¿Se habrán olvidado los yanquis de la Crisis de los Misiles?


Por Arthur González.

En octubre de 1962 el mundo estuvo al borde una guerra nuclear, debido a que Estados Unidos, a través de su espionaje, detectó un base de misiles soviéticos en Cuba.

El escándalo que armaron puso en peligro la paz de la región y de Europa. Sin embargo, ocultaron que, desde enero de ese mismo año, el presidente J.F. Kennedy había aprobado la conformación de un Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional, para preparar una invasión a Cuba con el ejército yanqui, como desquite ante la aplastante derrota sufrida en su incursión mercenaria por la Bahía de Cochinos.

El final del episodio es conocido, los soviéticos aceptaron retirar los misiles y a cambio, Estados Unidos se comprometió a no invadir la Isla.

Medio siglo después Estados Unido tiene rodeada a Rusia con bases militares y armamento de todo tipo, sin aceptar reducir sus tropas en Europa, algo que no aceptan en America Latina si alguno de sus adversarios se le ocurre hacer algo semejante.

Meses atrás, el revuelo armado por Estados Unidos ante la presencia de asesores militares rusos en Venezuela, acaparó las noticias de televisoras y la prensa escrita, olvidándose de las docenas de bases militares que ellos poseen en la región, desde donde ejecutan acciones de espionaje electrónico y vuelos, con el fin de fotografiar y obtener información de lo que sucede en toda Centro y Sur América, a la que llaman su “patrio trasero”.

Como muestra de la prepotencia imperial de Estados Unidos y olvidándose de la mencionada Crisis de los Misiles en Cuba, acaban de acordar con el gobierno polaco la creación de seis bases yanquis en ese país europeo, país que posee una extensa frontera terrestre con Rusia.

Con esas bases, Estados Unidos ampliará notablemente la presencia de sus soldados muy cerca de Rusia, pues desde el año 2016 hay en Polonia 4 mil 500 soldados yanquis, a partir de un acuerdo de la OTAN, “justificado” por el regreso del territorio de Crimea a Rusia.

Ahora Estados Unidos aumentará mil soldados más en Polonia, los que serás trasladados desde Alemania, donde existen actualmente 52 mil efectivos yanquis, sin la menor justificación que no sea amenazar a Rusia, país que no tiene bases militares fuera de sus fronteras ni amenaza con guerras como ejecuta Estados Unidos.

El anuncio de las seis bases militares, lo hizo el pasado 30 de agosto 2019 en Varsovia, Mariusz Blaszak, ministro de Defensa polaco, posterior a la reunión sostenida con John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump.

Si Cuba o Venezuela firmaran hoy un acuerdo con Rusia para abrir una sola base militar, el mundo estaría nuevamente al borde de la guerra, porque los yanquis no lo admitirían bajo el viejo y gastado argumento, que tales acuerdos “afectan su seguridad nacional”, convocarían con urgencia al Consejo de Seguridad de la ONU y paralelamente impondrían todas las sanciones posibles contra esos tres países, además de otras acciones militares.

Así actúan los imperialistas yanquis y encima de eso manipulan la opinión pública mundial con noticias falsas, para crear matrices de opinión satanizando a los que se opongan a sus mandatos.

Por eso acertado fue José Martí cuando sentenció:

“De ese pueblo del Norte hay mucho que temer, mucho que parece virtud no lo es y mucha forma de grandeza está hueca por dentro”.

 

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Reconoce Donald Trump que fue engañado sobre Venezuela.


Por Arthur González.

El diario The Washington Post acaba de publicar un artículo donde afirma que el actual inquilino de la Casa Blanca, el inexperto en política Donald Trump, aseguró sentirse frustrado ante las constantes derrotas sufridas en Venezuela, en su obsesión por derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Todo indica que el Presidente yanqui está insatisfecho con la estrategia diseñada por los especialistas de la CIA y su asesor de seguridad nacional, John Bolton, la que no logra aglutinar al pueblo venezolano a favor del títere Juan Guaidó, figura gris mal seleccionada para fungir, o, mejor dicho, fingir como gobernante interino.

