El Vaticano toma partido por la derecha venezolana


Por Arthur González

Sin titubeos y con lenguaje similar al de Estados Unidos, el 04.08.2017 la Secretaría de Estado del Vaticano emitió un comunicado en el cual le pide al gobierno de Venezuela que suspenda la instauración de la Asamblea Constituyente, al considerar que la misma “fomenta un clima de tensión e hipoteca el futuro del país”.

Nada de extrañar cuando se analizan los antecedentes de las posiciones vaticanas contra países con gobiernos de izquierda.

El Vaticano toma partido contra Venezuela junto a Estados Unidos, España, Suiza, Colombia, Panamá, Perú, Argentina, Brasil, México, Costa Rica, Suiza, Chile, la Organización de Estados Americanos y el Parlamento Europeo, con el marcado fin de liquidar la Revolución Bolivariana y Chavista.

Dicho comunicado “lamenta la radicalización y agravamiento de la crisis”, que según aseguran, el Papa Francisco sigue de cerca por sus implicaciones humanitarias, sociales, políticas, económicas e incluso espirituales, y pide al gobierno de Nicolás Maduro, que “se asegure el pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como también de la vigente Constitución”.

Demostrando una preocupación fuera de contexto y de razones objetivas, la Secretaría de Estado del Vaticano, le solicitó al cardenal Pietro Parolin, antiguo Nuncio Apostólico en Caracas, que “se evite o se suspendan las iniciativas en curso como la nueva Constituyente, ya que más que favorecer a la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento”.

Sin embargo, el Vaticano no ha condenado a la oposición por estimular actos de terrorismo y los asesinatos a civiles por solo apoyar al gobierno, algo que dice a las claras a quien apoyan, siguiendo la línea trazada por Washington contra los gobiernos que asumen posiciones de izquierda.

En su comunicado tampoco mencionan ni condenan las violaciones de los derechos humanos que comete Estados Unidos con su guerra económica, causante de las dificultades que sufre hoy el pueblo venezolano, ni reconoce la intensa labor humanitaria realizada por el Gobierno Bolivariano y Chavista a favor del pueblo, al brindar asistencia médica gratuita, incluso en las zonas más intrincadas de la selva amazónica, ejecuta programas de estudios académicos y la eliminación del analfabetismo, eleva la cultura de todos, unido a los programas de entrega de viviendas a los más desposeídos, proyectos sociales que la derecha pro yanqui pretende eliminar.

Hasta la fecha no se conocen comunicados del Vaticano condenando la violencia cruel que sufre el pueblo mexicano, los asesinatos a periodistas y a jóvenes estudiantes, como tampoco critican a los gobiernos de Argentina y Brasil, por la implantación de medidas neoliberales que dejan desamparados a millones de ciudadanos, al derogar las decisiones implementadas por gobiernos nacionalistas como el de Cristina Fernández y Dilma Rousseff, en favor de las capas de menos recursos económicos.

La posición de la alta jerarquía católica al lado de la Casa Blanca es clara, evidenciada en llamamiento que hizo, el pasado diciembre, el propio Pietro Parolin, donde invitó, “en particular a las fuerzas de seguridad, de abstenerse del uso excesivo y desproporcionado de la fuerza”, cuando en realidad es la oposición quien agrede e intenta asesinar a policías quemándolos vivos, al lanzarles cocteles Molotov, lo cual demuestra como la Iglesia Católica se suma a la guerra mediática organizada y financiada por la CIA.

Recordamos que, contra Cuba, desde 1959 la Iglesia Católica puso todo su empeño para impedir el desarrollo de la Revolución y ejecutó la tenebrosa Operación Peter Pan, diseñada por la CIA para crear el pánico entre la población civil, ante la supuesta supresión de la patria potestad que haría el gobierno cubano contra los padres, lo que originó el éxodo hacia Estados Unidos de 14 mil 48 niños sin acompañantes.

En la Operación Mongoose de 1962 contra la Revolución cubana, se expuso textualmente:

“Tanto el Departamento de Estado como la CIA continúan explorando sus capacidades (con resultados muy desfavorables hasta el momento), para montar operaciones especiales dentro de Cuba centradas sobre elementos activos de la población, específicamente operaciones a través de la Iglesia Católica, para llegar a las mujeres y sus familiares, así como mediante los contactos laborales para alcanzar a los trabajadores. Otros elementos alistados incluyen a las agrupaciones de jóvenes y profesionales. Consideración especial se le dará a esto por medio de los contactos operacionales latinoamericanos”.

Durante la administración Reagan, el Vaticano cooperó totalmente con la CIA, después de la entrevista sostenida el 07.06.1982 entre el Presidente Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II, en la biblioteca del Vaticano. Ese mismo día, el Cardenal Agostino Casaroli, secretario de Estado Vaticano y el Arzobispo Achille Silvestrini, sub secretario, lo hacían con el secretario de Estado Alexander Haig y el juez William Clark, asesor de Reagan para la Seguridad Nacional.

En dichas reuniones se acordó la campaña clandestina para derrocar el socialismo en Europa, empezando por Polonia, y el apoyo conjunto Vaticano–Estados Unidos, al sindicato Solidaridad.

Tres semanas después Reagan firmaba la directiva secreta NSDD/32, autorizando medidas de guerra económica, diplomáticas y operaciones encubiertas, para desestabilizar al gobierno de Polonia.

El entonces director de la CIA William Casey, viajaba periódicamente a Roma para entrevistarse personalmente con el Papa e intercambiar informaciones de interés, aunque el emisario designado por la CIA para los intercambios informativos era Vernon Walters, vice director de la CIA, quien también sostenía reuniones personales con Juan Pablo II y el Arzobispo Pio Laghi. Este último también visitó la Casa Blanca en no menos de seis ocasiones, para entrevistarse con Reagan o con Clark.

Nada es nuevo en ese mundo de hipocresía y doble racero, y por eso José Martí aseveró:

“Hay pocas cosas en el mundo que sean tan odiadas como los hipócritas”