Cuando el resentimiento contra cuba anula la honestidad


Por Luis Carlos Silva Aycaguer

Estimados colegas y amigos:

Hace unas pocas semanas comenté las manifestaciones públicas del Sr. Eduardo López Collazo (ELC), de origen cubano, ocupa el cargo de Director del Instituto IdePaz de Madrid. Según proclamó esta persona, entre otras invectivas, las autoridades en Cuba manejaban la pandemia de Covid-19 como si estuvieran disputando un partido de béisbol, y que actuaban como quien coquetea aleatoriamente con el suicidio jugando a la ruleta rusa.

Estas afirmaciones se derivaban de que nuestro país apostó a sus propios candidatos vacunales, en lugar de integrarse al proyecto COVAX impulsado por la fundación de Bill Gates e implementado con la colaboración de la Organización Panamericana de la Salud.

En su momento señalé en un mensaje de audio, tanto la endeblez de ese silogismo como la irrespetuosidad y frivolidad de sus afirmaciones. Mi respuesta verbal fue luego transcrita a texto por iniciativa de una periodista. Posteriormente, hice algunas reflexiones adicionales que, en este caso, fueron recogidas por la Revista Juventud Técnica.

Con ellas, para mí, el asunto quedaba zanjado, máxime cuando lamentablemente el proyecto COVAX no ha demorado en exhibir notables síntomas de fracaso, especialmente después de las concesiones que sus creadores no tuvieron más remedio que introducir, en virtud de las exigencias de los mercaderes asociados al proyecto, como pormenorizadamente informó hace pocos días la revista The Lancet.

Pero recientemente, el Sr. López ha arremetido nuevamente contra lo que se hace en nuestro país en materia sanitaria. Me refiero a una entrevista publicada el día 22 de junio de 2021 en un espacio digital de Miami, caracterizado por su obsesión con el socavamiento de cualquier logro del Gobierno cubano y la sublimación del más mínimo problema que acaezca.

Me remitiré solo a una afirmación, por conducto de la cual ELC se suma alegremente a ese empeño de empañarlo todo; aludo a la siguiente declaración que figura varias veces en el susodicho material: “De las estadísticas cubanas no me fío absolutamente nada”.

No creo que sea casual que tal convicción se proclame justamente en el momento que Cuba ha informado que, Abdala, uno de sus candidatos vacunales, una vez concluido el ensayo clínico fase III correspondiente, con 40 mil participantes, había alcanzado una eficacia de 92,3%. Pero no voy a especular al respecto. Prefiero compartir elementos objetivos:

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