Diputadas belgas al servicio de las políticas yanquis.


Por Arthur González.

Mientras Bruselas, la capital de Bélgica, vive las consecuencias del mayor escándalo de corrupción en el Parlamento Europeo y aumentan las voces que exigen reformar las normas que regulan los grupos de presión en las instituciones de la Unión Europea, la Cámara de Representantes del Reino de Bélgica, sucumbe ante las solapadas presiones de Estados Unidos para que aprueben una resolución que condene a Cuba, por las inventadas violaciones de derechos humanos, que pretenden lesionar las relaciones con la Isla.

El 12 de enero la Cámara de Representantes debatirá la susodicha resolución, presentada por las diputadas federales Ellen Samyn y Annick Ponthier, ambas del partido Vlaams Belang, nacionalista flamenco conservador de derecha, incluso con matices racista y neonazi.

La solución tiene la misma línea diseñada por Washington desde hace 60 años, con el objetivo de dañar la imagen de la Revolución cubana que derrocó al dictador Fulgencio Batista, asesino apadrinado por los yanquis que jamás condenaron por sus crímenes, pues servía a los intereses económicos y políticos del poder de las transnacionales estadounidenses y del sindicato del crimen, la mafia italo-norteamericana dueña del negocio del juego, las drogas y la prostitución en la Isla.  

Lo que les duele a los yanquis es que a pesar de llevar 64 años ejecutando planes para asesinar a Fidel Castro, incluso con apoyo de la cosa nostra, como se plasma en el informe del Inspector General de la CIA, de 1967 sobre las conspiraciones para llevar a cabo el magnicidio, unido a la fracasada invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, derrocada en menos de 72 horas; los actos de terrorismo de estado iniciados en marzo de 1960 con la voladora del buque francés La Coubre, que transportaba municiones compradas por Cuba a Bélgica para su defensa; la introducción de virus patógenos para enfermar y matar a la población civil, la flora y la fauna; más la conformación de redes de espías a su servicio para socavar la economía, la Revolución sigue en pie de lucha.

¿Por qué no hay resoluciones contra el gobierno que dio un golpe de Estado en Bolivia, donde hubo decenas de muertos, detenidos y perseguidos, lo mismo que ahora sucede en Perú, ante el silencio de los organismos de derechos humanos, del gobierno de Estados Unidos, el Parlamento Europeo y la Organización de Estados Americanos?                           

Las campañas de mentiras fabricadas por la CIA contra Cuba son históricas y el mundo las conoce, como también está consciente de quienes son los llamados “disidentes”, creados y financiados con miles de dólares que salen del millonario presupuesto anual que aprueba el gobierno de Washington para mantenerlos.

Vergüenza debería darles a los parlamentarios belgas, por dejarse arrastrar ante las presiones de los grupos que trabajan sobre las instituciones de la Unión Europea y que se conoce reciben “subvenciones” de supuestas ONG, proveniente del dinero yanqui a través de esas pantallas de la CIA, como se ha denunciado reiteradamente.

Acusar a Cuba de enviar médicos a salvar vidas de los más necesitados en el mundo, en medio de pandemias y a lugares donde los médicos del llamado primer mundo no aceptan acudir, es una falacia que merece una condena.

Se sabe que el objetivo de Estados Unidos es impedir la entrada de dinero a la economía cubana, agobiada por las criminales leyes que  buscan estrangularla, como son la Ley de Comercio con el Enemigo, de 1917, sección 5.b; Ley de Cooperación Internacional, de 1961, sección 620.a; Regulaciones al Control de los Activos Cubanos, de 1963; Ley para la Democracia en Cuba, de 1992, (Ley Torricelli); Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas, de 1996, (Ley Helms-Burton); Ley de Sanciones Comerciales e Incremento del Comercio, de 2000, unidas a las 240 medidas aplicadas desde que Donald Trump asumió la presidencia y que Joe Biden mantiene.

Eso si es una violación total de los derechos humanos de los cubanos, para sembrar el desencanto y el desaliento de la población, unido a la guerra mediática para que culpen al socialismo de sus penurias, recogido literalmente en los documentos oficiales yanquis, sin que el Parlamento Belga lo condene.

Investiguen las relaciones de las diputadas federales Ellen Samyn y Annick Ponthier, con funcionarios de la embajada de los Estados Unidos y con organizaciones pantallas de la CIA, para que encuentren la verdad escondida tras su “preocupación” por los derechos humanos en Cuba.

¿Por qué exigen en el documento presentado por ellas, la cancelación del festival de La Semana belga en La Habana?

La verdad es que no quieren que los visitantes comprueben la realidad de Cuba, los daños que causan en el pueblo las leyes criminales aplicadas por Estados Unidos, las mentiras sobre la “represión”, los fabricados “disidentes” y los supuestos “presos políticos”.

El secuestro del periodista Julián Assange y su encarcelamiento ilegal en una cárcel de máxima seguridad, convirtiéndose en un verdadero preso político, no les importa a las dos diputadas federales, a pesar de ser una total violación de los derechos humanos y ocurrir en un país europeo, lo que demuestra la corrupción que se esconde en sus acusaciones a Cuba, al dejarse presionar por el cabildeo de los yanquis.

Es público que los grupos de cubanos pagados con dinero de Estados Unidos, ejecutan presiones sobre determinados parlamentarios en la formulación o aplicación de las políticas y en los procesos de toma de decisiones en las instituciones que representan, lo mismo que realizan diplomáticos estadounidenses con aquellos considerados como sus vínculos estables, los cuales además de facilitarles información, cumplen ciertas tareas para “ayudar” a Estados Unidos.

Cuba tiene el apoyo de millones de personas honestas de este mundo y por eso la solidaridad que recibe desde hace más de medio siglo. Las múltiples resoluciones aprobadas en su contra por el Parlamento Europeo y los premios regalados a los lacayos fieles cumplidores de las instrucciones de Estados Unidos, demuestran quienes están al servicio de las causas justas de los pueblos y quienes a los pies de los yanquis.

No por gusto afirmó José Martí:

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.