Guaidó, ausente de carisma, imagen atractiva y de un discurso encendido, no ha sido capaz de movilizar a la oposición y menos aún de ser reconocido por los militares, demostrando una nefasta actuación durante el fallido intento de trasladar hacia Venezuela la ayuda “humanitaria” por la frontera colombiana, el pasado mes de febrero 2019, a pesar del fuerte apoyo sustentado por Estados Unidos, en el que movilizaron al Secretario General de la OEA, y a los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay, para estar junto al títere Guaidó.

Como operación mediática, Estados Unidos aprobó un concierto organizado por el empresario británico Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, el que atrajo a un grupo de artistas de fama internacional, quienes quedaron en ridículo y marcados para la historia como peones de los yanquis, al no obtener los resultados planificados.

Funcionarios del Gobierno y de la Casa Blanca, aseguran que Trump se siente engañado, pues la CIA y Bolton le aseguraron que reemplazar al presidente Maduro por Juan Guaidó, sería una tarea muy fácil, pero en realidad ha sido todo lo contrario.

Ya pasaron tres meses de su auto proclamación como Presidente sin resultados, y la vida dice que todo el dinero gastado en sostenerlo ha sido un fiasco total. Los 50 países que se dejaron presionar por Washington, deben estar sacando las mismas conclusiones y en el futuro tendrán que volver a reconocer a Maduro como único y legitimo presidente de Venezuela.

Lo que le sucede hoy a Trump, también lo sufrió el presidente John F. Kennedy, cuando el entonces director de la CIA, Allen Dulles, le aseguró en 1961, que el pueblo cubano “esperaba ansioso” la llegada de la invasión con la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue enfrentada y vencida en solo 67 horas.

Al tener que asumir la derrota, Kennedy tomó la decisión de defenestrar a la CIA y a varios de sus asesores por engañarlo, medida que tendrá que tomar Trump con Bolton y Elliott Abrams, que no dan en el centro de la diana con sus planes imperiales contra Maduro, y solo han incrementado el odio de millones de personas y de países como los centroamericanos, a los que les retiró más de 450 millones de dólares, al no poder detener el flujo de inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras, hacia la frontera sur de Estados Unidos con México.

Hoy Estados Unidos posee mayor rechazo en América Latina y otros lugares del mundo, debido a su política intervencionista e injerencista, incluidas las sanciones económicas y financieras a Cuba y Venezuela, unido a las elevadas multas impuestas a bancos extranjeros y la reciente liberación de la aplicación del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, que perjudica a miles de inversionistas extranjeros en Cuba, muchos de ellos procedentes de países aliados a Estados Unidos.

Kennedy también subestimó a Fidel Castro y su prepotencia imperial no le permitió valorar el mayoritario respaldo popular que tuvo, de ahí sus constantes fracasos en derrocarlo, llegando en su desesperación a aceptar los planes propuestos por la CIA para asesinarlo, unido a operaciones de terrorismo de Estado, acciones de guerra económica y biológica, que sus sucesores han seguido sin el menor resultado, porque continúan sin evaluar objetivamente el apoyo del pueblo a su Revolución.

Con Venezuela les sucede de forma idéntica, y cuales trasnochados embriagados, persisten en la guerra económica como medio para que el pueblo se lance a las calles, ante las crecientes limitaciones alimentarias.

Si Trump no toma en serio sus fracasos en Venezuela, terminará aceptando las propuestas del anciano John Bolton, que pide constantemente una intervención militar en Venezuela, y sin dudas será el fracaso y fin de su carrera política, debido a la cantidad de muertos que pondrá el ejército norteamericano, bajas que no podrá justificar ante sus ciudadanos, pues los venezolanos, al igual que los cubanos en Bahía de Cochinos, defenderán su patria con todo el coraje que tienen como herencia de sus próceres, principalmente de Simón Bolívar.

