Estados Unidos gobierna solo con sanciones


Por Arthur González.

Desde el pasado siglo, los gobernantes de los Estados Unidos emplean una política de sanciones contra países que no son de su agrado, dejando a un lado las normas establecidas por la Organización de Naciones Unidas y múltiples convenciones que rigen las relaciones multilaterales.

Como dueños y señores del mundo, pretenden presionar e influir en la conducta de todos los que no acepten sus normas y pongan en peligro la subordinación de otros países, por eso han construido una estrategia para sancionar individuos, personas jurídicas, gobiernos extranjeros y organismos internacionales, a fin de recordarles a todos, lo que pueden sufrir si desobedecen sus reglas.

Esa ilegal diplomacia de la coerción, la llevan a cabo mediante la fiscalización y persecución de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, dependencia del Departamento del Tesoro que recibe un alto presupuesto para perseguir aquellos países, organizaciones y personas incluidos en sus listas negras.

Desde 1962, fecha oficial del inicio de la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, la OFAC fue designada para controlar las sanciones administrativas impuestas por el gobierno yanqui contra otros estados.

Para justificar las sanciones contra quienes no actúen bajo sus normas, Estados Unidos utiliza pretextos fabricados, entre ellos la proliferación de armas de destrucción masiva, los derechos humanos, ataques informáticos a la Ciber-seguridad y el apoyo al terrorismo, cuando el mundo sabe perfectamente que los yanquis son los principales fabricantes de esas armas, usan la informática para espiar y dañar industrias, patrocinan el terrorismo internacional y tienen el mayor mercado interno de las drogas, sin que nunca se hable de las mafias que lo administran en ese país.

Es amplio el expediente de su conformación de organizaciones terroristas preparadas por la CIA contra Cuba, entre ellas Alfa 66, CORU y muchas más, que ejecutaron planes de terrorismo y asesinatos a líderes, todos aprobados al más alto nivel gubernamental.

El escándalo del Irán-Contra en su guerra sucia para acabar con el sandinismo en Nicaragua, los golpes militares que derrocaron gobiernos nacionalistas en muchas naciones, la creación y financiamiento de organizaciones contrarrevolucionarias en Cuba, Nicaragua, Angola, Venezuela, Siria, Yemen y decenas de países, son pruebas irrefutables del accionar de Estados Unidos en el fomento del terrorismo de estado, avalado por documentos secretos de la CIA.

Washington se arroga el derecho de sancionar a diestra y siniestra a otros, arrastrando de forma vergonzosa a sus aliados europeos, que obedecen como ovejas al amo.

Las sanciones económicas, comerciales y financieras son el arma principal empleada para torcerle el brazo a quienes no se arrodillen a sus pies, para lo cual establecen dos grupos: sanciones generales y las específicas, siendo la OFAC la encargada de administrar el programa de tales castigos, diseñados acorde a la política exterior aprobada y sus objetivos de Seguridad Nacional.

Con esa autoridad otorgada, la OFAC tiene destinado un grupo de especialistas para controlar las transacciones financieras de los países en su lista negra, congelan activos bajo la jurisdicción yanqui e impiden cualquier negociación para ahogar a las naciones sancionadas.

Las sanciones generales prohíben la realización de cualquier importación, exportación, financiación, comercialización de productos o servicios, todo tipo de transacción entre el país sancionado y estadounidenses, salvo que la operación cuente con licencia o autorización de la OFAC. Cuba, la República Islámica de Irán y Corea del Norte están incluidos en este grupo, lo que demuestra el carácter político de las mismas, por no aceptar las presiones yanquis.

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