¿Para que han servido las relaciones con Estados Unidos?


Por Arthur González.

Estados Unidos nunca tuvo buenos ojos hacia Fidel Castro, algo que expusieron en 1958 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles. Ambos estaban convencidos que no era el hombre que necesitaban para gobernar en Cuba; su autodefensa durante el juicio por su participación en el asalto al Cuartel Moncada, así lo demostraba.

Al no poder impedir el triunfo del movimiento revolucionario de 1959, de inmediato tomaron medidas para frustrar sus planes de desarrollar un proceso nacionalista, independiente y soberano, sin injerencia yanqui.

Por esa razón, a solo 11 meses de la victoria la CIA propuso eliminarlo físicamente, según documentos oficiales.

En enero de 1961 Eisenhower rompía las relaciones diplomáticas, iniciándose más de medio siglo de acciones terroristas, planes de asesinatos, invasión mercenaria, guerra económica, financiera, biológica y mediática, unido a programas subversivos elaborados por la CIA y el Departamento de Estado, respaldados por presupuestos de miles de millones de dólares, pero ninguna de esas acciones ha tenido éxito.

A pesar de esa posición contra la Revolución, Cuba siempre intentó mejorar las relaciones con Estados Unidos y en ocasiones buscó y en otras aceptó las propuestas de establecer conversaciones secretas, pero siempre las presiones y exigencias yanquis lo malograban.

Washington ponía como condición previa, que Cuba se alejara de Moscú y el bloque socialista europeo, eliminara sus relaciones militares con ellos; no apoyara los movimientos revolucionarios, incluida la independencia de Puerto Rico, y se retirara de África, donde los cubanos ayudaban a salvaguardar la independencia de Angola, a petición de su gobierno, por estar asediada militarmente por Sudáfrica, viejo aliado de Estados Unidos, quien apoyaba a la contrarrevolución angolana.

Posterior a la desaparición del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS, el presidente George W. Bush, puso como condición que Cuba abandonara el sistema socialista y restaurara el capitalismo, petición idílica y trasnochada.

Barack Obama tomó el mismo rumbo que las 10 administraciones antecesoras, pero en su segundo mandato optó por aceptar las propuestas que había hecho el Council on Foreign Relation durante el gobierno de Bill Clinton y tomó la decisión de entablar negociaciones secretas, sin condicionamientos previos, para lo cual debió excluir al Departamento de Estado y Defensa, evitando que la mafia terrorista anticubana se enterara.

Esa decisión no fue festinada. Estados Unidos estaba perdiendo influencia en Latinoamérica, tenía el repudio mundial por la guerra económica contra Cuba, que sentaba a su país en el banquillo anualmente, unido a las presiones por las campañas internacionales para liberar a los Cinco Héroes cubanos, más las internas por el judío norteamericano Alan Gross, preso en la Habana.

De no dar ese paso, dejaría pasar la oportunidad excepcional de poder influir a su favor en la sociedad cubana, especialmente a la juventud y los trabajares no estatales, antes del traspaso de la presidencia de Raúl Castro a un hombre que no es de la generación histórica de la Revolución.

Ante ese escenario, en diciembre del 2014 ambos gobiernos acuerdan el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la posterior apertura de embajadas. Sin embargo, la pretensión de destruir el socialismo fue recalcado en todas las intervenciones de Obama, y la guerra económica, financiera y mediática para las campañas contra la Revolución y el apoyo total a la subversión, quedaron intactas.

Obama impuso records de persecución a la banca internacional, para ahogar financieramente a Cuba; aprobó el mayor presupuesto anual hasta ese momento para los planes subversivos con 20 millones de dólares, el apoyo económico y moral a la “oposición” interna; la radio y TV Martí continuaron, al igual que la prohibición del turismo estadounidense a la Isla y el comercio bilateral, excepto la venta alimentos acordada en época de G.W. Bush, después del paso de un destructor huracán que azotó la Isla, siempre mediante el pago adelantado de cada compra.

