La orden de los yanquis es ahogar la economía cubana.


Por Arthur González.

La pandemia del Covid-19 ha desmoronado la economía mundial, debido al confinamiento necesario, el cierre de fábricas y centros de servicios para evitar contagios y muertes.

Quienes se opusieron a esa única forma real de evitar la expansión del virus, pagan caro su mala decisión y en eso Estados Unidos es el ejemplo evidente, al negarse su Presidente al empleo obligatorio de las mascarillas y el confinamiento, de ahí que, siendo el país más poderoso, es el que acumula más enfermos y muertos.

Para quienes tienen al turismo como fuente de sus ingresos, la situación ha sido terrible y Cuba es una de esas naciones, que unido a las fuertes sanciones que le impone continuamente Estados Unidos, hacen que el descenso de su Producto Interno Bruto sea mayor.

Las cifras actuales lo confirman:

Sigue leyendo

Razones para mantener el Bloqueo contra Cuba.


Por Arthur González.

Para Estados Unidos no importan los 60 años de fracasos en su guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, porque el objetivo perseguido es que el modelo socialista no prospere, ni sea un ejemplo para otros países de la región latinoamericana, como lo afirman analistas del Council on Foreign Relations, en un informe sobre la política de Washington hacia la Isla, donde aseguran:

La oposición de Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

En todos sus análisis la CIA llega a conclusiones similares, de ahí que ninguno de los presidentes haya trabajado en su eliminación, incluido Barack Obama, quien a pesar de expresar públicamente que esa política no había dado resultados, incrementó la persecución a la banca extranjera, con el fin de impedir el mejoramiento económico, no aprobó el empleo del dólar y su marcado interés estratégico fue apoyar el trabajo privado, para desmontar el socialismo desde adentro.

El fin que persiguen los yanquis con esa guerra económica y financiera es crear las condiciones para que el pueblo culpe al socialismo de sus penurias y se lance masivamente a las calles para derrocar al gobierno, tal y como hicieron en Europa oriental a través de grupos contrarrevolucionarios entrenados y financiados por la CIA.

Lo que no toman en cuenta los analistas de la Comunidad de Inteligencia yanqui, es que el proceso revolucionario cubano no fue importado, nació precisamente por el fracaso del sistema capitalista que nunca pudo satisfacer las necesidades populares, incrementó una masa de ricos en las clases altas y medias del país, mientras la mayoría del pueblo carecía de los beneficios y derechos que solo alcanzó con la Revolución popular iniciada por Fidel Castro.

No por gusto desde el mismo 1959 Estados Unidos inició planes para asesinarlo, recrudeció sus acciones de guerra económica con el corte de la compra de la cuota azucarera, la venta de petróleo, la negativa a la refinación del adquirido en la URSS y otras medidas que fueron conformando el Bloqueo económico, comercial y financiero total, aprobado por J. F. Kennedy en 1962.

Los planes de terrorismo de estado se sumaron a esa guerra no declarada, para impedir el desarrollo económico cubano, privándolo de la capacidad de producir, unido a la guerra biológica para enfermar la masa ganadera, porcina y aviar, más las plagas introducidas en la agricultura que infestaron cultivos importantes para la alimentación popular, hechos que no menciona la prensa estadounidense y solo hablan de errores de la economía de Cuba.

Esos planes desclasificados y publicados, no tienen divulgación alguna y son la base de los grandes problemas que enfrentan los cubanos, sin desconocer los desatinos internos que se cometen a diario en el manejo económico de la Isla.

El Estimado Nacional de Inteligencia sobre Cuba en el período 1989-1993, aprobado por el Director de la Central de Inteligencia, con recomendaciones y ayuda de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos, desclasificado en junio del 2001, permite constatar los objetivos que persiguen los yanquis con el Bloqueo, sus errores de apreciación sobre la realidad cubana y los intereses informativos principales para ejecutar sus planes subversivos.

Sigue leyendo

El porqué de la ley Helms-Burton.


Por Arthur González.

Para comprender las razones por las cuales el presidente William Clinton, aprobó la llamada Ley Helms-Burton en 1997, hay que buscar sus antecedentes en la cruzada contra el sistema socialista, ejecutada por el presidente Ronald Reagan en los años 80 del siglo XX.

