¿Cumplirá Estados Unidos su deber de mantener la seguridad del presidente cubano en New York?


Por Arthur González.

Uno de los argumentos esgrimidos por el Departamento de Estado en su falsa acusación contra Cuba, durante el fabricado caso de los “ataques acústicos”, es que, aunque no pueden definir como fueron ni quien los ejecutó, La Habana tiene la responsabilidad de la seguridad de sus diplomáticos en la Isla.

Todos saben que esa fabula pretende afectar las visitas de turistas a Cuba, pues esa es la 2da entrada de dinero fresco, y la guerra económica impuesta desde hace más de medio siglo, pretende precisamente ahogar a la Revolución financieramente para decir que el socialismo es un fracaso, tal y como reconocieron en 1999 los tanques pensantes del Council on Foreign Relations, al asegurar:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Pero ahora le tocó el turno a Estados Unidos de demostrar que ellos cumplirán la Convención de Viena, y darán protección a la delegación cubana que asiste a la Asamblea General de la ONU, encabezada por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Algunas agencias de prensa de Miami divulgan desde hace horas, los planes que tienen grupos contrarrevolucionarios contra la delegación de Cuba.

Según declaró Liu Santiesteban, titulada “vocera” de una organización desconocida que se hace llamar Archivo Cuba, varios de los grupos financiados con parte de los 20 millones anuales que asigna la Casa Blanca para acciones subversivas contra la Cuba, pretenden ejecutar provocaciones frente a la misión diplomática cubana en New York, afirmando que el Senador Marco Rubio, forma parte de los diseñadores e instigadores de tales acciones.

Los que tanto reclaman seguridad para sus diplomáticos, ahora tendrán que tomar cartas en el asunto, pues se trata de actos contra el Presidente de un país con el cual tienen relaciones diplomáticas.

Una de las posibles actividades provocativas es la introducción de Rosa María Paya Acevedo, la desalmada que cambió sus sentimientos por una visa de refugiada política para continuar recibiendo beneficios materiales de los yanquis, ante el fallecimiento de su padre en el accidente de tránsito provocado por el español miembro del Partido Popular, Ángel Carromero.

La mencionada “vocera” Liu Santiesteban, aseguró que el propio Senador Marco Rubio, ha dicho que está haciendo gestiones para lograr que Rosa María pueda participar en un encuentro que sostendrá el Presidente Díaz Canel, con la sociedad civil norteamericana, y otros más de los que tiene planificado, todo el objetivo de llevar a cabo una provocación que sería rápidamente divulgada por la prensa oficialista yanqui y otras agencias extranjeras.

Unas semanas atrás, ese mismo Senador presionó para que su ahijada Paya Acevedo, pudiera intervenir en una reunión organizada por la ONU, con el apoyo de CADAL, ONG con sede en Argentina, creada y sostenida financieramente con dinero de Estados Unidos.

Esa ONG sostiene vínculos con organizaciones de corte terrorista radicas en Miami y con elementos anticubanos con similares antecedentes, entre ellos Ángel de Fana, Eusebio Peñalver, Orlando Gutiérrez Boronat y Mario Chanes.

Hace algunos años, CADAL fue acusada por el Comité de Organizaciones No Gubernamentales del ECOSOC, debido a su implicación en actividades contra el sistema político, constitucional y jurídico de algunos estados miembros, y por planificar planes contra el desarrollo de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, celebrada en la Habana en enero del 2014, con el propósito de deslucirla, siguiendo instrucciones ordenadas desde Estados Unidos.

Desde el mismo momento de su arribo a Miami como “refugiada política”, Rosa María fue recibida por los congresistas Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y el Senador Marco Rubio, quienes le dieron preparación y el dinero necesario para viajar por varios países latinoamericanos y europeos, haciendo campañas anticubanas.

El grupúsculo contra revolucionario Archivo Cuba, publicó la noticia de Nikki Haley, embajadora de EE.UU. en la ONU, podría sumarse a las provocaciones anticubanas.

Otra de las manifestaciones que proyectan, es acusar al alcalde neoyorquino, Bill de Blazio, por su posible encuentro con la delegación cubana, algo que la contrarrevolución no acepta.

