Una historia repetida.


Por Arthur González.

Si algo tiene abundante Cuba es su historia, cargada de batallas heroicas para alcanzar su independencia del yugo colonial español, la abolición de la esclavitud y lograr la verdadera libertad para poder andar soberana con la frente bien alta, sin el amo del Norte que fabricó el pretexto del hundimiento del acorazado Maine en la rada habanera, para intervenir militarmente en la Isla y arrebatarle el triunfo a los que desde 1868 combatían por su libertad.

Luchas obreras y estudiantiles prosiguieron en la República mediatizada, esa que nació con el grillete de la repugnante Enmienda Platt, apéndice constitucional impuesto por los yanquis en 1901 para mantener el poder político y económico de Cuba. Aquellas luchas dejaron centenares de muertos y muchos héroes que enriquecen la historia del pueblo cubano.

En 1959 los cubanos pudieron saborear la libertad, dejando atrás medio siglo de subordinación a Estados Unidos, pero el costo de mantener esa independencia es muy alto, porque los yanquis no se resisten a perder a esa Cuba, que tanto ambicionan desde los albores del siglo XIX.

Por eso comenzaron sus acciones terroristas, los planes de asesinato a sus líderes, y la guerra económica, comercial, financiera y biológica, con el objetivo de rendir por hambre y enfermedades a un pueblo aguerrido y estoico que se resiste a volver a un pasado oprobioso.

Sin embargo, siempre hay quienes se dejan comprar con el dinero del poderoso vecino del Norte, le creen sus mentiras fabricadas hábilmente para confundir, desilusionar e intentar demostrar que, con el retorno a la subordinación de Washington, todo les irá mejor.

De esos que se cansan y desencantan hay muchos, que hoy rechazan las posiciones patrióticas de la mayoría, criticándoles y acusándolos de politizarlo todo. Por eso aceptan con agrado el incremento de la guerra económica y financiera, el cerco político y carecen del valor suficiente de enfrentarse al poderío yanqui, con tal de no perder un visado, o ser señalados como aliados de la Revolución.

En días pasados el presidente Donald Trump apretó aún más la tuerca de la guerra económica contra Cuba, al suspender abruptamente los viajes de los ciudadanos estadounidenses que visitaban la Isla, respaldados por una licencia del Departamento de Estado, bajo el programa Pueblo a Pueblo, y prohibió la entrada de los cruceros.

Ante tamaña crueldad, algunos artistas que se dejaron llevar por campañas falsas contra Cuba, de supuestas represiones a una marcha de la comunidad LGBTI, liderada por elementos orientados por “diplomáticos” de la embajada yanqui en La Habana, no se han pronunciado contra esas medidas que afectan grandemente a once millones de cubanos.

Aquellos que creyeron lo que las redes sociales manipulaban, calificaron la actuación de los encargados del orden público, como “verdaderamente deprimente y triste”; “absurda y vergonzante”; y “sentir una vergüenza enorme”, ahora hacen silencio ante las medidas tomadas por Trump, aguijoneado por la mafia terrorista anticubana de Miami, algo que sí resulta condenable, absurdo, vergonzoso y criminal.

Cuando dos excelentes actores cubanos, Fernando Echevarría y Jorge Enrique Caballero, se sumaron a la condena de Cuba, mediante un spot por la televisión contra la aplicación total de la Ley aprobada por el presidente Bill Clinton en 1996, bajo el nombre de “Ley para la libertad y solidaridad democrática cubana”, conocida como Ley Helms-Burton, de inmediato surgió desde Miami la crítica de uno de esos que se fueron a la Florida, buscando dinero, fama y aplausos, nombrado Roberto San Martín Pérez, quien declaró que un artista no puede justificar todo lo que pasa en Cuba culpando al bloqueo”.

Ignorante personaje que nunca se ha leído los documentos oficiales de la CIA, ya desclasificados, donde se asegura: “

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre….  Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

En Cuba abundan el honor y la dignidad, algo que puso de manifiesto el cantante Israel Rojas, integrante del famoso dúo Buena Fe, quien respondió al miamense:

Cada cual es dueño de su voz y de sus silencios. Es cierto. Cada cual tiene derecho a escoger sus batallas” … “Tanto Fernando como Jorge Enrique hacen bien. Ponerse del lado de los verdaderos dolientes y no del abusador. No ofenden. No insultan. Oponerse a la Helms-Burton, al bloqueo económico y financiero que nos hace tanto daño, es lo ético, lo martiano”.

