Miami, la ciudad del odio.


Por Arthur González.

Desde 1959 en Miami se agruparon asesinos, torturadores, corruptos, proxenetas y traficantes de drogas, que huyeron de Cuba cuando la Revolución, encabezada por Fidel Castro, derrocó al tirano Fulgencio Batista, ahijado de los Estados Unidos.

Los presidentes Dwight Eisenhower, John F. Kennedy y Lindon Johnson, acogieron a esa crápula y la convirtieron de delincuentes comunes en refugiados políticos, a pesar de las reclamaciones de los tribunales de Cuba por las causas pendientes que tenían.

Aquel mal paso en la política yanqui contra la Revolución naciente, dio lugar al surgimiento de una tenebrosa mafia terrorista organizada por la CIA, para ejecutar sus planes subversivos, incluidos los asesinatos a los líderes cubanos y otras acciones violentas en el propio territorio estadounidense, que costaron muchas vidas, entre ellas la del propio presidente Kennedy.

Investigadores afirman que, en octubre de 1962, existían registrados 410 organizaciones y grupúsculos contrarrevolucionarios, todos vinculados a la CIA.

El odio acumulado dentro de la emigración cubana, estimulado por las campañas de mentiras, operaciones encubiertas y tergiversaciones de la realidad en la Isla, entre ellas la execrable Operación Peter Pan, dieron lugar a posiciones muy agresivas contra Cuba, que le permitieron a la Casa Blanca, con el apoyo de la CIA, ejecutar medidas despiadadas como la guerra biológica para introducir gérmenes patógenos contra las personas, la flora y la fauna, causando cuantiosos daños y vidas humanas.   

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