Esperemos para ver como actúa la policía yanqui, en su obligación de impedir esas acciones provocativas que pudieran afectar la seguridad del Presidente, pues entre las cosas que pretenden llevar a cabo es el lanzamiento de huevos, lo que pudiera desencadenar una reacción del personal de la seguridad cubana que tiene la misión de protegerlo.

Históricamente, grupos contrarrevolucionarios radicados en Estados Unidos, han realizado manifestaciones frente al edificio de la misión diplomática en New York, llegando al enfrentamiento físico, así como la colocación de artefactos explosivos en clara demostración de su carácter terrorista.

No importa lo que hagan ni las medidas que tomen, los revolucionarios cubanos siempre asumen los riesgos, porque como dijo José Martí:

“El riesgo se ha hecho para vencerlo”

 

 

 

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Donald Trump de presidente a actor comico.


Por arthur Gonzalez.

El presidente Donald Trump no deja de sorprender al mundo y su discurso ante la ONU es una prueba de su “magistral” forma de cambiar las cosas, de acuerdo a como su mente quiere que se vean.

Sus palabras las inició afirmando: “Hoy estoy ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para compartir los progresos extraordinarios que hemos logrado. En menos de dos años, mi administración ha conseguido más que cualquier otra en la historia de nuestro país”. 

Por su puesto que la risa que desató fue general en todo el salón y él se creyó que era por simpatía, no percantándose del ridículo que estaba haciendo, porque todos saben que es lo contrario.

Otros conceptos siguieron la misma línea, como:

“La economía de EEUU está floreciente como nunca antes y tenemos el desempleo más bajo de los últimos 50 años”…“El desempleo de los latinos y negros y otros grupos ha disminuido”…

Nadie quedó excento de sus ataques, ni el Consejo de Derechos Humanos, ni la Corte Penal Internacional (CPI), ni los organismos encargados de los derechos de los migrantes, todos fueron tildados de espacios “burocráticos” administrados por la ONU.

En un arranque de falsedades afirmó que Estados Unidos solo pide que “respeten nuestra soberanía”, olvidándose que son ellos quienes más guerras  provocan en el mundo, por tanto no son víctimas de nadie, por el contrario, son los victimarios.

Demostrando su estado mental afirmó: “Creemos que cuando las naciones respetan los derechos de sus vecinos y defienden los intereses de sus pueblos pueden trabajar en conjunto para lograr la prosperidad y paz”.  ¿Pensará que los altos representantes de las naciones son estúpidos?

Quien no respeta los derechos de sus vecinos ni de sus aliados, es precisamente Estados Unidos y para rematar su falta de respeto a los presentes expuso:  “he forjado estrechos vínculos y amistades con líderes de todo el mundo”. Qué le pregunte a Angela Merkel o a la premier Británica para que escuche una buena respuesta.

Al terminar sus palabras quedó la sensación de haber escuchado al famoso cómico mexicano Cantinflas, pues su discurso fue como decir, “ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario”.

Recordamos a José Martí cuando aseguró:

“Negación de la palabra, negación del pensamiento…”

Venezuela en la mirilla de los yanquis.


Por Arthur González.

Al igual que una piedra dentro de un zapato, el gobierno de Hugo Chávez y posteriormente el de Nicolás Maduro, no dejan dormir tranquilos a los yanquis que ven como una pesadilla que sus planes de acción encubierta, acciones de subversión política y las presiones internacionales, no pueden doblegar al pueblo venezolano que continúa dándole apoyo a su Revolución Bolivariana.

Las costosas campañas mediáticas para satanizar la figura de Maduro, no arrojan resultados internamente, a pesar de la amplificación de los medios oficialistas que responden a los intereses de Estados Unidos.

Ni la criminal guerra económica y financiera puede cambiar la opinión de millones de venezolanas y venezolanos que hoy pueden leer, escribir, tener una vivienda, un trabajo bien remunerado, asistencia gratuita y ser reconocidos mundialmente por el valor de enfrentarse a las políticas autoritarias y expansionistas de Estados Unidos.

Como el remake de un filme ejecutado durante 60 años contra la Revolución cubana, la CIA y otras agencias subordinadas, ejecutan planes para desestabilizar el orden interno en Venezuela, cientos de actos terroristas, estimulación a la emigración legal e ilegal, unido a los intentos de asesinar al presidente Nicolás Maduro, pero todos se caminan hacia el fracaso al no tener apoyo del pueblo.

