Estados Unidos pierde su apuesta por la juventud cubana.


Arthur González.

Decepcionados por el fracaso de la marcha de supuestos jóvenes opositores a la Revolución cubana, que soñaron organizar el 15 de noviembre 2021 con Yúnior García y a la cual apostaron mucho dinero y esfuerzo, al Departamento de Estado y las agencias de Inteligencia, no les ha quedado otro remedio que sacar del cajón del olvido a sus viejos colaboradores, aquellos que desde 1990 fueron sus niños mimados, calificados como “disidentes”, que tampoco obtuvieron resultados.

¿Quién se acuerda de los desprestigiados Vladimiro Roca, Martha Beatriz Roque, Elizardo Sánchez Santacruz-Pacheco, Guillermo Fariñas o René Gómez Manzano, anónimos para la joven generación de cubanos?

Solo los cubanos con más edad conocieron muy bien de las payasadas de aquellos contrarrevolucionarios, sus falsas huelgas de hambre e incluso el rol de agentes dobles denunciados en la TV, pero al tener todos más de 70 años para la juventud de hoy no representan nada.

No obstante, al quedarse sin la ansiada juvenil “disidencia” interna, Estados Unidos retomó la atención de los viejos, en un desesperado intento por no dejar morir su fabricada “oposición” y la prueba de eso fue la visita repentina que hizo el pasado 11 de diciembre, Timothy Zúñiga-Brown, Encargado de Negocios de la Embajada en La Habana, a René Gómez Manzano de 77 años de edad, en franca violación de la Convención de Viena de 1961, dada su injerencia en los asuntos internos de Cuba.

El diplomático yanqui también contactó en sus casas a otros contrarrevolucionarios, con la evidente pretensión de reactivar a los opositores “jubilados”, pues ahora no tienen de donde sacar disidentes entre la juventud, después de la estampida hacia el exterior de los principales actores del inventado grupito Archipiélago.

Los yanquis se niegan a sacar experiencias de sus fracasos, ni hacen caso a los informes secretos enviados por sus diplomáticos, en los cuales alertaron al Departamento de Estado y a la CIA de la verdadera calaña de los “disidentes”, como aquel cable que en 15 de abril de 2009 afirmaba:

“Cuando el gobierno de Cuba parece haber consolidado una posición de indiscutible autoridad a lo interno, vale la pena preguntarse qué hace la oposición política cubana y qué papel puede desempeñar en el futuro”. “Muchos grupos de oposición son dominados por individuos con encumbrados egos que no trabajan bien en equipo, por lo que pueden ser fácilmente manipulados por la seguridad cubana”. “No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día, de los principales organizadores y sus seguidores”.

Más de lo mismo a lo largo de 62 años, pero a pesar de tantos fracasos, su odio visceral los empuja al mismo sendero, aunque sigan perdiendo tiempo y mucho dinero.

Por esa razón insisten en arreciar sus medidas de guerra económica, comercial y financiera, con la ilusión de que, ante tantas penurias causadas, el pueblo se lance a las calles y derrumbe el sistema socialista, pero los cubanos saben el terreno que pisan y que, gracias al socialismo, imperfecto, pero más humano que el capitalismo, Cuba exhibe índices de educación, cultura, seguridad social y salud que no poseen otros países de la región.

Ese sistema socialista permite hoy el control sobre la pandemia de la Covid-19, con sus tres vacunas propias, logradas en medio de la guerra económica incrementada con más de 250 medidas de castigo, impuestas por Estados Unidos.

La actual campaña de prensa estructurada para distorsionar la imagen de Cuba es brutal, tanto en Europa como en Latinoamérica. Los principales medios informativos publican diariamente noticias falsas contra la Revolución, especialmente sobre supuestos arrestos, violaciones de derechos humanos que no pueden sustentar y actos contra la Revolución que solo existen en la mente de sus creadores en Estados Unidos, a lo que se suman los congresistas de origen cubano, quienes tienen encadenada la política exterior de ese país e impiden cualquier cambio y mejoría de las relaciones entre ambas naciones.

El burdo empleo de españoles eurodiputados, para formar espectáculos contra Cuba en el parlamento del viejo continente, lejos de debilitar a la Revolución la fortalece, porque el mundo palpa como es víctima de sus patrañas, cuando en muchos países de Europa sufren los altos precios del gas, la electricidad, los desahucios, la falta de empleo, el crecimiento de la pobreza, la represión policial y las pocas oportunidades para los jóvenes, mientras crecen los presupuestos para gastos militares que en nada benefician a los pueblos.

Esos europarlamentarios no tienen ojos ni oídos para constatar los crímenes a manos de la policía en Chile, Colombia y otras naciones latinoamericanas, donde las masacres de líderes sociales son cotidianas y hay cientos de presos políticos que aguardan por un juicio justo, sin que se reclamen sus derechos.

Los detenidos ilegalmente almacenados en la base naval yanqui no se mencionan en el Parlamento Europeo, como tampoco hacen contra la represión, encarcelamiento y posible extradición de Julián Assange, solo por divulgar los crímenes de Estados Unidos en sus intervenciones militares en Irak y Afganistán.  

La violación del derecho diplomático que hicieron los yanquis con el secuestro y traslado ilegal desde Cabo Verde, del venezolano Alex Saab, no parece preocuparles a los eurodiputados, prueba de que a ellos no les importan los derechos humanos y solo cumplen instrucciones de Estados Unidos, en su vieja y desgastada política contra la Revolución cubana.

Timothy Zúñiga-Brown tendrá que seguir arando en el mar, por cumplir las órdenes que diariamente recibe desde Washington, donde le obligan a desgastarse en el trabajo de resucitar una anciana “oposición”, sin prestigio ni apoyo popular.  Cuando culmine su trabajo en La Habana, quizás escriba sus memorias y relate cómo sus jefes le hicieron perder su tiempo y la oportunidad de mejorar las relaciones entre dos países tan cercanos.

Por eso José Martí afirmó:

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

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