Proyecto Varela, la historia de un fracaso


Por Arthur González

En 1998 el asalariado de Estados Unidos Oswaldo Payá Sardiñas, quien encabezó el controvertido Movimiento Cristiano de Liberación, escaso en membresía y no bien visto por otros grupos contrarrevolucionarios fomentados por Estados Unidos, presentó un proyecto de ley titulado Proyecto Varela.

Dicho engendro producido en territorio norteamericano, pretendía alcanzar reformas políticas en la isla, especialmente en el tema electoral.

La promoción no le faltó en los principales medios occidentales e incluso el ex presidente James Carter en su visita a La Habana, le dio apoyo, al pronunciar su discurso en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, transmitido en vivo por la Tv cubana.

Ninguna de las maniobras diseñadas por los especialistas yanquis dio resultado; la causa fundamental fue la falta total del apoyo de los 11 millones de cubanos que respalda a la Revolución y los beneficios sociales que esta le proporciona al pueblo, a pesar de que el esquema de guerra económica impuesta por Estados Unidos desde 1962, busca precisamente cortar ese apoyo a partir de las limitaciones económicas.

Transcurridos 19 años de ese fiasco total, Rosa María Paya Acevedo, hija del fallecido Payá Sardiñas, recibió instrucciones en Miami de desempolvar el viejo guion del Proyecto Varela, con el sueño de aprovechar el próximo proceso electoral cubano donde el actual presidente Raúl Castro Ruz, dejará su cargo.

Rosa María reside en Miami como “refugiada política”, aunque visita periódicamente La Habana, donde jamás ha confrontado represiones ni peligros para su vida, incluso conserva la casa familiar en el barrio del Cerro.

En la capital de la mafia terrorista anticubana,  políticos como Marco Rubio, pretenden encaminar la política hacia la isla por los mismos senderos de 58 años de fracaso, arrastrando al presidente Donald Trump a tomar partido por la línea política de la hostilidad y el enfrentamiento, que lejos de perjudicar beneficia a la Revolución, al mostrar la verdadera esencia que siempre caracterizó las agresiones estadounidenses contra el pueblo de Cuba.

Rosa María, ausente de trayectoria como “opositora” en vida de su padre, falta de carisma como líder y quien tras la muerte de su padre negoció visa de “refugiada política” con diplomáticos de la misión de Estados Unidos en La Habana, al prever que ella, su madre y dos hermanos quedarían sin el dinero que mensualmente recibía Payá Sardiñas.

Como moneda de cambio, se comprometió a desarrollar una campaña contra Cuba, culpando a sus autoridades de ser responsables de la muerte de su padre, la cual ocurrió en un accidente automovilístico cuando viajaba por todo el país repartiendo dinero para acciones subversivas, enviado por Esperanza Aguirre del Partido Popular Español.

El auto era conducido por el español Ángel Carromero, juzgado en Cuba delante del embajador de España y el Cónsul General, los que declararon que “el juicio fue transparente y justo y Carromero el culpable por conducir a exceso de velocidad”, situación ratificada por los tribunales españoles.

Estados Unidos ante la ausencia de líderes contrarrevolucionarios jóvenes, apuesta por Rosa María para trasmitir el mensaje de la supuesta existencia de una “oposición” entre la juventud cubana, pero comete un gravísimo error al ser ella residente permanente en Miami y no en Cuba, carecer de prestigio por negociar con la muerte del papá y mantener relaciones amorosas con Orlando Pardo Lazo, cubano que eyaculó encima de la bandera cubana y lo divulgo por Internet.

No obstante, sufragan sus costosos viajes a congresos internacionales, entrevistas con altos dirigentes políticos extranjeros y es asidua visitante a los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez, acusado por corrupto, y los representantes Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, ambos hijos de testaferros del dictador Fulgencio Batista, prueba de que es una figura fabricada a la carrera para sus campañas contra Cuba.

Desde Estados Unidos creó un supuesto movimiento denominado Cuba Decide, para crear la ilusión de que hay una oposición política en la isla, pero otra vez la falta de quórum y apoyo del pueblo cubano la condenan al fracaso.

El descalabro de la política yanqui contra Cuba está precisamente en no aceptar que el pueblo decidió caminar por un rumbo diferente en 1959 y que ni guerra económica, ni mediática han logrado remover las bases populares de apoyo a la Revolución.

Los cubanos no olvidan los cientos de actos terroristas ejecutados por la CIA, incluida la guerra biológica que tantos muertos ha causado, como fueron los 101 fallecidos en la explosión del buque francés La Coubre, en marzo de 1960, los 73 pasajeros muertos como resultado de las bombas colocadas en un avión cubano en 1976 y menos aún los 158 cubanos que perdieron la vida en 1981, debido a la introducción por la CIA del Dengue Hemorrágico, epidemia que aun afecta a la población.