La OEA, al igual que hizo contra Cuba, se ha puesto al servicio de las órdenes de la Casa Blanca, en una historia ya conocida por ser el ministerio de colonia de los yanquis, al jugar el vergonzoso papel de subordinación incondicional a su amo imperial.

En puro desespero, Washington no sabe qué hacer para sacar a Maduro del poder y acaba de protagonizar el tercer intento de magnicidio durante la más reciente parada militar, hecho no condenado por los organismos internacionales y la Unión Europea que “tanta preocupación” muestran por los derechos humanos.

Chile, México, Colombia, Estados Unidos, junto a la alta jerarquía católica venezolana, están implicados en el intento de asesinar al Presidente Maduro y a decenas de altos funcionarios, demostrando hasta dónde son capaces por lograr sus propósitos.

Para tirar una cortina de silencio ante las contundentes pruebas legales presentadas por Venezuela; Perú, Argentina, Chile, Colombia y Paraguay, pretenden acusar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional, mediante una carta que debe haberse redactado en el Departamento de Estados yanqui, en la que denunciarán al presidente venezolano Nicolás Maduro ante la fiscalía de la Corte Penal Internacional “por violación de los derechos humanos de manera sistemática y específicamente por crímenes de lesa humanidad”.

Si no fuese por lo delicado del tema darían ganas de reír, pues ninguno de esos países movió un dedo para condenar a Estados Unidos por su despiadada guerra económica y financiera, que pretende matar por hambre y enfermedades a los venezolanos y además sembrar el desencanto y el desaliento, con el fin de restarle apoyo a la Revolución Bolivariana.

Una de las más recientes acciones de la prensa oficialista yanqui, fue contra la invitación que recibiera el Presidente venezolano a un almuerzo en el restaurante de un famoso chef internacional, y como si hubiese sido en el mismísimo infierno, desataron inmediatamente una suerte de persecución por el hecho de ingerir la carne ofrecida por el dueño del lugar.

Sin embargo, nunca condenan al extravagante presidente Donald Trump por residir en un lujoso apartamento ubicado en Manhattan, copiando el diseño del palacio francés de Versalles, con puertas de oro e incrustaciones de brillantes, mientras en Estados Unidos viven 47 millones de personas por debajo del índice de pobreza, según datos oficiales.

Para el Señor de los Millones no hay críticas, a pesar del derroche de dinero que hace en lujosas mansiones, campos de golf y costosas ropas y calzado de marcas internaciones para su esposa, unido a los altísimos gastos en viajes y seguridad personal a costa del presupuesto oficial, cada vez que desea trasladarse a su “choza” en la Florida, mientras el ciudadano estadounidense promedio no le alcanza el salario para cubrir el pago de los alquileres, el seguro médico y la educación de sus hijos.

Así es la guerra psicológica desarrollada contra aquellos mandatarios que no se someten a la voluntad de los yanquis. Dilma, Lula, Correa y Cristina Fernández son vivos ejemplos.

Por eso siempre tenemos que recordar a José Martí cuando dijo:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”.

Marco Rubio y Bob Menéndez piden que EE.UU. desclasifique reporte sobre los falsos ataques en Cuba.


Los yanquis, expertos en desinformación y mentiras cuando desean lograr un objetivo, no dejan desvanecer el fabricado “ataque sónico” a sus diplomáticos acreditados en La Habana, con la finalidad de sembrar en la mente de turistas y visitantes potenciales a la isla, que realmente algo sucedió que enfermó a su personal.

El costo de los tratamientos médicos en Estados Unidos es elevado y por eso la campaña sobre enfermedades provocadas es lo que más se repite; pero si los ataques son falsos, no puede haber enfermos de algo que no existió y esa debe ser la respuesta de Cuba.

Para mantener en titulares las noticias sobre el tema y que no se le olvide al público, ahora destacan que los Senadores Marco Rubio y Bob Menéndez, pidieron al Secretario de Estado y ex director de la CIA, que desclasifique la información disponible, pero todo eso responde al mismo show mediático para darle divulgación a la mentira, repetida una y otra vez, tal y como hacían los nazis.

Todos saben que ambos Senadores son parte de la mafia terrorista anticubana, opuesta al mejoramiento de relaciones entre ambos países, especialmente a los viajes a Cuba.

