Democracia o el imperio de la corrupción.


Por Arthur González.

Sospechoso es el silencio que guarda el Departamento de Estado yanqui, ante el proceso electoral de Perú, en el cual Keiko Fujimori, del Partido Fuerza Popular, se disputa, en segunda vuelta el próximo 6 de junio 2021, la presidencia del país, con el líder izquierdista Pedro Castillo, del Partido Perú Libre.

Al igual que sucedió recientemente en Ecuador, donde la izquierda perdió las elecciones a pesar de que todas las encuestas daban como ganador al candidato Correista, es muy probable que en Perú salga electa como presidente, la corrupta hija de Alberto Fujimori, pues como afirman muchos, Keiko es “de un mal el menor”, ante el peligro que representa para Estados Unidos un presidente de ideas de izquierda, que defiende los intereses del pueblo peruano.

Mucho dinero anda corriendo para ganar votos a favor de quien está enfangada de actos corruptos, como pocos políticos en Latinoamérica, pero Keiko responderá, como buena oveja, las órdenes de Washington, quien apoyará su presidencia para que la izquierda no se fortalezca en el área.

Vergüenza debería darle a la Casa Blanca, callar ante la candidatura de una mujer que, en octubre de 2018, fue detenida por cargos de lavado de dinero, en el marco de investigaciones de aportes monetarios irregulares durante su campaña electoral en 2011, al recibir dinero de la constructora Odebrecht.

La orden de detención se basó en que ella lideraba una organización criminal dentro del Partido Fuerza 2011, hoy Fuerza Popular, llamada Grupo Titanio, donde se manejaban las decisiones más importantes del Partido y en el que ella utilizaba el seudónimo de Ruth, situación denunciada por el diario La República.

Muy diferente fue la posición de Estados Unidos, cuando en Brasil le fabricaron un expediente al presidente Luis Ignacio Lula, por su falsa relación en esa empresa e impedirle su participación en las elecciones.

Las acciones corruptas de Keiko son tantas, que resulta inconcebible que, a fines de 2019 el Tribunal Constitucional le concediera un habeas corpus, por cuatro votos contra tres, al decidir la nulidad de su prisión preventiva, por “vulneración de su derecho a la libertad”, pero en enero de 2020 fue detenida nuevamente.

Al parecer, las presiones y el dinero por debajo de la mesa, hicieron que esa medida fuera revocada por la Sala de Apelaciones en abril 2020, cambiándola por “libertad bajo comparecencia restringida”, en mayo del mismo año, medida que se mantiene vigente.

La campaña mediática a favor de la Fujimori está encaminada a sembrar el pánico en la población peruana, diciendo por los medios de radiodifusión y las redes sociales que:

“Con Castillo, Perú no podrá salvar su democracia y su gobierno comunista destruirá la economía, como hace Nicolás Maduro en Venezuela y los Castros en Cuba”.

Lo mismo asegura Mario Vargas Llosa, personaje con amplia influencia en Perú, quien al parecer se olvidó que históricamente ha sido un furibundo detractor del fujimorismo.

Un artículo de opinión publicado días atrás en el New York Times, también se expresó así, lo cual indica por donde van los tiros.

Con Keiko de presidenta del Perú, la tan cacareada democracia yanqui, quedará mal parada, porque su hoja de crímenes es amplia y diversa. Si fuese electa, ¿cómo sería recibida por otros presidentes del mundo, una mujer que tiene causas pendientes por hechos de corrupción?

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