Un trato diferente para México.


Por Arthur González.

México es un país agobiado por la corrupción gubernamental, las drogas, asesinatos y desparecidos, pero no es condenado y menos sancionado por Estados Unidos ni por la Unión Europea, a diferencia de lo que hacen contra otros gobiernos que asumen posiciones políticas a favor de sus pueblos, como Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Cuba, por haber logrado consolidar una Revolución socialista, fue agredida militarmente por mercenarios armados y entrenados por Estados Unidos; resiste estoicamente una guerra económica, comercial y financiera por 58 años; sufre miles de actos terroristas, incluida la agresión biológica y enfrenta las acciones de subversión política más amplias de las que se tenga conocimiento, y es acusada de “violar” los derechos humanos, de forma manipulada.

Contra Venezuela, Washington reproduce los planes aplicados a la Revolución cubana, y Nicaragua enfrenta por 2da ocasión, una contrarrevolución creada desde los locales de la misión diplomática yanqui, en contubernio con la jerarquía católica nacional.

Sin embargo, México, a pesar de ser el país donde la vida de un periodista no vale nada, los asesinatos se cuentan por miles, desaparecen estudiantes, mujeres y niños, encontrándolos en ocasiones en fosas comunes, no recibe similar tratamiento.

La razón es simple: sus gobernantes siempre cumplen a cabalidad las órdenes que dicta la Casa Blanca y nunca se oponen a sus mandamientos.

Aquel gesto que en 1962 parecía una rebeldía, al no romper relaciones diplomáticas con la Cuba socialista, posterior a las sanciones adoptadas por la OEA, fue una farsa montada por instrucciones yanquis, demostrando su total subordinación a Estados Unidos.

Casi medio siglo después se conocía la verdadera historia, recogida en documentos desclasificados y publicados por el jefe de análisis del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

La realidad fue la siguiente:

El entonces Secretario de Estado, Dean Rusk, le explicó al presidente Lyndon Johnson, el resultado de un pacto secreto acordado entre Brasil, México y Estados Unidos, donde se decidió mantener la embajada de México en La Habana por conveniencia política, colaboración aceptada por el gobierno presidido por Adolfo López Mateo.

Desde abril 2018, en Nicaragua comenzaron acciones de protestas, ante el anuncio del decreto presidencial que aumentaba las contribuciones de trabajadores y empresarios e imponía una retención del 5% a los jubilados. Dicha medida fue recomendada nada menos que por el Fondo Monetario Internacional, como hacen en Argentina y otros países.

Esa disposición desencadenó la violencia callejera, encabezada por estudiantes, muchos de ellos graduados de cursos impartidos en locales de la embajada yanqui en Managua.

Las protestas fueron subiendo de tono, llegando a emplear armas de fuego, lanzamiento de cocteles molotov y barricadas en las calles. Destrozaron y quemaron locales gubernamentales, y asesinaron a simpatizantes de Daniel Ortega.

Esos delincuentes, financiados por Estados Unidos, fueron calificados de “luchadores por la libertad”, y respaldados por el clero católico. Fuerzas del orden al ingresar en la Universidad Nacional, encontraron un arsenal de armas de fuego y otras perforo cortantes, algo que no tiene relación con los reclamos políticos.

El apoyo a esa violencia contrarrevolucionaria por parte de la OEA, organizaciones de derechos humanos y la Unión Europea, es el mismo que dieron a las bandas de delincuentes que actuaron en Venezuela, y llegaron a quemar a varias personas vivas.

En días pasados en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se produjeron manifestaciones y huelgas estudiantiles, solicitando el cese de los asesinatos, los desaparecidos como el hecho de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, aún sin resolver, que lesiona la agenda política y social mexicana de los últimos años.

Las protestas se iniciaron en el bachillerato del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), de Azcapotzalco, por los asesinatos de estudiantes y la desaparición de varios profesores, efectuándose una gran marcha desde la Facultad de Ciencias Políticas Sociales hasta la Rectoría de la Universidad.

De inmediato un grupo de choque irrumpió en la UNAM para romper la protesta pacífica de los estudiantes, agrediéndolos con armas blancas y palos. Ninguna autoridad intervino, dejándolos que hicieran su trabajo sucio para amedrentar al estudiantado.

Dos alumnos fueron heridos gravemente, uno apuñalado dos veces en el riñón, una oreja cortada y múltiples golpes.

La Policía detuvo a dos sujetos y el Tribunal Superior de Justicia de Ciudad de México, informó que un juez de Control los acusaría por el delito de motín.

Tristemente, el procurador capitalino declaró que los dos quedaban en libertad, por no existir acusación en su contra.

En México después de las manifestaciones universitarias de 1968, criminalmente reprimidas por las autoridades, nacieron esos grupos que se encargan de dispersar las protestas, a los que se le denominan “porros”, afirmándose que son financiados por partidos políticos, brindándoles protección.

Ante los desórdenes en Nicaragua, orientados y pagados por la misión yanqui, de ipso facto, se iniciaron las presiones sobre el Gobierno para que cesará la “represión”, exigiendo la salida del poder del presidente Daniel Ortega, verdadero motivo de las protestas.