La Ley de Ajuste, la Torricelli, Helms-Burton y el acta de prohibición de Comercio con el Enemigo, quedaron intactas, al igual que el uso de dólar. También prohibió conversar sobre la devolución del territorio que ocupa su

Su política fue edulcorada y engañosa, pues persiguió los mismos objetivos de sus antecesores, aunque con métodos más sutiles e inteligentes.

No obstante, aprobó algunos memorandos de entendimiento en cuestiones no cruciales para el mejoramiento de la economía de Cuba y que no le creaban mayores dificultades con la mafia anticubana, como fueron el tema de las misiones de búsqueda y rescate de embarcaciones; el combate al tráfico de drogas que mayormente va hacia Estados Unidos; cooperación medio ambiental; programa de capacitación de profesores de idioma inglés; cooperación  en la esfera de la seguridad de los viajeros; el uso de vuelos directos pero solo de empresas norteamericanas; cooperación en la esfera de la Salud y el restablecimiento del correo postal directo.

Amplió las licencias que otorga el Departamento de Estado para los viajes a Cuba, y expresó que con ellos buscaba “promover los valores yanquis entre el pueblo cubano, potenciar aún más su objetivo de empoderar al pueblo cubano, fomentar mayores contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba, con el marcado interés de promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del Estado cubano”.

Con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, esa política regresó a los tiempos de la guerra fría, pues según argumentaron Obama no logró sus objetivos, por tanto, había que mantener las presiones buscando que el pueblo se lance a las calles a protestar por las carencias económicas acumuladas.

Para no quedarse atrás, Trump inventó el show de las mentiras de los ruidos acústicos y las falsas enfermedades, solo para afectar el turismo internacional a Cuba y las visitas de norteamericanos, incrementadas notablemente con la política de pueblo a pueblo. Con eso dejó inoperante a su embajada en La Habana.

Buscando el respaldo de los votos de la mafia terrorista anticubana, el Congreso acaba de aprobar un presupuesto ascendente a 35 millones de dólares, para fabricar la “democracia” en Cuba y Venezuela, pagar a los “disidentes” y las campañas mediáticas sobre las inventadas violaciones de los derechos humanos.

Para la radio y TV Martí, emisoras que desde 1985 ni se escuchan ni se ven en la Isla, se aprobaron 29 millones de dólares.

Vale penal resaltar que esos 35 millones, es una cifra inferior a la que solicitó Obama al Congreso en 2015, ascendente a 2 mil millones de dólares para Latinoamérica, y de esa suma 53,5 millones fueron destinadas a la “Iniciativa Regional de Seguridad” (CBSI) y una buena cantidad para programas de promoción de “la libertad de prensa y los derechos humanos” en Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua.

Al sacar cuentas, ¿de que sirvieron las relaciones diplomáticas?

Lúcido fue José Martí cuando dijo:

“De esa tierra no espero nada…más que males”

 

 

 

 

 

Anuncios

Motivos de Cuba para crear la Seguridad del Estado.


Por Arthur González.

Para quienes forman parte del ejército de asalariados de Estados Unidos para su guerra subversiva contra Cuba, escribir y hablar mal de la Seguridad del Estado, es parte de las indicaciones recibidas para demonizar a la Revolución socialista, esa que tanto odian los yanquis.

En Madrid, recientemente, uno de esos que viven haciendo campañas contra Cuba, presentó una seudo antología sobre el trabajo de la Seguridad del Estado, con el fin de satanizar su combate contra las acciones de la CIA, pero obvió contar los planes de esa Agencia para derrocar la naciente Revolución, incluso los de asesinato a Fidel Castro, algo que, por si solo, califica como crimen de lesa humanidad y por lo que jamás han sido enjuiciados Presidentes de Estados Unidos, Directores de la CIA y oficiales, que los diseñaron y ejecutaron.

En un intento baldío por desprestigiar el trabajo de la Seguridad, pretenden burlarse de los oficiales que protegen la estabilidad de toda una nación contra las acciones de la CIA, hechos que no mencionan.

