Reconoce Donald Trump que fue engañado sobre Venezuela.


Por Arthur González.

El diario The Washington Post acaba de publicar un artículo donde afirma que el actual inquilino de la Casa Blanca, el inexperto en política Donald Trump, aseguró sentirse frustrado ante las constantes derrotas sufridas en Venezuela, en su obsesión por derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Todo indica que el Presidente yanqui está insatisfecho con la estrategia diseñada por los especialistas de la CIA y su asesor de seguridad nacional, John Bolton, la que no logra aglutinar al pueblo venezolano a favor del títere Juan Guaidó, figura gris mal seleccionada para fungir, o, mejor dicho, fingir como gobernante interino.

Guaidó, ausente de carisma, imagen atractiva y de un discurso encendido, no ha sido capaz de movilizar a la oposición y menos aún de ser reconocido por los militares, demostrando una nefasta actuación durante el fallido intento de trasladar hacia Venezuela la ayuda “humanitaria” por la frontera colombiana, el pasado mes de febrero 2019, a pesar del fuerte apoyo sustentado por Estados Unidos, en el que movilizaron al Secretario General de la OEA, y a los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay, para estar junto al títere Guaidó.

Como operación mediática, Estados Unidos aprobó un concierto organizado por el empresario británico Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, el que atrajo a un grupo de artistas de fama internacional, quienes quedaron en ridículo y marcados para la historia como peones de los yanquis, al no obtener los resultados planificados.

Funcionarios del Gobierno y de la Casa Blanca, aseguran que Trump se siente engañado, pues la CIA y Bolton le aseguraron que reemplazar al presidente Maduro por Juan Guaidó, sería una tarea muy fácil, pero en realidad ha sido todo lo contrario.

Ya pasaron tres meses de su auto proclamación como Presidente sin resultados, y la vida dice que todo el dinero gastado en sostenerlo ha sido un fiasco total. Los 50 países que se dejaron presionar por Washington, deben estar sacando las mismas conclusiones y en el futuro tendrán que volver a reconocer a Maduro como único y legitimo presidente de Venezuela.

Lo que le sucede hoy a Trump, también lo sufrió el presidente John F. Kennedy, cuando el entonces director de la CIA, Allen Dulles, le aseguró en 1961, que el pueblo cubano “esperaba ansioso” la llegada de la invasión con la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue enfrentada y vencida en solo 67 horas.

Al tener que asumir la derrota, Kennedy tomó la decisión de defenestrar a la CIA y a varios de sus asesores por engañarlo, medida que tendrá que tomar Trump con Bolton y Elliott Abrams, que no dan en el centro de la diana con sus planes imperiales contra Maduro, y solo han incrementado el odio de millones de personas y de países como los centroamericanos, a los que les retiró más de 450 millones de dólares, al no poder detener el flujo de inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras, hacia la frontera sur de Estados Unidos con México.

Hoy Estados Unidos posee mayor rechazo en América Latina y otros lugares del mundo, debido a su política intervencionista e injerencista, incluidas las sanciones económicas y financieras a Cuba y Venezuela, unido a las elevadas multas impuestas a bancos extranjeros y la reciente liberación de la aplicación del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, que perjudica a miles de inversionistas extranjeros en Cuba, muchos de ellos procedentes de países aliados a Estados Unidos.

Kennedy también subestimó a Fidel Castro y su prepotencia imperial no le permitió valorar el mayoritario respaldo popular que tuvo, de ahí sus constantes fracasos en derrocarlo, llegando en su desesperación a aceptar los planes propuestos por la CIA para asesinarlo, unido a operaciones de terrorismo de Estado, acciones de guerra económica y biológica, que sus sucesores han seguido sin el menor resultado, porque continúan sin evaluar objetivamente el apoyo del pueblo a su Revolución.

Con Venezuela les sucede de forma idéntica, y cuales trasnochados embriagados, persisten en la guerra económica como medio para que el pueblo se lance a las calles, ante las crecientes limitaciones alimentarias.

Si Trump no toma en serio sus fracasos en Venezuela, terminará aceptando las propuestas del anciano John Bolton, que pide constantemente una intervención militar en Venezuela, y sin dudas será el fracaso y fin de su carrera política, debido a la cantidad de muertos que pondrá el ejército norteamericano, bajas que no podrá justificar ante sus ciudadanos, pues los venezolanos, al igual que los cubanos en Bahía de Cochinos, defenderán su patria con todo el coraje que tienen como herencia de sus próceres, principalmente de Simón Bolívar.