Las falsas acusaciones de Rosa María sobre inventadas represiones a sus seguidores en Cuba, son replicadas en las redes sociales, hechos que nadie ve, ni comprueba, pero son ampliamente divulgadas para construir situaciones virtuales, por las que en su momento ella tendrá que aclarar ante los tribunales cubanos por ser constitutivas de delito, algo también condenable en los Estados Unidos.

A pesar de las campañas mediáticas, el proceso electoral cubano se completará como siempre, los contrarrevolucionarios que pretendan auto proponerse como delegados de base en el Poder Popular, no tendrán respaldo alguno, primero porque ningún trabaja, son asalariados de Estados Unidos y en segundo lugar porque quien apoya a una potencia extranjera para mantener la guerra económica contra el pueblo sabe que jamás tendrá un solo voto.

La historia se repite unas veces como tragedia y otras como comedia, pero el Proyecto Varela II, irá a parar al mismo basurero.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“¡Los flojos, respeten: los grandes adelante!”

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Proponen recortar fondos para embajada yanqui en La Habana


Por Arthur González.

Compulsada por mafiosos anticubanos en el Congreso de Estados Unidos, la Cámara de Representantes propuso un proyecto para recordar los fondos a su embajada en la Habana, hasta que Cuba devuelva algunos ciudadanos considerados como “terroristas” refugiados en la Isla.

Estados Unidos no reconoce como disidentes u opositores a los integrantes del extinto grupo Las Panteras Negras, sin embargo, así califican a los contrarrevolucionarios que ellos crearon, entrenan y sostienen financieramente en Cuba y en Venezuela.

Una de las personas reclamadas es Joanne Chesimard, única mujer que aparece como uno de los 10 terroristas más buscados por el Buró Federal de Investigaciones, FBI, acusada de matar en 1973 a un policía de Nueva Jersey, durante un enfrentamiento entre una patrulla y varios disidentes.

Si ella hubiese sido la víctima, al culpable nunca lo juzgarían por asesinar a una mujer que luchaba por los derechos civiles de los negros norteamericanos.

En Venezuela, la derecha estimulada por Washington asesina a mansalva a jóvenes chavistas quemándolos vivos, pero no son considerados asesinos, sino “opositores que luchan por la libertad”.

Si de reclamaciones se trata, el Senador por el estado de New Jersey, Bob Menéndez, acusado de corrupción, debe tener presente que la lista de asesinos prófugos de la justicia cubana es mucho más extensa que la de los que reclama Estados Unidos, e incluye a esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista, que encontraron abrigo y apoyo desde 1959, a pesar de las reclamaciones oficiales de Cuba.

Si la refugiada Joanne Chesimard, está acusada de matar un policía, Menéndez, quien integra la mafia terrorista anticubana, debería saber que solo entre Esteban Ventura Novo, Rolando Masferrer Rojas, Julio Laurent Rodríguez y Conrado Carratalá Ugalde, tienen mucho más de 100 asesinados cada uno, y fueron reclamados por delitos comunes y jamás el gobierno de Estados Unidos los devolvió a Cuba.

Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Pedro Remón, Guillermo Novo Sampoll, Gaspar Jiménez, más otros asesinos y autores de actos terroristas contra el pueblo cubano, disfrutan la vida en las calles de Estados Unidos bajo el estatus de “refugiados políticos”, e incluso muchos fueron aceptados en ese país a partir de la solicitud que hiciera la representante republicana Ileana Ros-Lehtinen, a los presidentes Ronald Reagan y George Bush.

No hay moral para hacer reclamaciones de una disidente que buscaba la igualdad para los negros estadounidenses, mientras goza de total libertad Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano donde perdieron la vida 73 personas, más un turista italiano muerto a causa de las bombas colocadas en hoteles de La Habana, jactándose posteriormente ante la TV de Miami que ese joven italiano “estaba en el lugar y momento equivocado”.

¿Qué tratamiento recibirían Posada, Bosch, Remón, Novo y Jiménez, si los asesinatos cometidos fuesen en Estados Unidos contra ciudadanos de ese país? ¿Los considerarían disidentes? Por supuesto que no y las condenas serían de pena de muerte.

Mucha manipulación existe en la política de Estados Unidos, mientras consideran “luchadores por la libertad” a vulgares delincuentes, a los que verdaderamente batallan por los derechos civiles y humanos, los persiguen y condenan sin piedad.

La historia pasa factura y por eso Estados Unidos es repudiado por millones de hombres y mujeres en el mundo, sus embajadas tienen que ser fuertemente protegidas, sus presidentes circulan en autos blindados como ningún otro estadista y la policía reprime sin misericordia a todo aquel que intente reclamar sus derechos.

