La Cumbre de las Américas y su laberinto.


Por Arthur González.

La novena reunión de los países de la región, llamada Cumbre de las Américas, se planifica celebrar en Estados Unidos a principios de junio, pero debido a la prepotencia yanqui de creerse los amos del hemisferio occidental, los ha conducido a un laberinto sin una salida definida, al excluir a países que no aceptan someterse a sus órdenes

Washington no acaba de entender que el mundo no es igual al del siglo XX cuando ellos invadían y fabricaban golpes de estado para cambiar a gobiernos que no eran de su agrado, como la historia de Latinoamérica recoge por decenas.

Ante la decisión de la Casa Blanca de no invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, los países del Caribe y otros como México, Bolivia, Honduras, Guatemala, Argentina y Chile han expresado su inconformidad por esa exclusión, destacándose el presidente mexicano que dijo claramente que no asistiría a la misma, siguiéndole Luis Arce de Bolivia, la mandataria de Honduras y el de Guatemala, conformándose un clima de total rechazo a la actitud yanqui. A esos pudiera sumarse el presidente de Brasil, lo que daría el puntillazo mortal a tal Cumbre.

La pasada supremacía estadounidense en la región no es la misma, a pesar de mantener su política de chantaje político y económico para doblegar la voluntad de presidentes latinoamericanos, vieja fórmula empleada para imponer su voluntad como hicieron en 1962 para expulsar a Cuba de la OEA, plasmada en documentos secretos ya desclasificados.

La ausencia de políticos con inteligencia funcional en el actual equipo del presidente Joe Biden, flexibles a cambios de actuación hacia América Latina y al reconocimiento de la libertad de pensamiento, el pluralismo político y a la no injerencia en los asuntos internos de los países, hace que los yanquis sean cada vez más rechazados por los pueblos, al querer imponer su sistema como la única y verdadera “democracia” que puede existir en este mundo.

Las marcadas diferencias económicas y sociales resultantes de un sistema capitalista salvaje que no ve al ser humano como factor principal, solo producen desempleo, hambre, enfermedades y analfabetismo que provocan la emigración masiva hacia el país que se proclama “modelo de oportunidades y abundancia”, ocultando las calamidades que tiene su sistema económico y social, puesto de manifiesto con la aparición de la Covid-19, al ser el país del mundo que más muertos acumula debido a su endeble sistema de salud, el cual no brinda asistencia gratuita, al ser la medicina un negocio jugoso para hospitales y empresas farmacéuticas.

El lema propuesto para la Cumbre “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo” para nuestro hemisferio, es algo imposible de cumplir con políticas capitalistas discriminatorias que no brindan oportunidades para todos.

Estados Unidos no acepta que Cuba, Venezuela y Nicaragua participen porque su denuncia ante el atropello que padecen los latinoamericanos por el capitalismo salvaje, no la pueden permitir los ideólogos que hablan de democracia, pero fabrican golpes de estado para quitar a presidentes que se ocupan de sus pueblos, como sucedió en Bolivia hace dos años a partir de la guerra mediática, el soborno y el reclutamiento de militares y políticos al servicio de la embajada yanqui y su estación de la CIA.

Ese hecho bochornoso marca la línea de acción de Estados Unidos en la región, con antecedentes en el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, dirigido por el Departamento de Estado y la CIA; la invasión a Panamá para aplastar al presidente Manuel Noriega; el de Honduras con secuestro de su presidente incluido; o el golpe simulado bajo “acuerdos congresionales” sucedido en Paraguay.

La guerra económica, comercial y financiera impuesta desde hace más de 60 años por Estados Unidos para matar de hambre y enfermedades a los cubanos, repetida contra Venezuela, es la mayor prueba del despotismo y crueldad de la política imperial, situación rechazada por la comunidad internacional año tras año en las Naciones Unidas.

El terrorismo de estado ejecutado por los yanquis contra el pueblo cubano y venezolano, no puede ser exhibido como la “construcción de un futuro sostenible, resiliente y equitativo” para los pueblos de la región, ni tampoco el total apoyo a las masacres de líderes sociales en Colombia y otras naciones, sin que sus gobernantes manchados de sangre sean sancionados por Washington, por el contrario, son premiados y considerados fieles amigos de Estados Unidos.

La Cumbre de las Américas será otro fracaso en la política del presidente Joe Biden, quien no ha sido capaz de aprobar la ayuda de 4 mil millones de dólares para la región, y sí entregarle a Ucrania 40 mil millones para que continúe la masacre contra los pueblos de las regiones declaradas independientes y amigas de Rusia

Biden al escuchar a senadores y representantes de la mafia terrorista anticubana como Bob Menéndez y Marco Rubio, vuelve a mostrar su debilidad política y el resultado logrado es el rechazo ante la exclusión de países que mantienen posiciones solidarias y de acompañamiento a los pueblos de Latinoamérica, algo que no se puede ocultar y está demostrado en los dos años de la pandemia, todo lo opuesto a la posición asumida por Estados Unidos.

La matriz de opinión construida en su guerra cognitiva contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, de que “no serán invitados a la Cumbre debido a su historial de derechos humanos”, es insostenible porque el mayor violador de esos derechos son los Estados Unidos, con su larga historia de muertes, torturas a los prisioneros, encarcelamiento de niños a cadena perpetua, ser el mayor traficante de drogas, permitir la industria de la prostitución incluida la infantil, principal invasor a naciones soberanas, entrenar, financiar y abastecer de armas a grupos mercenarios y dar refugio a connotados terrorista.

Biden en su debilidad, se deja llevar por el camino del fracaso e incluso pone en riesgo la posición de su partido en las próximas elecciones congresionales y en su futura reelección, al escuchar voces como las de Matthew Rooney, director del Institute Outreach and Strategic Partnerships en el George W. Bush Presidential Center, quien considera:

“No está fuera de lo normal que a la Cumbre sólo se invite a líderes democráticos. Estados Unidos debería poder invitar a quien quiera a su casa y los demás asistentes deberían estar contentos de ser invitados”, aunque ante el rechazo obtenido tuvo que reconocer que hay una dinámica cambiante en la región.

Otro de los que ayudan a Biden a hundirse es el director principal de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional, Juan González, quien declaró a la revista Americas Quarterly, que Cuba, Venezuela y Nicaragua no estarán incluidos, criterio repetido por Brian Nichols, subsecretario estadounidense para América Latina y el Caribe, porque considerar que “no respetan la carta democrática de las Américas”.

El único perjudicado en esto será Estados Unidos, al demostrar su verdadera “democracia” y Biden su incrementada debilidad política.

Sabio José Martí al afirmar:

“Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes»

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