Cuba una piedra en la bota yanqui


Por Arthur González.

Debido al fracaso que sufrió Estados Unidos por impedir el triunfo de la Revolución cubana, desde 1959 no han dejado un solo día de intentar derrocarla y Cuba se ha convertido en una molesta piedra dentro de la bota yanqui, que no les deja caminar con tranquilidad.

Los presidentes declaran que Cuba no es prioridad para los Estados Unidos, pero sus acciones demuestran lo contrario y así se constata en leyes, sanciones y presiones a todas las naciones que se atreven a establecer negociaciones comerciales con la Isla, porque su programa de acciones políticas es precisamente para estrangularla económicamente, y que el socialismo no demuestre sus éxitos sociales.

Si Cuba no es prioridad para Washington, ¿por qué la obsesión de perseguir todas sus transacciones financieras, contratos comerciales y acuerdos económicos?

Prueba de ello es la persecución sobre el suministro de petróleo, maquinarias y piezas de repuesto, insumos para la industria Biofarmacéutica, azucarera, alimentaria y cuanto negocio ejecute la pequeña Isla, a pesar de no ser una amenaza para el país más poderoso de la tierra.

Recientes declaraciones de los senadores Marco Rubio y el corrupto Bob Menéndez lo confirman, al solicitar el 14 de mayo al Departamento del Tesoro, “perseguir empresas creadas por entidades no estatales cubanas, para poder adquirir combustible productos para la construcción, maquinarias y otros necesarios para el desarrollo del país”, algo que encoleriza a quienes dicen defender los derechos humanos, a la vez que refuerzan la guerra económica, comercial y financiera para ahogar al pueblo.

¿Sabrán los ciudadanos estadounidenses el dinero que gasta su gobierno en perseguir cada negociación que hace Cuba? Esa persecución conlleva para Estados Unidos desembolsar millones de dólares en pago de funcionarios, a empresas dedicadas a tiempo completo en investigar cada transacción bancaria, contratos comerciales y el flete de buques que transportan las mercancías, dinero que puede ser empleado en mejorar el bienestar de los norteamericanos, pero la Casa Blanca busca el colapso de la economía socialista y complacer a la mafia terrorista anticubana.

Cuba desde hace 60 años se ve obligada a crear mecanismos para burlar la criminal y genocida guerra económica, comercial y financiera, reforzada por Donald Trump, con el sueño de ver caer a la Revolución, pero solo incrementan el rechazo del pueblo hacia los yanquis, esos que añoran volver a tomar las riendas de Cuba, como hicieron desde 1898 hasta 1958.

Por ese motivo, todas las acciones yanquis de los últimos meses, están volcadas en presionar a la Unión Europea para que suspenda el acuerdo económico con Cuba, de ahí las campañas mediáticas de que la Revolución “incrementa la persecución a la oposición”, fabricada, instruida y financiada por la CIA, más otras falacias como la “falta de libertad de expresión” y “la religiosa”, cruzadas de prensa que también cuestan cientos de miles de dólares, solo para crear matrices de opinión entre la población mundial.

Sin embargo, esos senadores e incluso algunos periodistas que reciben dinero para sus artículos e investigaciones contra la Revolución cubana, hacen silencio sobre los asesinatos en Colombia, Chile e Israel, por solo citar tres ejemplos.

En Cuba después del derrocamiento de la tiranía de Fulgencio Batista, jamás han sucedido represiones policiacas como se observan en los países mencionados, pero Estados Unidos nunca ha sancionado a Colombia, Chile o Israel por las masacres y las salvajes represiones que comenten.

¿Dónde están los sentimientos de esos senadores que no acusan a Israel por los asesinatos de centenares mujeres y niños palestinos?  ¿Por qué no se cuestionan el veto permanente de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, a todas las resoluciones que se presentan contra los crímenes de los sionistas?

Mucha hipocresía y desvergüenza tienen esos senadores que hacen carrera política a costa del sufrimiento del pueblo cubano, en vez de preocuparse por el dinero malgastado para fabricar y mantener a una supuesta oposición, que vive de los dólares yanquis.

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