Finalizada la guerra por la independencia en 1898 y avanzada la seudo república, también hubo cubanos influenciados por la política yanqui, incluso patriotas y ciertos traidores, vanidosos y logreros.

Ante eso, la Revista Patria y Libertad, creada en 1916 por José de Jesús Pons y Naranjo, hombre de toda la confianza de José Martí, conocido como el Agente General Luis, refiriéndose a la convulsa situación que vivía Cuba a inicios del siglo XX, expuso:

[…] Ante tamaña realidad, lo patriótico es ahora inoportuno y romántico, según se ha dado en calificar con insuperable ignorancia, a cuanto sea noble y desinteresado; pues lo necesario y conveniente es hacer política, aunque se deshaga la Patria, no sirviendo los grandes y las grandezas de la Revolución, sino para adornar vistosamente la arenga atronadora de un orador callejero o el manifiesto vacío de una gavilla de politicastros”.

En otros de sus importantes artículos, alertaba:

“El que tenga el corazón enfermo apartémoslo del camino, de ese camino que es tan solo para los grandes ciudadanos que supieron cumplir con su deber de hombres libres” […] “Si no conseguimos modificar nuestras tendencias atávicas, por la práctica constante de las virtudes cívicas, volveremos a ser esclavos. ¿De quién? Del primer amo que se presente.

En estos tiempos la historia parece repetirse. No en vano alertó Martí:

“¿Y de qué vive el artista sino de los sentimientos de la Patria?”

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Estados Unidos pretende asustar a los inversionistas extranjeros.


Estados Unidos pretede asustar a los inversionistas extranjeros.

Por Arthur González.

La actual administración yanqui no sabe que más inventar para estrangular económicamente al pueblo cubano, el que resiste con estoicismo la guerra económica, comercial y financiera más larga de la humanidad, sin doblegarse ante el imperio, como también hicieron las generaciones de mambises contra el ejército español en el siglo XIX.

Para Estados Unidos esa actitud de soberanía es incomprensible en momentos en que países desarrollados se someten a sus dictados, para atacar a Venezuela y a Cuba, como si fueran los súbditos del imperio romano.

Sin muchas más fórmulas que aplicarle a Cuba, Donald Trump y sus halcones terroristas, pusieron en vigor el 02 de mayo 2019, la Ley Helms-Burton en su totalidad, incluido el controvertido Título III como táctica para asustar a los inversionistas extranjeros y evitar el desarrollo de la economía de la Isla, pero al parecer no tendrán muchos resultados.

La Unión Europea ya advirtió que sus relaciones con Washington se afectarán más y no permitirán que sus empresas sean condenadas por el maldito Título III, aunque realmente el I, II y IV son más criminales y aprietan con mayor fuerza la soga al cuello cubano, que el mismísimo III.

No obstante, como medida de propaganda para sembrar terror, algunos herederos norteamericanos y cubanos, ahora naturalizados en Estados Unidos, se apresuraron en ser los primeros en presentar sus demandas, pues desde hace meses la mafia terrorista de Miami venía haciendo campañas para que se prohibieran los viajes de cruceros a Cuba, porque esas visitas permiten comprobar las mentiras fabricadas contra la Revolución desde hace 60 años y aunque no dejan mucho dinero, el resultado político es altamente positivo.

Precisamente la primera demanda impuesta ante la corte de Miami, la hicieron Javier Bengochea y Mikael Behn, contra de la compañía de cruceros Carnival, acusándola de beneficiarse de propiedades que le fueron expropiadas por la Revolución después de 1959.

La acusación se basa en que Carnival Cruise, está utilizando las terminales de cruceros ubicadas en los puertos de La Habana y de Santiago de Cuba, sin la autorización de sus proclamados “herederos”, y por lo tanto reclaman una compensación de dicha compañía, equivalente al triple del valor actual de esas propiedades en el mercado.

Pero parece que la realidad es bien diferente y pudiera darle un portazo en la cara a los reclamantes, porque la Carnival es una gran compañía que ha estudiado bien la conocida Ley de la Esclavitud y por eso George Fawler, uno de sus abogados declaró a la prensa:

“Esa demanda resulta una pérdida de tiempo, ya que los demandantes no se fijaron en una de las cláusulas de la Ley Helms-Burton, que incluye una excepción para proteger las actividades comerciales relacionadas con viajes a Cuba, siempre que estos hayan sido autorizados por el Gobierno. La ley es clara y si el viaje fue permitido, la Helms-Burton no se aplica”.

