Canadá dobló las rodillas ante presiones de Donald Trump


Por Arthur González.

En un gesto que significa pérdida de soberanía y falta de valor, el gobierno de Canadá cedió finalmente a las presiones del presidente Donald Trump, para que lo siguieran en su farsa de los “ataques acústicos” en La Habana. El resultado es la decisión de la cancillería canadiense de retirar a las familias de los diplomáticos de su embajada en Cuba, al declararla como una Misión sin acompañantes.

Tal medida buscar crear una imagen distorsionada de la seguridad que tienen los extranjeros en Cuba, con el malsano propósito de afectar la entrada de turistas canadienses a la Isla, lo que incrementa las medidas yanquis que buscan ahogar la ya afectada economía cubana, por la sostenida guerra económica durante los últimos 59 años.

Al no poder demostrar la mentira de los ataques acústicos contra los diplomáticos yanquis en La Habana, ni impedir la entrada de turistas, especialmente los canadienses, la Casa Blanca utiliza el chantaje para doblarle el brazo al actual gobernante canadiense, a cambio de mantener el Tratado de Libre Comercio, pero cuando el chantajista logra sus propósitos la primera vez, se siente con la fuerza suficiente para continuar con su meta.

Nadie puede poner en dudas que el próximo paso será exigirle a la cancillería canadiense que emita una declaración, en la cual alerten a sus ciudadanos del “riesgo” que corren al visitar la Isla, algo muy difícil de creer pues son millones de canadienses los que viajan a las playas paradisiacas de Cuba y han comprobado la seguridad que tienen durante sus vacaciones.

Canadá, al ponerse de rodillas ante los yanquis, afecta a sus propios diplomáticos sometiéndolos a una separación forzosa de sus familiares, y es posible que alguno proteste o cuente la verdad, porque ninguno de los diplomáticos que fueron regresados a su país día estuvo enfermo en La Habana y todos trabajaron hasta el último momento sin manifestar síntomas de dolencias.

Si los ataques fueron falsos, las “enfermedades” también son falsas, algo que hay que gritar a los cuatro vientos para que el mundo sepa la verdad, aunque se conoce perfectamente que Estados Unidos poseen una fábrica de pretextos, cuando pretenden alcanzar un objetivo.

Es triste comprobar como países fuertes ceden a los chantajes del imperio, dañando su prestigio antes los ojos de sus propios ciudadanos, al perder soberanía nacional, esa que el pueblo cubano mantiene a pesar de invasiones mercenarias, actos terroristas, guerra económica, biológica, mediática y planes para asesinar a sus principales dirigentes, haciendo gala de mucha valentía y firmeza, por las que el mundo entero los admira y respeta.

Por esas razones afirmó José Martí:

“Ni laurel ni corona necesita quien respira valor”

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La seguidilla, “ataques a diplomáticos yanquis en Cuba”


Por Arthur González.

Si no fuese por la doble intención que se esconde tras las reiteradas noticias de los supuestos ataques a diplomáticos yanquis en Cuba, no valdría la pena perder el tiempo en leerlas y menos en responder, pero evidentemente la campaña sigue y se incrementa por las figuras más altas de la política de la administración de Donald Trump.

Durante una entrevista concedida por el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, al canal Telemundo 51 de Miami el pasado 23.08.2017, aseguró que “la administración continúa examinando con mucha seriedad las lesiones físicas sufridas por diplomáticos estadounidenses en La Habana, a causa de un posible ataque acústico”.

Por estar en Miami, capital de la mafia terrorista anticubana y para calmar los ánimos de aquellos que esperan el endurecimiento de la política hacia Cuba, Pence les expresó que “en este momento se están ultimando los detalles para la implementación de los cambios en la política hacia la isla”.

Esas amenazas se suman a la reciente noticia divulgada por la prensa oficialista yanqui, en la cual un supuesto “médico” estadounidense que dijo haber evaluado a los diplomáticos de Estados Unidos y de Canadá, les diagnosticó “enfermedades tan graves como lesión cerebral traumática, con un probable daño al sistema nervioso central”, todo un novelón de terror y misterio al estilo de Hollywood.

En las noticias publicadas sobre el supuesto ataque, se afirma que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el Gobierno cubano están investigando los “incidentes” en La Habana, que según el Departamento de Estado tuvieron lugar a finales de 2016.

