Estados Unidos debe pedirle perdón al pueblo cubano.


Por Arthur González.

Estados Unidos, con su política criminal contra Cuba, ha causado sufrimiento y dolor al pueblo, ya no solo con la cruel guerra económica, comercial y financiera que, según sus documentos oficiales, está diseñada para hacer fracasar al gobierno revolucionario, en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, con el marcado propósito de matar de hambre y enfermedades a todos los cubanos.

A estas acciones semejantes a las ejecutadas por los nazis, se suman las de guerra biológica para enfermar a los seres humanos, la fauna y la flora cubana, teniendo como exponentes más significativos la introducción en la Isla de la Meningitis, que  mató y enfermó a miles de niños, el Dengue Hemorrágico que enfermó a 344 mil 203 personas y provocó la muerte de 158, entre ellos 101 niños, la Conjuntivitis Hemorrágica, la Fiebre Porcina Africana, la Seudo Dermatosis Nodular Bovina, laSigatoka Negra que afecta los cultivos de plátanos, la Roya de la caña de azúcar y la Broca del Café, entre una larga lista de enfermedades inexistentes en Cuba.

Como si esto fuera poco, el gobierno de Estados Unidos le ordenó y aprobó a la CIA, incontables planes terroristas, entre estos el incendio de centros comerciales, cines, teatros, escuelas, círculos infantiles, fábricas, refinerías de petróleo, quema de sembrados de caña y otros hechos, que han dejado un saldo de 3 mil 478 muertos y 2 mil 099 discapacitados y enlutan a las familias cubanas. Muchos de sus autores viven libremente en el país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos”, como son Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares.

Los intentos de asesinato a Fidel Castro, reconocidos ante el Senado estadounidenses, bastan para una condena internacional, a los que se suman los 214 asesinatos ejecutados por las bandas de alzados, organizadas y abastecidas por la CIA, entre ellos 63 campesinos, 13 niños, 9 maestros y brigadistas alfabetizadores, torturados vilmente antes de ser asesinados.

Cuba no olvida los 101 muertos y los 200 heridos en la explosión del buque francés La Coubre, el 4 de marzo de 1960, cuando la CIA intentó impedir que la naciente Revolución se preparara para repeler una agresión militar, como sucedió un año después por Bahía de Cochinos.

Tampoco podrá olvidar las muertes de diplomáticos cubanos en el exterior, por las bombas colocadas en sus embajadas, entre estas las de Lisboa en abril de 1976, donde fallecieron dos funcionarios, o el secuestro y asesinato de dos jóvenes en la embajada cubana en Argentina, ese mismo año.

Un acto terrorista que ha dejado una profunda herida en el corazón de los cubanos, fue la voladura en pleno vuelo de un avión de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976, donde perdieron la vida 73 civiles, entre estos los integrantes del equipo juvenil de esgrima que regresaban victoriosos a su patria. Los asesinos, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, fueron recibidos en Miami sin ser jamás condenados por ese y otros crímenes similares.

Para quienes nieguen estos actos, pueden leer uno de los planes de terrorismo que el gobierno yanqui aprobó para aniquilar a la Revolución cubana, donde se refleja hasta donde son capaces de llegar, quienes acusan a otros de patrocinar el terrorismo. Dicho documento, preparado por la CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, de fecha 8 de junio de 1963, titulado: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, y expone que:

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