Pretextos fabricados para mantener la política contra Cuba.


Por Arthur González.

Vergüenza para una nación que se autocalifica como “paraíso de la democracia”, que menos de diez personas puedan encadenar la política exterior de los Estados Unidos y le impidan tomar decisiones soberanas hacia Cuba, porque esas personas ocupan posiciones relevantes en el Congreso, gracias al dinero de grupos de emigrados cubanos que hacen de la política un negocio jugoso.

Nombres como Lincoln Díaz-Balart, Ileana Ros Lehtinen, Bob Menéndez, Ted Cruz, Marco Rubio y más recientemente María Elvira Salazar, han tenido el respaldo monetario y la influencia política de la terrorista Fundación Nacional Cubano Americana, en su fracasado afán de destruir a la Revolución para apoderarse del poder político y económico de la Isla.

Para eso, promueven leyes que buscan matar por hambre y enfermedades al pueblo cubano, entre ellas las conocidas Torricelli y Helms-Burton, algo insólito que Estados Unidos no ha hecho contra otro Estado.

El brusco giro que le dio Barack Obama a la dirección de la política yanqui hacia la Habana, para intentar desmontar el socialismo desde adentro, disgustó a ese grupo de congresistas que responden a la mafia terrorista anticubana, pero no tuvieron el consenso necesario para oponerse a la misma, porque quienes no sienten ese rencor, pudieron analizar y decidir libremente lo mejor para la imagen y desarrollo de Estados Unidos.

Con el advenimiento de Donald Trump y su necesidad de buscar apoyo en el Congreso y estados que aportan muchos votos electorales como es la Florida, la política de Obama cayó barranca abajo y el respaldo al mandatario por representantes de la mafia anticubana, fue total.

Ahora, ante el peligro de que Joe Biden retome la dirección de Obama hacia Cuba, los influyentes senadores Marco Rubio, (Miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado; Miembro de Más Alto Rango del Subcomité sobre el Hemisferio Occidental, Delincuencia Transnacional, Seguridad Civil, Democracia, Derechos Humanos y Asuntos Globales de la Mujer; Vicepresidente del Comité Selecto de Inteligencia del senado y miembro del poderoso Comité de Asignaciones del senado) y Bob Menéndez, (presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado), lo presionan para que no lo haga y a cambio le prometen apoyo en decisiones aún pendientes en el Senado, volviendo a tenderle cadenas a la libertad del Presidente, de asumir una política más razonable y humana hacia Cuba.

Es por eso que, a pesar de sus promesas durante la campaña electoral, pasados seis meses no ha dado un solo paso en la dirección adecuada, justificándolo con el eufemismo de que Cuba no es prioridad. Sin embargo, para tomar decisiones que refuerzan la política de Trump, como el dinero para las acciones subversivas, la persecución financiera y el incremento de la guerra económica, si tiene tiempo.

Ante la presión internacional, demostrada en la ONU durante la votación abrumadora contra el Bloqueo comercial, económico y financiero, se apresuran a conformar elementos falsos para justificar una supuesta “revisión” de la política hacia Cuba, entre los que se encuentran en primer orden, las fabricadas violaciones de los derechos humanos, divulgadas a través de las redes sociales por grupúsculos financiados por la NED, USAID y el Departamento de Estado, “violaciones” que no reportan las agencias de prensa extranjeras radicadas en el país, ni las embajadas acreditadas.

Ese silencio periodístico ante las insistentes “detenciones arbitrarias”, “la represión policial” y la negación al apoyo de actos provocativos de elementos de baja catadura moral y social, es criticado por grupúsculos como las llamadas “Damas” de Blanco, que emplazaron a los medios extranjeros, por no reportar la falsa “ola represiva en Cuba”, la cual no pueden sustentar con hechos reales e imágenes, como las que se ven en Chile, Colombia y en los Estados Unidos.

La línea trazada por Washington consiste en repetir la mentira para ganar la mente de muchos en el mundo, que solo ven las redes sociales y no la realidad de Cuba.

Para eso, Estados Unidos orienta a sus colaboradores en el Parlamento Europeo, a fin de condenar a la Revolución por inventadas violaciones, mientras hacen silencio cómplice ante la situación que sufren chilenos, colombianos y los americanos de raza negra, sometidos a constantes violaciones de sus derechos.

Los pretextos que fabrica la administración Biden, están dirigidos a justificar su actitud criminal hacia Cuba, para no restituir la autorización del envío de remesas familiares, ni los vuelos de cubanos americanos para visitar la isla y entorpecer la reapertura del consulado en La Habana, enmarcados principalmente en sus campañas tendenciosas de que:

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