Un fracaso más de Estados Unidos contra Cuba.


Por Arthur González.

Los yanquis vuelven a tropezar con la misma piedra en sus pesadillas por derrocar a la Revolución cubana, algo repetitivo desde 1958 cuando no pudieron impedir su triunfo como deseaba el presidente Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles. Su odio es tal que continúan dándose golpes con la misma pared, sin lograr un solo triunfo.

Una simple revisión de la historia comprueba su larga lista de fracasos, iniciados con la frustración de la conocida “Conspiración Trujillista”, el 13 de agosto de 1959, que con el apoyo del dictador dominicano Leónidas Trujillo, pretendió introducir hombres por la ciudad de Trinidad para alzarse en las montañas. El propio Fidel Castro dirigió las acciones que pusieron fin a la intentona injerencista.

Tampoco pudieron sembrar el miedo entre los cubanos con los bombardeos a ciudades y campos, por aviones procedente de Miami en octubre del mismo 59, ni la voladura del buque francés La Coubre, en marzo de 1960, para impedir que Cuba se preparara para enfrentar una invasión.

El inicio de la guerra económica y comercial, surgida con las medidas tomadas por Eisenhower el 19 de octubre de 1960, al prohibir todas las exportaciones a Cuba, excepto alimentos y medicinas, seguida de la solicitud del candidato presidencial J.F. Kennedy, de congelar todos los activos cubanos en Estados Unidos, no pudieron impedir el avance revolucionario.

La aplastante derrota a la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, demostró el total apoyo del pueblo a la Revolución, hecho que los emigrados en Miami no han podido superar y por eso continúan con sus trasnochados sueños.

El plan de la CIA de crear una fuerza armada en las montañas cubanas del centro de la Isla, fracasó totalmente, solo dejó muerte entre los cubanos y la enseñanza de quienes son los yanquis y sus tenebrosos métodos para restablecer la “democracia”.

Otra derrota sufrida por la CIA y el gobierno de Estados Unidos, fue la desmantelación de los 400 grupúsculos contrarrevolucionarios dedicados al espionaje y el terrorismo en la Isla. Decenas de millones malgastados en el pago a sus agentes, todos penetrados por los órganos de seguridad de Cuba que impidieron muchas de sus acciones, incluidos los planes de asesinato a Fidel y Raúl Castro, buches amargos que tragaron los prepotentes dirigentes yanquis.

La macabra acción de aislar a Cuba del hemisferio, con la expulsión de la OEA, lejos de debilitar a la Revolución la fortaleció y aumentó el rechazo a la política de Estados Unidos al establecer la guerra económica, comercial y financiera, oficializada en febrero de 1962. Esa acción no pudo doblegar al pueblo a pesar de las penurias creadas, algo que mantienen con la esperanza de que el pueblo culpe al sistema socialista, sin conseguirlo.

Las campañas mediáticas de mentiras y tergiversaciones a través de estaciones de radio, televisión y la prensa, tampoco debilitaron el apoyo del pueblo al gobierno revolucionario, que siguió a su líder Fidel Castro en cada batalla.

Con el hígado inflamado y los nervios alterados por tantos fracasos, los yanquis insisten en sus planes subversivos, pero el rechazo mundial por su inhumana guerra económica, es unánime, evidenciado en la votación anual en la ONU.

La apertura de la Sección de Intereses en La Habana en 1977, fue empleada para trabajar la subversión política y el espionaje, denunciado por Cuba en 1987 con el testimonio de 27 de supuestos agentes CIA, introducidos por los órganos de seguridad cubanos.

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