Los mafiosos son tan brutos que no analizan que el recorte presupuestario solo perjudicará a los propios Estados Unidos, y sin dinero los diplomáticos en La Habana se verán restringidos de llevar acabo las acciones de subversión política que realizan sobre los cubanos, especialmente los jóvenes, a los que pretenden emplearlos para su añorado cambio del sistema socialista, a fin de instaurar nuevamente el capitalismo que no eliminó la pobreza, el analfabetismo, la falta de atención médica para los pobres, la discriminación racial y de género, más las diferencias sociales.

Después del restablecimiento de relaciones el 17.12.2014 el Buró de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, solicitó un incremento del presupuesto en más de 6 millones de dólares para la Misión en La Habana, el que hoy asciende a  11 millones 92 mil dólares, más un aumento adicional de otros 528 mil dólares.

Esta última partida fue destinada a programas diseñados por el Departamento de Estado  en su trabajo “pueblo a pueblo”, que tiene como objetivo el traslado de los valores de la sociedad norteamericana entre los cubanos, para ir horadando el sistema socialista desde adentro, mediante proyectos de educación e intercambio cultural, y según sus propias palabras “desarrollar contactos con nuevos públicos e instituciones, fortaleciendo las conexiones con instituciones e individuos de los Estados Unidos, que actualmente están en contacto con organizaciones cubanas”.

Al respecto Barack Obama declaró el 01.07.2015:

“…Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor. […] Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses, y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

Los gastos aprobados el pasado 26.07.2017 por el Comité de Asignaciones para su embajada en Cuba, impedirá construir en esa Misión nuevas instalaciones o contratar personal adicional, excepto los imprescindibles para la seguridad y salud de los funcionarios, e impone las mismas restricciones a la de Cuba en Washington, algo que no es preocupante para los cubanos, todo lo contrario, pues como bien afirmó José Martí:

“Con la resolución indudable del pueblo de Cuba, es imposible la derrota”.

 

 

 

Quien carezca de principios éticos y morales no podrá dirigir a los cubanos.


Por Arthur González

Esos que se apodan “disidentes” y luchan entre ellos por alcanzar posiciones, con la ilusión de dirigir a los cubanos en el futuro cercano, jamás podrán aspirar a lograr un liderazgo en Cuba.

Los diplomáticos yanquis en La Habana que tuvieron el especial “privilegio” de conocerlos, escucharlos y verlos actuar, informaron al Departamento de Estado y a la CIA que:

“…Sin un verdadero milagro entre los líderes de la oposición, no es probable que el movimiento disidente tradicional pueda reemplazar al gobierno cubano es improbable que desempeñen algún papel significativo en cualquier gobierno que asuma después de los Castro…vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie… su impacto en la sociedad cubana es muy poco y no ofrecen una alternativa política al gobierno…más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores y sus seguidores…”

A pesar de esos criterios del personal diplomático que los conoció bien, en Washington algunos políticos continúan apostando por ellos y asignan presupuestos millonarios para alimentar a los que desde Miami llevan 58 años viviendo del fracasado cuento de “derrocar al régimen de Castro”.

Desesperados por encontrar figuras jóvenes entre la llamada “oposición”, crearon cursos en centros de Estados Unidos para la preparación de líderes. La primera acción fue en el 2009 con el lanzamiento de becas para jóvenes entre 16 y 18 años de edad.

Le siguieron otras como las otorgadas en el 2015 por la organización World Learning Inc., con sede en Washington, para un “Programa de Liderazgo de Verano”, y en el 2017 la convocatoria de la organización Líderes Sociales, con el propósito de promover el desarrollo profesional juvenil y fortalecer la sociedad civil cubana.

Ante tantos fracasos, apareció Rosa María Paya Acevedo, hija de Oswaldo Payá Sardiñas, muerto en un accidente automovilístico por la imprudencia del español Ángel Carromero, secretario general de Nuevas Generaciones del Partido Popular español, enviado a Cuba a repartirle dinero a la “disidencia” interna, cuando conducía a exceso de velocidad el auto en el que viajaban.

Carromero era un consuetudinario violador del código del tránsito en España, debido a su gusto por la velocidad, por lo cual le fue retirada su licencia de conducción.

Por el homicidio de Paya y su compañero Harold Cepero, fue juzgado y condenado a cuatro años de prisión por homicidio imprudente, ante la presencia del Embajador y el Cónsul General de España en Cuba, quienes reconocieron la limpieza del juicio y la veracidad de las pruebas presentadas, lo que fue ratificado por los periodistas extranjeros asistentes al acto jurídico.

La ausencia de ética de Rosa María y su madre Ofelia Acevedo, es tal que les vendieron a los yanquis sus principios y el amor familiar, a cambio de iniciar una campaña difamatoria contra el gobierno de Cuba, acusándolo de ser responsable de la muerte de ambos asalariados.

