Recetas fracasadas.


Por Arthur González.

Quienes conocen bien la historia y la lucha desesperada por buscar dinero a toda costa, al hacer de la política anticubana una jugosa profesión, saben que las recetas empleadas llevan 63 años de fracasos.

Uno de esos buscavidas es Manuel Cuesta Morúa, quien a semejanza del viejo camaján Elizardo Sánchez Santacruz y Pacheco, ha transitado por numerables grupúsculos contrarrevolucionarios, con el único fin de llenar sus bolsillos con dólares que los yanquis le entregan.

Viajes a diferentes países con alojamiento incluido, conforman su currículo en los últimos 30 años, sin que hasta la fecha pueda demostrar algún resultado creíble.

El más reciente invento es la llamada “Plataforma D Frente” y según este vividor “reúne a activistas, intelectuales y grupos de la oposición cubana”, que nadie conoce en la Isla.

En su intento por darle alguna publicidad al engendro, envió una carta al Papa Francisco para pedir su mediación para la libertad de los “presos políticos” en Cuba, acusando al Santo Padre de olvidar a los cubanos en sus peticiones y dar prioridad a los de África, Ucrania y otros países, en vez de exigir la liberación de los cubanos.

El Papa conoce perfectamente el negocio de la contrarrevolución y también la obra de la Revolución, castigada por Estados Unidos con una criminal guerra económica, comercial y financiera que dura más de medio siglo, para causar hambre y enfermedades al pueblo, con el marcado propósito de que el pueblo se desaliente y culpe al gobierno de las penurias producidas por las sanciones yanquis.

Como la mentira tiene piernas muy cortas, la carta del vividor Cuesta Morúa no es otra cosa que parte de las orientaciones recibidas y la prueba está en que “casualmente”, varios congresistas estadounidenses también le exigen al Vaticano que intervenga en favor de los cubanos “que se sienten abandonados por la jerarquía de la Iglesia”.

Los presos en Cuba cometieron delitos comunes, todos siguen orientaciones desde Estados Unidos y cobran bastantes dólares por sus provocaciones y acciones contra el orden interno cubano.

¿Por qué esos “preocupados” congresistas yanquis no piden la liberación de Julián Assange y el cese de su persecución por darle a conocer al mundo las violaciones a los derechos humanos que practica Estados Unidos de forma sistemática, incluso al espiar a altos funcionarios extranjeros?

Antes de exigirle al Papa que hable de los cubanos, hay que pedirle que se preocupe por los más de 39.000 reclusos que guardan prisión en las 36 prisiones de Ecuador (según cifras oficiales), en las cuales han muerto más de 400 internos desde el año 2020, situación que no existe en Cuba.

Los internos en esas prisiones viven un infierno permanente, debido a las malas condiciones, rodeados de mafias que controlan los centros; no tienen derecho a ver televisión, hay hacinamiento, carecen de programas de reeducación, no hay duchas colectivas y donde existen, les impiden usarlas, teniéndose que asearse en sus celdas.

Un alto porciento ingresa las prisiones sin un juicio previo, exponiéndose a conflictos con quienes controlan y extorsionan a la población penal que muchas veces desencadenan en mascares, situación que los yanquis no satanizan.

¿No sabe el contrarrevolucionario Cuesta Morúa lo que sucede en las cárceles de El Salvador, con los más de 55.000 detenidos que ingresan sin ser sancionados por los tribunales y con pocas esperanzas de que los jueces atiendan su caso de manera individual, debido a que celebran audiencias con hasta 300 acusados a la vez, con abogados de oficio que no conocen los casos por estar sobrecargados y carecer de tiempo para preparar la defensa?

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