Cantarle las verdades a quién


Por Arthur González.

Hay cubanos que cuando dejan atrás a su patria se olvidan de la historia y se les nubla el pensamiento con la propaganda yanqui.

Recientemente un artículo escrito por uno de esos, publicado en el Nuevo Herald, se refería a la ausencia del presidente Donald Trump en la Cumbre de las Américas y afirmaba que, “para cantarles las verdades a Castro, era igual si lo hacía el vice presidente Mike Pence”, algo que demuestra una pérdida total del contacto con la realidad.

Cuba tiene en esa Cumbre una excelente representación de artistas, entre ellos dos repentistas del punto cubano, canto que improvisan los campesinos sobre diferentes temas, y con el que podrán decirles las verdades a los representantes yanquis.

No es el gobierno de Cuba quien hace guerras para apoderarse de las riquezas naturales de otros países, utilizando argumentos falsos, como sucedió en Afganistán, Irak, Libia y Siria, dejando una cifra de muertos indeterminada y ciudades destrozadas que antes fueron hermosas.

No es el régimen cubano quien lanza bombas sobre hospitales, escuelas y matan a civiles por “error”.

No es Cuba quien ha introducido gérmenes patógenos y virus para enfermar a miles de ciudadanos en muchos países, ni quien diseñó Golpes de Estado en Chile, Brasil, Hondura, Guatemala, ni apoyó a las dictaduras en Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Colombia, el Salvador y Nicaragua, enviando a torturadores como el caso de Dan Mitrione, policía estadounidense, miembro del FBI y “funcionario” del Departamento de Estado; o Robert K. Thierry, “asesor” de torturas en Paraguay.

Cuba lleva calidad de vida a los pueblos de América Latina, para eliminar el analfabetismo, la insalubridad y la incultura que deja el capitalismo entre sus habitantes; no se lleva ningún recurso natural de esos pueblos; solo aporta conocimientos y bienestar. Ofrece estudios y superación gratuita, para aquellos que no tienen recursos para estudiar en las universidades de sus países.

Las visitas que hizo Mike Pence el pasado año a Argentina, Chile, Colombia y Panamá, no fueron para ofrecer ayuda a los necesitados, sino para presionar a sus presidentes y que apoyaran la guerra económica, financiera y mediática que desarrolla Estados Unidos contra Venezuela, en su obstinación por desaparecer el socialismo de la región.

Si de cantar las verdades se trata, Pence tendrá que escuchar los reclamos de los latinoamericanos por el trato injusto e inhumano que  da su gobierno a los inmigrantes del continente, los crímenes que comete en la frontera con México, la expulsión de padres que dejan atrás a hijos nacidos en Estados Unidos, separando familias enteras, o la de hijos que crecieron allí y ahora el presidente Trump los quiere expulsar.

Si le gusta el canto al vicepresidente Pence, podría estar horas oyendo las verdades de miles de guatemaltecos, enfermados premeditadamente por médicos yanquis entre los años 1946 y 1949, con sífilis, gonorrea y otras enfermedades venéreas, con el fin de comprobar la efectividad de nuevos antibióticos.

Para lograr sus fines, a muchos no les suministraron antibióticos, sino líquidos simulados, por lo cual murieron y padecieron de los efectos de tales enfermedades, algo reconocido oficialmente en el año 2010, cuando la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton se disculpó públicamente ante el pueblo guatemalteco.

Otras verdades que podrían cantársele a Pence, es la protección que le brindan las autoridades yanquis a cientos de terroristas y asesinos como Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, donde perecieron 73 inocente, prófugo de una cárcel venezolana, a pesar de las reclamaciones oficiales del gobierno de esa República.

Hace pocos días se conmemoró el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y su chofer en Washington, a manos de terroristas de origen cubano entre ellos Guillermo Novo Sampoll, quien obtuvo un perdón del presidente Ronald Reagan, solicitado por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien también pidió al presidente George Bush padre, una visa de refugiado político al terrorista nacido en Cuba, Orlando Bosch Ávila, a pesar de ser considerado por el FBI como inadmisible y terrorista peligroso.