Hay que estar ciego para no ver que la oposición venezolana no está dispuesta a enfrentarse en las calles con el pueblo, pues la integran miembros de la burguesía acostumbrados a vestir con sacos y corbatas, sin mezclarse con los trabajadores y personas humildes, quienes apoyan a Maduro por ser los más beneficiados de la Revolución chavista y de sus programas sociales.

Esa oposición burguesa tomó el camino de Miami, España y otros países de habla hispana, llevándose en sus maletas el capital suficiente para vivir bien en el “exilio”.

Los que se quedaron, después del fiasco de la intentona golpista, corren a refugiarse en embajadas para evitar la justicia y otros son encarcelados por violar las leyes del país.

Guaidó sigue en libertad, como una magistral maniobra de Maduro para que aumente su desprestigio ante el mundo, detenerlo sería convertirlo en víctima, pero él caerá por su propio peso sin penas ni glorias.

Mientras, desde Washington, Bolton y Abrams con total ignorancia del sentimiento de los pueblos, continúan jugando a la guerra desde posiciones seguras, pero sin mojarse sus posaderas.

Certero fue José Martí cuando afirmó:

“La ignorancia es la garantía de los extravíos políticos”.

 

Quien vive de ilusiones muere de desengaño.


Por Arthur González

Estados Unidos lleva 60 años pronosticando la caída de la Revolución cubana, esa que nunca quisieron dejarla triunfar, tal y como expresaron el director de la CIA, Allen Dulles, y el propio presidente, Dwight Eisenhower, en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional el 23 de diciembre de 1958.

Para su amargura, Fidel Castro entró triunfante en La Habana en enero de 1959 y a pesar de decenas de planes de la CIA y crueles medidas aprobadas por la Casa Blanca y el Congreso yanqui, Cuba lleva más de medio siglo venciendo las acciones planificadas y ejecutadas para que vuelva a los brazos del imperio.

La ilusión de Estados Unidos ha sido siempre tener a Cuba como una estrella más en su bandera, algo plasmado en un documento histórico fechado el 29 de abril de 1823, donde el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, orienta al agente especial de Estadios Unidos en Cuba, Thomas Randall:

“…Usted observará atentamente todos los sucesos que guarden relación con la conexión de Cuba con España […] Usted se mantendrá atento a cualquier agitación popular, sobre todo a aquellas que puedan referirse a la cesión de la Isla por España a cualquier otra Potencia, o a que los habitantes asuman un Gobierno independiente…”

Por ese obsesivo deseo de adueñarse de Cuba han gastado cientos de miles de millones de dólares para derrocar el socialismo cubano, ejecutaron actos de terrorismo como la voladura del buque francés La Coubre, en marzo de 1960; la invasión mercenaria de abril de 1961; la planificación de tareas que justificaran una invasión a la Isla por parte del ejército yanqui en 1962, posibilidad frustrada por la conocida Crisis de los Misiles, que desembocó en un acuerdo con la URSS de que no invadirían la Isla.

A cambio, decidieron ejecutar actos terroristas contra la economía cubana con el fin de ahogarla, recogido en un documento preparado por la Agencia Central de Inteligencia para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, el 8 de junio de 1963, bajo el título “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, donde se pone de manifiesto hasta dónde son capaces los yanquis de llegar por alcanzar su deseo de destruir el socialismo cubano, cuando afirman:

“Habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EEUU, que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso, si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

El temor que pretendieron sembrar en el pueblo cubano estuvo respaldado por cientos de actos terroristas, como afirma documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA:

“Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

“…Se introdujeron ilegalmente en Cuba 75 toneladas de explosivos y armamentos, mediante 30 misiones aéreas, más 46,5 toneladas en 33 misiones de infiltración marítima, para abastecer a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas…”

Ninguno de esos actos les dio resultado, el pueblo se unió más en torno a su Revolución para no perder la independencia alcanzada.

Durante la caída del socialismo en Europa y la propia URSS, como consecuencia del Programa Democracia, desarrollado bajo la administración de Ronald Reagan, y del aprovechamiento de graves errores cometidos, muchos de ellos inducidos, por funcionarios reclutados por la CIA, Washington y sus aliados europeos se relamieron los bigotes esperando ver caer también a Cuba, pero otra vez se quedaron con las ganas, sin entender por qué el pueblo se mantuvo firme a lado del socialismo y de Fidel Castro.

Ante eso instauraron nuevas sanciones, entre ellas la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton, para apretar más la guerra económica, comercial y financiera que asfixiara la mal trecha economía cubana, pero tampoco pudieron doblegar la resistencia de los cubanos.