Sin embargo, arremeten contra el museo que exhibe las operaciones ejecutadas por Estados Unidos contra Cuba desde el mismo año 1959, que van desde el espionaje y la guerra biológica, hasta las de carácter subversivo, entre ellas la cruel y despiadada Operación Peter Pan, que logró influenciar sobre las familias cubanas para que enviaran sin acompañantes a 14 mil 48 menores de edad, bajo el supuesto de que el Gobierno revolucionario les quitaría la Patria Potestad a los padres, engaño que contó con el apoyo de la Iglesia Católica, más dos mujeres agentes de la CIA radicadas en La Habana.

Si de contar historias se trata, esa antología debería reflejar que, en diciembre de 1958 el Presidente D. Eisenhower y el Director de la CIA, expresaron ante el Consejo de Seguridad Nacional: “hay que evitar la victoria de Fidel Castro”, y ante la imposibilidad de lograrlo, en abril de 1959 elaboraron el primer plan contra la naciente Revolución.

Según documentos desclasificados, durante la primera visita de Castro a New York, la CIA envió al oficial Gerry Droller, bajo el seudónimo de Frank Bender, a contactarlo en el Hotel Staler Hilton.

Ese oficial pretendió ser el “compañero que lo iba a atender”, y según contó el yanqui en su informe, Fidel aceptó la sugerencia de mantener un canal secreto de comunicación, algo que no se efectuó porque a pesar de la insistencia de oficiales destacados en la embajada de La Habana, Castro nunca respondió a sus llamadas.

Quienes pretende deformar la realidad y ocultar los motivos para crear la Seguridad del Estado como una defensa de la Isla, no mencionan que en diciembre de 1959 el Jefe de la División de planes especiales de la CIA para el Hemisferio Occidental, envió un plan a su director, Allen Dulles, proponiendo sin el menor sonrojo:

“Debe dársele una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que se hallan cercanos a Fidel, como su hermano Raúl y su compañero Che Guevara, tienen el mismo magnetismo sobre las masas. Muchas personas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría la caída del gobierno actual”.

Eso basta para comprender por qué nació la Seguridad Cubana.

Quienes pretenden desprestigiar a Cuba, olvidaron los actos de terrorismo de Estado perpetrados por agentes de la CIA desde marzo de 1960, con la voladura del buque francés La Coubre en el puerto habanero; los incendios en los centros comerciales, escuelas, cines, teatros e industrias cubanas, para dañar la economía y sembrar el terror entre la población.

Tampoco mencionan en su “antología”, el plan aprobado por el Presidente J.F. Kennedy, el 8 de junio de 1963 preparado por la CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, titulado: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”.

Dicho plan es totalmente de acciones terroristas, el que por sí solo califica para que sus diseñadores fuesen juzgados y sancionados por los crímenes causados.

En el mismo se plantean acciones de recolección encubierta de inteligencia, tanto sobre requerimientos estratégicos de EE.UU., como de sus necesidades operativas; acciones de propagada para estimular sabotajes; estimulación a la desafección en los centros de poder militar y otros; unidas a varias acciones para dañar la economía cubana sobre una base creciente.

Para esos que ahora se burlan del “compañero que los atendió”, es importante que lean lo que afirma la CIA en dicho programa y las razones para que exista ese “compañero”, pues sin el menor sonrojo el plan señala:

Habrá fracasos con la consecuente pérdida de vida y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

Esas historias y muchas más, dieron pie a la apertura del Museo de la Seguridad del Estado, transformado hoy en Memorial de la Denuncia, lugar que conserva la resistencia de un pueblo que ha sufrido las más crueles acciones de la CIA, entre ellas la voladura en pleno vuelo de un avión civil, donde perecieron 73 inocentes, cuyos autores residieron en Miami hasta su fallecimiento, con estatus de refugiados políticos.

Las generaciones de cubanos, actuales y futuras, deben conocer quienes provocaron la muerte y destrucción en su patria, cuánto dinero han recibido y aun reciben por sus actos subversivos, cómo se fabrican los “disidentes” y las campañas mediáticas que mienten premeditadamente, además de la participación de oficiales de la CIA encubiertos como diplomáticos, comerciantes, periodistas extranjeros y turistas, con el propósito de espiar e intentar subvertir el orden interno de Cuba.

