Estados Unidos y Cuba pueden tener relaciones respetuosas.


Por Arthur González.

Si existiera voluntad política en el gobierno de los Estados Unidos, pudieran existir relaciones respetuosas y beneficiosas con Cuba, así lo prueba la historia, pero son demasiados los intereses de aquellos que hacen de la política bilateral con la Isla un negocio jugoso, mediante el cual unos hacen carrera política y otros llenan sus bolsillos de dólares, aunque ambos pueblos resulten perjudicados.

El gobierno cubano siempre ha estado abierto a una relación respetuosa con Estados Unidos y prueba de eso se constata en el encuentro confidencial que sostuvo Ernesto Che Guevara, el 17 de agosto de 1961, en Montevideo, Uruguay, con Richard Goodwin, asesor especial para asuntos latinoamericanos del presidente John F. Kennedy, a solo 6 meses de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos.

Esa reunión casi le cuesta el cargo al asesor yanqui y fue investigado por el Senado intransigente a mejorar las relaciones con Cuba.

Para tener una idea de cómo actúan los yanquis, basta leer un informe elaborado por Goodwin para Kennedy, el 1ro de septiembre 1961, donde propone un amplio plan de guerra económica, propagandística y psicológica contra Cuba, que incluía actividades terroristas y la creación de una fuerza de seguridad del Caribe para apoyar las acciones de Estados Unidos contra la Isla.

Agregó invitar a la CIA y que presentara un procedimiento encubierto para continuar las conversaciones secretas con Cuba, que tuvieran como fin, el desmembramiento desde adentro de la jerarquía cubana y estimular su división.

En noviembre de 1973 Estados Unidos le propuso al gobierno de Cuba iniciar conversaciones formales sobre los secuestros de aviones y embarcaciones, a pesar de ser los yanquis quienes respaldaron los efectuados por elementos contrarrevolucionarios, los recibieron como héroes al llegar a Miami y se les ajustó el estatus migratorio según la ley de Ajuste Cubano, aun cuando los autores hubiesen cometido hechos de sangre.

Cuba aceptó la propuesta sin reparos, pues siempre fue consecuente en su posición de someter a juicio a los secuestradores provenientes de Estados Unidos, y devolvió los medios.

El acuerdo firmado cortó de inmediato el secuestro de aeronaves desde los Estados Unidos, no así los ejecutados en la vía contraria.

Otros acuerdos se aprobaron relacionados con la zona de pesca, las comunicaciones, el tráfico de drogas y algunos más, demostrando que se puede mantener una relación respetuosa, a pesar de las abismales diferencias políticas.

En 1977, Cyrus Vance, entonces secretario de Estado, expuso ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que era hora de comenzar a eliminar los obstáculos en el camino de una normalización de relaciones con La Habana, algo que Cuba vio con buenos ojos, siempre que no se le impusieran condicionamientos humillantes, como las expresadas por el presidente James Carter; así se inician conversaciones secretas entre ambos países para tratar los temas de las fronteras marítimas y los derechos de pesca.

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