Se suma The Washington Post a campañas anticubanas


Por Arthur González.

No se conoce realmente quien puede estar instando o pagándole al importante diario estadounidense The Washington Post para que se sume a las campañas anticubanas, pero lo está haciendo a toda prisa en momentos ethe_washington_post_front_pagen que Cuba denuncia los programas subversivos desarrollados por agencias de inteligencia de Estados Unidos bajo destacadas organizaciones, tal y como ejecutaron durante la llamada Guerra Fría contra los antiguos países socialistas europeos.

El pasado viernes 23.09.2016 ya había publicado un editorial en el cual se proyectó contra el comercio entre Estados Unidos y Cuba, donde afirmó que “las actuales relaciones de ambos gobiernos recuerdan el arreglo de Washington con el derrocado régimen del tirano Fulgencio Batista”, algo que amerita una próxima respuesta.

En su nueva línea de trabajo a favor de las posiciones que proclama la mafia terrorista anticubana de Miami, el lunes 03.10.2016 el Post publicó un trabajo del periodista, Josh Rogin, el cual se sumó a la cruzada diseñada por los mafiosos para intentar interrumpir los vuelos directos de empresas estadounidenses a la Isla, recientemente reiniciados después de 54 años.

Es público que el senador corrupto Bob Menéndez y su aliado político Marco Rubio, acusan a Cuba de no tener seguridad en sus aeropuertos, pasando por alto que desde hace varias décadas procedentes de Estados Unidos vuelan a la Isla diariamente varios aviones alquilados por agencias de viajes radicadas en Miami y ninguno ha confrontado dificultades. Jamás esos congresistas se preocuparon por ese tema, a pesar de que las tripulaciones de dichos aviones son norteamericanas, algo que pone en evidencias la sucia maniobra política.

Según el artículo aparecido en la Sección de Opinión del The Washington Post, el principal funcionario de la TSA para el Caribe, Larry Mizel, declaró a miembros del Congreso en un encuentro a puerta cerrada en el pasado mes de marzo, que:

“Cuba le presentó a la delegación estadounidense de la TSA perros sarnosos de la calle de manera fraudulenta como animales entrenados.

Esa falacia responde a una política estructurada para desprestigiar a la Revolución cubana.

El artículo periodístico añade que “Mizell también dijo que había pocos escáneres en los aeropuertos cubanos para el chequeo de los viajeros, y que la mayoría son versiones de factura china, de los que no existe información confiable”.

Todo forma parte de las nuevas acciones de la mafia anticubana para incrementar las medidas de guerra económica contra Cuba, y en su escrito Rogin hizo hincapié en que los legisladores dicen que “las fallas de seguridad aumentan considerablemente el riesgo de que terroristas, criminales, drogas y espías entren en Estados Unidos desde Cuba”.

Hay que tener muy mala memoria y el alma bien oscura para hablar de preocupaciones de esos congresistas sobre supuestos riesgo de acciones criminales de tal corte, cuando han sido precisamente los Estados Unidos quienes organizaron, entrenaron y financiaron a grupos anticubanos para ejecutar planes de terrorismo de Estado, con el objetivo de destruir el proceso revolucionario cubano.

Desde pastillas envenenadas para asesinar a Fidel Castro, petacas incendiarias para quemar centros comerciales, cines, teatros, fábricas y campos agrícolas, hasta explosivos para detonar en hoteles y centros turísticos cubanos, fueron enviadas por la CIA utilizando líneas aéreas procedentes de Estados Unidos y otros países centroamericanos.

Para acusar a Cuba de no tener seguridad aeroportuaria, antes tienen que recordar como autoridades en la frontera aérea de la Isla han detectado y detenido a decenas de agentes enviados por la CIA y organizaciones contrarrevolucionarias bajo las órdenes de oficiales de esa Agencia, evitando daños de consideración.

El diario The Washington Post debería tener el valor de publicar algunos de los planes terroristas de la CIA contra Cuba, aprobados por el Gobierno de Estados Unidos, como el documento preparado por la Agencia Central de Inteligencia para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, fechado el 08.06.1963, bajo el título de: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”.

Si ese prestigioso diario desea informar a sus lectores verdades irrefutables, puede divulgar ese Programa donde se exponen acciones terroristas de toda índole, entre ellas algunas que corroboran quien es el verdadero terrorista de este mundo.

Entre los puntos de ese programa está el referido a:

Sabotaje general y hostigamiento. Los sabotajes en este programa son tanto un arma económica como un estímulo a la resistencia, debe existir una visible y dramática evidencia del sabotaje para que sirva como un símbolo del creciente desafío popular al régimen de Castro.

Esas operaciones serán realizadas lo mismo por agentes controlados desde afuera ahora disponibles o por los agentes internos o aquellos que se consignan. Los agentes entrenados y controlados por la CIA serán empleados como lo serán los grupos autónomos exiliados seleccionados. Inicialmente, el énfasis será en el uso de agentes controlados desde afuera, con un cambio a los internos tan pronto como sea operativamente factible”.

[…] Cada acción tendrá sus peligros: habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

[…] El gobierno de Estados Unidos debe estar preparado para negar públicamente cualquier participación en esos actos, no importa lo alto o incluso lo detallado que pudieran ser los informes de la complicidad de EE.UU.”.