Aunque les duela, la verdad no se puede ocultar, porque la historia está plasmada en cientos de miles de documentos desclasificados y publicados por el propio Gobierno de Estados Unidos, razones más que suficientes para disponer de oficiales profesionales, capaces de descubrir y cortar a tiempo las acciones diseñadas por la CIA contra el pueblo cubano, pues como dijo José Martí:

“Lo único verdadero es lo que la razón demuestra como tal”.

 

No había armas químicas en ninguno de los tres objetivos bombardeados en Siria.


Por Arthur González.

Especialistas de la , confirmaron que, en los objetivos bombardeados en Siria el 14 de abril 2018, por los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, no había evidencias de armas químicas, confirmándose una vez más el crimen ejecutado por esas potencias, mediante mentiras inventadas con la complicidad de los medios de prensa oficialistas.

Sin pruebas ni evidencias de la existencia de tales armas, los tres jefes de gobierno autorizaron el ataque a Siria, los que debería ser juzgados en un tribunal internacional, similar al conformado después de la 2da Guerra Mundial contra los nazis.

George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump, unidos a los ex presidentes Anthony Blair de Gran Bretaña, el francés Nicolás Sarkozy y José María Aznar de España, son tan criminales como los jefes nazis juzgados y sancionados por el tribunal de Núremberg.

Suman cientos de miles los muertos inocentes por las guerras injustificadas en Afganistán, Irak, Libia y Siria, iniciadas con pretextos fabricados para permitir la entrada de las tropas que arrasaron con ciudades enteras, que antes tuvieron esplendidas y modernas capitales, donde sus pobladores vivían felices y en paz.

Las campañas de falsedades construidas por la prensa occidental que responde a los servicios de inteligencia, acomodaron a la opinión pública internacional y la de sus propios países, para que aceptaran las invasiones imperialistas, que además dejaron miles de muertos entre los soldados atacantes, mutilados y enfermos mentales de por vida.

Hoy se conoce que Irak no tenía armas químicas como aseguraron los yanquis con el general Colin Powell al frente, y que todo fue un burdo pretexto creado maquiavélicamente para poder apoderarse de los pozos de petróleo, repartirse la reconstrucción, mediante jugosos contratos para las industrias y compañías yanquis, del país que ellos mismos destruyeron, obteniendo ganancias multimillonarias.

El caso de Siria es similar a los otros, con la diferencia que Estados Unidos encontró una resistencia popular férrea que apoya mayoritariamente a su presidente Bashar al Assad, a pesar de no ser del agrado de Washington por su cercanía ideológica con Moscú.

Por ese motivo, invadieron una parte del país y conformaron el ejército terrorista que no ha podido vencer al ejército sirio, no obstante, de los miles de millones de dólares aprobados por la Casa Blanca para ese fin.

¿Qué dirán ahora los “muy preocupados” ministros del Consejo de la Unión Europea, que siguieron servilmente a Estados Unidos, como hicieron las ratas a los acordes del flautista de Hamelin?

¿Podrán mirarles a los ojos a sus hijos sin tener el cargo de conciencia de que dieron el visto bueno al asesinato de niños como los de ellos, o los que quedaron huérfanos por las bombas norteamericanas, francesas e inglesas?

Tienen muy poca moral los que se arrodillan a los pies del tío Sam, representado en estos momentos por Donald Trump, quien, como si fuera Adolfo Hitler, ordena ataques contra Damasco para demostrar de lo que es capaz de hacer con tal de conquistar a Siria.

Tal parece que el mundo ha regresado al siglo XV cuando las potencias de España, Portugal e Inglaterra, se repartieron el nuevo mundo, saquearon sus riquezas e impusieron la esclavitud, robándose a los africanos para obligarlos a trabajar despiadadamente.

Después hay que aguantar sus discursos huecos y ausentes de ética, acusando a los países que no le besan las botas de violar los derechos humanos, a los que intentan doblegar con campañas tendenciosas, retomando al pie de la letra las ideas del ex director de la CIA, Allen Dulles, cuando en 1953 afirmó:

“…Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde nuestras grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de las fuerzas armadas, en cualquier zona, sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural a defenderse”.

