Parlamento Europeo, ciego, sordo y mudo.


Por Arthur González.

A partir de las declaraciones de algunos miembros del Parlamento Europeo, los estudios realizados, unido a ciertos acuerdos tomados para condenar a Cuba y a Venezuela de violar los derechos humanos, tal parece que no existe más mundo que esos dos países.

Mientras en México asesinan a periodistas constantemente y los desaparecidos aumentan por días; en Honduras la vida no vale un euro; Colombia extermina con impunidad a los líderes sociales y la vieja y culta Europa ve con dolor como en Francia reprimen salvajemente al pueblo, dejando un saldo de decenas de muertos y cientos de detenidos, los parlamentarios europeos hacen silencio ante esas reales violaciones a los derechos humanos, sin condenarlos ni sancionarlos.

¿Por qué contra México nunca se estableció una posición común europea, cuando la corrupción gubernamental es atroz, le roban el salario a los trabajadores y los carteles de la droga extorsionan asesinan a centenares de personas?

¿Qué motiva el silencio de los europarlamentarios ante la crisis provocada por el gobierno de Macri en Argentina, donde diariamente la sociedad se lanza a las calles a protestar por el hambre, el desempleo y la crisis económica provocada por las políticas neoliberales impuestas por el FMI y el Departamento del Tesoro yanqui?

Esa posición evidencia que tales declaraciones contra Cuba y Venezuela son resultado de las indicaciones que reciben desde Washington, único que puede pagar, presionar y chantajear para que se cumplan sus órdenes al pie de la letra, a fin de crear una matriz de opinión negativa contra esos dos países, por mantener posiciones de soberanía e independencia a sus dictados.

Debería darle vergüenza a esos eurodiputados que se arrodillan ante los yanquis, por no condenar a Israel que asesina y reprime al pueblo palestino, ocupa ilegalmente su territorio y sin embargo no premian a ningún luchador palestino, como hacen con los asalariados que Estados Unidos mantiene en Cuba y Venezuela.

Las presiones del Departamento de Estado yanqui en estos momentos, llegan a tal punto que evidentemente le indicaron a Pär Engström, profesor asociado de Derechos Humanos del Instituto de las Américas del University College de Londres, presentar un estudio sobre la política de la Unión Europea (UE) hacia Venezuela y Cuba, contentivo de un grupo de recomendaciones que incluyen, entre otras, que ese organismo tenga un discurso público más claro, acerca de los derechos humanos en ambos países.

Nada más parecido a las declaraciones de Estados Unidos en ese tema, pues en las conclusiones del estudio indicado por Washington, señala “la importancia de apoyar a las instituciones internacionales de derechos humanos en su trabajo con los dos países, y a diseñar recomendaciones basadas en los pactos y acuerdos internacionales sobre ese asunto”.

Para demostrar que todo es copiado de las declaraciones del Departamento de Estado, el panfleto de Pär Engström, sugiere “aumentar el apoyo a instituciones como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los relatores especiales de esa organización y el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, para facilitar un monitoreo independiente y regular de esa cuestión”.

Estados Unidos está decidido a entorpecer las acciones tomadas por el Parlamento Europeo en su colaboración con Cuba, algo que disgustó sobremanera a la Casa Blanca, de ahí las presiones que ejercen sobre algunas personas que se someten lacayunamente a Washington, como el sueco Erik Jennische, director para América Latina de la organización Civil Rights Defender, -estrechamente vinculado a contrarrevolucionarios cubanos-, quien fue entrevistado por Diario de Cuba, libelo creado en Estados Unidos para atacar a Cuba, donde declaró: “los países miembros de la UE suelen hacer muy pocas recomendaciones o muy imprecisas en relación a Cuba”.

El meollo del asunto es que pretenden que la Unión Europea reconozca a una falsa sociedad civil independiente cubana, creada, instruida y financiada por Estados Unidos, a pesar de que los mismos yanquis plantean en sus documentos oficiales: “vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie”. “El movimiento disidente está seriamente penetrado por la Seguridad del Estado”. “Su impacto en la sociedad cubana es muy poco y no ofrecen una alternativa política al gobierno”.

Por tanto, es imposible que parlamentarios serios e inteligentes no se percaten de esas apreciaciones y rechacen perder su tiempo en hacerle el juego a los Estados Unidos, en su obstinación contra La Habana y Caracas.

Los señores Engström y Jennische, deberían mirar más a Francia, España y otros países de la Unión Europea, donde se violan de forma sistemática los derechos humanos, mantienen políticas xenofóbicas, altos impuestos, salarios bajos, desempleo y graves problemas con los inmigrantes, antes de seguir los dictados de los yanquis para que acusen a países latinoamericanos que está fuera de su contexto regional.

Esas actitudes nos hacen recordar a José Martí cuando afirmó:

“Nada lastima tanto como un ser servil, parece que mancha, parece que hace constantemente daño, pero la dignidad propia se levanta contra la falta de dignidad ajena”.

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Cuba y los derechos humanos


Por Arthur González.