La información no aclara quien es el médico, su especialidad y la institución donde trabaja, lo que hace dudar de la veracidad de dicha noticia y la pone a nivel del rumor que desea crear el Departamento de Estado, sin que aún se conozca lo que persigue.

Estados Unidos no ha culpado hasta la fecha al Gobierno cubano; sin embargo, el pasado mes de mayo decidió expulsar a dos diplomáticos de la embajada de Cuba en Washington, bajo el rebuscado pretexto de que La Habana “no cumplió” adecuadamente la obligación de proteger al personal diplomático.

No hay país en el mundo donde los diplomáticos de Estados Unidos, ni aquellos que viajan a Cuba bajo las 12 licencias aprobadas, puedan pasear solos por las calles a cualquier hora del día y la noche, sus hijos jugar libres en parques y plazas sin peligro alguno, como no se atreven a hacerlo es su país debido al alto nivel de violencia y criminalidad.

La notica lleva más de una semana en titulares de la prensa oficialista, algo anormal, cuando en América Latina se suceden asesinatos constantes, desaparecidos como el del joven argentino Santiago Maldonado y huelgas de maestros, sin que sus medios le den la más mínima importancia.

Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado, durante su habitual rueda de prensa, se negó a confirmar la situación médica de ningún miembro del personal estadounidense en Cuba, aunque volvió con la retórica de que “lo sucedido en La Habana es de gran preocupación para el gobierno de Estados Unidos”.

Pero a lo que no hace referencia el Departamento de Estado ni la prensa oficialista, es a los hechos que han acontecido en su territorio y en otros países aliados, con el personal diplomático cubano, donde incluso algunos han perdido la vida, por asesinos residentes en los Estados Unidos.

El 11 de septiembre de 1980 Félix García Rodríguez, diplomático de la misión cubana ante las Naciones Unidas en New York, fue asesinado por terroristas cubanos residentes allá, mientras conducía su auto por el barrio de Queens en New York. El Gobierno estadounidense, no cumplió adecuadamente la obligación de proteger al personal diplomático.

La organización terrorista Omega 7, con oficinas públicas en Miami, fue la responsable del asesinato. El plan inicial era asesinar a cuatro funcionarios cubanos de la misión diplomática. Implicados en ese criminal acto estaban Eduardo Arocena, Pedro Remón, Eduardo Losada y Andrés García. Excepto Arocena, todos viven libres en Estados Unidos.

El 23 de julio de 1976 fue asesinado en México el técnico cubano de la pesca Artaigñan Díaz, uno de los autores Gaspar Jiménez Escobedo logró fugarse a Estados Unidos. El 17 de noviembre del 2000 participó en el plan de asesinato al presidente Fidel Castro en Ciudad Panamá. Hoy continua libre en Miami y los oficiales del FBI no lo molestan, a pesar de ser un connotado terrorista.

La lista de hechos ocurridos contra la embajada cubana en New York es amplia y variada, entre ellas bombas colocadas bajo el auto oficial del jefe de la misión y al parecer las autoridades yanquis son ineficientes para detectar a tiempo esos actos de terrorismo, ni se preocupan por juzgar a sus autores.

Nada de eso ha sucedido contra la embajada yanqui en La Habana, ni sus diplomáticos son asediados o agredidos, a pesar de participar abiertamente en reuniones conspirativas con la contrarrevolución interna, tanto en la capital como en otras provincias.

Al Departamento de Estado ni al FBI, no parece preocuparles que terroristas de origen cubano se paseen por las calles de Estados Unidos, como lo hace Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano en 1976, donde murieron 73 inocentes, por tanto no tienen nada que investigar en Cuba, mejor que empleen sus recursos y tiempo en capturar a quienes asesinan y hieren a inocentes, incluso dentro del propio territorio de Estados Unidos, colocando artefactos explosivos en oficinas gubernamentales y privadas.

Cuba no tiene de que preocuparse, allá los yanquis que protegen a terroristas de larga data, esos que fueron capaces de matar sin escrúpulos al presidente J.F. Kennedy.

La Casa Blanca debería tener presente a José Martí cuando señaló:

“Lo único verdadero es lo que la razón demuestra”