Artistas cubanos en la mirilla de la CIA.


Por Arthur González.

El interés de la CIA por los artistas cubanos no es nuevo, la historia así lo recoge en el trabajo subversivo que desarrollaron el siglo XX contra los llamados países socialistas y Cuba no es la excepción. A inicios de la Revolución cubana en 1959, la CIA reclutó algunos artistas de la Televisión y la Radio, pero rápidamente emigraron a Miami.

El Council on Foreign Relations en 1999 publicó sus propuestas sobre la estrategia para lograr un cambio de sistema en la Isla y recomendó sin tapujos:

“Las visitas a Estados Unidos de artistas cubanos tienen como propósito ejercer influencia política sobre los mismos. Esto sería a su vez un estímulo para que otros artistas se interesaran en actuar en los Estados Unidos y situaría a los que regresen en una posición económica por encima de otros artistas y del pueblo cubano en general, lo que paulatinamente los convertiría en personas con intereses y visión diferente. Esto es muy importante para los planes de Transición”.

En los últimos años los servicios de inteligencia yanqui y el Departamento de Estado, invirtieron millones de dólares para trabajar ideológicamente a artistas, raperos, músicos de rock, escritores y periodistas cubanos mal llamados “independientes”, con el fin de fabricar en ese sector un arma contra la Revolución. Una buena parte del dinero lo canalizan a través de la NED y la USAID.

Para lograrlo, especialistas yanquis en “cambios de regímenes” centraron sus esfuerzos en atraer a jóvenes marginados, especialmente de raza negra, para convertir su resentimiento social en acciones contrarrevolucionarias, plasmado en un artículo publicado en 2009 por en el órgano oficial de la National Endowment for Democracy (NED), Journal of Democracy, donde exponen el plan para: “cultivar la clase baja cubana y transfórmala en vanguardia antigubernamental, mediante el empleo de los principios de la democracia y los derechos humanos, como clave del cambio pacífico, para unirlos y movilizarlos frente a un régimen altamente represivo”.

Puesto en marcha, en 2009 la USAID recluta de forma encubierta a varios artistas de hip-hop cubanos, para usarlos como propagandistas del cambio de sistema político, pretendiendo fomentar un movimiento juvenil contra el gobierno de Cuba.  La cara pública del plan fue Rajko Bozic, veterano agente CIA del grupo OTPOR, quien trabajó en el derrocamiento del líder serbio Slobodan Milosevic.

Bajo fachada de “promotor musical”, Bozic se acercó al grupo de rap cubano Los Aldeanos, que habían compuesto la canción contrarrevolucionaria “Rap is War”. El serbio se presentó como un profesional del marketing, prometiéndole al líder del grupo convertirlo en una estrella internacional. A través de ZunZuneo, plataforma en las redes sociales, enviaron miles de mensajes automáticos para promocionar a Los Aldeanos entre los jóvenes cubanos.

Los Aldeanos acrecentaron sus críticas al gobierno, pero se descubrieron los contratos que probaron el vínculo de Bozic con la USAID.

Otro grupo explorado fue Omni Zona Franca, proyecto de poetas y artistas de performance, de orientación rastafari, con sede en el barrio de Alamar, en La Habana, el cual sirvió de inspiración para el llamado Movimiento de San Isidro. Fue tan amplio el trabajo ideológico sobre ellos durante sus actuaciones en Estados Unidos y Europa, que muchos negaban la existencia del bloqueo estadounidense contra Cuba, a la vez que incrementaban su actitud contra el sistema socialista.

La aprobación del presidente Barack Obama de permitir la entrada de Internet a la Isla, posibilitó el trabajo subversivo sobre la población, especialmente los jóvenes.

Ese accionar subversivo también incidió en el cine y el teatro con obras de contenido en contra del proceso revolucionario, sus instituciones y sus líderes. Los presupuestos publicados en los sitios oficiales de la NED y la USAID confirman el financiamiento que destinan a esos fines.

Las artes plásticas no quedaron fuera y en ese campo se destaca Tania Brugueras, quien recibió en 1997 y 1999, becas en Estados Unidos, no solo por su talento artístico sino, porque sus posiciones críticas a la Revolución hicieron que diplomáticos yanquis acreditados en La Habana, se interesaran en ella y la recomendaran, recibiendo una total influencia subversiva que más tarde demostró en sus continuos intentos de provocaciones durante varias celebraciones de la Bienal de la Habana.

Sigue leyendo