Los yanquis y su obsesión por destruir la Revolución cubana.


Por Arthur González.

Para los Estados Unidos no valen 62 años de fracasos en sus intentos por destruir a la Revolución cubana, pues no soportan que a solo 90 millas exista una pequeña nación que resiste unida los embates imperiales y desafíe cientos de acciones terroristas y subversivas, incluidos planes de asesinato a sus principales líderes; por eso insisten en sus propósitos y malgastan millones de dólares, sin darle una explicación al pueblo norteamericano. 

En los últimos tiempos han tenido que recurrir a personas de baja catadura moral para que realicen el trabajo sucio, porque ya no encuentran otros lacayos que lo hagan, debido a que los cubanos saben lo que se juegan en una Cuba nuevamente anexada a los yanquis. Ahí están los casos de José Daniel Ferrer y José Manuel Otero Alcántara, que con solo verlos en las redes sociales se sacan conclusiones de las razones por las cuales no tienen seguidores.

A esa verdad llegó rápidamente Jonathan Farrar, cuando tuvo la oportunidad de tocar directamente con sus manos, a la llamada “oposición cubana”, mientras dirigía la misión diplomática de su país en La Habana. Por eso alertó a la CIA y al Departamento de Estado, pero nadie lo escuchó porque ese negocio deja demasiado dinero para abandonarlo.

Ferrar, en sus informes secretos del 2009 decía:

Vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie”. “Pese a sus afirmaciones de que representan a miles de cubanos, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo”. “Más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar sus necesidades”.

Nada ha cambiado, todo sigue igual transcurridos más de 10 años.

Ahora, los oficiales de la CIA y especialistas del Departamento de Estado, desempolvan viejos planes de hace 30 años para ver si logran algún resultado, al suponer que hoy los jóvenes cubanos tienen menos compromiso con el proceso revolucionario, como si no supieran la situación que vivieron sus abuelos antes de 1959, cuando el analfabetismo, el desempleo, enfermedades, desigualdad social y la represión de la tiranía, imperaban en la Isla.

Entre los viejos planes que pretenden revivir está el manipulado tema migratorio y de ahí que sueñen con provocar una crisis parecida al llamado “maleconazo” de 1994, protagonizada por elementos con actitudes delincuenciales, muy similares a la composición social actual del grupúsculo San Isidro y por eso el cierre del consulado yanqui en La Habana, bajo el pretexto diseñado por la CIA de los falsos ruidos.

En el acuerdo migratorio alcanzado en 1995, posterior a la crisis del “maleconazo” y las salidas ilegales masivas, Estados Unidos se comprometió a otorgar no menos de 20 mil visas anuales para los cubanos y de esa forma se reguló el flujo migratorio legal, pero desde que asumió la presidencia Donald Trump, influenciado por la mafia terrorista anticubana de Miami, ese acuerdo no se cumple.

Una simple lectura de los datos indica que los yanquis, al parecer, quieren provocar otra oleada ilegal, que les posibilite una respuesta militar contra Cuba como contemplan sus planes, pues según cifras oficiales durante la primera mitad del año fiscal 2021, iniciado el pasado 1ro de octubre 2020, Estados Unidos solo otorgó un total de mil 249 visas de inmigrantes y 438 visitas temporales. El anterior año también incumplió dicho acuerdo.

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La verdad al descubierto.


Por Arthur González.

La verdad no se puede ocultar por mucho tiempo y aunque el mundo sabe quiénes son los yanquis, la masacre actual de Israel contra el pueblo palestino le quitó la careta de “paladines de los derechos humanos”, que por años se han construido con sus campañas de prensa.

La posición del gobierno de Estados Unidos y de su aliada la Unión Europea, no dejan lugar a dudas de la hipocresía y el cinismo que impera en la Casa Blanca, al afirmar el presidente Joe Biden:

“La reacción de Israel a los ataques de Hamás no es excesivamente significativa”.