Precisamente, las compañías de cruceros estadounidenses poseen la autorización correspondiente del Departamento de Tesoro para realizar viajes a la Isla y ese litigio legal será bien complicado y costoso para los “herederos”.

Por otra parte, el Departamento de Justicia ha informado que su Comisión de Adjudicación de Reclamaciones Extranjeras (FCSC), tiene certificadas 5 mil 913 reclamaciones de ciudadanos y compañías estadounidenses, las que fueron valorizadas en  mil 902 millones de dólares al momento de la expropiación, pero de ellas solo 817 tienen un valor original que supera los 50 mil dólares, uno de los requisitos exigidos por los tribunales federales para aceptar las demandas de compensaciones, bajo la Ley Helms-Burton.

Además de esa exigencia de avalar que el valor la propiedad sea mayor de 50 mil usd, la Comisión requiere que los demandantes demuestren que las misma tengan actualmente un uso comercial y no sea locales ocupados por una embajada o residencia diplomática.

Para iniciar la demanda hay que presentar el título de propiedad o documentos que certifiquen que eran realmente los dueños en el momento de la nacionalización; depositar una cuota de 6 mil 700 dólares en el Tribunal Federal, y poseer la certificación de la Comisión de Adjudicación de Reclamaciones Extranjeras del Departamento de Justicia.

Igualmente, el demandante estará obligado a demostrar las empresas que supuestamente ahora “lucran” con sus ex propiedades y estar seguros que también posean negocios en Estados Unidos, a lo que se suma el alto costo de los abogados que deben representarlos en un largo proceso legal.

Ante leyes inmorales como esta, recordamos a José Martí cuando denunció con fuerza:

“…toda ley que lo que degenera se hace crítico, luego pasa a ser cínico”.

 

 

 

Cuba, el viejo sueño yanqui


Por Arthur González.

Sin resignarse a ver a Cuba soberana e independiente, el gobierno de Estados Unidos insiste en diseñar planes y operaciones para derrocar a la Revolución socialista, pues no permiten el libre pensamiento y autodeterminación de todo un pueblo.

La Historia comenzó antes del triunfo de Fidel Castro, lo que trataron de impedir apoyando al dictador Fulgencio Batista, a pesar de llegar al poder mediante un golpe militar que pisoteó la constitución de 1940.

En diciembre de 1958 en reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, afirmaron: “Hay que impedir la victoria de Castro”.

Al no poderlo ejecutar, Estados Unidos y la CIA iniciaron su trabajo sucio en el mismo 1959, para retrotraer el proceso revolucionario popular e incluso durante la visita no oficial de Fidel a Estados Unidos en el mes de abril, un alto funcionario de la CIA se entrevistó con Castro, en el Hotel Statler Hilton de New York.

En dicha reunión, el oficial Gerry Droller, alias Frank Bender, quien participó en 1961 en la invasión por Bahía de Cochinos, insistió en convencer a Fidel sobre los riesgos del comunismo internacional, proponiéndole establecer un canal secreto de comunicación para intercambiar información sobre movimientos comunistas. Un mes después la Estación Local de la CIA en la Habana intentó activar el canal, pero nunca recibieron respuesta.

En la década de los años 60, la CIA pone en marcha el primer plan de acciones encubiertas para destruir a la Revolución, creó organizaciones contrarrevolucionarias, actos de violencia, acciones terroristas con el empleo de explosivos, armas de alto calibre y la organización de un ejército ilegal con casi 5 mil personas en las montañas de la zona central de Cuba, quienes asesinaron a cientos de campesinos y sus familiares, maestros y alfabetizadores civiles.

Operaciones psicológicas para sembrar el terror al comunismo se ejecutaron masivamente para sacar del país a profesionales, técnicos y especialistas, incluso a niños mediante la tenebrosa Operación Peter Pan.

Los integrantes de la invasión mercenaria en abril de 1961, se rindieron al ejército cubano y sus milicias revolucionarias, apenas 70 horas después del desembarco, lo que demostró hasta donde eran capaces de llegar los yanquis en su sueño de apoderarse nuevamente de la Isla.

La Operación Mangosta aprobada en 1962, inició el camino de la guerra económica, comercial y financiera para ahogar el proceso revolucionario, cortándole a Cuba sus relaciones diplomáticas, comerciales y financieras con América Latina y Europa Occidental, pero la unidad del pueblo y su resistencia frustraron las ambiciones yanquis.