Bosch murió en Miami protegido por las autoridades, confeso públicamente de dirigir la Operación CORU, apéndice de la Operación Cóndor, diseñada por la CIA contra América Latina.

Entre sus crímenes está la colocación de bombas en varias embajadas cubanas en Latinoamérica, el secuestro y asesinato de diplomáticos de Cuba en Argentina, encontrados, treinta años después, dentro de dos barriles con cemento en un rio.

En declaraciones en Miami el pasado año, Trump aseguró que “Estados Unidos siempre defenderá la libertad en este hemisferio y más allá, porque apreciamos nuestros valores”.

La verdad deja bien definidos los “valores” que Estado Unidos defiende, y de encontrarse con el presidente Raúl Castro será una oportunidad única para decirle las verdades sobre la dictadura militar totalitaria que Estados Unidos le impone a Latinoamérica, con sus intervenciones militares y sus decenas de bases militares, donde solo se imparten lecciones de como matar y aniquilar a los pueblos, e incluso se tortura, como hacen en Guantánamo, Cuba.

La verdad que tendrá que escuchar Pence y el senador Marco Rubio, si se decide a asistir a la reunión parlamentaría, será la cruel guerra económica y financiera impuesta por Estados Unidos contra el pueblo cubano desde hace 58 años, con la malsana pretensión de matar por hambre y enfermedades a su pueblo, que repiten contra Venezuela.

Si el senador Rubio no pudo obtener los votos del electorado de su país para postularse como candidato presidencial, menos podrá esperar de los latinoamericanos que padecen diariamente los males que deja la política imperialista y que se incrementarán con los aranceles impuestos por el presidente Trump.

Los cantos de los pueblos se escucharán con fuerza y no importa el engaño y la mentira de los yanquis, pues como afirmó José Martí:

“De tal manera necesitan los pueblos el concepto de dignidad, que hasta conviene herirla para darles el placer de defenderla”.

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Corea, ¿la próxima víctima?


Por Arthur González.

Solo un desequilibrado mental aplaudiría las acciones que pueden provocar una guerra nuclear, pero muchos perdieron la memoria respecto a quien empezó la crisis en la península coreana.

Después del último lanzamiento de misiles por el ejército de la República Popular de Corea, el presidente Donald Trump, amenazó con una intervención militar al afirmar que: “todas las opciones están sobre la mesa”.

Una guerra contra Corea del Norte arrastraría a China, Rusia y Japón, algo que nadie puede pronosticar cómo acabaría, debido al potencial militar y nuclear existente en la región.

Para ser justo y recordar quien tiró la primera piedra, hay que refrescarle la memoria al Presidente de los Estados Unidos con algunos hechos que al parecer olvidó.

La peninzula de Corea fue ocupada por Japón desde 1910 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando  el Imperio japonés se rindió a Estados Unidos, en agosto de 1945, después del criminal ataque nuclear a Hiroshima y Nagasaki.

En 1948 quedó dividida la península por el paralelo 38, el norte ocupado por tropas soviéticas y el sur por tropas estadounidenses, algo que nunca debió suceder, pues Corea era antes de la ocupación japonesa una sola nación.

Como resultado, el país quedó dividido en norte y sur, por un acuerdo de los aliados,  tras la conclusión de la Guerra del Pacífico, al finalizar la 2da Guerra Mundial. Desde esa fecha el mencionado paralelo marca la frontera divisoria de un mismo pueblo. Las familias coreanas pagaron esas acciones, al quedar separadas a la fuerza y sin comunicación.

De 1950 a 1953  se libró otra guerra entre la República de Corea del Sur, apoyada por los Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas, contra la República Popular Democrática de Corea del Norte, con la finalidad de ocupar toda la península coreana, dado el interés de Washington de acercar sus armas a China y a la URSS en su afán por dominar la zona del Pacífico.