Nadie condenó a los amotinados que quemaron, destruyeron y asesinaron a inocentes, por el contrario, los calificaron de “victimas”.

La OEA, la ONU, el Vaticano, la Unión Europea, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, aliados de Washington, acusan a Ortega de ser el único responsable, y Estados Unidos se encargó de financiar las campañas de prensa con ese fin.

Todo es muy diferente al silencio o escasas denuncias de lo que sucede en México, país con el índice de periodistas asesinados más alto del mundo, sin preocupar a ninguno de los que se alarman por los hechos en Nicaragua, provocados por los grupos de la “oposición”, conformada por delincuentes comunes.

Sabio siempre nuestro José Martí al expresar:

“Levantarse sobre intrigas, es levantarse sobre serpientes”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Manipulación del tema racial contra Cuba


Por Arthur González

Estados Unidos no puede presumir de ser ejemplo de igualdad racial, sin embargo, estimula y acoge a cubanos de raza negra para sus acciones de propaganda contra la Revolución cubana, obviando que es precisamente en el Norte donde más crímenes se realizan a diario contra personas de piel negra, que califican como afronorteamericanos, para recordarles que no son norteamericanos, sino africanos.

Desgraciadamente quienes aceptan esa nueva calificación racial no se percatan el sentido racista que conlleva, pues a ningún europeo lo califican como europeo descendiente, los llaman simplemente norteamericanos.

En vida de Martín Luther Kim nunca se les llamo afrodescendientes, él luchaba por los derechos de los negros y por eso fue asesinado.

Desde la década de los 90 del siglo XX, los ideólogos estadounidenses iniciaron la estimulación a la controversia racial en Cuba, como si antes de 1959 ser negro no fuera considerado un pecado mortal.

En los últimos años fomentaron grupúsculos contrarrevolucionarios de corte racial, invitando a sus cabecillas a conferencias internacionales para acusar a la Revolución de ser racista, manipulando con malsana intensión situaciones arrastradas desde el capitalismo impuesto por Estados Unidos, que en nada tienen que ver con el proceso de desarrollo e igualdad racial logrado por el socialismo cubano.

Con fines subversivos la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) celebra su reunión en Venezuela, a la que invitaron al contrarrevolucionario cubano Juan Antonio Madrazo, miembro de un grupúsculo fomentado y financiado desde EE.UU.

En su intervención ante dicha Comisión declaró que: “recomendaré al gobierno de Raúl Castro que permita tratar en la esfera pública la problemática racial cubana”, como si ese tema no se abordara, cotidianamente y de manera constructiva, por académicos y estudiosos cubanos.

Los historiadores y especialistas de Cuba debaten lo alcanzado y lo que aún falta por lograr en ese orden, sin olvidar que fue la Revolución socialista quien acabo con las barreras que impedían que los negros pudiesen ser tratados como seres humanos y eliminar la cruel segregación que padecían.

Fue tal la discriminación que padecieron los negros que los papeles de negritos en el teatro vernáculo solo eran interpretados por blancos pintados de negro, las rumberas eran blancas, los deportistas blancos y no existían funcionarios en empresas ni cargos públicos de raza negra.

La manipulación es tal que se quiere hacer creer que los negros no son seleccionados para puestos importantes, incluido el turismo, pero no mencionan que el 25 de marzo de 1959 el propio Fidel Castro, explicaba al pueblo por la TV, la política de la Revolución contra la discriminación racial existente en el capitalismo, considerándola como una de las peores lacras de la sociedad cubana.

Fue la Revolución y no el capitalismo, quien eliminó la segregación racial en sociedades de diversos tipos, las playas, empresas y centros de estudio.

¿Dónde estudio Madrazo? ¿Qué nivel académico tiene? ¿Pudo haberlo alcanzado antes de 1959?

Por supuesto que no, ni tampoco su compinche Cuesta Morua, ni Guillermo Fariñas ni ninguno de los que hoy pretende condenar a Cuba. Todos fueron a las mismas escuelas que van los cubanos blancos.

Hoy los círculos infantiles, escuelas de todos los niveles, hospitales, bancos, ministerios, bufetes de abogados, y otras especialidades, están llenas de cubanos de raza negra o mulatos, pues los matrimonios entre diferentes razas en algo común en la Isla, algo condenado y rechazado décadas atrás.

Esos mismos que hablan de discriminación racial han cambiado sus patrones de belleza y solo ven en las mujeres blancas su ideal de pareja, relegando hermosas Venus de ébano, que nada tienen que envidiar a las blancas, a pesar de tener labios más gruesos, narices anchas y pelos rizos.

En Cuba no se le impide a un negro entrar en un centro comercial, una escuela o un centro de trabajo. Académicos, médicos, diplomáticos y científicos negros, gozan de alta consideración social.

Quien no quiere estudiar y superarse no es por el color de la piel ni por sus ancestros, pues en casi 60 años ya son cuatro generaciones de cubanos que han vivido en igualdad de oportunidades, sin importar la raza.

Como parte de la campaña anticubana la vicepresidenta primera de la CIDH, la jamaicana Margarette May Macaulay, manifestó: Sigue leyendo