Los años 70 dieron nuevas esperanzas a Estados Unidos respecto a su obsesión de ver a Cuba en sus brazos, si minaban desde adentro a los países socialistas, lo que cortaría el apoyo comercial y financiero de la Revolución.

Estados Unidos y la CIA trabajaron en desmontar el socialismo en Europa y salieron a flote las políticas de “tendido de puentes” y el cambio a través de la “aproximación”, doctrina desplegada por Zbigniew Brzezinski, durante la administración de James Carter, quien aseguraba:

La distensión es necesaria para ir transformando paulatinamente el status de los países de Europa del Este”.

Los sectores seleccionados inicialmente fueron el intelectual y el de la juventud.

Cuba también recibió parte de esa doctrina, pero no les dio resultado, a pesar de los múltiples intentos de captar adeptos en importantes ramas de la sociedad. Un hecho significativo para desplegar esa política fue la apertura de la Sección de Estados Unidos en La Habana.

En ese período la CIA creó organizaciones de corte terrorista, que actuaron contra embajadas cubanas, oficinas comerciales e incluso volaron buques mercantes y un avión civil en pleno vuelo.

Los años 80 se inician con mayores acciones contra el socialismo con el diseño del Programa Democracia, de Ronald Reagan.

En Cuba, inician sus trasmisiones la Radio y la Tv Martí con programaciones subversivas y nace la Fundación Nacional Cubano Americana, como intento por desvirtuar que los yanquis son los padres del conflicto con la Revolución. Se estimularon las salidas ilegales y la entrada violenta en sedes diplomáticas.

Ante el aumento de esa táctica enemiga, Cuba decide abrir el puerto del Mariel para aquellos que desearan emigrar hacia Estados Unidos.

La CIA fabricó grupúsculos para acusar a La Habana de “violar” los derechos humanos, comienzan acciones subversivas de mayor complejidad, e incluso el reclutamiento masivo de cubanos en las principales instituciones gubernamentales, obligando al gobierno cubano a denunciar 27 agentes de la CIA, pero que realmente trabajaban para la Seguridad del Estado.

Los 90 nacen con el envalentonamiento de los yanquis al ver caer el socialismo en Europa y mantienen su vieja aspiración de que Cuba siguiera el mismo camino.

Muchos diplomáticos occidentales solicitaron prorroga en la Habana, con la ilusión de disfrutar la vuelta de Cuba al capitalismo, regresaron frustrados ante la resistencia estoica de los cubanos a su socialismo.

Desde su Sección de Intereses, la CIA y el Departamento de Estado organizaron clases de desobediencia civil para sus asalariados, en centros ilegales creados para tales fines. Incitaron falsas huelgas de hambre, ayunos, provocaciones en la vía pública y constantes denuncias de inexistentes violaciones de derechos humanos.

La guerra económica se recrudeció con las leyes Torricelli y Helms-Burton, esta última aprobada por un presidente timorato atrapado por la mafia terrorista y asesina de Miami.

El tema migratorio volvió a ensombrecer la política yanqui, viéndose obligados a firmar un nuevo acuerdo con Cuba.

Acciones terroristas contra hoteles de la capital, marcaron la actuación de la mafia de Miami y la CIA en esos años.

Con su falta de realismo, la CIA aseguraba en junio 2001:

“Existe una oportunidad mejor que nunca, para que Fidel Castro caiga en los próximos años […] Cuando las condiciones se deterioren más, es posible que los incidentes violentos se extiendan por la creciente frustración popular, ante los cortes de electricidad, dificultades del transporte y escasez de alimentos…”

Volvieron a quedarse con las ganas. No obstante, persisten en apretarle el cuello a los cubanos, pues no conciben el nivel de resistencia y su unidad.

La enfermedad de Fidel Castro y la total estabilidad del país desboronaron los pronósticos de la CIA. Decenas de periodistas y otros de sus colaboradores fueron enviados a la Isla para comprobar que pasaba, y las razones de la total tranquilidad ciudadana. Su muerte tampoco removió el apoyo al proceso revolucionario y menos aún el cambio generacional de los gobernantes.