Hay que estar ciego para no ver que la oposición venezolana no está dispuesta a enfrentarse en las calles con el pueblo, pues la integran miembros de la burguesía acostumbrados a vestir con sacos y corbatas, sin mezclarse con los trabajadores y personas humildes, quienes apoyan a Maduro por ser los más beneficiados de la Revolución chavista y de sus programas sociales.

Esa oposición burguesa tomó el camino de Miami, España y otros países de habla hispana, llevándose en sus maletas el capital suficiente para vivir bien en el “exilio”.

Los que se quedaron, después del fiasco de la intentona golpista, corren a refugiarse en embajadas para evitar la justicia y otros son encarcelados por violar las leyes del país.

Guaidó sigue en libertad, como una magistral maniobra de Maduro para que aumente su desprestigio ante el mundo, detenerlo sería convertirlo en víctima, pero él caerá por su propio peso sin penas ni glorias.

Mientras, desde Washington, Bolton y Abrams con total ignorancia del sentimiento de los pueblos, continúan jugando a la guerra desde posiciones seguras, pero sin mojarse sus posaderas.

Certero fue José Martí cuando afirmó:

“La ignorancia es la garantía de los extravíos políticos”.

 

Lo que prenten la Ley Helms-Burton contra el pueblo cubano.


Por Arthur González.

Cuando el pasado 17 de abril 2019, el anciano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, informó las nuevas sanciones contra Cuba y la aplicación total de la “Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática cubanas”, más conocida como Ley Helms-Burton, incluido su Título III a partir del 02 de mayo 2019, , sonaron rápidamente las alarmas en Cuba y en el mundo por las consecuencias que pudiera conllevar para los inversionistas extranjeros y sus familiares.

Ese Título permite presentar reclamaciones ante los tribunales de Estados Unidos, algo que solo sirve para asustar y demostrar el carácter extraterritorial de la Ley, y cual emperadores, los yanquis pretenden dominar al mundo restándole soberanía e independencia a países con economías poderosas, e incluso mucho más estables y sólidas que las de los propios Estados Unidos.

Cuba tiene desde aquella época su Ley de protección, conocida como Ley 89, y el pueblo sabe perfectamente que los yanquis jamás volverán a poner un pie sobre la Isla, como hacían desde 1898 hasta el 1ro de enero de 1959, cuando la Revolución los puso en su lugar.

Pero no es solo el Título III el que daña a Cuba, es todo el texto legal que la convierte en la Ley de la Esclavitud, tal y como se le llamó desde su proclamación.

Una simple lectura de la Ley enemiga basta para comprender lo execrable que resulta para la soberanía y libertad de los cubanos dignos.

Su Título I lo denominan “Fortalecimiento de las sanciones internacionales contra Cuba”, y recoge acciones desde la aplicación de la guerra económica, denominando eufemísticamente como “embargo”; la prohibición de la financiación indirecta a la Isla; la oposición de Estados Unidos al ingreso de Cuba a las instituciones financieras internacionales; la ayuda de los Estados independientes de la ex URSS al gobierno cubano; las transmisiones de Radio y TV Martí hacia Cuba; la oposición al comercio de otros países con Cuba y la prestación de asistencia por estos a la Isla; el apoyo yanqui a los grupos contrarrevolucionarios; la negativa de las importaciones de productos cubanos y otras medidas similares.

En Título se manifiesta el deseo de ahogar la economía cubana y matar a todo un pueblo de hambre y enfermedades, como precio por defender su soberanía y libertad.

Aquí se plasman las sanciones civiles y se enmienda la Ley de Comercio con el Enemigo, al añadirse:

“El Secretario del Tesoro podrá imponer una sanción de hasta 50 mil dólares, a toda persona que viole cualquier licencia, orden, norma o reglamento emitido con lo dispuesto en esta Ley”.