Como pago, recibieron un visado para Estados Unidos de “refugiadas políticas”, para ellas y dos hijos varones de Payá Sardiñas. Al arribar a Miami sus declaraciones fueron amplificadas por la prensa, con el respaldo de la mafia terrorista anticubana y en especial del Senador Marco Rubio.

A tal nivel cayeron ambas que se fotografían con el homicida español, lo besan y abrazan como un héroe, sin el menor escrúpulo, a sabiendas que es el único responsable de la pérdida del esposo y padre.

Por instrucciones recibidas en Miami, presentaron una acusación formal ante las cortes españolas, la que fue declarada sin lugar por falta de pruebas, al igual que la apelación.  Tampoco el gobierno de Mariano Rajoy aceptó la versión fabricada en Estados Unidos, y no se dejó arrastrar al show mediático, corroborando las declaraciones de sus funcionarios diplomáticos que presenciaron el juicio en Cuba.

Pasados cinco años y queriendo darle un protagonismo inexistente a la joven Rosa María, con la quimérica pretensión de presentarla como una futura líder para los cubanos, costearon nuevamente su viaje a La Habana para conformar otra provocación en el aniversario de la muerte de Payá.

Para darle más sazón al tema, los senadores Dick Durbin, Bill Nelson, Jeff Merkley, Marco Rubio, Bob Menéndez y Ted Cruz, estos tres últimos de origen cubano, presentaron en el Senado una resolución en honor al legado de Payá, e instaron a que se aclarasen las circunstancias del suceso, con el objetivo de mantener el tema Cuba en discusión y evitar las propuestas de leyes para eliminar la prohibición de viajes a la Isla.

Rosa María siendo supuestamente una perseguida política, visita la Habana de forma permanente, sin confrontar dificultades para sus movimientos e incluso no ha sido encausada por las acusaciones falsas que reitera contra el Gobierno cubano, al responsabilizarlo de la muerte del padre, tal y como hizo recientemente en un comunicado, donde afirmó: “el accidente fue un atentado provocado por oficiales del régimen castrista”.

La “refugiada política” sabe perfectamente que está cometiendo un delito, tipificado en el código penal cubano, como denuncia o acusación falsa, sancionado con privación de libertad de tres a ocho años, algo que, de las autoridades proceder, le daría el pretexto anhelado para proclamarse como perseguida política.

Cuba tiene vasta experiencia en ese tipo de ardides yanquis, por tanto, Rosa María seguirá desgastándose con acusaciones que nunca podrá probar y con el denigrante papel de ganar dinero a costa de la muerte del padre.

En consecuencia, las aspiraciones que tienen de convertirla en una futura líder están condenadas al repudio del pueblo cubano y seguirá el mismo destino que sus tantos antecesores, pues como aseguran los diplomáticos norteamericanos en La Habana: “su impacto en la sociedad cubana es muy poco y no ofrecen una alternativa política al gobierno”.

Ante actitudes similares afirmó José Martí:

“Debe ser penoso inspirar desprecio a los hombres.”

Silencio cómplice


Por Arthur González.

Luis Almagro, secretario general de la OEA y los 14 países que han apoyado las acusaciones contra Venezuela siguiendo los dictados de Washington, han quedado desenmascarados por el silencio cómplice que asumen ante la verdadera guerra civil que sufre el pueblo mexicano.

Mientras la violencia desatada en Venezuela, creada, dirigida y financiada por la CIA y el Departamento de Estado contra el gobierno bolivariano de Nicolás Maduro, en México se asesinan a los verdaderos luchadores por los derechos civiles y humanos de ese pueblo, quien sufre una cruenta guerra ejecutada por los carteles de la droga que tienen sus tentáculos en las altas esferas del gobierno azteca, e incluso en el territorio de los Estados Unidos, país que consume la mayor parte de la producción de cocaína que transita desde la frontera mexicana.

A tal punto llega la violencia en México que las cifras de muertos están por encima de Irak y Afganistán, países que soportan la ocupación militar norteamericana.

Expertos en la materia afirman que, México es el 2do país después de Siria que más violencia padece, donde esta campea ante la fría mirada de su Congreso, la OEA, el Departamento de Estado y ciertas organizaciones “humanitarias” creadas espacialmente para condenar a Cuba.

Jamás México ha sido señalado en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ahora denominada Consejo de Derechos Humanos, ni existe en España un Observatorio de Derechos Humanos o se ha fabricado una Fundación Memorial para las Víctimas, como hacen contra Cuba.

¿Será que Estados Unidos o los parlamentarios europeos no consideran a los mexicanos seres humanos y por tanto no hay que preocuparse por los cientos de miles que desaparecen y son asesinados anualmente?