El tendido de puente de la edulcorada estratégica de Barack Obama para desmontar el socialismo, no alcanzó los resultados planificados y de ahí el brusco giro de la actual política anticubana de la Casa Blanca, al regresar a la guerra fría, el recrudecimiento de la guerra económica y financiera, más la amenaza de una agresión militar, errores que ya cometieron 10 administraciones anteriores sin alcázar sus objetivos.

Los yanquis tienen que aprender que con el pueblo cubano la tarea es bien distinta y ya deberían saber que su victoria contra sus políticas imperiales está en lo que aseguró José Martí:

“El secreto del éxito es dedicarse por entero a un fin”.

Lo que prenten la Ley Helms-Burton contra el pueblo cubano.


Por Arthur González.

Cuando el pasado 17 de abril 2019, el anciano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, informó las nuevas sanciones contra Cuba y la aplicación total de la “Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática cubanas”, más conocida como Ley Helms-Burton, incluido su Título III a partir del 02 de mayo 2019, , sonaron rápidamente las alarmas en Cuba y en el mundo por las consecuencias que pudiera conllevar para los inversionistas extranjeros y sus familiares.

Ese Título permite presentar reclamaciones ante los tribunales de Estados Unidos, algo que solo sirve para asustar y demostrar el carácter extraterritorial de la Ley, y cual emperadores, los yanquis pretenden dominar al mundo restándole soberanía e independencia a países con economías poderosas, e incluso mucho más estables y sólidas que las de los propios Estados Unidos.

Cuba tiene desde aquella época su Ley de protección, conocida como Ley 89, y el pueblo sabe perfectamente que los yanquis jamás volverán a poner un pie sobre la Isla, como hacían desde 1898 hasta el 1ro de enero de 1959, cuando la Revolución los puso en su lugar.

Pero no es solo el Título III el que daña a Cuba, es todo el texto legal que la convierte en la Ley de la Esclavitud, tal y como se le llamó desde su proclamación.

Una simple lectura de la Ley enemiga basta para comprender lo execrable que resulta para la soberanía y libertad de los cubanos dignos.

Su Título I lo denominan “Fortalecimiento de las sanciones internacionales contra Cuba”, y recoge acciones desde la aplicación de la guerra económica, denominando eufemísticamente como “embargo”; la prohibición de la financiación indirecta a la Isla; la oposición de Estados Unidos al ingreso de Cuba a las instituciones financieras internacionales; la ayuda de los Estados independientes de la ex URSS al gobierno cubano; las transmisiones de Radio y TV Martí hacia Cuba; la oposición al comercio de otros países con Cuba y la prestación de asistencia por estos a la Isla; el apoyo yanqui a los grupos contrarrevolucionarios; la negativa de las importaciones de productos cubanos y otras medidas similares.

En Título se manifiesta el deseo de ahogar la economía cubana y matar a todo un pueblo de hambre y enfermedades, como precio por defender su soberanía y libertad.

Aquí se plasman las sanciones civiles y se enmienda la Ley de Comercio con el Enemigo, al añadirse:

“El Secretario del Tesoro podrá imponer una sanción de hasta 50 mil dólares, a toda persona que viole cualquier licencia, orden, norma o reglamento emitido con lo dispuesto en esta Ley”.

Igualmente, prohíbe invertir en los servicios de las telecomunicaciones cubanas y se codifica el denominado “Embargo”.

Establece categóricamente la prohibición de financiación indirecta a Cuba y se aplica el “embargo” económico a Cuba a las conversiones de deuda en participación de capital, incluido el canje, la reducción o la condonación de la deuda contraída por Cuba con otro país, a cambio de concesión de una participación de capital en una propiedad, inversión u operación del Gobierno de Cuba y cualquier organismo o instrumento del Gobierno de Cuba, o de un nacional cubano.

El Título II se nombra “Ayuda a una Cuba libre e independiente”, y contiene la política que seguiría Estados Unidos en un supuesto “gobierno de transición” hacia el capitalismo, mediante un llamado “gobierno elegido democráticamente”.

Establece la asistencia que Estados Unidos le entregaría; la coordinación de un programa de asistencia y los informes que deberá presentar el Presidente al Congreso, a partir de los elementos que traslade un funcionario estadounidense denominado “coordinador”, entiéndase interventor, nombrado por el propio Presidente yanqui para Cuba.

Señala que el Presidente designará un llamado Consejo Estados Unidos-Cuba, cuando el tal coordinador-interventor, informe que se efectuaron elecciones “libres” con un gobierno cubano de “transición”, por supuesto al servicio de los intereses yanquis, y se someterá a consultas con el Congreso norteamericano la suspensión de la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, denominada por ellos como “embargo”.