El comunicado oficial emitido por la Casa Blanca, expresa:

“El presidente Biden ha transmitido su apoyo inquebrantable a la seguridad de Israel y a su derecho legítimo a defender a su pueblo”.

¿Y la seguridad de todo el pueblo palestino no cuenta para Estados Unidos?

La masacre cometida por Tel-Aviv contra civiles palestinos, no resulta importante para el país que acusa a otros de violar los derechos humanos, cuando no se le someten y arrodillan a sus pies, como son los casos de Cuba y Venezuela. Para estos se fabrican cruzadas en la prensa cargadas de mentiras, aunque nunca hayan asesinado al pueblo, como hace Israel desde hace medio siglo con el respaldo de Washington.

Aunque las cifras aumentan por horas, debido al lanzamiento de misiles israelíes contra la Faja de Gaza, diferentes agencias noticiosas aseguran que las muertes en palestina suman más de 212 personas, entre ellos 61 niños, 36 mujeres y cientos de heridos, en más de una semana de ataques de Israel contra edificios civiles, incluidas las oficinas de la prensa extranjera, pero esas muertes para Biden no son “excesivamente significativas”, comparadas con las que causaron en Viet Nam, Laos, Camboya, Panamá, Afganistán e Iraq.

Recordemos que los actuales enfrentamientos se iniciaron por la represión de Israel en Jerusalén Este, al ordenar el desalojo de varias familias palestinas en el barrio de Sheij Jarrá, lo que generó masivas protestas, reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad israelíes.

Esas acciones no son consideradas por Estados Unidos como violaciones de los derechos humanos, e incluso continúan suministrándole a Tel-Aviv armamento sofisticado para atacar a los palestinos, pueblo que sufre el robo de sus tierras y el asesinato de sus ciudadanos, sin recibir Israel una sanción del Congreso yanqui, porque cuentan con amplio apoyo de senadores y representantes, que reciben financiamiento para sus campañas electorales, entre ellos el líder de la mayoría demócrata del Senado, Charles E. Schumer, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el corrupto Bob Menéndez y el líder de la mayoría de la Cámara de Representantes, Steny H. Hoyer, quienes confiesan públicamente: “Israel tiene derecho a defenderse”.

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Cuba una piedra en la bota yanqui


Por Arthur González.

Debido al fracaso que sufrió Estados Unidos por impedir el triunfo de la Revolución cubana, desde 1959 no han dejado un solo día de intentar derrocarla y Cuba se ha convertido en una molesta piedra dentro de la bota yanqui, que no les deja caminar con tranquilidad.

Los presidentes declaran que Cuba no es prioridad para los Estados Unidos, pero sus acciones demuestran lo contrario y así se constata en leyes, sanciones y presiones a todas las naciones que se atreven a establecer negociaciones comerciales con la Isla, porque su programa de acciones políticas es precisamente para estrangularla económicamente, y que el socialismo no demuestre sus éxitos sociales.

Si Cuba no es prioridad para Washington, ¿por qué la obsesión de perseguir todas sus transacciones financieras, contratos comerciales y acuerdos económicos?

Prueba de ello es la persecución sobre el suministro de petróleo, maquinarias y piezas de repuesto, insumos para la industria Biofarmacéutica, azucarera, alimentaria y cuanto negocio ejecute la pequeña Isla, a pesar de no ser una amenaza para el país más poderoso de la tierra.

Recientes declaraciones de los senadores Marco Rubio y el corrupto Bob Menéndez lo confirman, al solicitar el 14 de mayo al Departamento del Tesoro, “perseguir empresas creadas por entidades no estatales cubanas, para poder adquirir combustible productos para la construcción, maquinarias y otros necesarios para el desarrollo del país”, algo que encoleriza a quienes dicen defender los derechos humanos, a la vez que refuerzan la guerra económica, comercial y financiera para ahogar al pueblo.