El 16 de mayo 2018 Cuba rindió cuentas por tercera vez de su gestión ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde demostró el estricto cumplimiento hecho por la Revolución, sobre el respeto a la vida de todos sus ciudadanos, situación que Estados Unidos no soporta y manipula para engañar a la opinión pública internacional.

Desde el 1ro de enero de 1959 la Casa Blanca y la CIA apuntaron sus cañones contra Fidel Castro, porque lo consideraban “demasiado nacionalista y podía afectar los intereses económicos y políticos de Estados Unidos”.

Para entender las razones de la política hostil de los yanquis hacia Cuba hay que ir a la historia, para encontrarnos con la verdad.

En abril de 1959 Fidel Castro realizó su primera visita a Estados Unidos, siendo recibido el día 19 por el vicepresidente Richard Nixon, quien se dedicó a recomendarle que no se acercara a los comunistas pues representaban una amenaza.

De ese encuentro escribió Nixon:

“Castro es increíblemente ingenuo con respecto a la amenaza comunista…podemos estar seguros de que posee cualidades indefinibles que lo hacen un líder de hombres…será un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en los asuntos de América Latina en general…tiene el poder para dirigir y no tenemos opción, salvo la de, al menos, tratar de orientarlo en la dirección correcta”.

Como resultado de esa apreciación, la CIA propuso un encuentro secreto con Fidel, que se llevó a cabo en el hotel Staler Hilton de New York, donde se alojaba el líder cubano. Al mismo asistió Gerry Droller, alias Frank Bender, inmigrante alemán quien posteriormente ocupó la jefatura de Acción Política durante la invasión por Bahía de Cochinos, en abril de 1961.

Droller era el jefe de la división para América Latina en la CIA y permaneció tres horas para “instruir a Fidel sobre los riesgos del comunismo internacional”.

Cuba no era libre de escoger su sistema político, económico y social, si a Estados Unidos le daba la impresión de que las nuevas leyes que adoptaba eran de corte comunista.

Estas son las verdaderas causas de la lucha ideológica contra la Revolución, los planes para destruirla, incluidos los intentos de asesinatos a Fidel, y el por qué hay que demonizarla en el tema de los derechos humanos, a pesar de los logros indiscutibles obtenidos en dicha materia.

El 8 de julio 1959, Richard R. Rubottom, sub secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, y Robert D. Murphy, sub secretario para Asuntos Políticos, propusieron en una reunión de la Junta de Coordinación de Operaciones del presidente Dwight Eisenhower, sabotear el desarrollo del proceso revolucionario cubano, de la cual salió un acuerdo que se le trasladó el 15 de julio, al director de la CIA, Allen Dulles, donde Rubottom le comunicaba:

“Ha llegado el momento de brindar apoyo a los elementos anticastristas, porque Fidel Castro es una amenaza para los Estados Unidos”.

La historia se conoce bien y va desde la cruel guerra económica, comercial y financiera que dura medio siglo; una invasión mercenaria; actos terroristas contra objetivos económicos y las personas; planes de asesinato a los dirigentes principales; acciones de subversión política, y la fabricación de grupos que califican de “disidentes” para sus campañas anticubanas, cuando realmente son personas que viajan  constantemente a Estados Unidos donde reciben entrenamiento, abastecimientos y dinero para ejecutar sus provocaciones, sin alcanzar el menor apoyo interno.

Estados Unidos y sus más cercanos aliados, señalan a Cuba como “violadora de los derechos humanos”, desconociendo sus resultados alcanzados durante 60 años, porque no le perdonarán jamás que haya escogido un sistema socialista, a solo 90 millas.

México, Honduras, Guatemala y otros países no son asediados con campañas mediáticas como recibe Cuba desde 1959, a pesar de que allí la vida no vale nada; los secuestros de personas son el pan de cada día; ser periodista es exponerse a una muerte segura; la violencia de género prolifera, incluida las muertes de cientos de mujeres; el consumo de drogas inunda calles y escuelas; el trabajo infantil es algo usual, unido a la discriminación racial sufrida por millones de personas,

La República de Cuba cumple sus compromisos con la normativa internacional de derechos humanos. Ratificó 44 de los 61 instrumentos internacionales en esa materia, algo que pocos países han hecho, porque la protección del derecho a la vida de los cubanos es una prioridad para el Estado.

Nada de eso es reconocido por Estados Unidos, su único propósito es derrocar el proceso socialista a como dé lugar, lo mismo mediante el dulce encanto del restablecimiento de relaciones diplomáticas, que con políticas de enfrentamiento para matar por hambre y enfermedades a su pueblo, con la intensión de que se lance a las calles, pues como dice el documento secreto elaborado por la Casa Blanca en 1960, titulado Política de los Estados Unidos en la actualidad:  “La conducta del gobierno cubano es incompatible con los objetos de Estados Unidos en América Latina”. 

Esos sueños trasnochados no los verán jamás en la Isla, debido a que cubanas y cubanos si conocen la historia y nunca la borrarán ni olvidarán, pues como afirmó José Martí:

 “Nada hay más justo que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”. “Olvidar es de ruines”.