Hipócritas y desvergonzados.


Por Arthur González.

No por ser repetitivas sus mentiras contra Cuba, dejan de causar indignación, al constatar la doble moral y la hipocresía de la política de Estados Unidos, patente en el informe que presentó al Congreso el 23 de mayo, Antony Blinken, Secretario de Estado, donde afirmó que el Registro Federal en su certificación anual, expuso que Cuba, Corea del Norte, Irán, Siria y Venezuela, no cooperan plenamente con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo y por tanto la administración de Joe Biden los mantendrá en la lista de estados patrocinadores del terrorismo.

Desvergüenza total del país que más acciones terroristas ejecuta y patrocina en el mundo, contra naciones que no aceptan arrodillarse a sus pies.

Sería muy conveniente que Blinken empleara algunas horas para leerse algunos documentos de la CIA y de su propio Departamento, muchos publicados en los volúmenes del FRUS, Foreign Relations United State, para que conociera realmente lo que Estados Unidos hace contra Cuba y su pueblo, los muertos y los daños causados por criminal política de terrorismo de estado.

Se sabe perfectamente que esa lista es parte de la guerra económica, comercial y financiera, que por 64 años le aplican al pueblo cubano para matarlo de hambre y enfermedades, pretensión inhumana demostrada durante la pandemia de la Covid-19, cuando Estados Unidos se negó a vender, y trató de impedir a terceros, la venta a la Isla de respiradores artificiales y otros insumos para salvar vidas.

Durante la tiranía de Fulgencio Batista, apoyada totalmente por Washington, jamás lo sancionaron, por el contrario, Allen Dulles, director de la CIA llegó a La Habana en abril de 1955 y se reunió con Batista, para coordinar la creación del Buró de Represiones Anticomunistas, BRAC, responsable de los asesinatos y torturas a miles de jóvenes que se oponían a los desmanes del tirano, órgano al que brindaron financiamiento, asesoramiento y entrenamiento operativo, más el abastecimiento de medios técnicos secretos.

Lyman Kirkpatrick, Inspector General de la CIA, realizó visitas a La Habana en 1956, 57 y 58, para darle seguimiento al desarrollo de esas actividades contra los líderes de las organizaciones políticas y estudiantiles, considerados hostiles a los intereses yanquis, reconociendo el “buen trabajo” que ejecutaba el tirano.

La CIA supo de las ideas de Fidel Castro durante su autodefensa en el juicio por el asalto al Cuartel Guillermón Moncada y por eso estaban convencidos que no aceptaría subordinarse a los intereses yanquis; de ahí que el 23 de diciembre de 1958, en una sesión del Consejo de Seguridad Nacional, Allen Dulles, director de la CIA, le expresó al presidente Eisenhower: “Debemos evitar la victoria de Castro”.

Una semana después Fidel ganaba la guerra en la que Estados Unidos había empleado dinero, armas y asesoramiento militar para impedir ese triunfo.

Mantener a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo, posibilita incrementar las medidas de guerra económica, comercial y financiera, mediante la presión y amenaza de sanciones, a las empresas que desean invertir y hacer negocios con las naciones incluidas, a los bancos para que no acepten transacciones de pago y compras, haciéndole la vida más difícil al pueblo por el incremento de las penurias.

Recientemente la congresista por Florida, María Elvira Salazar, emplazó al propio Blinken, durante una audiencia del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, exigiéndole de forma impositiva que se comprometiera a no retirar a Cuba de esa lista, sin previa consulta con los congresistas. Evidentemente desconcertado por la forma empleada por Salazar, Blinken le respondió: “Si va a haber tal revisión, se basará en la ley y en los criterios de la ley establecidos por el Congreso”.

Días después la congresista propuso un proyecto de Ley, para quitarle al presidente de Estados Unidos la potestad de extraer a un país de la mencionada lista y que fuera el Congreso quien decidiera, similar a lo que la mafia anticubana logró con la Ley Helms- Burton, para evitar que Bill Clinton pudiera levantar el “embargo”.  

Antony Blinken debe saber que el 11 de diciembre de 1959, el jefe de la División del hemisferio occidental de la CIA, el sr. J.C. King, envió un informe a su director general, Allen Dulles, proponiendo dar una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro”.