El Departamento de Estado no tiene nada que desclasificar, a no ser que, en un idílico arranque de sinceridad, reconozca que todo es parte de un plan premeditado para arreciar la guerra económica contra Cuba, pues el turismo es la segunda fuente de dinero fresco del país y hay que afectarlo a toda costa.

Parece que los dos Senadores se olvidaron de otras operaciones falsas llevadas a cabo por Estados Unidos, para ejecutar planes específicos de su conveniencia.

¿No recuerdan los dos mafiosos el testimonio de la adolecente kuwaití de 15 años, nombrada Nayirah, ante el Congreso de Estados Unidos en octubre de 1990, donde relató “emocionadamente” la inventada brutalidad cometida por el ejército de Irak, en un hospital de Kuwait, exponiendo entre sollozos cómo los soldados de ese país habían matado a 300 bebés que se encontraban hospitalizados?

Esa información se divulgó hasta la saciedad y la consideraron verídica para respaldar a Kuwait en la Guerra del Golfo, que tanto convenía a los intereses yanquis.

Unos años más tarde, se descubrió que Nayirah era en realidad hija de Saud Nasser Al-Saud Al-Sabah, embajador de Kuwait en Estados Unidos y que la adolecente había sido entrenada por especialistas de la compañía de relaciones públicas Hill & Knowlto.

Por su buena actuación teatral ante el Congreso de Estados Unidos, Nayirah recibió la suma de 10,8 millones de dólares, abonados por la asociación “Ciudadanos por Kuwait Libre”, creada por la familia real de Kuwait, con el objetivo de persuadir a la opinión pública norteamericana de la necesidad de que los yanquis interviniesen en la Guerra del Golfo.

Esos senadores anticubanos que apoyaron al asesino terrorista Luis Posada Carriles, uno de los autores de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano, causándole la muerte a 73 inocentes, se hacen los desentendidos de las operaciones ejecutadas por la CIA, donde se demuestra de lo que son capaces los yanquis cuando desean obtener beneficios.

Ejemplo irrefutable fue el proyecto “MK Ultra”, el cual se hizo público en 1975, a partir del trabajo realizado por la Comisión presidencial Rockefeller, conociéndose el programa secreto elaborado por la CIA, diseñado para buscar métodos de control de la mente humana, y tenía como fin mejorar sus capacidades de extraer información de los individuos resistentes en los interrogatorios.

Algunos historiadores sospechan que lo perseguido por ese proyecto secreto, era desarrollar técnicas más eficaces de tortura, para sacarle información a los detenidos, pues empleaban en esos estudios señales eléctricas, drogas y psicotrópicos, y mensajes subliminales.

Si los Senadores mafiosos están preocupados por conocer detalles de acciones en Cuba, deberían solicitarle a la CIA que desclasifique también los hechos de guerra biológica que han llevado a cabo contra el pueblo cubano, entre ellos la introducción del virus la fiebre porcina africana, detectado el 23 de julio de 1971.

El impacto de aquel daño fue el sacrificio e incineración inmediata en el área focal, de 45 mil 706 cerdos, más el sacrificio y procesamiento industrial en la zona de peligro de otros 424 mil 848 cerdos.

La descalcificación de esa criminal operación contra la economía de Cuba, permitiría verificar la información de que dicho virus llegó a la Isla desde la base militar de Estados Unidos, Fort Gullick, ubicada en el Canal de Panamá.

Importante para el pueblo de Estados Unidos y el mundo, resultaría la desclasificación que pudiera hacer la CIA, de los detalles de cómo y quién introdujo en Cuba el virus del Dengue Hemorrágico en mayo del año 1981, con una aparición repentina que afectó rápidamente a no menos de 350 mil personas, mayoritariamente niños, ocasionándole la muerte a 158 ciudadanos, de ellos 101 menores, pese al inmediato cuidado y atención para enfrentar ese virus desconocido en la Isla, transmitido por el mosquito Aedes Aegyiptis.

Menéndez y Rubio deben obligar a que la CIA exponga la verdad sobre ese acto criminal, explicándole a los científicos que estudian la enfermedad, dónde se creó la cepa Nueva Guinea 1924 serotipo 02, única en el mundo en ese momento, y qué vacuna utilizaron en septiembre del año 1981, en la Base Naval en Guantánamo, para cubrir a sus soldados y oficiales allí destacados.