Al asumir la presidencia el republicano Reagan, sus ideólogos se trazaron como meta la eliminación del socialismo en Europa, y de ahí nace su conocido Programa Democracia.

En mayo de 1981, en un discurso pronunciado en la Universidad de Notre Dame, afirmó:

“Occidente no frenará al comunismo, trascenderá al comunismo. No nos molestaremos en denunciarlo, lo eliminaremos como un triste y grotesco capítulo en la historia humana, cuyas últimas páginas están escribiéndose ahora”.

A principios de 1982, el presidente Reagan y sus consejeros claves, comenzaron a ejecutar la nueva estrategia para atacar las debilidades fundamentales, económicas y políticas, del sistema soviético, y según declaró Caspar Weinberger años después:

Adoptamos una estrategia abarcadora que incluyó la guerra económica, para atacar las debilidades soviéticas. Fue una campaña silenciosa, trabajando a través de aliados y utilizando otras medidas. Era una ofensiva estratégica, diseñada para cambiar el centro de la lucha de las superpotencias hacia el bloque soviético, incluso a la misma Unión Soviética”.

Una vez derrumbado el muro de Berlín y el desmoronamiento del socialismo en Europa del Este, le siguió la URSS en 1991, por eso todos los esfuerzos yanquis se centraron sobre Cuba, país que a pesar de la pérdida del 85 % de su comercio exterior con esos países, resistía estoicamente.

En su apetito por devorarse a la Revolución cubana, Estados Unidos arreció su guerra económica, comercial y financiera, de ahí que el presidente George Bush, firmara en 1992 la llamada Ley Torricelli, (“Ley para la Democracia en Cuba”), que según ellos era para promover un proceso de “Transición pacífica hacia la democracia”, pero a pesar de eso, Cuba se mantenía firme y soberana sin claudicar ante tantas agresiones.

Ninguna de las medidas subversivas diseñadas en aquellos años contra la Revolución, obtenían resultados, entre ellas la creación de la Fundación Nacional Cubano Americana; la Radio Martí, a la que le sumaron la TV Martí; la preparación e incitación a los grupúsculos contrarrevolucionarios desde la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, para ejecutar actos de desobediencia civil; la estimulación de las salidas ilegales por aire y mar; unido a hechos terroristas para atemorizar a la población.

Ante esa realidad, el presidente Clinton aprueba por primera vez un programa de la USAID para Cuba, que justificara un millonario presupuesto para respaldar actividades de subversión político-ideológicas.

Sin los resultados esperados y ante un posible mejoramiento de las tensiones entre ambos gobiernos, la mafia terrorista anticubana organiza incursiones aéreas sobre La Habana, con el fin de provocar un incidente que permitiera una respuesta militar yanqui. Aquella etapa, culminó con el derribo de tres de las avionetas que participaban en la violación del espacio aéreo cubano.

Producto de las presiones de la mafia de Miami, el presidente Clinton firmó en 1996 la Ley Helms-Burton, (Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubanas), que tiene como objetivo reforzar aún más la guerra económica, comercial y financiera, entregándole al Congreso de Estados Unidos la decisión de levantar el llamado “Embargo”, lo que hasta ese momento era potestad del presidente.

Dicha Ley ataca también la inversión extranjera, que en esos momentos se fortalecía en la Isla, posterior a la reforma constitucional de 1992, unido a un conjunto de Leyes y Decretos Leyes que daban un cambio radical en la economía cubana, posibilitando salir de la grave crisis económica surgida de la pérdida del comercio con la URSS y Europa del Este.

Entre esos cambios estaban:

La despenalización de las divisas extranjeras; la legalización del trabajo privado; la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa; el reordenamiento de la Administración Central del Estado; la Ley Tributaria, la apertura del Mercado Agropecuario de oferta-demanda; el Mercado Industrial y Artesanal; la autorización de restaurantes y cafeterías privadas; una nueva Ley de Inversiones y la de Minas; de Aduana; el Reglamento del Registro Nacional de Sucursales y Agentes de Sociedades Mercantiles Extranjeras; además del Decreto Ley para regular la creación y organización de zonas francas.

