Una guerra que no se puede olvidar ni silenciar.


Por Arthur González.

El gobierno de Estados Unidos empeñado en hacer fracasar el proceso revolucionario cubano, empleó y emplea aun, cuantas medidas estén a su alcance con el propósito de lograrlo. Para eso orientó a la CIA diseñar y ejecutar Planes de Acción Encubierta, desde la invasión por Bahía de Cochinos, criminales actos terroristas que costaron miles de vidas inocentes, campañas subversivas, guerra económica, comercial y financiera y una de las más criminales e inhumanas, la guerra biológica contra la fauna, la flora y la vida de hombres, mujeres y niños.

En 1965 en la finca Santa Catalina, Santiago de las Vegas, La Habana, descendió un globo de material plástico que, al impactar en el suelo, expulsó un polvo blanco que se extendió por los alrededores donde existía un cañaveral cercano, provocando su contaminación. Este hecho fue presenciado por varios campesinos del lugar.

Un tiempo antes se habían detectado varios casos de meningitis meningocócica, al parecer introducida desde el exterior.

Como parte de esa despiadada guerra biológica, el 6 de mayo de 1971 las autoridades sanitarias cubanas detectaron, por primera vez en el hemisferio occidental, la Fiebre Porcina Africana. Por esta acción, seis semanas más tarde Cuba tuvo que tomar la decisión de sacrificar medio millón de cerdos, para prevenir la expansión de la enfermedad en toda la Isla, debido a que esta es sumamente contagiosa. Ya se había propagado al resto de los municipios de La Habana y de Bahía Honda en Pinar del Río.  Esta plaga afectó la alimentación del pueblo.

Para no dejar dudas de quienes fueron los autores de esa enfermedad, en 1977 la prensa de Estados Unidos reveló que una fuente al servicio de la CIA informó que “el virus introducido en Cuba, había sido transferido desde Fort Gulick, base para el entrenamiento del ejército yanqui y oficiales CIA, en la zona del Canal de Panamá. Los responsables de introducirlo en la Isla fueron agentes cubanos al servicio de esa Agencia de Inteligencia”.

A fines de enero de 1980 fue confirmada la presencia de la Fiebre Porcina Africana en el municipio de Baracoa, provincia de Guantánamo. Según un estudio Epizootiológico, la enfermedad se inició en 1979 a través de focos en los municipios Niceto Pérez, Guantánamo, Caimanera, El Salvador, San Antonio del Sur e Imías, que fueron confundidos con otras enfermedades rojas del cerdo.

Como resultado de movimientos de animales de la Empresa Porcina de Guantánamo, la enfermedad penetró en Santiago de Cuba y Holguín respectivamente.

Las plagas y enfermedades continuaron sobre la caña, los cítricos, plantaciones de plátanos, cítricos, arroz, papa, tabaco y café. Los animales también siguieron la misma suerte de las acciones malévolas de los yanquis, en su propósito de matar por hambre y enfermedades a los cubanos.

En este sentido, se detectaron enfermedades en el ganado vacuno, los conejos, las abejas y cuanto pueda servir de alimento.

Los seres humanos también han sido blanco de los llamados “campeones de los derechos humanos”.

En mayo de 1981 se detecta una repentina y masiva epidemia del Dengue Hemorrágico,que afectó en pocos meses a no menos de 350 mil personas, mayormente niños, ocasionando la muerte de 158 personas, de ellas 101 menores.

Las investigaciones de científicos cubanos permitieron comprobar que esa forma de Dengue se correspondía a la cepa «Nueva Guinea» 1924 (serotipo 02), única en el mundo en ese momento, demostrándose que constituía una cepa elaborada en laboratorios. Cuba detectó 3 focos iniciales sin relación epidemiológica, dos en Cienfuegos y el otro en Camagüey, al oeste y a pocos kilómetros de dos de los tres corredores aéreos existentes en el país.

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