Basta de engaños, que los cubanos tienen amplia experiencia en las campañas difamatorias elaboradas por los yanquis.

Ni ruidos, señales acústicas, virus o rayos ultra secretos, todo es mentira como también lo fue la acusación hecha por John Bolton hace varios años, de que Cuba estaba produciendo armas biológicas.

Hay que hablar claro y no perder más tiempo en demostrar inocencia, de hechos fabricados para dañar la imagen de uno de los países más seguros y tranquilos del hemisferio occidental.

Y como afirmara José Martí:

“Ancha tumba se construye con sus propias manos las maldades”

Un trato diferente para México.


Por Arthur González.

México es un país agobiado por la corrupción gubernamental, las drogas, asesinatos y desparecidos, pero no es condenado y menos sancionado por Estados Unidos ni por la Unión Europea, a diferencia de lo que hacen contra otros gobiernos que asumen posiciones políticas a favor de sus pueblos, como Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Cuba, por haber logrado consolidar una Revolución socialista, fue agredida militarmente por mercenarios armados y entrenados por Estados Unidos; resiste estoicamente una guerra económica, comercial y financiera por 58 años; sufre miles de actos terroristas, incluida la agresión biológica y enfrenta las acciones de subversión política más amplias de las que se tenga conocimiento, y es acusada de “violar” los derechos humanos, de forma manipulada.

Contra Venezuela, Washington reproduce los planes aplicados a la Revolución cubana, y Nicaragua enfrenta por 2da ocasión, una contrarrevolución creada desde los locales de la misión diplomática yanqui, en contubernio con la jerarquía católica nacional.

Sin embargo, México, a pesar de ser el país donde la vida de un periodista no vale nada, los asesinatos se cuentan por miles, desaparecen estudiantes, mujeres y niños, encontrándolos en ocasiones en fosas comunes, no recibe similar tratamiento.

La razón es simple: sus gobernantes siempre cumplen a cabalidad las órdenes que dicta la Casa Blanca y nunca se oponen a sus mandamientos.

Aquel gesto que en 1962 parecía una rebeldía, al no romper relaciones diplomáticas con la Cuba socialista, posterior a las sanciones adoptadas por la OEA, fue una farsa montada por instrucciones yanquis, demostrando su total subordinación a Estados Unidos.

Casi medio siglo después se conocía la verdadera historia, recogida en documentos desclasificados y publicados por el jefe de análisis del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

La realidad fue la siguiente:

El entonces Secretario de Estado, Dean Rusk, le explicó al presidente Lyndon Johnson, el resultado de un pacto secreto acordado entre Brasil, México y Estados Unidos, donde se decidió mantener la embajada de México en La Habana por conveniencia política, colaboración aceptada por el gobierno presidido por Adolfo López Mateo.

Desde abril 2018, en Nicaragua comenzaron acciones de protestas, ante el anuncio del decreto presidencial que aumentaba las contribuciones de trabajadores y empresarios e imponía una retención del 5% a los jubilados. Dicha medida fue recomendada nada menos que por el Fondo Monetario Internacional, como hacen en Argentina y otros países.

Esa disposición desencadenó la violencia callejera, encabezada por estudiantes, muchos de ellos graduados de cursos impartidos en locales de la embajada yanqui en Managua.

Las protestas fueron subiendo de tono, llegando a emplear armas de fuego, lanzamiento de cocteles molotov y barricadas en las calles. Destrozaron y quemaron locales gubernamentales, y asesinaron a simpatizantes de Daniel Ortega.

Esos delincuentes, financiados por Estados Unidos, fueron calificados de “luchadores por la libertad”, y respaldados por el clero católico. Fuerzas del orden al ingresar en la Universidad Nacional, encontraron un arsenal de armas de fuego y otras perforo cortantes, algo que no tiene relación con los reclamos políticos.

El apoyo a esa violencia contrarrevolucionaria por parte de la OEA, organizaciones de derechos humanos y la Unión Europea, es el mismo que dieron a las bandas de delincuentes que actuaron en Venezuela, y llegaron a quemar a varias personas vivas.