El ejército estadounidense no pudo lograr su objetivo y sufrió una aplastante derrota, con la pérdida de miles de sus soldados que no sabían porque tenían que navegar tantas millas, en una guerra sin sentido para ellos.

La República Popular de Corea no fue a invadir a Estados Unidos, ni provocó la destrucción de ciudades norteamericanas y muchos menos dividió su amplio territorio.

A partir de aquel momento, Estados Unidos potenció su poderío militar en el área del sudeste asiático con decenas de bases miliares en la región, en su intento por cercar a China y la URSS. En ese contexto invadieron a Viet Nam, Laos y Cambodia, volviendo a perder esa guerra imperialista que dejó una larga lista de muertos, mutilados y enfermos mentales dentro de sus soldados.

Hoy el poderío militar de los Estados Unidos en el mundo no tiene parangón en la historia, poseen 587 bases militares en 42 países del mundo, lo que demuestra su interés de convertirse en amos del mundo. A eso hay que sumarle las 4 mil 154 bases abiertas en su propio territorio, más las 114 en 7 territorios considerados de ultramar, como el caso de Guantánamo.

No se puede olvidar que en octubre de 1962 Estados Unidos estuvo a punto de desatar una guerra nuclear, al detectar la instalación de cohetes soviéticos con ojivas nucleares en Cuba, a solo 90 millas de su territorio, algo que el gobierno revolucionario permitió debido a que el presidente J.F. Kennedy había aprobado el Plan Mongoose en enero 18 de 1962, el cual contemplaba la invasión a Cuba por parte del ejército norteamericano, algo que no dicen, pero consta en sus documentos desclasificados.

Estados Unidos posee cohetes nucleares muy cercanos a Rusia y China, sin embargo, no se ha repetido la llamada crisis de octubre de 1962. Corea del Sur es un claro ejemplo de ello.

La República Popular de Corea es víctima constante de la hostilidad de las fuerzas de Estados Unidos enclavadas en Corea del Sur, y desde la muerte del presidente norcoreano Kim Jong-il, Washington reforzó sus confrontaciones, agudizó las tensiones e incrementó el número de tropas en sus bases surcoreanas con armamento nuclear, por tanto, tiene el derecho de preparar su defensa.

La poderosa maquinaria propagandística yanqui se ha encargado de satanizar a Corea del Norte, país que nunca ha invadido a nadie ni lanzado bombas nucleares como hace Estados Unidos, sin ser sancionado por la ONU.

Para elevar aún más las tensiones, Estados Unidos acaba de construir una impresionante base militar en la ciudad surcoreana de Pyeongtaek, como preparación para un posible conflicto armado con Corea del Norte.

El Coronel Scott Mueller, Comandante de la nueva guarnición denominada Camp Humphreys, declaró:

“Hemos sido capaces de crear las instalaciones necesarias para mantener el ritmo de la guerra moderna y la tecnología de comunicaciones actual”.

La nueva base, mucho más grande y moderna que las anteriores, costó 11 mil millones de dólares y albergará a 45 mil personas entre militares y trabajadores de servicios. Posee zonas deportivas, escuelas, un hospital, áreas infantiles, billares, un bar, un campo de golf e incluso un parque acuático.

Ya está aprobada la construcción de otras dos nuevas bases militares en Corea del Sur, las que valdrán no menos de 133 mil 400 millones de dólares, con el fin de “garantizar la seguridad” de sus aliados del Sur ante las “amenazas” del Norte.

La prensa al servicio de los gobiernos occidentales demoniza a Corea del Norte, pero la realidad es que solo Estados Unidos amenaza la paz de la zona y tiene los peores antecedentes de destrucción y muerte, debido a las guerras justificadas solamente por su afán de alcanzar el poder geopolítico del mundo.