Otra medida importante fue el desarrollo e incremento del turismo internacional y la asociación económica con empresas extranjeras.

Esa rápida e inteligente actuación del gobierno revolucionario cubano no fue prevista por los yanquis, quienes observaban desorientados el florecimiento económico de Cuba, a pesar de su guerra económica, comercial y financiera.

Ante ese nuevo escenario es que nace el engendro criminal de la Ley Helms-Burton, con sus 4 Títulos, siendo los más crueles el primero y el segundo, que establecen el “Fortalecimiento de las Sanciones Internacionales contra el gobierno de Castro”, y la “Ayuda a una Cuba Libre e Independiente”, ejecutados desde su aprobación en 1996.

El Título III está diseñado para asustar y ahuyentar a los inversionistas extranjeros, el que fue puesto en vigor en mayo del 2019.

El Título IV pretende excluir de los Estados Unidos, a los extranjeros que negocien con propiedades de norteamericanos confiscadas en Cuba.

La persecución económica y financiera es lo que realmente afecta al pueblo cubano, al sancionar con altas sumas de dinero a quienes ejecuten transacciones bancarias y comercien con Cuba.

Una vez más los yanquis perderán la partida contra un pueblo que defiende hasta con su sangre la soberanía alcanzada, porque como dijera José Martí:

“Una vez gozada la libertad, no se puede ya vivir sin ella”.

¿Adivinos o solapados?


Por Arthur González.

Desde que el ex presidente Barackadivino Obama anunciara la eliminación del reajuste de la Ley de Ajuste, conocida como pies secos-pies mojados, instrumentada en 1995 por el ex presidente Bill Clinton, como medida para evitar la llegada masiva de cubanos a Estados Unidos, algunos libres pensadores y otros con deseos solapados, se han dado a la tarea de crear matrices de opinión que coinciden con las pretensiones de Estados Unidos, en relación al socialismo cubano que tanto odian.

Para esos, el fin de una manipulada política contra la Revolución que finalmente se volvió contra la propia económica estadounidense, y se convirtió en una penosa carga, la emigración de cubanos era una “válvula de escape a la dura cotidianidad” que enfrenta el pueblo, de la única nación en el mundo que resiste desde hace casi 60 años, una guerra económica, comercial y financiera del imperio más poderoso de la tierra.

Es público y notorio que esa guerra fuertemente estructurada por el Gobierno de Estados Unidos en 1962, al conocer el rumbo socialista cubano, lo que pretende es doblegar al pueblo, hacerle creer que la economía socialista no funciona y contraponerlo al régimen para que regrese al sistema capitalista que nunca benefició a la mayoría y sí a la oligarquía unida al capital yanqui.

¿Qué piensan esos videntes de la gran emigración mexicana que proviene de un país capitalista ligada a Estados Unidos por el Tratado de Libre Comercio y que busca una mejoría en el primer mundo?

¿Cuáles son los cambios que tendrían que hacer México, Guatemala, Honduras, El Salvador o República Dominicana en sus economías para que sus ciudadanos no intenten emigrar ilegalmente a Estados Unidos, ante la dura realidad que enfrentan?

Todos esos países tienen un sistema capitalista que no les resuelve sus problemas fundamentales. Sin embargo, los gurúes que le exigen a Cuba “acelerar los cambios económicos”, no les proponen lo mismo a esos gobiernos que ni garantizan puestos de trabajo bien remunerados, un sistema de seguridad social que les permita llegar a la vejez con sus problemas fundamentales resueltos, ni la salud gratuita y mucho menos un sistema de educación que forme a niños y jóvenes como hombres de bien.

Esos que asumen posiciones abiertas o solapadas contra la economía socialista, no mencionan la Guerra Económica a la que está sometida, aunque sí reconocen que los cubanos poseen una alta calificación cultural gracias al socialismo, pero a la vez fabrican una falsa realidad pues los cubanos que emigran a Estados Unidos, en su gran mayoría, no pueden volver a ejercer sus profesiones y se ven obligados a realizar trabajos pocos remunerados casi siempre en empleos de servicios.