Barack Obama, intentó aplicar una política más sutil y engañosa, edulcorándola con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, aunque dejó intacta la guerra económica y comercial, e incluso incrementó la persecución financiera a la banca internacional para impedir el desarrollo económico cubano.

Tampoco permitió el uso del dólar, ni levantó la prohibición a los norteamericanos de viajar libremente a las Isla, solo amplió las licencias otorgadas por el Departamento de Estado con la intensión de fortalecer el sector de los trabajadores privados, para poco a poco dividir la sociedad e introducir hábilmente su ideología con el apoyo de elementos contrarrevolucionarios, los que recibieron un financiamiento de 160 millones de dólares en 8 años, algo que no desembolsó ninguno de sus antecesores.

Ahora, Donald Trump, sueña con ver caer el socialismo cubano, si lograse destruir a la Revolución Bolivariana de Venezuela, como expresó en Miami el 18 de febrero 2019.

Trump es el primer presidente yanqui sin experiencia política, al ser solo un afortunado hombre de negocios que aprovechó la decadencia del sistema político de su país, asesorado ahora por halcones de largo historial como John Bolton y Elliott Abrams, y por el amargado senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, esa que apoyó siempre al dictador Fulgencio Batista y huyó cuando este perdió la guerra contra el ejército encabezado por Fidel Castro.

Triste rol que desea Trump, porque sin experiencia militar ni política, se manchará las manos de sangre inocente venezolana, ya que su pueblo, como el cubano, luchará por defender su libertad, independencia y soberanía, contra un ejército yanqui que solo ataca por el dinero que recibe, sin una ideología sólida que le permita sostener por mucho tiempo una guerra, tal y como les sucedió en Vietnam.

La provocación que diseñan con la entrega de una ridícula ayuda humanitaria desde Colombia, está dirigida a justificar el ingreso de los militares colombianos y norteamericanos, bajo el pretexto de responder a las acciones del ejército venezolano, cuando el próximo 23 de febrero impida la entrada de los camiones por su frontera.

Todo está previsto por el pentágono y la CIA, porque las medidas políticas con la desprestigiada y dividida oposición venezolana no les ha dado resultados; por tanto, solo la vía de la agresión militar les queda para alcanzar sus sueños de apoderarse de las riquezas naturales venezolanas.

Cuba es harina de otro costal, porque su pueblo conoce perfectamente quienes son los yanquis, que, embriagados con sus noticias falsas, confunden disgusto popular con oposición política.

La vida les demostrará lo que es un pueblo viril, enérgico, resistente y preparado para dar su propia sangre por sostener su bandera en alto, que, con el apoyo de sus muertos, sabrá levantar sus brazos para no verla jamás derribada.

Y como afirmó José Martí:

“Sin un plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque”

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Para que han servido las relaciones con Estados Unidos?


Por Arthur González.

Estados Unidos nunca tuvo buenos ojos hacia Fidel Castro, algo que expusieron en 1958 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles. Ambos estaban convencidos que no era el hombre que necesitaban para gobernar en Cuba; su autodefensa durante el juicio por su participación en el asalto al Cuartel Moncada, así lo demostraba.

Al no poder impedir el triunfo del movimiento revolucionario de 1959, de inmediato tomaron medidas para frustrar sus planes de desarrollar un proceso nacionalista, independiente y soberano, sin injerencia yanqui.

Por esa razón, a solo 11 meses de la victoria la CIA propuso eliminarlo físicamente, según documentos oficiales.

En enero de 1961 Eisenhower rompía las relaciones diplomáticas, iniciándose más de medio siglo de acciones terroristas, planes de asesinatos, invasión mercenaria, guerra económica, financiera, biológica y mediática, unido a programas subversivos elaborados por la CIA y el Departamento de Estado, respaldados por presupuestos de miles de millones de dólares, pero ninguna de esas acciones ha tenido éxito.

A pesar de esa posición contra la Revolución, Cuba siempre intentó mejorar las relaciones con Estados Unidos y en ocasiones buscó y en otras aceptó las propuestas de establecer conversaciones secretas, pero siempre las presiones y exigencias yanquis lo malograban.

Washington ponía como condición previa, que Cuba se alejara de Moscú y el bloque socialista europeo, eliminara sus relaciones militares con ellos; no apoyara los movimientos revolucionarios, incluida la independencia de Puerto Rico, y se retirara de África, donde los cubanos ayudaban a salvaguardar la independencia de Angola, a petición de su gobierno, por estar asediada militarmente por Sudáfrica, viejo aliado de Estados Unidos, quien apoyaba a la contrarrevolución angolana.