Igualmente, prohíbe invertir en los servicios de las telecomunicaciones cubanas y se codifica el denominado “Embargo”.

Establece categóricamente la prohibición de financiación indirecta a Cuba y se aplica el “embargo” económico a Cuba a las conversiones de deuda en participación de capital, incluido el canje, la reducción o la condonación de la deuda contraída por Cuba con otro país, a cambio de concesión de una participación de capital en una propiedad, inversión u operación del Gobierno de Cuba y cualquier organismo o instrumento del Gobierno de Cuba, o de un nacional cubano.

El Título II se nombra “Ayuda a una Cuba libre e independiente”, y contiene la política que seguiría Estados Unidos en un supuesto “gobierno de transición” hacia el capitalismo, mediante un llamado “gobierno elegido democráticamente”.

Establece la asistencia que Estados Unidos le entregaría; la coordinación de un programa de asistencia y los informes que deberá presentar el Presidente al Congreso, a partir de los elementos que traslade un funcionario estadounidense denominado “coordinador”, entiéndase interventor, nombrado por el propio Presidente yanqui para Cuba.

Señala que el Presidente designará un llamado Consejo Estados Unidos-Cuba, cuando el tal coordinador-interventor, informe que se efectuaron elecciones “libres” con un gobierno cubano de “transición”, por supuesto al servicio de los intereses yanquis, y se someterá a consultas con el Congreso norteamericano la suspensión de la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, denominada por ellos como “embargo”.

También, se revocaría la aplicación de la Ley de ayuda al Exterior, vigente desde 1961, la Ley para la Democracia en Cuba, más conocida como Ley Torricelli de 1992, y todo el engranaje de sanciones impuestas contra el pueblo cubano, siempre que el nuevo gobierno pro yanqui cumpla todos los requisitos y exigencias que ordena la Ley de la Esclavitud, entre ellas la disolución del Departamento de Seguridad del Estado, los Comités de Defensa de la Revolución, la creación de múltiples partidos políticos pero sin el Comunista, la celebración de elecciones con la supervisión de la OEA y otros inspectores internacionales, la autorización de la Radio y TV Martí, sindicatos “independientes” y la concesión de permisos a los medios de comunicaciones y compañías de telecomunicaciones privadas para operar en la Isla.

Por supuesto, entre las exigencias está la liquidación total de las reclamaciones de los estadounidenses a los que le fueron nacionalizadas sus propiedades en Cuba, algo que recoge puntualmente el Título III, calificando como “tráfico con las propiedades nacionalizadas, las inversiones o administración de estas, por empresas extranjeras”.

El Título IV se refiere a la “Exclusión de determinados extranjeros”. Bajo los preceptos de este Título se plantea prohibir la entrada a los Estados Unidos, de los extranjeros que hayan confiscado propiedades de estadounidenses o que “trafiquen” con las mismas.

Para eso, el Secretario de Estado denegará las visas de esos extranjeros y el Fiscal General excluirá de los Estados Unidos, a todo extranjero que determine el Secretario de Estado, incluso sus cónyuges, hijos menores de edad, o representante legal de una persona excluible.

Los Títulos I, II y IV son mucho más perjudiciales para Cuba que el propio Título III y se ejecutan desde 1996, de ahí las sanciones multimillonarias impuestas a empresas, compañías y bancos extranjeros por comerciar con entidades cubanas, prueba irrefutable del carácter extraterritorial y criminal de las leyes yanquis que hay que denunciar permanentemente, pues como dijo José Martí:

“Callar un crimen en cometer otro”

 

Vieja historia de fracasos.


Por Arthur González.