También, se revocaría la aplicación de la Ley de ayuda al Exterior, vigente desde 1961, la Ley para la Democracia en Cuba, más conocida como Ley Torricelli de 1992, y todo el engranaje de sanciones impuestas contra el pueblo cubano, siempre que el nuevo gobierno pro yanqui cumpla todos los requisitos y exigencias que ordena la Ley de la Esclavitud, entre ellas la disolución del Departamento de Seguridad del Estado, los Comités de Defensa de la Revolución, la creación de múltiples partidos políticos pero sin el Comunista, la celebración de elecciones con la supervisión de la OEA y otros inspectores internacionales, la autorización de la Radio y TV Martí, sindicatos “independientes” y la concesión de permisos a los medios de comunicaciones y compañías de telecomunicaciones privadas para operar en la Isla.

Por supuesto, entre las exigencias está la liquidación total de las reclamaciones de los estadounidenses a los que le fueron nacionalizadas sus propiedades en Cuba, algo que recoge puntualmente el Título III, calificando como “tráfico con las propiedades nacionalizadas, las inversiones o administración de estas, por empresas extranjeras”.

El Título IV se refiere a la “Exclusión de determinados extranjeros”. Bajo los preceptos de este Título se plantea prohibir la entrada a los Estados Unidos, de los extranjeros que hayan confiscado propiedades de estadounidenses o que “trafiquen” con las mismas.

Para eso, el Secretario de Estado denegará las visas de esos extranjeros y el Fiscal General excluirá de los Estados Unidos, a todo extranjero que determine el Secretario de Estado, incluso sus cónyuges, hijos menores de edad, o representante legal de una persona excluible.

Los Títulos I, II y IV son mucho más perjudiciales para Cuba que el propio Título III y se ejecutan desde 1996, de ahí las sanciones multimillonarias impuestas a empresas, compañías y bancos extranjeros por comerciar con entidades cubanas, prueba irrefutable del carácter extraterritorial y criminal de las leyes yanquis que hay que denunciar permanentemente, pues como dijo José Martí:

“Callar un crimen en cometer otro”

 

Estados Unidos y su viejo afán de destruir a la Revolución cubana.


Por Arthur González.

Mucho antes de que Fidel Castro entrara triunfante en Santiago de Cuba en enero de 1959, ya el Gobierno yanqui y la CIA, planteaban: “Hay evitar la victoria de Castro”.

Así consta en el acta de la última reunión del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, celebrada el 23 de diciembre de 1958, presidida por el entonces Presidente D. Eisenhower y Allen Dulles, director de la CIA. Aun Cuba no les había confiscado ninguna propiedad a los norteamericanos, ni declarado su carácter socialista.

Desde el propio año 59 del siglo XX, Estados Unidos ha hecho lo imposible por derrocar a Castro y revertir el sistema socialista sin éxitos, a pesar de los planes de terrorismo de estado, la invasión mercenaria preparada por la CIA, intentos de asesinato, espionaje, guerra biológica, campañas mediáticas para deformar la realidad de Cuba, unido a la guerra económica, comercial y financiera más larga de la humanidad.

Aunque el Presidente Barack Obama pasará a la historia como el que mayores multas impuso a la banca internacional por hacer transacciones con Cuba, por un monto de casi 15 mil millones de dólares en 8 años, Donald Trump no se queda atrás, y en días pasados impuso una multa a la empresa británica de prospección petrolífera Acteon, ascendente a 213 mil 866 dólares, supuestamente por violar el bloqueo yanqui contra la Isla, demostrando el carácter extraterritorial de esa criminal guerra económica que intenta matar por hambre y enfermedades al pueblo cubano.

La supuesta violación cometida consistió en ejecutar un análisis de diseño de ingeniería para proyectos de perforación de pozos petroleros en aguas territoriales cubanas y enviar a varios ingenieros para impartir seminarios, algo que los yanquis impiden a toda costa.

Para seguir apretando las tuercas e intentar ahogar la economía de Cuba, Estados Unidos activará las disposiciones recogidas dentro del polémico Título III de la Ley Helms-Burton, situación que permitirá las reclamaciones de los bienes confiscados por la Revolución a las empresas yanquis, lo que desbordará el trabajo de los tribunales estadounidenses y cuyo objetivo es asustar a los inversionistas extranjeros para que se marchen de Cuba, o no realicen nuevos proyectos que darían oxígeno a la economía isleña.