En días pasados en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se produjeron manifestaciones y huelgas estudiantiles, solicitando el cese de los asesinatos, los desaparecidos como el hecho de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, aún sin resolver, que lesiona la agenda política y social mexicana de los últimos años.

Las protestas se iniciaron en el bachillerato del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), de Azcapotzalco, por los asesinatos de estudiantes y la desaparición de varios profesores, efectuándose una gran marcha desde la Facultad de Ciencias Políticas Sociales hasta la Rectoría de la Universidad.

De inmediato un grupo de choque irrumpió en la UNAM para romper la protesta pacífica de los estudiantes, agrediéndolos con armas blancas y palos. Ninguna autoridad intervino, dejándolos que hicieran su trabajo sucio para amedrentar al estudiantado.

Dos alumnos fueron heridos gravemente, uno apuñalado dos veces en el riñón, una oreja cortada y múltiples golpes.

La Policía detuvo a dos sujetos y el Tribunal Superior de Justicia de Ciudad de México, informó que un juez de Control los acusaría por el delito de motín.

Tristemente, el procurador capitalino declaró que los dos quedaban en libertad, por no existir acusación en su contra.

En México después de las manifestaciones universitarias de 1968, criminalmente reprimidas por las autoridades, nacieron esos grupos que se encargan de dispersar las protestas, a los que se le denominan “porros”, afirmándose que son financiados por partidos políticos, brindándoles protección.

Ante los desórdenes en Nicaragua, orientados y pagados por la misión yanqui, de ipso facto, se iniciaron las presiones sobre el Gobierno para que cesará la “represión”, exigiendo la salida del poder del presidente Daniel Ortega, verdadero motivo de las protestas.

Nadie condenó a los amotinados que quemaron, destruyeron y asesinaron a inocentes, por el contrario, los calificaron de “victimas”.

La OEA, la ONU, el Vaticano, la Unión Europea, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, aliados de Washington, acusan a Ortega de ser el único responsable, y Estados Unidos se encargó de financiar las campañas de prensa con ese fin.

Todo es muy diferente al silencio o escasas denuncias de lo que sucede en México, país con el índice de periodistas asesinados más alto del mundo, sin preocupar a ninguno de los que se alarman por los hechos en Nicaragua, provocados por los grupos de la “oposición”, conformada por delincuentes comunes.

Sabio siempre nuestro José Martí al expresar:

“Levantarse sobre intrigas, es levantarse sobre serpientes”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estados Unidos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia de Venezuela, Estados Unidos inició variadas operaciones especiales para derrocarlo, siguiendo los mismos planes aplicados contra Cuba desde 1959.

Su plan maestro es la guerra económica, comercial y financiera para evitar que el gobierno satisfaga las necesidades del pueblo y luego culpar al sistema de la crisis, aunque todos saben que el único responsable es Estados Unidos, quien a través de sus agencias de inteligencia presionan, reclutan y organizan a la contrarrevolución, copiando sus fracasados métodos aplicados a la Revolución cubana.

Contra Nicolás Maduro incrementaron sus acciones subversivas, con el fin de evitar que ganara las elecciones presidenciales, situación que el pueblo no respaldó, eligiéndolo en las urnas de forma democrática en dos oportunidades.

De nada valieron los millones de dólares repartidos entre estudiantes universitarios, partidos opositores, la burguesía y hasta grupos de delincuentes; ni la preparación llevada a cabo por la USAID y la NED desde la misión diplomática yanqui y otras entidades, incluida la Iglesia Católica venezolana.

Ante la impotencia por sus constantes fracasos en Cuba, en 1962, Estados Unidos optó por intentar comprar algún funcionario de alto rango dentro del gobierno, ofreciéndole una alta suma de dinero, con vistas a provocar un golpe militar que justificara la invasión a la Isla por el ejército yanqui.