La más reciente acción de la Unión Europea es la solicitud de ayuda internacional para la reconstrucción de Siria, cuando el máximo responsable es Estados Unidos, quien conformó el ejército terrorista, le dio el armamento, uniformes, alimentación y los sistemas de comunicaciones y llevan seis años destruyendo ciudades completas, incluidas zonas declaradas como patrimonio de la humanidad, sin ser condenados por los organismos de la propia UE.

La trampa sigue presente porque Estados Unidos y sus aliados europeos, pretenden que Siria acepte las condiciones que le quieren imponer, siendo la primera, la salida del gobierno del presidente Al Assad, quien fue elegido democráticamente por su pueblo. Los yanquis seguirán con ese objetivo, aunque para ello tengan que arrasar con todo el país y malgastar millones de millones de dólares.

Siria resiste y no negociará su soberanía; solo su pueblo es responsable de decidir qué presidente desean para dirigir los destinos del país.

Estados debería interiorizar lo como sabiamente sentenció José Martí:

“No debe perderse tiempo en intentar lo que hay fundamentos sobrados para creer que no ha de lograse”

 

 

 

 

 

 

Lo que la CIA no pudo lograr en Cuba


Por Arthur González.

El 1ro de enero del 2018 se cumplen 59 años de la victoria de Fidel Castro sobre el poderoso y bien armado ejército del tirano Fulgencio Batista, apadrinado totalmente por Estados Unidos, a pesar de haber llegado al poder mediante un golpe de Estados militar que pisoteó la llamada “democracia representativa” que tanto proclama Washington cuando le conviene.

La CIA no aceptaba la idea del triunfo de Castro pues sabía que, de alcanzar el poder en Cuba, no se sometería a los dictados de la Casa Blanca como todos sus antecesores desde 1902, porque no era el mismo “perro con diferente collar”, como suelen decir los cubanos, algo que esbozó con fuerza en su propia defensa durante el juicio por el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, en el año 1953.

Por esas razones, el 23 de diciembre de 1958 durante la reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el entonces director de la CIA, Allen Dulles, afirmaba:

“Es necesario evitar la victoria de Castro…”

Ante la inminente huida de Batista, al conocer que el ejército rebelde dominaba ya Santa Clara, capital de la provincia de las Villas, a solo 279 kilómetros de La Habana, el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower, convocó urgentemente a los jefes de más alto nivel de su gobierno, el mismo 31 de diciembre de 1958 a las 3 y 40 de la tarde.

Al intervenir el director de la CIA volvió a expresar:

“Una victoria de Fidel Castro no está entre los mejores intereses para los Estados Unidos”.

El propio Eisenhower acotaba:

“Los comunistas y otros radicales extremistas parece que han penetrado el movimiento de Castro… si Castro asume el poder, ellos probablemente participarán en el gobierno”.

Los yanquis sabían que el programa del Moncada iba encaminado a favorecer al pueblo y eso para ellos era comunismo, porque eliminaría las diferencias sociales, la discriminación racial y de género, alfabetizaría a los que nunca pudieron ir a una escuela y tenía la intención de repartirle las tierras a los campesinos, así como llevarle los servicios de salud a todos por igual.

Pero a pesar del apoyo a Batista con armas modernas, aviones, preparación al ejército en sus academias y el flujo financiero de sus inversionistas, los yanquis no pudieron impedir el triunfo de Fidel, quien contaba con el apoyo de la inmensa mayoría de los cubanos.

Ante el fracaso de sus esfuerzos por obstaculizar la victoria, la CIA comienza, desde el mismo año 1959, a ejecutar sus planes de acciones encubiertas, aprobando el primer programa en el mes de abril, el cual buscaba llevar a cabo una influencia subversiva y el reclutamiento de personas en los sectores priorizados de la sociedad cubana.

Para no perder más tiempo, el 11 de diciembre, a solo 11 meses de la llegada de Fidel al poder, J.C. King, Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, le propuso a Allen Dulles, un plan donde su última medida expresa textualmente:

Debe dársele una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que se hallan cercanos a Fidel, como por ejemplo su hermano Raúl y su compañero Che Guevara tienen el mismo carisma sobre las masas. Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.