Posterior a la desaparición del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS, el presidente George W. Bush, puso como condición que Cuba abandonara el sistema socialista y restaurara el capitalismo, petición idílica y trasnochada.

Barack Obama tomó el mismo rumbo que las 10 administraciones antecesoras, pero en su segundo mandato optó por aceptar las propuestas que había hecho el Council on Foreign Relation durante el gobierno de Bill Clinton y tomó la decisión de entablar negociaciones secretas, sin condicionamientos previos, para lo cual debió excluir al Departamento de Estado y Defensa, evitando que la mafia terrorista anticubana se enterara.

Esa decisión no fue festinada. Estados Unidos estaba perdiendo influencia en Latinoamérica, tenía el repudio mundial por la guerra económica contra Cuba, que sentaba a su país en el banquillo anualmente, unido a las presiones por las campañas internacionales para liberar a los Cinco Héroes cubanos, más las internas por el judío norteamericano Alan Gross, preso en la Habana.

De no dar ese paso, dejaría pasar la oportunidad excepcional de poder influir a su favor en la sociedad cubana, especialmente a la juventud y los trabajares no estatales, antes del traspaso de la presidencia de Raúl Castro a un hombre que no es de la generación histórica de la Revolución.

Ante ese escenario, en diciembre del 2014 ambos gobiernos acuerdan el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la posterior apertura de embajadas. Sin embargo, la pretensión de destruir el socialismo fue recalcado en todas las intervenciones de Obama, y la guerra económica, financiera y mediática para las campañas contra la Revolución y el apoyo total a la subversión, quedaron intactas.

Obama impuso records de persecución a la banca internacional, para ahogar financieramente a Cuba; aprobó el mayor presupuesto anual hasta ese momento para los planes subversivos con 20 millones de dólares, el apoyo económico y moral a la “oposición” interna; la radio y TV Martí continuaron, al igual que la prohibición del turismo estadounidense a la Isla y el comercio bilateral, excepto la venta alimentos acordada en época de G.W. Bush, después del paso de un destructor huracán que azotó la Isla, siempre mediante el pago adelantado de cada compra.

La Ley de Ajuste, la Torricelli, Helms-Burton y el acta de prohibición de Comercio con el Enemigo, quedaron intactas, al igual que el uso de dólar. También prohibió conversar sobre la devolución del territorio que ocupa su

Su política fue edulcorada y engañosa, pues persiguió los mismos objetivos de sus antecesores, aunque con métodos más sutiles e inteligentes.

No obstante, aprobó algunos memorandos de entendimiento en cuestiones no cruciales para el mejoramiento de la economía de Cuba y que no le creaban mayores dificultades con la mafia anticubana, como fueron el tema de las misiones de búsqueda y rescate de embarcaciones; el combate al tráfico de drogas que mayormente va hacia Estados Unidos; cooperación medio ambiental; programa de capacitación de profesores de idioma inglés; cooperación  en la esfera de la seguridad de los viajeros; el uso de vuelos directos pero solo de empresas norteamericanas; cooperación en la esfera de la Salud y el restablecimiento del correo postal directo.

Amplió las licencias que otorga el Departamento de Estado para los viajes a Cuba, y expresó que con ellos buscaba “promover los valores yanquis entre el pueblo cubano, potenciar aún más su objetivo de empoderar al pueblo cubano, fomentar mayores contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba, con el marcado interés de promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del Estado cubano”.

Con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, esa política regresó a los tiempos de la guerra fría, pues según argumentaron Obama no logró sus objetivos, por tanto, había que mantener las presiones buscando que el pueblo se lance a las calles a protestar por las carencias económicas acumuladas.

Para no quedarse atrás, Trump inventó el show de las mentiras de los ruidos acústicos y las falsas enfermedades, solo para afectar el turismo internacional a Cuba y las visitas de norteamericanos, incrementadas notablemente con la política de pueblo a pueblo. Con eso dejó inoperante a su embajada en La Habana.

Buscando el respaldo de los votos de la mafia terrorista anticubana, el Congreso acaba de aprobar un presupuesto ascendente a 35 millones de dólares, para fabricar la “democracia” en Cuba y Venezuela, pagar a los “disidentes” y las campañas mediáticas sobre las inventadas violaciones de los derechos humanos.

Para la radio y TV Martí, emisoras que desde 1985 ni se escuchan ni se ven en la Isla, se aprobaron 29 millones de dólares.