Si la Sección de Opinión del The Washington Post, diera a conocer íntegramente ese Plan contra Cuba, ganaría en prestigio, transparencia y sin dudas aumentaría sus ventas, aunque es muy difícil que puedan contar con la suficiente libertad de hacer algo que ponga en evidencias la verdadera naturaleza de su Gobierno.

En defensa del periodismo José Martí proclamó:

“…la prensa debe ser el examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas.”

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¿Hacia dónde van las relaciones entre EE.UU. y Cuba?


Por Arthur González.

banderas eeu y cubaDesde que se restablecieron las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, rotas por los primeros al no soportar que la isla tomara un rumbo diferente al trazado por ellos desde 1898, Cuba ha demostrado sus intenciones de hacer todo lo posible por lograr un clima de trasparencia y respeto mutuo, pero Washington demuestra todo lo contrario.

La diplomacia cubana da ejemplo de alto nivel profesional en cada encuentro sostenido con sus homólogos estadounidenses, al soportar la prepotencia imperial que mientras declara que desean empezar una nueva etapa olvidando el pasado, defienden todas las acciones subversivas que desde hace 58 años ejecutan para intentar derrocar el proceso revolucionario.

Al acercarse al 2do aniversario del restablecimiento de esas relaciones, el balance deja un sabor muy amargo para los cubanos, pues el arma principal de Estados Unidos para hacer fracasar a la Revolución se mantiene inalterable.
Nos referimos a la guerra económica, diseñada por el Grupo Ampliado del Consejo Nacional de Seguridad y aprobada por el presidente J.F. Kennedy, el 18 de enero de 1962, para “impedir la satisfacción de las necesidades del pueblo por parte del régimen comunista, apoyada por una guerra psicológica que hará que el resentimiento de la población contra el gobierno sea cada día mayor”.

Los demás aspectos de la política anticubana están en idéntica situación, como es la Ley de Ajuste Cubano para manipular subversivamente el tema migratorio; la Ley Helms-Burton; el apoyo financiero y material a la fabricada oposición interna que cada año recibe parte de los 20 millones aprobados por el presidente Barack Obama para la subversión; la Radio y TV Martí, y la Base Naval en el territorio de Guantánamo, tema que Estados Unidos se niega a tratar en las conversaciones. Sigue leyendo

Planes yanquis con dobles fines


Por Arthur González.

No fue por casualidad que después del anuncio de la retirada de Fidel Castro en julio del 2006, motivado por sus problemas de salud, el gobierno estadounidense y sus agencias de inteligencia perfilaron sus acciones para intentar derrocar a la Revolución cubana, a la vez que reforzaban el trabajo subversivo contra Hugo Rafael Chávez en Venezuela.
Por tales razones crearon cincoobama firmando grupos de trabajo interagencias para monitorear la situación en Cuba, en lo que denominan el  War Room.
De esos grupos, se le asignaron tres al Departamento de Estado, para acciones diplomáticas, de comunicaciones estratégicas y para promover la democracia.
Uno al Departamento de Comercio, con el propósito de dar ayuda humanitaria; y el otro grupo para ser administrado conjuntamente por el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Seguridad Interna, encargado de los asuntos migratorios.
Pero lo que marcó la diferencia y dejó bien definidos los objetivos que habían detrás de esos reajustes estructurales, fue el nombramiento de un director de Misión de Inteligencia para Cuba y Venezuela. Más claro ni el agua.
Si se analiza fríamente lo que ha sucedido desde esa fecha hasta los días actuales, se puede comprender perfectamente el desarrollo de la línea política seguida contra los dos países, a los que Estados Unidos ha dado la mayor prioridad en el área, con vistas a socavar las dos Revoluciones.
Para Cuba se estableció la estrategia de ahogar aún más su economía, atacando aquellos aspectos donde existían posibilidades de un mejoramiento, sus transacciones bancarias. Por eso fueron las elevadas multas impuestas por la OFAC en los últimos años, estableciendo records históricos, como la aplicada contra el banco francés PNB Paribas de 10 mil millones de dólares. Sigue leyendo

Lo que no le perdonan a Cuba


Por Arthur González.

Es conocido que desde antes del 1ro de enero de 1959, el gobierno de Estados Unidos no deseaba que Fidel Castro lograra el triunfo sobre el dictador Fulgencio Batista, lo que trató de impedirlo por todos los medios, algo recogido en el acta del Consejo Nacional de Seguridad celebrada en diciembre de 1958.
Al no poder impedir la victoria, a través de la CIA iniciaron una guerra abierta contra la Revolución, como fueron las acciones terroristas a su industria, los servicios, centros comerciales y hasta su flota mercante.

Paralelamente diseñaron numerosos planes para asesinar a Castro y otros líderes que pudieran sustituirlo, presiones diplomáticas para aislar a Cuba del resto del llamado “mundo libre”, campañas de prensa financiadas por la Agencia de Información de Estados Unidos, USIA, y la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos.

Todos esos planes fracasaron y medio siglo después, en el año 2014, el Consejo Nacional de Seguridad tomó la decisión de cambiar su política hacia la Isla, restableciéndose las relaciones diplomáticas como táctica para intentar desmontar el socialismo desde adentro, tal y como ejecutaron en el extinto campo socialista europeo.

Ninguna medida les ha dado los resultados añorados, a pesar de gastarse anualmente cientos de millones de dólares en inventar nuevas medidas de desestabilización.

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