De acuerdo con la Operación Mangosta, aprobada por el presidente J.F. Kennedy, la CIA tenía que:

“Proponer el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el nombre de un desertor valorado al menos en un millón de dólares”

Esas acciones estarían respaldadas por la desprestigiada OEA, siempre al servicio de los dictados de la Casa Blanca, y al analizarlas se constata la similitud de las aplicadas ahora contra Caracas, copia fiel de las que desarrollaron contra La Habana en aquel año de 1962, y según consta en la mencionada Operación:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero, esperando obtener un amplio respaldo del Hemisferio Occidental, a las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio. Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano…, como un medio para lograr la simpatía del pueblo, sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Igual que hicieron contra la Revolución cubana, ahora Estados Unidos presionó a un grupo los líderes latinoamericanos, para aceptaran sus decisiones y afirmen que el presidente de Venezuela “es un gobernante cada vez más autoritario que ha arruinado la economía de su país, provocando una escasez extrema de alimentos y medicinas”, como resultado, el colapso que desencadenó el éxodo de venezolanos desesperados”.

Todo es parte del montaje de la guerra económica, prevista para lograr el desencanto y el desaliento de la población, respaldado por campañas de prensa diseñadas para influir psicológicamente en los venezolanos y el mundo en general.

El pasado 08 de septiembre 2018, un artículo de The New York Times afirmaba que: La administración Trump sostuvo reuniones secretas con militares rebeldes de Venezuela el año pasado, para discutir sus planes de derrocar al presidente Nicolás Maduro”.

El final que busca el diseño de esa operación contra Venezuela, es la invasión militar norteamericana con el apoyo de varios países de la región, tal y como planificaron contra Cuba, lo que quedó plasmado en el Plan Mangosta, que expone textualmente:

“La CIA ha alertado al Departamento de Defensa que hará falta un considerable apoyo militar, incluyendo dos submarinos, lanchas PT, guardacostas tipo Cutter, instructores de fuerzas especiales, aviones C-54, aviones F-86, aviones anfibios, portahelicópteros, un batallón del ejército dedicado a la confección y lanzamiento de volantes, y Guantánamo como base para las operaciones submarinas. La CIA cree que su papel será fabricar y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible, para la intervención armada de Estados Unidos en Cuba”.

Recordemos que, en agosto 2017, el presidente Donald Trump declaró: “Estados Unidos tiene una opción militar para Venezuela”, lo que provocó la condena de sus aliados en la región. Además, prorrogó por un año más, el decreto de “emergencia nacional”, que declara a Venezuela como una “amenaza inusual” a la seguridad nacional y a los intereses estadounidenses, precepto firmado por primera vez en el 2015 por su antecesor, el presidente demócrata Barack Obama.

La historia está carga de hechos similares ejecutados por Estados Unidos. Entre los más cercanos están la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, la invasión a República Dominicana, el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, la organización de la contrarrevolución en Nicaragua, que culminó con el escándalo del Irán-Contra, la invasión a Panamá y a Granada, entre muchas otras.

No por gusto José Martí alertó:

“Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las 7 leguas…y para eso, hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

¿Por qué Cuba es tema de campaña electoral en la Florida?


Por Arthur González.

Cada vez que se aproximan las elecciones en la Florida, es difícil que alguno de los candidatos a cargos disponibles, no aborde en sus discursos el tema cubano, a pesar de ser un país independiente y no una colonia yanqui, como lo fue 60 años atrás.

Así se manifestó en estos días el representante Ron DeSantis, candidato republicano a gobernador de la Florida, quien prometió arreciar las medidas contra Cuba, ante un auditorio compuesto mayoritariamente por votantes de origen cubano, muchos de ellos testaferros y torturadores del dictador Fulgencio Batista, o ex miembros de la vieja burguesía que abandonó la Isla, con la trasnochada ilusión de que Estados Unidos impidiera la consolidación del triunfo revolucionario alcanzado en 1959.

DeSantis, ganó el 68 por ciento de los votos en las recientes elecciones primarias republicanas en Miami-Dade, y ahora compite contra su oponente demócrata, el progresista de raza negra, Andrew Gillum.

Para hacer más ridículo su discurso, aunque atractivo para los asistentes, afirmó: “Soy el único candidato capitalista para gobernador de Florida. El socialismo sería un desastre para la Florida. No podemos permitir que las políticas socialistas ganen en esta tierra libre”.

Buscando aplausos y votos, DeSantis auguró que si ganaba las elecciones iba a pedirle al gobierno de Estados Unidos que acusara formalmente a Raúl Castro, como responsable del derribo de las avionetas de la organización contrarrevolucionaria Hermanos al Rescate, dirigida por un terrorista nacido en Cuba, que, en franca y premeditada provocación, violaban sistemáticamente el espacio aéreo habanero, situación que Estados Unidos nunca permitiría sobre su territorio.