Vale penal resaltar que esos 35 millones, es una cifra inferior a la que solicitó Obama al Congreso en 2015, ascendente a 2 mil millones de dólares para Latinoamérica, y de esa suma 53,5 millones fueron destinadas a la “Iniciativa Regional de Seguridad” (CBSI) y una buena cantidad para programas de promoción de “la libertad de prensa y los derechos humanos” en Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua.

Al sacar cuentas, ¿de que sirvieron las relaciones diplomáticas?

Lúcido fue José Martí cuando dijo:

“De esa tierra no espero nada…más que males”

 

 

 

 

 

Motivos de Cuba para crear la Seguridad del Estado.


Por Arthur González.

Para quienes forman parte del ejército de asalariados de Estados Unidos para su guerra subversiva contra Cuba, escribir y hablar mal de la Seguridad del Estado, es parte de las indicaciones recibidas para demonizar a la Revolución socialista, esa que tanto odian los yanquis.

En Madrid, recientemente, uno de esos que viven haciendo campañas contra Cuba, presentó una seudo antología sobre el trabajo de la Seguridad del Estado, con el fin de satanizar su combate contra las acciones de la CIA, pero obvió contar los planes de esa Agencia para derrocar la naciente Revolución, incluso los de asesinato a Fidel Castro, algo que, por si solo, califica como crimen de lesa humanidad y por lo que jamás han sido enjuiciados Presidentes de Estados Unidos, Directores de la CIA y oficiales, que los diseñaron y ejecutaron.

En un intento baldío por desprestigiar el trabajo de la Seguridad, pretenden burlarse de los oficiales que protegen la estabilidad de toda una nación contra las acciones de la CIA, hechos que no mencionan.

Sin embargo, arremeten contra el museo que exhibe las operaciones ejecutadas por Estados Unidos contra Cuba desde el mismo año 1959, que van desde el espionaje y la guerra biológica, hasta las de carácter subversivo, entre ellas la cruel y despiadada Operación Peter Pan, que logró influenciar sobre las familias cubanas para que enviaran sin acompañantes a 14 mil 48 menores de edad, bajo el supuesto de que el Gobierno revolucionario les quitaría la Patria Potestad a los padres, engaño que contó con el apoyo de la Iglesia Católica, más dos mujeres agentes de la CIA radicadas en La Habana.

Si de contar historias se trata, esa antología debería reflejar que, en diciembre de 1958 el Presidente D. Eisenhower y el Director de la CIA, expresaron ante el Consejo de Seguridad Nacional: “hay que evitar la victoria de Fidel Castro”, y ante la imposibilidad de lograrlo, en abril de 1959 elaboraron el primer plan contra la naciente Revolución.

Según documentos desclasificados, durante la primera visita de Castro a New York, la CIA envió al oficial Gerry Droller, bajo el seudónimo de Frank Bender, a contactarlo en el Hotel Staler Hilton.

Ese oficial pretendió ser el “compañero que lo iba a atender”, y según contó el yanqui en su informe, Fidel aceptó la sugerencia de mantener un canal secreto de comunicación, algo que no se efectuó porque a pesar de la insistencia de oficiales destacados en la embajada de La Habana, Castro nunca respondió a sus llamadas.

Quienes pretende deformar la realidad y ocultar los motivos para crear la Seguridad del Estado como una defensa de la Isla, no mencionan que en diciembre de 1959 el Jefe de la División de planes especiales de la CIA para el Hemisferio Occidental, envió un plan a su director, Allen Dulles, proponiendo sin el menor sonrojo:

“Debe dársele una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que se hallan cercanos a Fidel, como su hermano Raúl y su compañero Che Guevara, tienen el mismo magnetismo sobre las masas. Muchas personas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría la caída del gobierno actual”.

Eso basta para comprender por qué nació la Seguridad Cubana.

Quienes pretenden desprestigiar a Cuba, olvidaron los actos de terrorismo de Estado perpetrados por agentes de la CIA desde marzo de 1960, con la voladura del buque francés La Coubre en el puerto habanero; los incendios en los centros comerciales, escuelas, cines, teatros e industrias cubanas, para dañar la economía y sembrar el terror entre la población.

Tampoco mencionan en su “antología”, el plan aprobado por el Presidente J.F. Kennedy, el 8 de junio de 1963 preparado por la CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, titulado: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”.

Dicho plan es totalmente de acciones terroristas, el que por sí solo califica para que sus diseñadores fuesen juzgados y sancionados por los crímenes causados.

