Asesinatos e impunidad en Colombia


Por Arthur González.

La situación que sufren los colombianos por la cruel represión policial, solo es comparable con los crímenes que comete Israel contra el pueblo palestino, aunque ambas tienen en común la ausencia de sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos, actitud bien diferente si fuese en Cuba, Venezuela o Irán, pues de inmediato el Departamento de Estado anunciaría una fuerte declaración de condena y la Casa Blanca aprobaría sanciones económicas, como castigo.

Los mismos pasos darían la Unión Europea y la OEA, pero como se trata de uno de los principales aliados de los yanquis en Latinoamérica, las declaraciones son cautelosas y hasta tímidas, comparadas con las que hacen contra La Habana y Caracas, como manipulaciones mediáticas que persiguen empañar la imagen de esos gobiernos de izquierda.

El Departamento de Estado yanqui hipócritamente, solo pidió “la máxima moderación por parte de las fuerzas públicas para evitar más pérdidas de vidas”, muy diferente de las amenazantes declaraciones que escriben contra Cuba y Venezuela.

A diferencia de lo que hace en Cuba, la embajada yanqui en Bogotá no apoya al pueblo que protesta y exige una vida con más derechos, ni tampoco sus diplomáticos hacen acto de presencia en las calles, para comprobar las atrocidades de la policía y apoyar moralmente los reclamos de los colombianos.

Las verdaderas causas de las masivas protestas en Colombia son el neoliberalismo impuesto por gobiernos pro yanqui, que se enriquecen con actos corruptos, el negocio de las drogas y el favorecimiento del capital extranjero, especialmente el norteamericano, y un sistema capitalista que los empobrece.

Desde hace años los colombianos protestan por la miseria y las masacres permanentes a los líderes sociales, el incumplimiento de los acuerdos de paz establecidos en La Habana y la posición del presidente Iván Duque a favor de Estados Unidos, como punta de lanza para las operaciones subversivas contra Venezuela, sin que la Unión Europea haya aprobado una resolución condenatoria, como sucede contra Rusia, Venezuela y Cuba, a favor de fabricados disidentes financiados por la CIA y el Departamento de Estado.

Los vídeos divulgados en las redes sociales a partir del 28 de abril 2021, no dejan dudas de la salvaje represión policial y militar ordenada por el presidente Duque contra civiles, en su mayoría jóvenes que no ven futuro en ese sistema capitalista.

Imágenes dantescas se observan diariamente, donde la policía emplea armas de guerra y dispara contra la población indefensa, causando miles de heridos, decenas de muertos, cientos de detenciones arbitrarias y personas desaparecidas, al mejor estilo de las dictaduras militares de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, durante la Operación Cóndor diseñada y dirigida por la CIA en el siglo XX.

¿Con qué moral van a acusar a Cuba de detenciones arbitrarias e inventadas represiones, que en nada se asemejan a las que se constatan en las calles de Colombia?

Jamás después de 1959 se han producido actos como esos, pero como Cuba no se doblega ante las exigencias yanquis, la respuesta es la guerra económica, comercial y financiera más despiadada de la historia de la humanidad, para matar de hambre al pueblo y que se lance a las calles culpando al socialismo.

Para justificar los asesinatos a manos de las fuerzas militares colombianas, Diego Molano, ministro de Defensa, declaró: “Hay que enfrentar a las organizaciones criminales que orquestan los disturbios”. Mentira repetida para justificar sus actos criminales y violatorios de los derechos humanos. Por eso llenó las calles con más de 700 soldados armados, lanzando gases lacrimógenos y balas, así como tanques de guerra y helicópteros, en desesperado intento de dispersar al pueblo indignado por tanto agobio económico, unido a los efectos de la pandemia de la Covid-19.  

Lo mismo declaró en twitter el corrupto ex presidente Álvaro Uribe:

Los colombianos deben apoyar el derecho de soldados y policías, de utilizar sus armas para defender a las personas y bien del terrorismo vandálico”.

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