Para esos académicos que argumentan que el salario en Cuba es de 20 dólares mensuales y ser la razón de sus deseos de emigrar, no sacan cuentas de que al llegar a Miami la mayoría solo puede ganar 8 dólares la hora y cuando se suma el pago de un minúsculo departamento, que no baja de 600 dólares mensuales, la electricidad, el agua, la compra a plazos de un auto ante la ausencia de transporte público, los impuestos en las autopistas, la gasolina, el manteamiento y seguro del auto, la alimentación, un seguro médico, más la ropa y calzado, el salario se reduce casi al mismo nivel que el que percibían en su patria.

A esos que emigran buscando el paraíso terrenal, la realidad los golpea dramáticamente y entonces vemos a médicos especialistas como gastronómicos, fregadores de vajillas, camareros de hoteles o camioneros y los que más suerte tienen como enfermeros, si es que pueden cursar los estudios en idioma inglés y pagar las matrículas.

Muchos de los cubanos que emigraron conforman varias generaciones perdidas de profesionales altamente capacitados en su país, a quienes el Bloqueo económico les impidió vivir mucho mejor, pues ese es el fin que persigue esa criminal política. Sigue leyendo

Estados Unidos no cambia sus agresiones contra Cuba


Por Arthur González

Quizás para algunos, la divulgación de noticias sobre la firma de varios memorandos de entendimiento entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, unido a la reciente decisión del presidente Barack Obama de revocar la política de pies secos-pies mojados, pueda confundir y hacerles una falsa imagen de que los Estados Unidos han variado su línea subversiva contra la Revolución cubana. Nada más lejos de la verdad.

Por supuesto que la buena convivencia es importante y necesaria para vecinos tan cercanos, pero nadie puede llamarse a engaño con respecto a los propósitos que persigue el gobierno estadounidense con esas acciones, que no son otros que cambiar de táctica para lograr su viejo sueño: destruir el socialismo.

Nunca se podrá olvidar que no había triunfado la Revolución cubana y ya en el Consejo de Seguridad Nacional se analizaba por el presidente D. Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, cómo evitar la victoria de Fidel Castro, y que la llamada Ley del Embargo se aprobó precisamente por no estar ellos de acuerdo, con el rumbo socialista que el pueblo cubano había decidido en abril de 1961. Por tanto, sus propósitos se mantienen con total vigencia.

Una prueba más que fehacienbloqueo-3te es la reciente decisión de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro, de imponer multas ascendentes a 10 mil y 955 mil 750 dólares, a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por violar las regulaciones del criminal Bloqueo económico, comercial y financiero, las que persisten con el fin de evitar la satisfacción de la necesidades del pueblo por parte del gobierno comunista.

Cada vez más se palpa que Washington no tiene intenciones de aflojar la cuerda para que mejore la economía interna, con la pretensión de que Cuba se vea obligada a ejecutar los cambios internos que desean, para ir desmontando el socialismo paulatinamente, como expresara el comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014, al asegurar:

“La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos. Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

“Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano”.

“Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

Como demostración de que esos lineamientos se cumplen al pie de la letra, a la par que continúan imponiendo sanciones con alcance extraterritorial, a los que osen desobedecerlos y ayuden a la economía de la Cuba socialista, firman acuerdos con La Habana en materias que le son muy favorables a ellos, pues ninguna pone en peligro las acciones subversivas que desarrollan contra la Isla, las que permanecen inalterables.

Desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas el 17.12.2014, Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor de 2 mil 843 millones 623 mil 359 dólares, siendo el presidente Barack Obama el que más persecución ha desarrollado en ese sentido, al imponer durante sus dos mandatos (2009-2016), 52 multas por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba, por un valor total de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

De ahí la importancia de infórmale a los cubanos, y al mundo, el verdadero rostro del imperio que se esconde tras el aparente cambio de política, para no perder nunca la honra que se ha vivido y mucho más ahora que los que pretendían emigrar por motivos económicos no podrán hacerlo de forma ilegal, porque como dijera José Martí:

“…la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshora que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí”.