutadas por los yanquis, dirigidas a crear disgustos populares por las limitaciones de alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad, la persecución comercial y financiera, actos terroristas contra fábricas, e incluso en la industria petrolera.

La construcción del Títere, Juan Guiado, y la presión ejercida sobre países aliados para que fuera reconocido, les salió mal, pues pasado un año de su auto proclamación continua sin respaldo popular y afloran sus vínculos con narcotraficantes colombianos y el enriquecimiento ilícito.

Las campañas mediáticas elaboradas para satanizar a Maduro son permanentes, la matriz de opinión va dirigida contra su capacidad intelectual, su ética y moral, les disparan a todos los puntos de su vida personal y política para sembrar la idea de que es “corrupto y se enriquece” con negocios ilícitos.

Acusaciones de supuestos abusos contra los derechos humanos, incluidos asesinatos extrajudiciales, torturas y arrestos arbitrarios, fueron respaldadas por Michelle Bachelet, en total complicidad con Estados Unidos, pero la verdad prevaleció y ella quedó desenmascarada al no asumir una posición similar ante las violaciones en Chile y Bolivia, avaladas con imágenes públicas, algo que en Venezuela no sucede.

Invenciones disimiles genera la CIA sin obtener una sola victoria, como las acusaciones descabelladas que Maduro alberga y trabaja con Hezbollah respaldado por Irán, algo risible.

Ante los fracasos de esas cruzadas asumen la acusación del narcotráfico, olvidándose que hasta la fecha las mismas autoridades yanquis aseguran que el 90% de la droga que ingresa a Estados Unidos, proviene de Colombia y los principales canales de tránsito son el Pacífico con el 84% del tráfico y no el Caribe, que apenas tiene un 7% del tránsito de la droga ingresada ilegalmente a Norteamérica.

Esa realidad no les importa para sus nuevos planes, hay que imputar a Maduro a toda costa, por eso el 26 de marzo 2020 el Departamento de Justicia lo acusó, junto a Diosdado Cabello, “de convertir a Venezuela en un Narco-Estado que auspicia el terrorismo, uniéndose a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia para exportar toneladas de cocaína hacia Estados Unidos”.

Cabe preguntarse, ¿por qué ahora realizan tal acusación, siendo Maduro uno de los hombres más perseguidos y vigilados por la CIA y otras agencias de inteligencia?

En un regreso a la época de los cowboys, William Barr, Fiscal General, anunció una recompensa de 15 millones de dólares por informaciones que ayude a capturar a Maduro, unido a otros 10 millones adicionales por 12 funcionarios o ex miembros de su administración, entre ellos el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. ¿Es democracia pagar por la cabeza de jefes de Estado?

La impotencia yanqui es evidente y acuden a métodos violatorios de cuanta ley internacional existe y los derechos humanos que dicen defender; a la vez presionan a empresas y gobiernos extranjeros para que no le vendan a Venezuela medicinas y equipos para enfrentar la pandemia del Covid-19.

Estados Unidos parece estar jugando su última carta por cambiar el régimen en Venezuela y fabrican argumentos que justifique su intervención militar, pero como afirmara José Martí:

“Contra la verdad nada dura”.