En el mismo se plantean acciones de recolección encubierta de inteligencia, tanto sobre requerimientos estratégicos de EE.UU., como de sus necesidades operativas; acciones de propagada para estimular sabotajes; estimulación a la desafección en los centros de poder militar y otros; unidas a varias acciones para dañar la economía cubana sobre una base creciente.

Para esos que ahora se burlan del “compañero que los atendió”, es importante que lean lo que afirma la CIA en dicho programa y las razones para que exista ese “compañero”, pues sin el menor sonrojo el plan señala:

Habrá fracasos con la consecuente pérdida de vida y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

Esas historias y muchas más, dieron pie a la apertura del Museo de la Seguridad del Estado, transformado hoy en Memorial de la Denuncia, lugar que conserva la resistencia de un pueblo que ha sufrido las más crueles acciones de la CIA, entre ellas la voladura en pleno vuelo de un avión civil, donde perecieron 73 inocentes, cuyos autores residieron en Miami hasta su fallecimiento, con estatus de refugiados políticos.

Las generaciones de cubanos, actuales y futuras, deben conocer quienes provocaron la muerte y destrucción en su patria, cuánto dinero han recibido y aun reciben por sus actos subversivos, cómo se fabrican los “disidentes” y las campañas mediáticas que mienten premeditadamente, además de la participación de oficiales de la CIA encubiertos como diplomáticos, comerciantes, periodistas extranjeros y turistas, con el propósito de espiar e intentar subvertir el orden interno de Cuba.

Aunque les duela, la verdad no se puede ocultar, porque la historia está plasmada en cientos de miles de documentos desclasificados y publicados por el propio Gobierno de Estados Unidos, razones más que suficientes para disponer de oficiales profesionales, capaces de descubrir y cortar a tiempo las acciones diseñadas por la CIA contra el pueblo cubano, pues como dijo José Martí:

“Lo único verdadero es lo que la razón demuestra como tal”.

 

No había armas químicas en ninguno de los tres objetivos bombardeados en Siria.


Por Arthur González.

Especialistas de la , confirmaron que, en los objetivos bombardeados en Siria el 14 de abril 2018, por los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, no había evidencias de armas químicas, confirmándose una vez más el crimen ejecutado por esas potencias, mediante mentiras inventadas con la complicidad de los medios de prensa oficialistas.

Sin pruebas ni evidencias de la existencia de tales armas, los tres jefes de gobierno autorizaron el ataque a Siria, los que debería ser juzgados en un tribunal internacional, similar al conformado después de la 2da Guerra Mundial contra los nazis.

George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump, unidos a los ex presidentes Anthony Blair de Gran Bretaña, el francés Nicolás Sarkozy y José María Aznar de España, son tan criminales como los jefes nazis juzgados y sancionados por el tribunal de Núremberg.

Suman cientos de miles los muertos inocentes por las guerras injustificadas en Afganistán, Irak, Libia y Siria, iniciadas con pretextos fabricados para permitir la entrada de las tropas que arrasaron con ciudades enteras, que antes tuvieron esplendidas y modernas capitales, donde sus pobladores vivían felices y en paz.

Las campañas de falsedades construidas por la prensa occidental que responde a los servicios de inteligencia, acomodaron a la opinión pública internacional y la de sus propios países, para que aceptaran las invasiones imperialistas, que además dejaron miles de muertos entre los soldados atacantes, mutilados y enfermos mentales de por vida.

Hoy se conoce que Irak no tenía armas químicas como aseguraron los yanquis con el general Colin Powell al frente, y que todo fue un burdo pretexto creado maquiavélicamente para poder apoderarse de los pozos de petróleo, repartirse la reconstrucción, mediante jugosos contratos para las industrias y compañías yanquis, del país que ellos mismos destruyeron, obteniendo ganancias multimillonarias.

El caso de Siria es similar a los otros, con la diferencia que Estados Unidos encontró una resistencia popular férrea que apoya mayoritariamente a su presidente Bashar al Assad, a pesar de no ser del agrado de Washington por su cercanía ideológica con Moscú.

Por ese motivo, invadieron una parte del país y conformaron el ejército terrorista que no ha podido vencer al ejército sirio, no obstante, de los miles de millones de dólares aprobados por la Casa Blanca para ese fin.

¿Qué dirán ahora los “muy preocupados” ministros del Consejo de la Unión Europea, que siguieron servilmente a Estados Unidos, como hicieron las ratas a los acordes del flautista de Hamelin?

¿Podrán mirarles a los ojos a sus hijos sin tener el cargo de conciencia de que dieron el visto bueno al asesinato de niños como los de ellos, o los que quedaron huérfanos por las bombas norteamericanas, francesas e inglesas?

