Estados Unidos desesperado por acabar con la Revolución cubana.


Por Arthur González.

Ante sus continuos fracasos por lograr una rebelión interna en Cuba, mediante la aplicación de cientos de nuevas medidas de guerra económica, comercial y financiera, que incrementan como nunca las penurias del pueblo, unido a las intentonas de protestas callejeras del 27 de noviembre y el 11 de julio, la primera financiada para atraer a los artistas y la segunda para sumar a elementos de baja calaña que saquearon centros comerciales y atentaron contra los agentes del orden público, ahora recurren desesperadamente a organizar una marcha provocativa, respaldada por una descomunal campaña de prensa en el mundo.

Esta situación inaudita expone a las claras lo que pretenden los yanquis, pero se les va barranca abajo ante las violaciones de las leyes vigentes y el oportuno proceder de los órganos de justicia de Cuba, incluida la Fiscalía General de la República, al informarle a los lacayos, la ilegalidad de la misma y la aplicación de la ley para quienes insistan en la mencionada provocación, planificada para el 15 de noviembre 2021.

Ante un escenario donde los provocadores serán detenidos, el Departamento de Estado y uno de los asesores del presidente Joe Biden, declararon, sin el menor respeto por la soberanía de Cuba, que ampliarán las sanciones si las autoridades de la Isla impiden la cacareada marcha, como si los Estados Unidos fuesen los amos del mundo, olvidándose que los cubanos dejaron de tenerle miedo a sus amenazas hace 62 años, algo que los irrita sobremanera.

Para atraer a la opinión pública internacional y ante el fracaso de no poder arrastrar a la jerarquía de la Iglesia Católica de la Isla a sus propósitos, funcionarios de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, idearon el plan de ejecutar una provocación en el Vaticano, durante la oración dominical del Ángelus que ofrece el Papa desde su ventana hacia la plaza de San Pedro, como preámbulo a la marcha convocada en Cuba.

La CIA decidió utilizar a Alexander Otaola, cubano radicado en Miami que les sirve de promotor para sus planes subversivos, con el objetivo de trasladar la imagen de que la actividad fue ideada por los cubanos, algo imposible de creer si se releen algunos de los documentos secretos, ya desclasificados por esa Agencia de Inteligencia, en sus seis décadas de acciones contra la Revolución cubana.

¿Quién aportó el dinero para los pasajes aéreos, el hospedaje y la alimentación de los participantes que viajaron a Italia desde Estados Unidos? 

Ni los cretinos se tragan la píldora de que fue de los bolsillos personales, conociéndose la crisis económica que actualmente atraviesan los norteamericanos y la ayuda financiera que ha tenido que ofrecer el Congreso para paliarla.

Pero lo mejor del show fue la actuación de las autoridades vaticanas e italianas, que con rapidez y profesionalidad impidieron la provocación en la Plaza de San Pedro, e incluso le retiraron la bandera cubana a uno que logró pasar.

Nadie en el mundo permite ese tipo de actos instigadores que afectan a cientos de personas, porque la libertad de actuación tiene esos límites y no vivimos en la anarquía que desean imponer los yanquis, pues ellos tampoco admiten desordenes en sus calles y reprimen salvajemente a quienes lo intenten.

El espectáculo montado en Italia llegó a su punto máximo, cuando ante el impedimento de acceder a la Plaza San Pedro, una decena de los provocadores se acostaron con banderas cubanas en la Avenida de la Conciliación, obstaculizando el paso para atraer la atención de la prensa nacional e internacional, previamente preparada para divulgar la acción. Además, dieron gritos histéricos de “Patria y Vida”, “Libertad para Cuba” y portaron carteles en italiano que decían “Misericordia para el pueblo cubano” y “Respeto a los derechos humanos en Cuba”.

Las autoridades italianas mostraron su renuencia a permitir una provocación en sus calles y al arribar Otaola al aeropuerto de Roma, fue conducido a un local donde le retiraron el pasaporte, como preámbulo a la actuación de la policía a la entrada del Vaticano.

Ya andan los lacayos yanquis acusando en las redes sociales al Papa Francisco, de ser comunista, porque desconcertados intentan mancillar la imagen de un argentino que conoció de cerca una verdadera dictadura.

Nadie tiene derecho a crear desorden y caos bajo el ropaje de los derechos humanos.

Cuba ya les advirtió y las manos no temblarán para tomar las medidas previstas en la ley, contra quienes intenten promover el derrocamiento del sistema socialista apoyado por la inmensa mayoría del pueblo, ese que tuvo que hacer una Revolución porque el capitalismo impuesto por Washington desde 1900, no dio resultados, situación que se refleja en muchos países latinoamericanos y por lo que son cruelmente reprimidos quienes piden cambios sustanciales de sistema económico, políticos y social, sin ser sancionados por la Casa Blanca.

Certero José Martí cuando aseguró:

“Impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

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