Los congresistas Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Jeff Duncan, Carlos Curbelo y Dennis Ross, ni los senadores Bob Menéndez, Marco Rubio y Ted Cruz, alzan su voz en el Congreso de Estados Unidos en solidaridad con el pueblo que más desaparecidos y asesinados tienen en este hemisferio; por su puesto México posee un gobierno plegado totalmente a la política yanqui, a diferencia de Cuba y Venezuela que son etiquetados por Washington como gobiernos “totalitarios”.

Esos estados “totalitarios” si tienen programas sociales para mejorar la vida de sus ciudadanos, como los de salud y educación gratuita para todos, no tienen asesinatos ni desaparecidos, pero soportan una guerra económica total diseñada por la CIA, para hacerlos fracasar en su empeño de satisfacer las necesidades de la población, unida a la propagandística, y, por si fuera poco, el millonario financiamiento a una contrarrevolución fabricada y preparada también por Estados Unidos.

Mientras en México asesinan a los activistas que defienden los verdaderos derechos humanos y a periodistas que denuncian valientemente la impunidad con que actúan las bandas de narcotraficantes, en Cuba y en Venezuela, los cabecillas contrarrevolucionarios gozan de excelente salud y viajan constantemente a Miami para recibir entrenamiento, con el fin de derrocar el socialismo.

Tampoco se escucha a dirigentes políticos y activistas de derechos humanos de países latinoamericanos, solicitar la conformación de una Comisión Internacional para la Fiscalización de los Crímenes de Lesa Humanidad, como hicieron hace pocos días contra Cuba.

En Cuba no existen asesinatos ni desaparecidos, los contrarrevolucionarios transitan libremente por el país, viajan el mundo sin ser molestados y son asiduos visitantes a la embajada yanqui y otras europeas, despreocupados de cualquier ataque mortal de la policía o fuerzas paramilitares.

Sin embargo, en México las cifras de muertes se incrementan cada año y para eso no hay acusaciones ni reclamos. En el 2006, sin tener una guerra como la de Siria, la cifra de muertos llegó a 105 mil y en el 2017, solo en el primer trimestre, los muertos suman 5 mil 799, entre ellos 6 destacados periodistas, más varios activistas de colectivos de desaparecidos.

Es hora ya que la OEA, la ONU y el Parlamento europeo, tomen cartas en el asunto y conformen un Tribunal Internacional para Fiscalizar los Crímenes de Lesa Humanidad que se comenten contra el pueblo mexicano y que los funcionarios corruptos, enriquecidos de la noche a la mañana con el dinero de los narcotraficantes, paguen por lo que hacen contra el pueblo, algo que no sucede en Cuba a pesar de las campañas propagandísticas que intentan conformar matrices de opinión en su contra.

Cuánta razón tenía José Martí cuando expresó:

“En política, la única fuerza definitiva e incontrastable es la honradez”.

Estados Unidos se hunde en el lodo


Por Arthur González

No hay que ser erudito para percatarse de cuanto se hunden los Estados Unidos en su afán por satanizar gobiernos que no son de su agrado; así ocurre con Cuba desde hace medio siglo.

Sus documentos desclasificados prueban que la mentira y la tergiversación están presente en cada acción ejecutada para intentar desacreditar a la Revolución cubana, algo que repiten con la República Bolivariana de Venezuela.

Si revisamos la historia comprobamos como el 02.01.1961, el entonces canciller cubano Raúl Roa, acusaba ante el Consejo de Seguridad de la ONU al gobierno de los EE.UU. de preparar una invasión a Cuba. Sin embargo, presionado por Washington el Consejo de Seguridad rechazaba el 05.01.1961 la denuncia cubana, sin someterla a votación.

A la vez que Estados Unidos negaba formalmente la existencia de tales planes, el 17 de abril del mismo año el Gobierno estadounidense lanzaba la invasión con el empleo de la brigada mercenaria nombrada 2506, siendo derrocada en 62 horas por el pueblo cubano.

Así está preñada de hechos los últimos 58 años, pero a pesar de sus fracasos no cesan de ejecutar las mismas acciones, con tal de destruir el socialismo cubano que tanto odian.

El escenario de hoy es otro, pero los que reciben un pago de Estados Unidos para ejecutar planes contra el pueblo cubano, continúan actuado de la misma forma.

el-sexto-4Ahora el turno le ha tocado a Danilo Maldonado, elemento adicto a la cocaína al que han califican como “artista grafitero”, cuya única obra consiste en escribir sobre muros de la ciudad la palabra El sexto, sin más trabajo que mostrar, pero lo utilizan para la ejecución de actividades propagandística contra Cuba.