¿Sabrán los ciudadanos estadounidenses el dinero que gasta su gobierno en perseguir cada negociación que hace Cuba? Esa persecución conlleva para Estados Unidos desembolsar millones de dólares en pago de funcionarios, a empresas dedicadas a tiempo completo en investigar cada transacción bancaria, contratos comerciales y el flete de buques que transportan las mercancías, dinero que puede ser empleado en mejorar el bienestar de los norteamericanos, pero la Casa Blanca busca el colapso de la economía socialista y complacer a la mafia terrorista anticubana.

Cuba desde hace 60 años se ve obligada a crear mecanismos para burlar la criminal y genocida guerra económica, comercial y financiera, reforzada por Donald Trump, con el sueño de ver caer a la Revolución, pero solo incrementan el rechazo del pueblo hacia los yanquis, esos que añoran volver a tomar las riendas de Cuba, como hicieron desde 1898 hasta 1958.

Por ese motivo, todas las acciones yanquis de los últimos meses, están volcadas en presionar a la Unión Europea para que suspenda el acuerdo económico con Cuba, de ahí las campañas mediáticas de que la Revolución “incrementa la persecución a la oposición”, fabricada, instruida y financiada por la CIA, más otras falacias como la “falta de libertad de expresión” y “la religiosa”, cruzadas de prensa que también cuestan cientos de miles de dólares, solo para crear matrices de opinión entre la población mundial.

Sin embargo, esos senadores e incluso algunos periodistas que reciben dinero para sus artículos e investigaciones contra la Revolución cubana, hacen silencio sobre los asesinatos en Colombia, Chile e Israel, por solo citar tres ejemplos.

En Cuba después del derrocamiento de la tiranía de Fulgencio Batista, jamás han sucedido represiones policiacas como se observan en los países mencionados, pero Estados Unidos nunca ha sancionado a Colombia, Chile o Israel por las masacres y las salvajes represiones que comenten.

¿Dónde están los sentimientos de esos senadores que no acusan a Israel por los asesinatos de centenares mujeres y niños palestinos?  ¿Por qué no se cuestionan el veto permanente de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, a todas las resoluciones que se presentan contra los crímenes de los sionistas?

Mucha hipocresía y desvergüenza tienen esos senadores que hacen carrera política a costa del sufrimiento del pueblo cubano, en vez de preocuparse por el dinero malgastado para fabricar y mantener a una supuesta oposición, que vive de los dólares yanquis.

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En los Estados Unidos no se puede pensar diferente.


Por Arthur González.

Los yanquis acusan y sancionan a otros países bajo el pretexto de la falta de libertad de expresión y pensamiento, pero cuando alguien en los Estados Unidos alza la voz para expresar una posición diferente, que pueda poner en peligro la línea del establishment, hasta ahí llegó su “libertad”, porque de inmediato se toman medidas ejemplarizantes para que jamás vuelva a ocurrir.

Una prueba fehaciente de eso es lo que pasó con la representante republicana por Wyoming, Liz Cheney, quien asumió una posición contraria al ex presidente Donald Trump, al oponerse a sus afirmaciones de que las recientes elecciones presidenciales fueron fraudulentas.

Por creerse que ella podía tener libertad de pensamiento y expresión, la expulsaron del cargo el pasado 12 de mayo, porque allá nadie puede decir lo que realmente piensa, a pesar de la imagen que venden de ser “la nación de las libertades”.

Para que ninguna persona se llame a engaño de cómo actúan quienes se ufanan de ser “campeones de los derechos humanos”, durante el sufragio que llevaron a cabo los representantes republicanos en el Congreso, votaron mayoritariamente y de forma pública, a favor de la propuesta de destituir a la señora Cheney del cargo de presidenta de la Conferencia republicana, considerada la tercera republicana más relevante en la Cámara Baja, sanción indiscutible por pensar diferente y además tener el valor de expresarlo.