Operaciones encubiertas de diversos tipos han sido ejecutadas contra Cuba, actos de terrorismo de Estado, invasiones mercenarias, creación de redes de agente de la CIA y la fabricación de “disidentes”, unido a una guerra económica, comercial, financiera y mediática como nunca ante se llevó a cabo contra otro país en este mundo, pero nada les ha dado resultado.

Fidel Castro murió en su cama a los 90 años, con el mismo carisma y apoyo de su pueblo y de millones de personas en el mundo, la Revolución sigue su camino sorteando las dificultades impuestas por la guerra económica y los cubanos resisten unidos, algo inimaginable para los políticos yanquis acostumbrados a los golpes militares.

El próximo 1ro de enero se cumplirán los primeros 59 años del triunfo de Fidel Castro, y los Estados Unidos tendrán que seguir mordiendo el polvo de la derrota y malgastando ciento de miles de millones en su fracasado intento de destruir a la Revolución, sin querer comprender que con los cubanos nunca podrán, porque como expresó José Martí:

“Quien ama a la libertad, previsora y enérgica, ama a la Revolución”

 

 

 

Estados Unidos no cambia sus agresiones contra Cuba


Por Arthur González

Quizás para algunos, la divulgación de noticias sobre la firma de varios memorandos de entendimiento entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, unido a la reciente decisión del presidente Barack Obama de revocar la política de pies secos-pies mojados, pueda confundir y hacerles una falsa imagen de que los Estados Unidos han variado su línea subversiva contra la Revolución cubana. Nada más lejos de la verdad.

Por supuesto que la buena convivencia es importante y necesaria para vecinos tan cercanos, pero nadie puede llamarse a engaño con respecto a los propósitos que persigue el gobierno estadounidense con esas acciones, que no son otros que cambiar de táctica para lograr su viejo sueño: destruir el socialismo.

Nunca se podrá olvidar que no había triunfado la Revolución cubana y ya en el Consejo de Seguridad Nacional se analizaba por el presidente D. Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, cómo evitar la victoria de Fidel Castro, y que la llamada Ley del Embargo se aprobó precisamente por no estar ellos de acuerdo, con el rumbo socialista que el pueblo cubano había decidido en abril de 1961. Por tanto, sus propósitos se mantienen con total vigencia.

Una prueba más que fehacienbloqueo-3te es la reciente decisión de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro, de imponer multas ascendentes a 10 mil y 955 mil 750 dólares, a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por violar las regulaciones del criminal Bloqueo económico, comercial y financiero, las que persisten con el fin de evitar la satisfacción de la necesidades del pueblo por parte del gobierno comunista.

Cada vez más se palpa que Washington no tiene intenciones de aflojar la cuerda para que mejore la economía interna, con la pretensión de que Cuba se vea obligada a ejecutar los cambios internos que desean, para ir desmontando el socialismo paulatinamente, como expresara el comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014, al asegurar:

“La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos. Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

“Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano”.

“Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

Como demostración de que esos lineamientos se cumplen al pie de la letra, a la par que continúan imponiendo sanciones con alcance extraterritorial, a los que osen desobedecerlos y ayuden a la economía de la Cuba socialista, firman acuerdos con La Habana en materias que le son muy favorables a ellos, pues ninguna pone en peligro las acciones subversivas que desarrollan contra la Isla, las que permanecen inalterables.

Desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas el 17.12.2014, Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor de 2 mil 843 millones 623 mil 359 dólares, siendo el presidente Barack Obama el que más persecución ha desarrollado en ese sentido, al imponer durante sus dos mandatos (2009-2016), 52 multas por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba, por un valor total de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

De ahí la importancia de infórmale a los cubanos, y al mundo, el verdadero rostro del imperio que se esconde tras el aparente cambio de política, para no perder nunca la honra que se ha vivido y mucho más ahora que los que pretendían emigrar por motivos económicos no podrán hacerlo de forma ilegal, porque como dijera José Martí:

“…la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshora que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí”.

Becas de Estados Unidos a cubanos, una trampa mal intencionada


Por Arthur González.