Al igual que hicieron antes con un ex policía de la tiranía de Fulgencio Batista, el terrorista Armando Valladares, a quien en su afán por crear una imagen distorsionada de Cuba llegaron a nombrarlo representante de Estados Unidos ante la extinta Comisión de Derechos Humanos de la ONU, a sabiendas que era un mentiroso y había engañado a personalidades mundiales haciéndose pasar invalido y poeta; ahora le financian viajes a Maldonado a Miami, Washington y Ginebra, para hablar falsedades de su propio país, como si en la era de Internet y Facebook la gente no conociera la realidad de ese personajillo, sus antecedente y la verdadera situación cubana.

En esa línea de actuación, los integrantes de la mafia terrorista anticubana que ocupan asientos en el Congreso estadounidense, el pasado 16.02.2017 llevaron a Maldonado ante el Subcomité del Senado sobre el Hemisferio Occidental, dedicado a la Democracia, Derechos Humanos, Crimen internacional y asuntos de la Mujer, en Estados Unidos, con el objetivo de que este solicitara “solidaridad con la causa de la democracia en Cuba”.

Para los entendidos, con solo observar la forma de mirar y actuar del asalariado más reciente de los yanquis, pueden percatarse que su mirada no es la de una persona equilibrada psíquicamente, quien por demás no tiene currículo laboral ni académico y menos artístico, algo que descalifica a cualquiera para ser presentado ante altos funcionarios de un país.

Su show mediático estuvo diseñado por miembros de la mafia anticubana como el senador Marco Rubio y apoyado por Bob Menéndez, acusado el pasado año de hechos de corrupción; ambos con ancestros cubanos que sienten un odio feroz por Cuba.

Tener que acudir a un elemento como el mencionado Danilo Maldonado, demuestra la ausencia de personas de reputación profesional dentro de Cuba que apoyen los planes contra la Revolución, lo cual en vez de perjudicar al pueblo cubano lo enaltece, pues en cada marcha celebrada en Plazas y Avenidas de la Isla son millones de personas las que prueban el apoyo que le brindan al proceso revolucionario.

Ante la carencia de verdaderos artistas que se presten a acusar a su patria con mentiras creadas y pagadas desde Miami, los integrantes de la mafia anticubana, usando fondos federales, le sufragan un viaje a Maldonado para que asista a la Novena Cumbre Anual para los Derechos Humanos y la Democracia, a celebrarse  del 20 al 21 febrero de 2017 en Ginebra.
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Se suma The Washington Post a campañas anticubanas


Por Arthur González.

No se conoce realmente quien puede estar instando o pagándole al importante diario estadounidense The Washington Post para que se sume a las campañas anticubanas, pero lo está haciendo a toda prisa en momentos ethe_washington_post_front_pagen que Cuba denuncia los programas subversivos desarrollados por agencias de inteligencia de Estados Unidos bajo destacadas organizaciones, tal y como ejecutaron durante la llamada Guerra Fría contra los antiguos países socialistas europeos.

El pasado viernes 23.09.2016 ya había publicado un editorial en el cual se proyectó contra el comercio entre Estados Unidos y Cuba, donde afirmó que “las actuales relaciones de ambos gobiernos recuerdan el arreglo de Washington con el derrocado régimen del tirano Fulgencio Batista”, algo que amerita una próxima respuesta.

En su nueva línea de trabajo a favor de las posiciones que proclama la mafia terrorista anticubana de Miami, el lunes 03.10.2016 el Post publicó un trabajo del periodista, Josh Rogin, el cual se sumó a la cruzada diseñada por los mafiosos para intentar interrumpir los vuelos directos de empresas estadounidenses a la Isla, recientemente reiniciados después de 54 años.

Es público que el senador corrupto Bob Menéndez y su aliado político Marco Rubio, acusan a Cuba de no tener seguridad en sus aeropuertos, pasando por alto que desde hace varias décadas procedentes de Estados Unidos vuelan a la Isla diariamente varios aviones alquilados por agencias de viajes radicadas en Miami y ninguno ha confrontado dificultades. Jamás esos congresistas se preocuparon por ese tema, a pesar de que las tripulaciones de dichos aviones son norteamericanas, algo que pone en evidencias la sucia maniobra política.

Según el artículo aparecido en la Sección de Opinión del The Washington Post, el principal funcionario de la TSA para el Caribe, Larry Mizel, declaró a miembros del Congreso en un encuentro a puerta cerrada en el pasado mes de marzo, que:

“Cuba le presentó a la delegación estadounidense de la TSA perros sarnosos de la calle de manera fraudulenta como animales entrenados.

Esa falacia responde a una política estructurada para desprestigiar a la Revolución cubana.

El artículo periodístico añade que “Mizell también dijo que había pocos escáneres en los aeropuertos cubanos para el chequeo de los viajeros, y que la mayoría son versiones de factura china, de los que no existe información confiable”.