Ese paso pone al descubierto que en los Estados Unidos no se perdona a quienes expresan una posición opuesta a los intereses políticos del partido, acción que no conllevará campañas condenatorias en la prensa, por el contrario, es aplaudida por la maquinaria política imperante. Así lo afirmó después de la votación Jim Jordan, representante republicano por Ohio, quien fuera jefe del grupo conservador House Freedom Caucus y fuerte aliado de Trump, al declarar:

“No se puede tener como presidenta de la Conferencia, a alguien que recita los puntos de conversación de los demócratas”.

Esa es una posición mafiosa de los amigos del ex presidente Donald Trump, quien poco antes de la votación dijo que Liz Cheney, promovió guerras innecesarias. Al conocer el resultado agregó:

Ella es una belicista sin personalidad, ni nada bueno que tenga que ver con la política o con nuestro país”

Liz es la hija mayor de Dick Cheney, ex vicepresidente de los Estados Unidos, y en el pasado mes de febrero había sido cuestionada por miembros del partido republicano en el Congreso, pero no obtuvieron el quórum necesario para expulsarla, lo que prueba la fuerte presión que ahora ejerció Trump, para lograr un castigo ejemplarizante que marca un antecedente, pues resulta la primera ocasión, en las últimas décadas, que estando a mitad de su mandato, un líder del partido republicano en el Congreso es destituido por los legisladores de su propio partido.

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La hipocresía de los Estados Unidos.


Por Arthur González.

Cada día son menos las personas en el mundo que se dejan engañar por los yanquis, con su verborrea hipócrita de “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, porque sus actos criminales demuestran realmente quienes son.

Guerras injustificadas, bombardeos sobre ciudades que asesinan a inocentes, creación y financiamiento de grupos terroristas que matan por dinero, políticas de sanciones espurias contra países que no aceptan sus órdenes, cárceles ilegales donde la tortura física y psicología está autorizada por la Casa Blanca, apoyo a gobiernos que reprimen cruelmente a su pueblo, y aplausos a quienes sostienen economías neoliberales para matar de hambre, que provocan la inmigración masiva de sus ciudadanos.

Así actúan los yanquis que ahora pretenden, de manera farsante, hacerse pasar por “piadosos samaritanos”, al solicitar el mismo presidente Joe Biden, que se liberen las patentes de las vacunas anti Covid-19, cuando ellos acumulan la mayor cantidad de dosis, mientras países del llamado Tercer mundo aún no ha podido adquirir ni una sola dosis.

En medio de esa burda propaganda para reconstruir su imagen deteriorada, revelan su verdadera naturaleza imperial, al procurar que los países pobres no accedan a las tecnologías de la producción de vacunas rusas y chinas, a pesar de su efectividad demostrada, lo que indica su rejuego politiquero para imponerse en un mercado muy jugoso, por el alto costo de los medicamentos.

El cinismo de Estados Unidos se descubre rápidamente, porque en medio de esa campaña de lavado de imagen, mantienen intacta la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, prohíben la venta a la Isla de equipos y material médico para enfrentar la Covid-19, y persiguen de forma despiadada la entrada de combustible que posibilita el funcionamiento de la economía, incluidos los hospitales, policlínicas y la industria Biofarmaceútica nacional, con su histórico sueño de ver caer el socialismo.

¿Por qué no asumen una verdadera posición humana y flexibilizan las sanciones contra el pueblo cubano, que sufre ese despiadado bloqueo por 62 años?

¿Qué razones de seguridad nacional existen para impedir la entrada de remesas familiares provenientes de Estados Unidos? ¿Es humana esa sanción impuesta por el ex presidente Donald Trump y sostenida por Biden?

¿Cuál es el principio humanitario que justifica que, en momentos de crisis sanitaria, a Cuba se le impida comprar equipos médicos de otros países, que contengan más de un 10 % de componentes fabricados en Estados Unidos, aunque sean destinados para salvar vidas humanas? 

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