Mucha razón tenía José Martí cuando sentenció:

“Los Estados Unidos se han palpado los hombros y se los han hallado anchos”.

 

 

Espejismo de mejoras en la nueva directiva de Obama


Por Arthur González.

Nadie dude de la habilidad política del Gobierno de Estados Unidos y su amplia experiencia en manipular a la opinión pública, un vivo ejemplo son sus campañas electorales y para reafirmarlo, la Casa Blanca informó el 14 de octubre del 2016 la Directiva Presidencial de Políticas PPD-43, sobre la  obama-firmando

Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

Aparentemente el Presidente de Estados Unidos flexibilizó algunos aspectos de la guerra económica que mantienen contra el pueblo cubano desde hace casi 60 años, pero en la práctica nada ha cambiado.

Todo indica que ese anuncio es parte de un rejuego publicitario para evitar la condena de la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando en las semanas venideras Cuba vuelva a presentar su informe contra el bloqueo económico, comercial y financiero, que sufre desde 1962 por parte del Gobierno de los Estados Unidos, diseñado con el propósito de que la Revolución no pueda satisfacer las necesidades del pueblo y que este rechace el sistema socialista.

Así está recogido en los documentos desclasificados de la CIA, donde se puede leer:

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Los resultados de esta criminal acción fueron analizados por especialistas del Council on Foreign Relations, cuando en 1999 propusieron a la Casa Blanca una nueva política para alcanzar la deseada Transición hacia el capitalismo en Cuba, al señalar sin tapujos:

“La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

La Directiva PPD-43 tiene matices para hacerla más dulce y cargada de “buenas intenciones”, pero cuando se analiza en detalles surge la verdad.

Una de sus mentiras aparece cuando se afirma:

“…no estamos tratando de imponer un cambio de régimen en Cuba, estamos promocionando valores…pero corresponde al pueblo cubano tomar sus propias decisiones sobre su futuro…”

Hipocresía al por mayor, porque en todos sus documentos oficiales e incluso en el Comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014 se afirma:

“Hoy, el Presidente anunció medidas adicionales para poner fin a nuestro enfoque obsoleto y promover de manera más eficaz la implantación de cambios en Cuba, dentro de un marco acorde con el apoyo de EE.UU. al pueblo cubano y en consonancia con los intereses de seguridad nacional de EE.UU.”

Estados Unidos desea desmontar el socialismo a toda costa y costo, lo que no ha dejado de hacer ni un minuto en los últimos 60 años, e incluso la candidata presidencial Hillary Clinton, lo afirmó en Miami en agosto 2015 al asegurar:

[…] “Si alguien piensa que podemos fiarnos de ese Gobierno, es que no ha aprendido la lección de la historia. […] pude comprender que nuestra política de aislar a Cuba estaba fortaleciendo las garras de Castro en el poder, en vez de debilitarlas, lo cual perjudicaba nuestros esfuerzos para restablecer el liderazgo de Estados Unidos en todo el hemisferio…”
[…] estábamos ayudando al régimen para que mantuviera a Cuba como una sociedad cerrada y controlada, en vez de promover la apertura positiva a la influencia externa en la misma forma que lo hicimos de forma tan efectiva con el antiguo bloque Soviético y en otros lugares…”

Las nuevas “flexibilizaciones” pretenden seguir tratando de fomentar una sociedad civil que responda a sus intereses políticos, para que paulatinamente lleguen a desmontar el socialismo desde adentro, con hicieron bajo el Programa Democracia, aprobado por Ronald Reagan contra Europa del Este. Sigue leyendo

Estados Unidos y la distorsión de la realidad


Por Arthur González.

Tal parece que cierto sector de la prensa estadounidense observa la realidad a través de un cristal empañado y así se la trasmite a su población en un intento por hacerle creer que lo rojo es verde. El tema Cuba es un diáfano ejemplo.