Además, debería leerse cuidadosamente el informe del Inspector General de la CIA, confeccionado en 1967, donde se detallan algunos de los cientos de planes que esa agencia desarrolló para asesinar a Castro, prueba que quienes ahora elaboran listas de países patrocinadores del terrorismo, son los verdaderos ejecutores del terrorismo internacional: los hipócritas yanquis que asesinan sin el menor remordimiento.

Otro documento que el Secretario de Estado no puede dejar de leer para comprender como su gobierno viola los derechos humanos y participa en acciones terroristas, es el preparado por la CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, el 8 de junio de 1963, donde se expone en detalles la política encubierta y el programa integrado de acciones hacia Cuba.

Dicho documento recoge entre muchas tareas:

“…la información de inteligencia se necesita para permitir el planteamiento y organización de operaciones para la represalia económica y blancos de ataque”. “Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede uno esperar convertir la desafección en las fuerzas armadas y otros centros de poder del régimen, en revueltas activas contra el séquito Castro-comunista”.

Eso es terrorismo de Estado contra un país independiente y debiera ser sancionado por la ONU, pero nunca ha sucedido.

Para ser más específico, ese programa integrado de acciones, detalla lo siguiente:

Los sabotajes en este programa son tanto un arma económica como un estímulo a la resistencia, debe existir una visible y dramática evidencia del sabotaje para que sirva como un símbolo del creciente desafío popular al régimen de Castro. Estas operaciones serán realizadas lo mismo por agentes controlados desde afuera, ahora disponibles, o por los agentes internos o aquellos que se consignan.

“Ningún acto de sabotaje aislado por sí mismo puede afectar materialmente la economía o estimular una resistencia significativa. Sin embargo, es nuestra opinión que una serie de esfuerzos de sabotajes bien planeados y ejecutados adecuadamente a su tiempo, producirán el efecto que buscamos”.

“Cada acción tendrá sus peligros: habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EEUU, que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso, si el programa expuesto puede tener el éxito esperado”.

¿Necesita Blinken una afirmación más monstruosa y sínica?

¿Por qué la prensa yanqui y los periodistas especializados en Cuba y Latinoamérica, no publican estos documentos que prueban quién es el verdadero país terrorista?

Un documento elaborado por el coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, en la denominada “Operación Cubana”, señala sin el más mínimo pudor:

Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

Según sus propios informes, la CIA introdujo ilegalmente en Cuba desde el 28 de septiembre de 1960 hasta el mes de abril de 1961, “75 toneladas de explosivos y armamentos, mediante 30 misiones aéreas, más 46,5 toneladas en 33 misiones de infiltración marítima, para abastecer a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas”.

La voladura intencional del buque francés La Coubre, en marzo de 1960, dejó un saldo de 101 muertos y más de 200 heridos, unido a la del avión civil de Cubana de Aviación en 1976, donde murieron 73 personas inocentes, entre ellos el equipo nacional juvenil de esgrima, bastan para juzgar y sancionar en un tribunal a cada uno de los directores de la CIA y a los presidentes de Estados Unidos que aprobaron esos planes criminales y después dieron cobija a los asesinos.

A estos hechos terroristas hay que sumarle las acciones biológicas contra los cubanos, la flora y la fauna, entre los que se destaca la introducción del Dengue Hemorrágico en 1981, que trajo como resultado la muerte de 158 personas, de ellos 101 menores de edad, del total de 344,203 enfermos.

En 1984 uno de los agentes de la CIA, Eduardo Arocena, confesó ante el tribunal federal de New York, donde era juzgado por asesinato de un diplomático cubano ante la ONU, que la misión del grupo que dirigía era introducir gérmenes patógenos en la Isla. El juez no reparó en esa confesión y fue condenado solo por asesinato. El presidente Donald Trump le concedió el indulto sin tener en cuenta sus crímenes.

Los legajos que contienen las acciones terroristas llevadas a cabo por Estados Unidos contra Cuba, ocupan varios estantes del Archivo de Seguridad Nacional y conforman la verdad histórica, esa que bastaría para conformar un tribunal que los juzgue por sus crímenes horrendos, contra un pueblo que solo decidió defender su soberanía nacional y se niega a ser colonia del imperio más poderoso y deshumanizado del mundo.

Exacto fue José Martí cuando afirmó:

“Nada más justo que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”.

Un pensamiento en “Hipócritas y desvergonzados.

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