Tienen muy poca moral los que se arrodillan a los pies del tío Sam, representado en estos momentos por Donald Trump, quien, como si fuera Adolfo Hitler, ordena ataques contra Damasco para demostrar de lo que es capaz de hacer con tal de conquistar a Siria.

Tal parece que el mundo ha regresado al siglo XV cuando las potencias de España, Portugal e Inglaterra, se repartieron el nuevo mundo, saquearon sus riquezas e impusieron la esclavitud, robándose a los africanos para obligarlos a trabajar despiadadamente.

Después hay que aguantar sus discursos huecos y ausentes de ética, acusando a los países que no le besan las botas de violar los derechos humanos, a los que intentan doblegar con campañas tendenciosas, retomando al pie de la letra las ideas del ex director de la CIA, Allen Dulles, cuando en 1953 afirmó:

“…Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde nuestras grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de las fuerzas armadas, en cualquier zona, sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural a defenderse”.

La más reciente acción de la Unión Europea es la solicitud de ayuda internacional para la reconstrucción de Siria, cuando el máximo responsable es Estados Unidos, quien conformó el ejército terrorista, le dio el armamento, uniformes, alimentación y los sistemas de comunicaciones y llevan seis años destruyendo ciudades completas, incluidas zonas declaradas como patrimonio de la humanidad, sin ser condenados por los organismos de la propia UE.

La trampa sigue presente porque Estados Unidos y sus aliados europeos, pretenden que Siria acepte las condiciones que le quieren imponer, siendo la primera, la salida del gobierno del presidente Al Assad, quien fue elegido democráticamente por su pueblo. Los yanquis seguirán con ese objetivo, aunque para ello tengan que arrasar con todo el país y malgastar millones de millones de dólares.

Siria resiste y no negociará su soberanía; solo su pueblo es responsable de decidir qué presidente desean para dirigir los destinos del país.

Estados debería interiorizar lo como sabiamente sentenció José Martí:

“No debe perderse tiempo en intentar lo que hay fundamentos sobrados para creer que no ha de lograse”

 

 

 

 

 

 

Lo que la CIA no pudo lograr en Cuba


Por Arthur González.

El 1ro de enero del 2018 se cumplen 59 años de la victoria de Fidel Castro sobre el poderoso y bien armado ejército del tirano Fulgencio Batista, apadrinado totalmente por Estados Unidos, a pesar de haber llegado al poder mediante un golpe de Estados militar que pisoteó la llamada “democracia representativa” que tanto proclama Washington cuando le conviene.

La CIA no aceptaba la idea del triunfo de Castro pues sabía que, de alcanzar el poder en Cuba, no se sometería a los dictados de la Casa Blanca como todos sus antecesores desde 1902, porque no era el mismo “perro con diferente collar”, como suelen decir los cubanos, algo que esbozó con fuerza en su propia defensa durante el juicio por el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, en el año 1953.

Por esas razones, el 23 de diciembre de 1958 durante la reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el entonces director de la CIA, Allen Dulles, afirmaba:

“Es necesario evitar la victoria de Castro…”

Ante la inminente huida de Batista, al conocer que el ejército rebelde dominaba ya Santa Clara, capital de la provincia de las Villas, a solo 279 kilómetros de La Habana, el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower, convocó urgentemente a los jefes de más alto nivel de su gobierno, el mismo 31 de diciembre de 1958 a las 3 y 40 de la tarde.

Al intervenir el director de la CIA volvió a expresar:

“Una victoria de Fidel Castro no está entre los mejores intereses para los Estados Unidos”.

El propio Eisenhower acotaba:

“Los comunistas y otros radicales extremistas parece que han penetrado el movimiento de Castro… si Castro asume el poder, ellos probablemente participarán en el gobierno”.

Los yanquis sabían que el programa del Moncada iba encaminado a favorecer al pueblo y eso para ellos era comunismo, porque eliminaría las diferencias sociales, la discriminación racial y de género, alfabetizaría a los que nunca pudieron ir a una escuela y tenía la intención de repartirle las tierras a los campesinos, así como llevarle los servicios de salud a todos por igual.

Pero a pesar del apoyo a Batista con armas modernas, aviones, preparación al ejército en sus academias y el flujo financiero de sus inversionistas, los yanquis no pudieron impedir el triunfo de Fidel, quien contaba con el apoyo de la inmensa mayoría de los cubanos.