Todo forma parte de las nuevas acciones de la mafia anticubana para incrementar las medidas de guerra económica contra Cuba, y en su escrito Rogin hizo hincapié en que los legisladores dicen que “las fallas de seguridad aumentan considerablemente el riesgo de que terroristas, criminales, drogas y espías entren en Estados Unidos desde Cuba”.

Hay que tener muy mala memoria y el alma bien oscura para hablar de preocupaciones de esos congresistas sobre supuestos riesgo de acciones criminales de tal corte, cuando han sido precisamente los Estados Unidos quienes organizaron, entrenaron y financiaron a grupos anticubanos para ejecutar planes de terrorismo de Estado, con el objetivo de destruir el proceso revolucionario cubano.

Desde pastillas envenenadas para asesinar a Fidel Castro, petacas incendiarias para quemar centros comerciales, cines, teatros, fábricas y campos agrícolas, hasta explosivos para detonar en hoteles y centros turísticos cubanos, fueron enviadas por la CIA utilizando líneas aéreas procedentes de Estados Unidos y otros países centroamericanos.

Para acusar a Cuba de no tener seguridad aeroportuaria, antes tienen que recordar como autoridades en la frontera aérea de la Isla han detectado y detenido a decenas de agentes enviados por la CIA y organizaciones contrarrevolucionarias bajo las órdenes de oficiales de esa Agencia, evitando daños de consideración.

El diario The Washington Post debería tener el valor de publicar algunos de los planes terroristas de la CIA contra Cuba, aprobados por el Gobierno de Estados Unidos, como el documento preparado por la Agencia Central de Inteligencia para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, fechado el 08.06.1963, bajo el título de: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”.

Si ese prestigioso diario desea informar a sus lectores verdades irrefutables, puede divulgar ese Programa donde se exponen acciones terroristas de toda índole, entre ellas algunas que corroboran quien es el verdadero terrorista de este mundo.

Entre los puntos de ese programa está el referido a:

Sabotaje general y hostigamiento. Los sabotajes en este programa son tanto un arma económica como un estímulo a la resistencia, debe existir una visible y dramática evidencia del sabotaje para que sirva como un símbolo del creciente desafío popular al régimen de Castro.

Esas operaciones serán realizadas lo mismo por agentes controlados desde afuera ahora disponibles o por los agentes internos o aquellos que se consignan. Los agentes entrenados y controlados por la CIA serán empleados como lo serán los grupos autónomos exiliados seleccionados. Inicialmente, el énfasis será en el uso de agentes controlados desde afuera, con un cambio a los internos tan pronto como sea operativamente factible”.

[…] Cada acción tendrá sus peligros: habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

[…] El gobierno de Estados Unidos debe estar preparado para negar públicamente cualquier participación en esos actos, no importa lo alto o incluso lo detallado que pudieran ser los informes de la complicidad de EE.UU.”.

Si la Sección de Opinión del The Washington Post, diera a conocer íntegramente ese Plan contra Cuba, ganaría en prestigio, transparencia y sin dudas aumentaría sus ventas, aunque es muy difícil que puedan contar con la suficiente libertad de hacer algo que ponga en evidencias la verdadera naturaleza de su Gobierno.

En defensa del periodismo José Martí proclamó:

“…la prensa debe ser el examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas.”

Huelga de Guillermo Fariñas es parte de un complot de EE.UU.


Por Arthur González.

CIAEn la política de Estados Unidos hacia Cuba no hay casualidades, todo está calculado y previsto por los analistas de las principales agencias de inteligencia y del Departamento de Estado; así ha sido desde antes de 1958 y lo prueban sus propios documentos desclasificados.

El 27 de junio de 1958 por órdenes de la CIA llega a las montañas del centro de Cuba el oficial de la esa agencia, John Meples Spíritto, quien ostentaba el grado de SPI-2.

La cobertura seleccionada fue la de periodista y corresponsal de guerra, para establecer un centro de análisis de información e inteligencia que actuara en coordinación con la Estación CIA ubicada dentro de la embajada estadounidense en La Habana.

Según sus declaraciones al ser detenido en 1962, una de sus misiones era la de dividir el movimiento revolucionario para evitar la victoria de Fidel Castro, y contraponer al comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, a los principales líderes del Ejército Rebelde, utilizándolo como una “tercera fuerza” en caso de que el Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde derrocaran a la tiranía de Fulgencio Batista.

Como parte de su actual estrategia para desmontar la Revolución socialista desde adentro, el Consejo de Seguridad Nacional decidió restablecer las relaciones con Cuba, pero manteniendo sus programas de subversión, para lo cual han destinado más de 250 millones de dólares desde 1996, política ratificada por la Casa Blanca en su comunicado del 17.12.2014.