Por estos días la prensa cubana denuncia las becas creadas en abril del 2015 por la organización World Learning Inc., con sede en Washington, basadas en un nuevo “Programa de Liderazgo de Verano” para que jóvenes cubanos de 16 a 18 años estudien durante cuatro semanas en Estados Unidos.

Ese programa de estudios cuenta con el financiamiento de la USAID, que como se conoce le sirve de pantalla a la CIA, como tantas Organizaciones y Fundaciones que le han facilitado su nombre para encubrir los planes subversivos ejecutados durante la llamada Guerra Fría, de acuerdo a documentos desclasificados.

El programa de becas paruniversidadesa los estudiantes cubanos, persigue el fin de fabricarlos como líderes para su deseada transición hacia el capitalismo, pero no es novedoso y ha sido una de las direcciones de la política de Estados Unidos por cambiarle la mente a los jóvenes cubanos.

En el 2003 conformaron la organización Raíces de Esperanza; fenómeno subversivo diseñado en Estados Unidos con la misión de fomentar en Cuba la “auto realización de jóvenes de 15 a 35 años, apoyarlos para que lograran el desarrollo de una sociedad pluralista y democrática que respete los derechos humanos, a través de iniciativas académicas y culturales en toda la Isla”.

Para alcanzar esa misión, los especialistas en temas de subversión y guerra psicológica de la CIA, organizaron grupos en diferentes universidades estadounidenses, enfocados en el desarrollo juvenil como impulsores de una sociedad cubana capitalista que desmonte, desde adentro y de forma suave, el sistema socialista.

El método ideado fue el de animar una red de universitarios que patrocinara conferencias y movilizara a otros jóvenes para iniciar el contacto con los cubanos.

Uno de los que sumaron a ese plan fue el presidente español José María Aznar, quien impartió conferencias a los universitarios estadounidenses para prepararlos en cómo debían actuar con sus homólogos de Cuba.

En el 2003 efectuaron una conferencia en la Universidad de Harvard, en el 2005 en la de Georgetown y en el 2006 en la de Prince.

Además, le asignaron un presupuesto para realizar llamadas telefónicas a los cubanos, e incluso regalaron decenas de teléfonos móviles a universitarios en Cuba, con el propósito de hablarles directamente de sus intereses, pues en el conocido Plan para la Transición o Plan Bush, se afirma:

“Llegar a la juventud cubana representa una de las oportunidades más significativas para precipitar el fin del régimen. Esta generación tiene el vínculo más débil con la Revolución, su apatía y descontento son endémicos”.

Como tantos planes de la CIA este también fue un fracaso y el dinero malgastado.

No resignados a sus derrotas, en el año 2009 emprendieron otro proyecto dado a conocer a través de su Sección de Intereses en La Habana, consistente en un programa de becas para cursar seminarios sobre liderazgo en Estados Unidos.

Lo dividieron en dos tipos de cursos: uno con duración de cinco semanas para menores de 25 años que estudiaran entre el primer y tercer año de una carrera universitaria, con trayectoria de liderazgo en actividades educacionales o comunitarias, y el otro para cubanos con nivel preuniversitario vencido o técnico medio superior, que mostraran experiencia laboral relevante y un suficiente dominio del idioma inglés. Sigue leyendo

El Bloqueo es la última carta que le queda a Estados Unidos para presionar a Cuba.


Por Arthur González.

Con total desfachatez el Miami Herald afirmó el pasado 17 de septiembre 2016: porque el embargo es la última carta que le queda a Estados Unidos para presionar por un cambio en la isla”.

Sin disimulos y ocultamiami_herald_buildingndo la verdad del por qué mantienen su guerra económica contra el pueblo cubano, el editorial del Miami Herald expone los mismos argumentos que desde hace años han planteado la CIA y el Departamento de Estado.

Aunque públicamente insisten en denominar el cerco económico, comercial y financiero contra Cuba como “embargo”, los documentos oficiales del Gobierno y de la CIA, afirman que es una guerra económica para “inducir al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, unida a operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen”.