La derrota de la invasión mercenaria a Cuba por Bahía de Cochinos en abril de 1961, la asumió el Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, a pesar de que su actor principal fue el Director de la CIA Allen Dulles, quien le aseguró al Presidente Dwight Eisenhower y al propio Kennedy, que el pueblo cubano esperaba con ansiedad que Estados Unidos “los salvara del Castrismo”.

El resultado de esa invasión fue catastrófico y los “valientes” brigadistas, se rindieron a las fuerzas cubanas que defendieron con los dientes su independencia y soberanía, en solo 67 horas. Parece que con los años aquellos “valientes” olvidaron sus lágrimas y las frases que no dejaban de repetir ante los milicianos: “nos engañaron” y “solo somos cocineros”.

Por la desinformación de la CIA al Presidente JFK, fue sustituido el viejo zorro Allen Dulles, quien dirigía la tenebrosa Agencia de Inteligencia desde 1953. Junto con él se fueron el jefe de planes especiales y otros altos funcionarios.

58 años después, el mismo 17 de abril, pero de 2019, el anciano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, anunció las nuevas sanciones que impondrá su gobierno a los viajes de sus ciudadanos a Cuba y los nuevos límites a las remesas que reciben los cubanos de sus familiares y amigos en Estados Unidos.

Esas crueles medidas de lesa humanidad, las informó ante los mercenarios que fueron derrocados en las arenas de Playa Girón, situación que avizora para tales medidas, la misma suerte que tuvieron los auto proclamados “luchadores por la libertad”, cuando llorando se rindieron ante las fuerzas revolucionarias cubanas.

Las sanciones que reflejan el desespero de los imperialistas por acabar con la Revolución socialista, ante 60 años de permanentes fracasos. Esas mismas acciones las ejecutó George W. Bush en 2004 y no tuvieron el más mínimo éxito, a pesar de que Cuba perdió más del 85 % de su comercio exterior ante la caída del socialismo en Europa.

Como toda familia unida, el pueblo cubano ante la crisis provocada por los yanquis, resiste y busca soluciones creativas para continuar adelante, a pesar de las penurias que causan la guerra económica y financiera, actitud que los norteamericanos no comprenden pues ellos ante una guerra como la impuesta contra Cuba y Venezuela, se lanzarían a las calles porque no pueden vivir con limitaciones comerciales y de consumo.

Para hacer valer su prepotencia imperial ante el mundo, el Departamento del Tesoro también suspenderá la autorización emitida por Obama, para que compañías y bancos cubanos realicen transacciones en terceros países y que indirectamente se ejecutan a través del sistema bancario estadounidense.

Si eso se llama democracia, permitir el libre pensamiento, respetar los derechos humanos y la igualdad entre las personas, nos quedamos con el socialismo cubano que no intenta atropellar a otros, por el contrario, ayuda a los desposeídos a leer, escribir y contar, brinda salud y cultura, aspectos que no soportan los yanquis porque ellos solo llevan muerte y destrucción al mundo con sus guerras de rapiñas.

Una prueba palpable de que Estados Unidos era el dueño y dictador omnipotente de la economía cubana antes de 1959, son las entidades contempladas en las listas negras publicadas recientemente, donde prohíben a los estadounidenses comprar hasta un sencillo refresco de cola hecho en Cuba.

En dicho listado aparecen centros comerciales, hoteles, restaurantes, fábricas, bancos, aseguradoras, empresas de servicios, minas, tierras agrícolas, centrales azucareros, escuelas, hospitales, playas, marinas, puertos, aeropuertos, edificios de apartamentos, clubs nocturnos y otros centros recreativos, rones y cervezas.

El recrudecimiento de las sanciones contra el pueblo cubano afecta a empresas europeas, asiáticas y latinoamericanas, por lo cual la Unión Europea, con España a la cabeza, y Canadá, aseguran que no reconocerán las sentencias que puedan dictarse en tribunales de Estados Unidos, contra intereses europeos o canadienses en Cuba, a partir de la decisión de reactivar totalmente la execrable Ley Helms-Burton, que permite acusar ante las cortes federales yanquis a las empresas extranjeras que operan en la Isla.