En 2013, por primera vez en la historia, se daba a conocer que el presupuesto que las 16 agencias de espionaje de EE.UU. destinaron a labores de inteligencia 52 mil 600 millones de dólares, en el año fiscal 2013, donde la CIA recibió 14 mil 700 millones y la Agencia de Seguridad Nacional, NSA, 10 mil 500 millones, según documentos filtrados por el ex analista Edward Snowden.

Cuba ocupa una de las prioridades en la estrategia yanqui, por constituir una espina que no han podido sacarse, de ahí los planes para la contrarrevolución asalariada con la ilusión de que alcance algún apoyo popular, a partir del descontento que causan las penurias de la situación económica, que al decir de la CIA son resultado de su política de guerra económica, comercial y financiera.

Con vistas a resquebrajar la imagen de Cuba ante el mundo, Estados Unidos continua con sus acciones de guerra psicológica, instruyendo a sus asalariados a ejecutar actos provocativos en las calles, y en las últimas semanas orientaron llevar a cabo supuestas huelgas de hambre, amplificadas por la prensa a su servicio.

El ejemplo es Guillermo Fariñas, quien sin tapujos declaró:

“Es hora de que nos levantemos, de que nos empinemos, de que no tengamos miedo”. “Es hora de unirse, de tirarse para las calles, de protestar por todas las barbaridades políticas y sociales que ha hecho este Gobierno”.

Pero tal parece que Fariñas padece de amnesia pues solo semanas antes, el contrarrevolucionario José Daniel Ferrer, de la llamada Unión Patriótica de Cuba, quien cursa un entrenamiento especial en Miami desde hace dos meses, lo había acusado de “falta de acciones provocativas en las calles cubanas”, retirándole su apoyo.

Para Ferrer, “hay que tener un programa para ejecutar provocaciones callejeras, y contar con personas valientes que estén decididas a pagar el costo de la libertad defendiendo ese programa”.

Coincidentemente en el Estimado de Inteligencia de la CIA para los años 1992-1993, publicado en el 2001, se plantea:

“[…] mientras las condiciones económicas se deterioran, la violencia contra el régimen – la cual hasta ahora ha sido rara – es probable que aumente. Un gran levantamiento impulsaría a Castro a dedicar cualquier fuerza necesaria para reprimirla, aún al precio de un baño de sangre. Si el desorden público continuara extendiéndose, él tendría que llamar a los militares, cuya voluntad para llevar a cabo la orden, sería cuestionable”.

No en balde el teatral movimiento huelguista iniciado por Fariñas, y supuestamente seguido por una docena de asalariados más, es apoyado por el Senador estadounidense Bob Menéndez, nacido en Cuba, miembro de la mafia anticubana y del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Como parte del complot, Menéndez expresó públicamente su solidaridad con Guillermo Fariñas, e hizo un llamado a la administración de Obama a “tomar medidas inmediatas y decisivas para frenar los supuestos abusos graves de los derechos humanos en la isla”.

Y agregó:

“La administración de Obama debe tomar medidas inmediatas y decisivas, utilizando las pocas palancas restantes que no haya regalado al régimen para obtener la liberación de Fariñas, la liberación de otros disidentes pacíficos, y para poner fin a la brutalidad con la que los Castro oprimen la isla”.

“Para empezar, utilice los canales de la diplomacia que la administración afirma haber abierto con los Castro; debe buscar la condena internacional de los Castro y su maquinaria tiránica por parte de la OEA y las Naciones Unidas; retener las licencias del Departamento del Tesoro con que los intereses comerciales norteamericanos están empezando a involucrarse con la economía dirigida y controlada por Castro; restaurar una política exterior de principios con respecto a Cuba. Los abusos graves de los derechos humanos no deben ser tolerados, y no deben ser pasados por alto”.

Todo encaja como piezas de un rompecabezas. De iso facto, el Departamento de Estado convocó a una conferencia de prensa para informar que la Casa Blanca “transmitió sus preocupaciones al Gobierno cubano y monitorean su situación de cerca, manteniéndose en solidaridad con quienes promueven los derechos humanos y libertades fundamentales, incluyendo la libertad de expresión y la libertad de reunión en Cuba”.

Pero al parecer los yanquis vuelve a cometer sus mismos errores y no toman en cuenta lo informado en el 2009 por el entonces Jefe de la Sección de Intereses en La Habana, quien aseguró:

[…] “Vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie”.

“Están más preocupados por tener mayores oportunidades para viajar libremente y vivir de manera confortable”.

“Pese a sus afirmaciones de que representan a miles de cubanos, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo”.

Es bien difícil cambiar y ellos que acusan a los dirigentes cubanos de no hacerlo, transitan por los mismos callejones que los llevaron a reconocer el fracaso de sus políticas contra la Revolución.

Por eso hay que recordar a José Martí cuando expresó:

“…nada hay más justo […] que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”.