Corea, ¿la próxima víctima?


Por Arthur González.

Solo un desequilibrado mental aplaudiría las acciones que pueden provocar una guerra nuclear, pero muchos perdieron la memoria respecto a quien empezó la crisis en la península coreana.

Después del último lanzamiento de misiles por el ejército de la República Popular de Corea, el presidente Donald Trump, amenazó con una intervención militar al afirmar que: “todas las opciones están sobre la mesa”.

Una guerra contra Corea del Norte arrastraría a China, Rusia y Japón, algo que nadie puede pronosticar cómo acabaría, debido al potencial militar y nuclear existente en la región.

Para ser justo y recordar quien tiró la primera piedra, hay que refrescarle la memoria al Presidente de los Estados Unidos con algunos hechos que al parecer olvidó.

La peninzula de Corea fue ocupada por Japón desde 1910 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando  el Imperio japonés se rindió a Estados Unidos, en agosto de 1945, después del criminal ataque nuclear a Hiroshima y Nagasaki.

En 1948 quedó dividida la península por el paralelo 38, el norte ocupado por tropas soviéticas y el sur por tropas estadounidenses, algo que nunca debió suceder, pues Corea era antes de la ocupación japonesa una sola nación.

Como resultado, el país quedó dividido en norte y sur, por un acuerdo de los aliados,  tras la conclusión de la Guerra del Pacífico, al finalizar la 2da Guerra Mundial. Desde esa fecha el mencionado paralelo marca la frontera divisoria de un mismo pueblo. Las familias coreanas pagaron esas acciones, al quedar separadas a la fuerza y sin comunicación.

De 1950 a 1953  se libró otra guerra entre la República de Corea del Sur, apoyada por los Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas, contra la República Popular Democrática de Corea del Norte, con la finalidad de ocupar toda la península coreana, dado el interés de Washington de acercar sus armas a China y a la URSS en su afán por dominar la zona del Pacífico.

El ejército estadounidense no pudo lograr su objetivo y sufrió una aplastante derrota, con la pérdida de miles de sus soldados que no sabían porque tenían que navegar tantas millas, en una guerra sin sentido para ellos.

La República Popular de Corea no fue a invadir a Estados Unidos, ni provocó la destrucción de ciudades norteamericanas y muchos menos dividió su amplio territorio.

A partir de aquel momento, Estados Unidos potenció su poderío militar en el área del sudeste asiático con decenas de bases miliares en la región, en su intento por cercar a China y la URSS. En ese contexto invadieron a Viet Nam, Laos y Cambodia, volviendo a perder esa guerra imperialista que dejó una larga lista de muertos, mutilados y enfermos mentales dentro de sus soldados.

Hoy el poderío militar de los Estados Unidos en el mundo no tiene parangón en la historia, poseen 587 bases militares en 42 países del mundo, lo que demuestra su interés de convertirse en amos del mundo. A eso hay que sumarle las 4 mil 154 bases abiertas en su propio territorio, más las 114 en 7 territorios considerados de ultramar, como el caso de Guantánamo.

No se puede olvidar que en octubre de 1962 Estados Unidos estuvo a punto de desatar una guerra nuclear, al detectar la instalación de cohetes soviéticos con ojivas nucleares en Cuba, a solo 90 millas de su territorio, algo que el gobierno revolucionario permitió debido a que el presidente J.F. Kennedy había aprobado el Plan Mongoose en enero 18 de 1962, el cual contemplaba la invasión a Cuba por parte del ejército norteamericano, algo que no dicen, pero consta en sus documentos desclasificados.

Estados Unidos posee cohetes nucleares muy cercanos a Rusia y China, sin embargo, no se ha repetido la llamada crisis de octubre de 1962. Corea del Sur es un claro ejemplo de ello.

La República Popular de Corea es víctima constante de la hostilidad de las fuerzas de Estados Unidos enclavadas en Corea del Sur, y desde la muerte del presidente norcoreano Kim Jong-il, Washington reforzó sus confrontaciones, agudizó las tensiones e incrementó el número de tropas en sus bases surcoreanas con armamento nuclear, por tanto, tiene el derecho de preparar su defensa.

La poderosa maquinaria propagandística yanqui se ha encargado de satanizar a Corea del Norte, país que nunca ha invadido a nadie ni lanzado bombas nucleares como hace Estados Unidos, sin ser sancionado por la ONU.

Para elevar aún más las tensiones, Estados Unidos acaba de construir una impresionante base militar en la ciudad surcoreana de Pyeongtaek, como preparación para un posible conflicto armado con Corea del Norte.

El Coronel Scott Mueller, Comandante de la nueva guarnición denominada Camp Humphreys, declaró:

“Hemos sido capaces de crear las instalaciones necesarias para mantener el ritmo de la guerra moderna y la tecnología de comunicaciones actual”.

La nueva base, mucho más grande y moderna que las anteriores, costó 11 mil millones de dólares y albergará a 45 mil personas entre militares y trabajadores de servicios. Posee zonas deportivas, escuelas, un hospital, áreas infantiles, billares, un bar, un campo de golf e incluso un parque acuático.

Ya está aprobada la construcción de otras dos nuevas bases militares en Corea del Sur, las que valdrán no menos de 133 mil 400 millones de dólares, con el fin de “garantizar la seguridad” de sus aliados del Sur ante las “amenazas” del Norte.

La prensa al servicio de los gobiernos occidentales demoniza a Corea del Norte, pero la realidad es que solo Estados Unidos amenaza la paz de la zona y tiene los peores antecedentes de destrucción y muerte, debido a las guerras justificadas solamente por su afán de alcanzar el poder geopolítico del mundo.

Mucha razón tenía José Martí cuando sentenció:

“Los Estados Unidos se han palpado los hombros y se los han hallado anchos”.

 

 

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