La política yanqui hacia Cuba no va a cambiar.


Por Arthur González.

Muchas personas creyeron que con el arribo de Joe Biden a la Casa Blanca, la política de Estados Unidos hacia Cuba podría mejorar, porque así lo expuso durante su campaña electoral, pero cuando recibió el Estimado de Inteligencia que elabora la CIA sobre Cuba, unido a las presiones de la mafia anticubana en el Congreso, no movió un solo dedo para eliminar las 243 sanciones inhumanas aprobadas por Donald Trump, como parte de la tradicional política de acciones coercitivas.

Biden acaba de ratificar a Cuba en la lista de países que, según ellos, “no cooperan en la lucha contra el terrorismo”, algo que presagia que el pueblo cubano seguirá soportando la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia, con el único fin de matar por hambre y enfermedades a once millones de personas, hecho tipificado en las leyes internacionales como genocidio.

La respuesta de los cubanos ante esa criminal agresión es la resistencia y unidad, medicina que hace infranqueable las defensas de Cuba y desconcierta a los mejores analistas de la CIA, quienes persisten en sus fallidos pronósticos de que “los días de la Revolución están contados”.

62 años de fracasos y miles de millones de dólares malgastados, no le bastan para darse por vencidos y cuando Barack Obama pretendió cambiar de táctica, para desmontar el socialismo desde adentro, los cubanos aprovecharon la oportunidad para desarrollarse, avanzar en sus proyectos y darle a conocer al mundo la verdad que el Bloqueo, y la guerra mediática, no permiten divulgar.

Por esa razón, en cuanto Trump tomó en sus manos las riendas de la política, barrió de un escobazo todas las flexibilizaciones hacia la Isla, bajo el argumento de que no habían tenido éxitos, y regresó a las presiones económicas, con la ilusión de que el hambre y las penurias darían mejores dividendos, aceptó las propuestas de la CIA de incrementar las acciones de subversión política ideológica y aprobó el dinero para fabricar nuevos y más jóvenes opositores, que pudieran atraer a otros actores a sus planes.

Nada es novedoso en esa línea de actuación y al repasar los Estimados de Inteligencia de décadas anteriores, se aprecian los siguientes criterios:

“La actual política de Estados Unidos tiene por objetivo aislar a Cuba y ejercer la mayor presión posible, sin llegar a una intervención militar, para evitar la consolidación y estabilización del régimen. El programa de Acciones Encubiertas de la CIA, está diseñado para apoyar otras medidas gubernamentales y estimular a elementos disidentes”.

“Estas medidas han sido en buena parte, responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran aplicarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

En mayo de 1967 Henry D. Owen, presidente del Comité de Planificación Política del Departamento de Estado, planteó la necesidad de revisar la política hacia Cuba, basado en que:

“Las medidas de aislamiento han contribuido a crearle dificultades a Castro, pero no lo han sacudido del poder, […] y vale preguntarse, si esta política es la mejor para avanzar con nuestros intereses…La revisión de la política bien podría concluir en que, no se requiere un cambio fundamental, pero podrían explorarse varias estrategias alternativas”.

Meses después, en junio de 1968, Covey Oliver, Secretario Asistente del Departamento de Estado, apuntó:

“Es necesario una aplicación cuidadosa, y sutil en extremo, para no dar la impresión a Cuba, de que finalmente hemos aceptado la permanencia del régimen de una manera inalterable. No debe ponerse mucho énfasis al aspecto de la zanahoria en la política del Gran Garrote”.

El cambio de táctica no se llevó a cabo porque, unos días después, la CIA entregó su Estimado de Inteligencia sobre los problemas y perspectivas de Cuba para los dos años siguientes, donde aseveran:

Los problemas de Castro han dado un giro hacia el empeoramiento durante el año anterior. Una seria sequía ha deprimido la producción azucarera. Las condiciones de vida se han vuelto más rigurosas, debido a los reducidos suministros alimenticios y a toda una serie de otros factores, incluyendo los intentos de Castro por vencer los problemas económicos, forzando a la población a trabajar más duro. Se ha producido un incremento en el descontento popular y en el número de disturbio locales.  Sin embargo, vemos pocas perspectivas de que la adversidad económica debilite significativamente la posición de Castro”. 

El 15 de agosto de 1968 funcionarios de la CIA y del Departamento de Estado, se reunieron para analizar las próximas acciones contra Cuba. Sobre las propuestas presentadas, John W. Ford, Director de la Oficina Interamericana de Asuntos Políticos, envió un informe el 28 de agosto, donde advierte:

“No es el momento más propicio para embarcarnos en un programa de cambio de política, ya que las dificultades económicas actuales de Cuba y las señales de un creciente descontento, indican que las penurias por el aislamiento, están teniendo un efecto real, por lo tanto, debemos mantener toda la presión sobre la política de aislamiento”.

En 1975 la CIA volvía a expresar su oposición a la normalización de relaciones con la Isla y en uno de sus informes argumentó:

Fidel Castro cree que los Estados Unidos están a la defensiva, dado el incremento de las presiones internacionales y la opinión pública de los estadounidenses para que busquen un acomodo con Cuba”.

La CIA considera que el objetivo final de Castro con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, es acabar de poner el sello final de legitimar a la Revolución y dar la apariencia de una Cuba triunfante sobre el imperialismo”.

Los Estimados de Inteligencia actuales son copia de aquellos y por esa razón incrementan su hostilidad, soñando que ahora la Revolución sí se viene abajo, y hacen lo imposible por provocar una revuelta popular a través de las redes sociales.

Equivocados una vez más, por eso la Constitución de Cuba recoge en su Artículo 16, que las relaciones internacionales se basan en el ejercicio de la soberanía y los principios antiimperialistas, en función de los intereses del pueblo, y agrega:

 “Las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado, no podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción”.

No se equivocó José Martí al definir a los Estados Unidos como:

El Norte revuelto y brutal que nos desprecia”.

Un pensamiento en “La política yanqui hacia Cuba no va a cambiar.

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