La Unión Europea y Canadá declararon que la aplicación extraterritorial de medidas unilaterales contra Cuba son contrarias al Derecho internacional y trabajarán unidos para proteger los intereses de sus empresas y compañías, según expresaron Federica Mogherini, Alta Representante de Política Exterior de la UE, la Comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, la Ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland y la Ministra portavoz del Gobierno español, Isabel Celaá.

Todos recalcan que, si Estados Unidos sanciona a sus compañías, llevaran el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), como pretendieron hacer en 1996, cuando el Presidente Bill Clinton aprobó la mencionada Ley, bajo las presiones políticas de la mafia terrorista anticubana de Miami, situación que lo obligó a posponer cada 6 meses la aplicación del Título III.

La suerte está echada y el mundo seguirá condenando la actitud imperialista de Estados Unidos. La actual controversia de Trump con Europa puede traerle graves consecuencias y restar apoyo a otros proyectos yanquis que le descontará protagonismo en este mundo, del que se creen dueños y señores. Veremos si con ese fracaso la actual directora de la CIA también es defenestrada.

Los cubanos pasarán momentos difíciles, pero los unirá aún más el rechazo y odio a los yanquis, para impedir que nuevamente se apoderen de la Antilla Mayor, como deseaba desde 1823 el ex Presidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Yo confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados”.

Lo mismo pensaba el entonces Secretario de Estado, John Quincy Adams:

“Por su ubicación geográfica, Cuba y Puerto Rico constituyen apéndices naturales de Estados Unidos”.

Siempre tenemos que recordar la advertencia de José Martí, cuando nos dijo:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

Guerra mediática contra Venezuela, pero no contra Miami.


Por Arthur González.

Desde hace años, especialistas en guerra psicológica de la CIA diseñaron campañas propagandísticas para desacreditar al gobierno chavista en Venezuela, acusándolo de cuantos delitos se les ocurren y distorsionar la realidad, lo que le permite a Estados Unidos imponerle sanciones para ahogarlos económicamente.

La misma táctica es empleada contra la Revolución cubana, a pesar de que en 60 años no han tenido resultados.

Una de las acusaciones más reiteradas contra el presidente Nicolás Maduro y otros dirigentes venezolanos, es el ficticio lavado de dinero, algo que Estados Unidos jamás hizo con los verdaderos corruptos que se aprovecharon de las riquezas de esa nación, como el ex presidente Carlos Andrés Pérez, acogido en Miami como “refugiado”.

Noticas recientes afirman que Maduro aparece en una investigación en Miami por un inventado caso de lavado de dinero, junto al empresario venezolano Raúl Gorrín, dueño del canal de noticias Globovisión, declarado como persona non grata por la ciudad de Miami, debido a sus presuntos vínculos con el chavismo, algo que no perdonan quienes exigen libertad de pensamiento y pluralismo político, a países con posiciones socialistas.

El show mediático contra Maduro es evidente queriéndolo involucrar en ese delito, a pesar de no estar en ningún expediente judicial, difamación que hace la prensa oficialista yanqui y que sí constituye un delito.

Los especialistas en ese tipo de guerra, armaron un guion propagandístico en el cual involucran a los tres hijos del matrimonio anterior de Cilia Flores, esposa del presidente Maduro, asegurando que ellos recibieron 200 millones de dólares en dinero sucio y el magnate venezolano Gorrín, otros 78 millones, todo bajo supuestas informaciones no verificadas, pero presentadas como acusaciones ante Corte Federal de Miami, debido a una presunta conspiración para lavar mil 200 millones de dólares, malversados de las arcas de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

El propio presidente Maduro ordenó hace meses abrir una investigación profunda sobre la corrupción detectada en PVDSA, donde aparecen vinculados altos funcionarios venezolanos que se aprovecharon de sus cargos para desviar fondos a su favor, dinero que en parte fue a parar a bancos en el extranjero.