Ante el fracaso de sus esfuerzos por obstaculizar la victoria, la CIA comienza, desde el mismo año 1959, a ejecutar sus planes de acciones encubiertas, aprobando el primer programa en el mes de abril, el cual buscaba llevar a cabo una influencia subversiva y el reclutamiento de personas en los sectores priorizados de la sociedad cubana.

Para no perder más tiempo, el 11 de diciembre, a solo 11 meses de la llegada de Fidel al poder, J.C. King, Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, le propuso a Allen Dulles, un plan donde su última medida expresa textualmente:

Debe dársele una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que se hallan cercanos a Fidel, como por ejemplo su hermano Raúl y su compañero Che Guevara tienen el mismo carisma sobre las masas. Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.

Operaciones encubiertas de diversos tipos han sido ejecutadas contra Cuba, actos de terrorismo de Estado, invasiones mercenarias, creación de redes de agente de la CIA y la fabricación de “disidentes”, unido a una guerra económica, comercial, financiera y mediática como nunca ante se llevó a cabo contra otro país en este mundo, pero nada les ha dado resultado.

Fidel Castro murió en su cama a los 90 años, con el mismo carisma y apoyo de su pueblo y de millones de personas en el mundo, la Revolución sigue su camino sorteando las dificultades impuestas por la guerra económica y los cubanos resisten unidos, algo inimaginable para los políticos yanquis acostumbrados a los golpes militares.

El próximo 1ro de enero se cumplirán los primeros 59 años del triunfo de Fidel Castro, y los Estados Unidos tendrán que seguir mordiendo el polvo de la derrota y malgastando ciento de miles de millones en su fracasado intento de destruir a la Revolución, sin querer comprender que con los cubanos nunca podrán, porque como expresó José Martí:

“Quien ama a la libertad, previsora y enérgica, ama a la Revolución”

 

 

 

Estados Unidos no cambia sus agresiones contra Cuba


Por Arthur González

Quizás para algunos, la divulgación de noticias sobre la firma de varios memorandos de entendimiento entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, unido a la reciente decisión del presidente Barack Obama de revocar la política de pies secos-pies mojados, pueda confundir y hacerles una falsa imagen de que los Estados Unidos han variado su línea subversiva contra la Revolución cubana. Nada más lejos de la verdad.

Por supuesto que la buena convivencia es importante y necesaria para vecinos tan cercanos, pero nadie puede llamarse a engaño con respecto a los propósitos que persigue el gobierno estadounidense con esas acciones, que no son otros que cambiar de táctica para lograr su viejo sueño: destruir el socialismo.

Nunca se podrá olvidar que no había triunfado la Revolución cubana y ya en el Consejo de Seguridad Nacional se analizaba por el presidente D. Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, cómo evitar la victoria de Fidel Castro, y que la llamada Ley del Embargo se aprobó precisamente por no estar ellos de acuerdo, con el rumbo socialista que el pueblo cubano había decidido en abril de 1961. Por tanto, sus propósitos se mantienen con total vigencia.

Una prueba más que fehacienbloqueo-3te es la reciente decisión de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro, de imponer multas ascendentes a 10 mil y 955 mil 750 dólares, a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por violar las regulaciones del criminal Bloqueo económico, comercial y financiero, las que persisten con el fin de evitar la satisfacción de la necesidades del pueblo por parte del gobierno comunista.

Cada vez más se palpa que Washington no tiene intenciones de aflojar la cuerda para que mejore la economía interna, con la pretensión de que Cuba se vea obligada a ejecutar los cambios internos que desean, para ir desmontando el socialismo paulatinamente, como expresara el comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014, al asegurar:

“La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos. Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

“Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano”.

“Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

Como demostración de que esos lineamientos se cumplen al pie de la letra, a la par que continúan imponiendo sanciones con alcance extraterritorial, a los que osen desobedecerlos y ayuden a la economía de la Cuba socialista, firman acuerdos con La Habana en materias que le son muy favorables a ellos, pues ninguna pone en peligro las acciones subversivas que desarrollan contra la Isla, las que permanecen inalterables.

Desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas el 17.12.2014, Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor de 2 mil 843 millones 623 mil 359 dólares, siendo el presidente Barack Obama el que más persecución ha desarrollado en ese sentido, al imponer durante sus dos mandatos (2009-2016), 52 multas por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba, por un valor total de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

De ahí la importancia de infórmale a los cubanos, y al mundo, el verdadero rostro del imperio que se esconde tras el aparente cambio de política, para no perder nunca la honra que se ha vivido y mucho más ahora que los que pretendían emigrar por motivos económicos no podrán hacerlo de forma ilegal, porque como dijera José Martí:

“…la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshora que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí”.