El miércoles 17 de abril 2019, el anciano asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Bolton, anunciará en Miami ante la fracasada mafia terrorista anticubana, las nuevas sanciones que tomará el Gobierno de Trump contra Cuba, Venezuela y Venezuela, en busca del apoyo de ese sector mafioso para la reelección del actual Presidente.

La fecha escogida coincide con el inicio de la derrotada invasión mercenaria a Cuba por Bahía de Cochinos, en solo 67 horas.

Entre las más recientes sanciones a Cuba y Venezuela, están las impuestas a compañías y buques petroleros que facilitan el traslado de crudo venezolano a Cuba, con vistas a aumentar la presión contra el pueblo que resiste unido frente a las medidas del imperialismo yanqui.

Se presume que el anciano Bolton anuncie la reincorporación de Cuba a la lista de los países que patrocinan el terrorismo, la disminución de los gastos admitidos a los viajeros estadounidenses que visitan la Isla, sanciones a los cónsules cubanos en el mundo, restringir nuevamente el envío de remesas a Cuba y la exigencia de que las compañías estadounidenses con negocios en Cuba, paguen directamente a sus trabajadores.

Ya George W. Bush usó este tipo de medidas en el año 2004 y solo obtuvo más rechazo de los cubanos en las dos orillas, pero la Revolución siguió con el apoyo mayoritario del pueblo, fiascos que los yanquis no estudian.

Estados Unidos incluyó el pasado 2 de abril 2019 a Cuba en el informe anual de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos (INCSR), que relaciona cerca de 60 naciones consideradas como “importantes destinos” para el lavado de dinero, algo ridículo y contradictorio por la permanente persecución financiera de que es víctima Cuba, por parte de los mismos Estados Unidos que persigue cualquier transacción monetaria, lo que hace imposible depósitos y movimientos financieros hacia y desde la Isla.

Demostrando su falta de seriedad y elementos probatorios para esta nueva acusación, el informe publicado por INCSR indica además que: “El Gobierno cubano se encuentra cooperando en la lucha contra el narcotráfico y que actualmente se están llevando a cabo conversaciones entre La Habana y Washington sobre el control de sustancias ilegales”, basado en el Acuerdo de Cooperación Operativa Contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, firmado en 2016 por los dos gobiernos.

Con esas medidas ejecutadas por Estados Unidos contra la economía cubana, resulta muy difícil avanzar, algo que al parecer ignoran los sabiondos economistas que escriben en varias publicaciones independientes de la Isla y proponen cambios neoliberales en la economía de Cuba, culpando de todos los males al sistema socialista, sin reparar que los mismos tanques pensantes yanquis integrantes del Council on Foreign Relations, afirman:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Tampoco hacen caso a lo que dice la CIA en uno de sus memorandos desclasificados:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre[…] Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

Bolton y los demás añejos consejeros de Trump, irán a parar al mismo basurero de la historia que sus antecesores de las 11 administraciones yanquis, esas que no alcanzaron a ver el derrumbe del socialismo cubano y tuvieron que tragarse todos sus planes sin alcanzar sus idílicos objetivos.

No por gusto aseguró José Martí:

“Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”.

 

Los yanquis cegados por su prepotencia.


Por Arthur González.

Quienes desconocen la historia están condenados al fracaso y así les sucede a los yanquis con Cuba, porque su prepotencia imperial no les permite mirar atrás y sacar balance de sus 60 años de fracasos y cientos de miles de millones de dólares malgastados en planes y operaciones especiales, que ninguna ha podido derrotar a la Revolución socialista que tanto les molesta.

Ahora Cuba es dirigida por una nueva generación de hombres y mujeres nacidos después de 1959, los que, guiados por el ejemplo, sabiduría y experiencia de los líderes históricos en las victorias alcanzadas contra el imperio más poderoso del mundo, encaminan a la nación por la misma senda socialista, pero con el modelo actualizado acorde a las nuevas circunstancias.

El actual gobierno de Estados Unidos, embriagado por los cambios de líderes de izquierda en Latinoamérica, sueña con destruir a la Revolución, olvidándose que peor que las nuevas sanciones que acaban de imponer, fue la pérdida del campo socialista europeo, pues el comercio de Cuba con esos países alcanzaba el 85 % y a pesar de aquel durísimo golpe, el pueblo cubano resistió y mantuvo las conquistas alcanzadas en salud, educación, deporte, cultura y seguridad social.