¿Por qué el Miami Herald no hace referencia a dichos documentos para que la opinión pública conozca la verdad?
Sería muy conveniente que ese diario reflejara en algún editorial lo que la CIA insiste en ejecutar contra Cuba, como lo expuesto en uno de sus documentos que dicen textualmente:

“Se debe analizar la posibilidad de ampliar e intensificar la categoría de sabotajes y la hostilidad…”

“Algunos daños económicos contra Cuba, obligarían al Gobierno cubano a desviar su fuerza de trabajo y otros recursos de los acuciantes problemas económicos”.

“Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

Sin embargo, a pesar de que fueron los Estados Unidos los iniciadores de las agresiones contra el Gobierno revolucionario, insisten en que es el presidente Raúl Castro quien tiene que hacer mucho más para ganarse el levantamiento del “embargo”.

¿Tendrán mala memoria los funcionarios que redactaron el editorial aparecido en el Miami Herald?

Para comenzar la verdadera historia escrita por los propios Estados Unidos, hay que releer el acta de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional de fecha 23 de diciembre de 1958, cuando aún Fidel Castro no había vencido al ejercito del dictador Fulgencio Batistas, apoyado y asesorado por militares estadounidenses, ni mucho menos nacionalizado las propiedades norteamericanas.

De acuerdo con esa acta, el entonces director de la CIA, Allen Dulles, afirmó sin cortapisas: “Hay que evitar la victoria de Castro…”

En diciembre de 1959, cuando Cuba no se había declarado socialista, ni se habían acometido las radicales leyes revolucionarias que afectaron los intereses políticos y económicos yaquis, el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, J.C. King, envió el 11.012.1959, un memorando al propio Allen Dulles, en el cual propuso un grupo de acciones para derrocar a la naciente Revolución.

Entre esas acciones se recomendaba:

-Ataques de una radio clandestina desde países del Caribe.
-Operaciones de interferencia contra la radio y la televisión de Castro.
-Alentar a grupos opositores a favor de Estados Unidos.

Como colofón de esas medidas a solo 11 meses del triunfo revolucionario, J.C. King señalaba:

-Se le debe dar una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro

Esta última medida fue aprobada por el Director de la CIA al día siguiente.

¿Con estos elementos puede el Miami Herald asegurar que “…Raúl Castro tiene que hacer mucho más para ganarse el levantamiento del embargo, debido a las violaciones de los derechos humanos y la falta de elecciones democráticas”?

Las verdaderas y flagrantes violaciones de los derechos humanos son cometidas de forma sostenida e ininterrumpida por Estados Unidos contra el pueblo cubano, al no soportar la decisión soberana de Cuba de tomar un rumbo diferente al que ellos le impusieron desde 1898, cuando hundieron al acorazado Maine en la bahía de La Habana, como pretexto para ingresar en la guerra hispano-cubana, según afirmaciones del General L.L. Lemnitzer, Jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor, en documento remitido el 13.03.1962 al secretario de Defensa, con la propuesta de 9 tareas para justificar una intervención militar a Cuba.

La verdadera causa para no levantar el Bloqueo está reflejada en un informe enviado el 16.08.1968 por John W. Ford, Deputy for Coordination of the Bureau of inteligence and Research, donde afirma:

[…] “no es el momento más propicio para embarcarse en un programa de cambio de política hacia Cuba, ya que sus dificultades económicas actuales y las señales de un creciente descontento, indican que las penurias causadas por el aislamiento están teniendo un efecto real; por lo tanto, debemos mantener toda la presión sobre nuestra política de cuarentena” […]

Está tan enraizado el interés de Estados Unidos por entorpecer el desarrollo económico de Cuba que, en 1999, especialistas del Council on Foreign Relations, propusieron un conjunto de medidas para cambiar la política hacia la isla.

Entre los tres objetivos que se propusieron alcanzar para acabar con el socialismo, exponen sin el menor pudor:
“Promover la Transición. La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Si Estados Unidos tienen tanta democracia y libertad de prensa, el Miami Herald tiene la obligación de divulgar estas informaciones y cesar la manipulación a sus lectores, porque esas son las únicas y verdaderas razones por las que se niegan a eliminar su guerra económica contra Cuba.

Ante situaciones muy similares expresó José Martí:

“…se considera criminal el querer forzar a la opinión pública”.