Hace casi 60 años que la Casa Blanca se empeña en destruir a la Revolución cubana, por apartarse de la línea que Estados Unidos trazó para América Latina. Para lograrlo, la CIA diseñó y llevó a cabo decenas de planes y programas de acciones encubiertas de terrorismo de Estado.

Entre esos se encuentran múltiples planes de asesinato contra Fidel Castro, algo inaudito e investigado por una comisión del Senado, que Estados Unidos ve como algo normal; pero bien diferente sería si Cuba hubiese intentado asesinar a algún presidente estadounidense.

A pesar de haberle causado tanto muertos y heridos al pueblo cubano, la prensa yanqui tiene la desfachatez de exigir que el Gobierno de la Isla haga cambios y califican las reclamaciones cubanas de “demandas castristas desmesuradas”.

¿Sabrá el pueblo estadounidense que la voladura del buque francés La Coubre por agentes de la CIA en marzo de 1960, dejó un saldo de 101 muertos y más de 200 heridos?

¿Cómo reaccionaría el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos si el hecho hubiera sido en un puerto de su paísobama firmando y los muertos y heridos ciudadanos estadounidenses?

Cuba jamás ejecutó actos terroristas contra centros comerciales, fábricas, cines, hoteles, restaurantes, puentes, líneas del ferrocarril, plantas eléctricas, ni campos de cultivos de Estados Unidos. Tampoco introdujo plagas y enfermedades para afectar su flora, fauna o contra los ciudadanos de ese país.

Los planes contra Cuba están desclasificados y publicados por el Departamento de Estado, y en diferentes archivos de bibliotecas norteamericanas donde se puede conocer y comprobar las atrocidades consumadas por la CIA que ha sufrido el pueblo cubano.

De eso la prensa yanqui no habla, ni The Washington Post, The New York Times, o The Miami Herald escriben y un solo párrafo, al parecer los muertos cubanos no son seres humanos como los que fallecieron en el trágico y turbio suceso de las Torres Gemelas.

En un intento por hacerle creer al gran público estadounidense, su prensa acusa al presidente Barack Obama de haber sido inconsistente con su política hacia Cuba, al restablecer relaciones diplomáticas y reconocer algo evidente, que la política emprendida contra la Revolución no les dio la posibilidad de derrocarla.

Serán ciegos los que redactan editoriales calificando a Obama como un “pato cojo”, denominación que emplean en Estadios Unidos para funcionario electo saliente que ocupa el cargo entre las elecciones y el juramento del sucesor.
Para los conocedores de la política doméstica de Estados Unidos saben que quien realmente manda en ese país es el Consejo de Seguridad Nacional y no el Presidente.

Obama no actuó por sus propios deseos, siguió las recomendaciones de los integrantes del Consejo, pues la CIA era del criterio que debían ampliar sus acciones dentro de la Isla; para eso necesitaba aumentar el número de sus oficiales que pudieran evaluar en el terreno la verdadera situación que presenta Cuba, y sobre todo poder estudiar, reclutar e influir en funcionarios gubernamentales para alcanzar sus sueños de la Transición.

Tal esquema de actuación no es novedoso y había sido propuesto en agosto de 1968, según consta en un acta de la reunión sostenida entre la CIA y el Departamento de Estado, donde se analizaron las propuestas de un cambio de política hacia Cuba.

En dicho documento se pueden leer las ventajas que veían, donde expusieron abiertamente:

“…la posibilidad de abordar a los líderes cubanos alrededor de Castro y asegurarles que Estados Unidos no desean echar por tierra o borrar los logros de la Revolución, y que estaban preparados para cooperar con ellos y apoyarlos en un régimen posterior a Castro, a cambio de que cooperarán de forma encubierta con la CIA para proporcionarle informaciones y quizás realizar acciones oportunas que acelerarán la sustitución de Castro como líder del régimen”.
Obama no ha hecho ninguna concesión a Cuba, su política es precisa y subrayada en el Comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014, al exponer: Sigue leyendo