Realmente la corrupción está presente en Venezuela y es combatida por el gobierno, viéndose en la necesidad de apresar y sustituir a funcionarios que se aprovecharon de sus cargos; pero de ahí a que Nicolás Maduro esté vinculado en eso, es otra historia.

Sin embargo, contra el multimillonario Rick Scott, actual gobernador de la Florida y aspirante a un puesto de Senador en el capitolio, no hay acusaciones similares, ni campañas mediáticas que lo señalen como corrupto, a pesar de la inmensa fortuna que amasa y de sus relaciones con el emporio Conduent State & Local Solutions, de quien se sospecha mantienen conexiones financieras.

Conduent State & Local Solutions, está en la mirilla por continuos problemas con el sistema de peaje de la compañía SunPass en la Florida, entidad que casualmente fue el centro de recaudación de fondos para Scott, en un almuerzo efectuado en Washington, D.C.

Las campañas políticas en Estados Unidos son a base de millones de dólares de los contribuyentes, quienes buscan ser favorecidos con posterioridad, algo que se tipifica en muchos países como tráfico de influencia. Pero ese es el sistema “democrático” que Washington insiste en imponerle al mundo, inclusive a Cuba y Venezuela.

Para tener una ligera idea del proceso “democrático” para aspirar a senador, basta conocer que solamente entre los donantes del área de Dallas para la candidatura de Scott, el ejecutivo Eric Affeldt de ClubCorp., entregó una donación individual de 5 mil 400 usd; el inversionista James Huffines, donó 2 mil 700 usd; Kenny Troutt, presidente de Mount Vernon Investments y Lisa Troutt, entregaron cada uno, 5 mil 400 usd; el presidente de Freeman Companies, Joseph Popolo, donó 5 mil usd; Dary Stone, presidente de R.D. Stone Investments, 5 mil 400 usd y el inversionista Tom Hicks, ex dueño del equipo de béisbol de los Texas Rangers, no se quedó atrás donándole 5 mil 400 usd.

Nadie regala dinero a cambio de nada, ninguno de esos dona un centavo para los pobres, ni para los damnificados de los huracanes que arrasaron a Puerto Rico, todos buscan influencias políticas para sus negocios.

Brian Ballard, director de la firma Ballard Partners, fue el anfitrión del almuerzo de recaudación de fondos de campaña del Senado de Scott en Washington, D.C., el 28 de junio 2018.

Ballard es jefe de gabinete del ex gobernador Bob Martínez, quien juega un papel primordial en la política estatal y en el pasado recaudó fondos para las dos inauguraciones de Scott como gobernador de la Florida. Actualmente para la campaña de Scott como senador, logró la suma de 97 mil usd en contribuciones.

El presidente Maduro ni su gabinete han realizado nada semejante, obtuvieron el voto popular limpiamente sin pedirle a nadie un solo centavo, pero las campañas acusándolo de corrupción no cesan.

¿Quién es más corrupto, el que obtiene un cargo por el voto popular, o el que paga los votos para obtener tráfico de influencias?

Es tal la campaña mediática contra Venezuela, que momentos después del fallido intento para asesinar a Maduro, el consejero de Seguridad Nacional John Bolton, en vez de condenar el acto terrorista declaró a la agencia Fox News:

“Creo que en lo que realmente debemos enfocarnos es la corrupción y la opresión del régimen de Maduro en Venezuela”.

Los pueblos ya no se pueden engañar fácilmente, para eso las revoluciones populares alfabetizan y educan a sus ciudadanos, a fin de evitar las manipulaciones acostumbradas por las oligarquías “democráticas”.

Genial fue José Martí cuando afirmó:

“Los ricos, como los caballos de raza, deberían tener lugar donde todos pudiesen ver el abolengo de su fortuna”.