Tal parece que el presidente Donald Trump, carente de experiencia política, no se da cuenta que sus principales asesores, John Bolton y Elliott Abraham, son dos ancianos que solo aplican políticas arcaicas que nunca dieron resultados contra Cuba.

De forma permanente acusaron a la Isla de estar dirigida por dirigentes de más de 75 años y ahora son ellos los que mantienen un equipo de trabajo integrado por personas de la tercera edad, que no quieren darse cuenta de que el mundo cambió y las políticas de terror y fuerza no funcionan con los cubanos, solo aumentan el repudio y rechazo a los yanquis.

Ni la ruptura de relaciones de Washington con La Habana en 1961, ni el aislamiento diplomático aplicado con el apoyo de la desprestigiada OEA en 1962, ni la guerra económica, comercial y financiera impuesta por el presidente J. F. Kennedy ese mismo año, con el sueño de ver al pueblo lanzándose a las calles contra Fidel Castro, ni la guerra biológica que desarrolla la CIA contra seres humanos, la flora y la fauna de la Isla, ni los criminales planes de terrorismo de Estado, les dieron resultado.

Tampoco tuvieron éxito con la invasión mercenaria organizada con cubanos residentes en Miami y derrocada en solo 67 horas, ni obtuvieron efectos favorables con la Ley Torricelli de 1992, la execrable Ley Helms-Burton de 1996 y menos aún con el Programa de Transición de 2004 aprobado por George W. Bush, quien limitó el dinero de las remesas familiares, el envío de regalos y la visita de cubanos a sus familiares. Ninguna de ellas destruyó el socialismo criollo.

Por el contrario, los cubanos y cubanos vieron al imperio como el único responsable de sus penurias y se unieron aún más entorno a Fidel, que los siguió ayudando como no hizo presidente alguno desde 1902 hasta 1959.

Ahora el “abuelito” John Bolton, propuso poner en marcha lo que ningún mandatario norteamericano hizo antes, aprobar la ejecución del Capítulo III de la Ley Helms-Burton, aprobada por el débil William Clinton, quien se dejó presionar por la mafia terrorista asesina de Miami, entregándole al Congreso el poder de decisión sobre el Bloqueo Económico contra Cuba, sin percatarse que tal acción debilita el poder del Presidente.

Ese Capítulo es la prueba fehaciente del carácter extra territorial de las leyes que Estados Unidos aplica contra Cuba y será rechazado nuevamente por el mundo, cuando se presente la resolución cubana ante la Asamblea General de la ONU contra el Bloqueo.

Como reconoció el hábil y edulcorado presidente Barack Obama en 2017:

“Décadas de aislamiento de Cuba por parte de EE.UU. no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática. En determinados momentos, esta política de larga data de los EE.UU. en relación con Cuba, provocó un aislamiento regional e internacional de nuestro país, restringió nuestra capacidad para influenciar el curso de los acontecimientos en el hemisferio occidental e imposibilitó el uso de toda una gama de medidas que Estados Unidos puede utilizar para promover un cambio positivo en Cuba”.

Si ahora Trump cree que va a doblegar al pueblo cubano, vuelve a errar, porque cada golpe que le dé a Cuba será como golpear a una estaca en la tierra que, al penetrar más, es mucho más difícil de sacar.

Para los jóvenes cubanos nacidos posterior a la década de los años 90 del siglo XX, que no conocieron las penurias sufridas por sus padres y abuelos, esta nueva artimaña de los yanquis será la mejor escuela, que les demostrará quienes son en verdad los que dicen desear “la libertad” y “el bienestar” del pueblo.

Cada nueva acción que Estados Unidos lleve a cabo contra la Revolución, es una cuota adicional de odio que inyectan en el pueblo cubano, y como todas las medidas anteriormente impuestas durante los últimos 60 años, irán a parar al basurero de la historia, mientras los cubanos buscarán con su ingenio, nuevas fórmulas para seguir viviendo siempre con la mejor sonrisa, su música contagiosa y entre todos construyendo un mundo mejor, a pesar de las dificultades cotidianas causadas por las sanciones yanquis, a los que siempre verán como los máximos responsables de sus problemas.

Siempre hay que recordar a José Martí cuando aseguró:

“Anchas tumbas se construyen con sus propias manos las maldades”