Este candidato tiene el respaldo de los mafiosos terroristas anticubanos Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y Marco Rubio, todos vinculados a las políticas opuestas a la normalización de relaciones con Cuba.

Lo extraño del asunto es que DeSantis no habló de lo que haría como gobernador para eliminar la pobreza, la desigualdad, ni los crímenes violentos que continuamente se producen en la Florida, unido al alto consumo de drogas y la prostitución, que afectan a la población de esa ciudad.

En su discurso, pasó por alto lo expuesto en el informe de Philip Alston, Relator Especial de la Organización de Naciones Unidas, sobre la pobreza extrema y derechos humanos, donde afirma que: “En Estados Unidos hay más de 40 millones de personas en situación de pobreza, de los cuales 18,5 millones viven bajo el umbral de la pobreza extrema, víctimas de las condiciones de exclusión, inequidad y baja movilidad social que imperan en ese país”.

Tampoco mencionó que solo en el año 2013, las tasas de mortalidad infantil en EE.UU. fueron las más altas en el mundo desarrollado; donde los estadounidenses tienen la esperanza de vida más corta y se enferman mucho más que en otros países desarrollados, debido a su pésimo sistema de salud, que lo cobra todo.

Por el contrario, la Cuba socialista disfruta de una de las mejores tasas de mortalidad infantil, con solo 4.2 por cada mil nacidos vivos, de 60 que dejaron los “exiliados” en 1960.

Hoy la esperanza de vida de los cubanos es 78,4 años, gracias a la elevada calidad del sistema de salud pública socialista, que les ofrece cobertura universal y asistencia gratuita a todos, situación reconocida por la Organización Mundial de la Salud.

El aspirante a gobernador, antes de atacar a Cuba con sus palabrerías engañosas, debería conocer que Estados Unidos ocupa el puesto 35, de 37, en términos de pobreza y desigualdad; al tener la tasa Gini más alta de todos los países occidentales, esa que mide la desigualdad mundial.

Por supuesto, que tal panorama de desgracias solo afecta a la población pobre, visiblemente fraccionada por décadas de políticas de discriminación social y étnica, exclusión y por la dominación cultural de las altas esferas conservadoras.

Ron DeSantis, como candidato republicano a gobernador de la Florida, debería conocer la denominación efectuada por la revista Forbes, cuando seleccionó a Miami como la “Ciudad Más Miserable del País”, seguida por Detroit y Flint, en Michigan, y West Palm Beach, en la Florida. En el 2014, el sitio Wallethub.com definió a Miami como la segunda peor ciudad para criar a un hijo, detrás de Detroit.

En caso de ganar las elecciones, deberá tener en cuenta la cantidad de terroristas cubanos que residen en la Florida, especialmente en Miami, los que tienen a su haber números crímenes por haber pertenecido a organizaciones como Comandos L y Omega 7, hechos reconocido por sus participantes y que constan en los archivos del FBI, aunque nunca han sido juzgados por ellos.

Entre esos terroristas están Armando Valladares, detenido en Cuba por hacer estallar bombas en varios centros comerciales de la Habana y Carlos Alberto Montaner, detenido in fraganti cuando colocó una petaca explosiva en una tienda por departamentos, que hirió a una madre y a sus dos hijos. Fue juzgado y condenado, pero se fugó del centro penitenciario y buscó asilo en la embajada de Brasil.

Además, se pasean libremente por las calles de Miami otros como Ramón Saúl Sánchez, miembro de la organización terrorista Omega 7, autor confeso de varios actos terroristas contra Cuba, ahora compinche de Rosa María Paya, que incita a acciones de desobediencia en Cuba, sin que las autoridades yanquis tomen medidas por esos actos violatorios de las leyes internacionales.

Muchas son las cosas que deben preocuparle al aspirante a gobernador para poner orden en la Florida, antes de hacer declaraciones injerencistas y falsas contra Cuba, para ser aceptado por esbirros, torturadores y terroristas manchados de sangre inocente de ciudadanos cubanos.

Por conocerlos a cabalidad, expresó José Martí:

“Las elecciones en los Estados Unidos están por lo común en manos de la gente de tabernas”