Matar de hambre al pueblo cubano, así es el plan.


Por Arthur González.

El gobierno de Estados Unidos y representantes de la mafia terrorista anticubana, llevan 60 años diciendo: “deseamos liberar al pueblo cubano de la dictadura castrista”, sin embargo, todos sus planes demuestran que solo desean matar de hambre y enfermedades a los cubanos, y culpar al socialismo.

No hay una sola medida, sanción o ley aprobada por el Congreso yanqui, dirigida a mejorar la situación de los cubanos, todo lo contrario.

El reforzamiento de la guerra económica, comercial y financiera que estrangula la economía de Cuba, es para afectar a la ciudadanía y que se lance a las calles a protestar, viejo sueño de más de medio siglo sin lograrlo, porque los cubanos conocen bien su historia y la explotación que ejecutaron en la Isla empresas norteamericanas y los magnates que en 1959 se refugiaron en Miami.

La Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton lo reflejan perfectamente.

Una prueba del estrangulamiento que llevan a cabo los yanquis, acaban de exponerlo durante la conferencia efectuada en Estados Unidos, titulada “La Economía Política del Turismo en Cuba”, transmitida en Internet por el Centro de Estudios para las Sociedades Abiertas.

La política yanqui contra Cuba ataca todos los renglones económicos que generen ingresos, destinados a satisfacer las necesidades de la población, evidenciado en el sostenimiento de una salud pública universal y gratuita, la educación, la cultura con acceso para todos, incluidas las escuelas y universidades de arte, el deporte, la seguridad social y todos los programas que benefician a once millones de cubanos, sin importar afiliaciones políticas, religión, orientación sexual y color de la piel.

Ante esta verdad incuestionable, la maquinaria mediática yanqui pretende sembrar una matriz de opinión: “Todo el dinero que entra a la economía de Cuba, va a parar a los gobernantes y no al pueblo”, afirmación que no pueden demostrar, ni sostener.

Ante eso repiten:

“Dado el control efectivo del régimen de la industria del turismo organizado, continuar permitiendo que los barcos de cruceros y vuelos a la Isla, continúen inyectando vitalidad económica al régimen, ignoran que es la dictadura -no el pueblo cubano- la que se beneficia de su inversión”.

Punta de lanza de esa vieja política de Estados Unidos, son los senadores Marco Rubio, Ted Cruz, Rick Scott, Robert Bob Menéndez y los congresistas Carlos Giménez, Albio Sires, Mario Díaz Balart y María Elvira Salazar, quienes defienden el criterio que “La política yanqui hacia Cuba, debe mostrar solidaridad hacia el pueblo cubano”.

¿Pensarán esos hijos de esbirros del dictador Fulgencio Batista, o de quienes se fueron al norte evitando ser asesinados por este, que los cubanos no tienen memoria o desconocen su historia?

El informe que elaboró el subsecretario de Estado Lester Mallory en abril de 1960, no deja lugar a dudas de cuál es el objetivo perseguido, bien alejado de “solidaridad hacia el pueblo cubano”, como pretenden hacerle creer a tontos y estúpidos.

Lo esencial de aquel documento de Mallory afirma:

“El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución, es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Ninguna línea dice ayudar al pueblo, todo es crear insatisfacción y aumentar las dificultades.

En 1962, el presidente J.F. Kennedy aprobó una abarcadora operación subversiva para desestabilizar a la Revolución, después de la aplastante derrota en Bahía de Cochinos.

Entre las ideas de esa operación, se plasmó:

“La acción política será apoyada por una guerra económica, que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Está bien palpable, ni embargo ni bloqueo, una guerra económica para afectar al pueblo, al no poder satisfacer sus necesidades.

Los senadores y congresistas repiten el gastado argumento de que sus medidas son contra el gobierno, pero los documentos oficiales de Estados Unidos demuestran lo contrario.

Las sanciones arreciadas por Donald Trump, fueron dirigidas hacia el turismo, por ser la fuente principal de ingresos que tiene Cuba, con el subterfugio de que “el dinero va a las empresas dirigidas por los militares y no al pueblo”.

Pero, ¿a dónde irían a parar los ingresos generados por el turismo, si con la aplicación del Título III de la ley Helms-Burton, las propiedades en Cuba pasan a manos privadas? ¿Los burgueses en Miami los destinarían a mantener los beneficios sociales que aplica la Revolución?

Nadie lo dude, la salud dejará de ser gratuita y las compañías de seguro y las farmacéuticas se apropiarían rápidamente del mercado cubano.

La educación volvería a ser privada y muchas escuelas regidas por la iglesia, cobrarán altos precios por las matrículas, los libros y libretas tendrán que ser comprados por los padres, al igual que los instrumentos musicales en las escuelas de arte, hoy gratuitos gracias a la Revolución. Ningún hijo de obrero podría ser médico, ingeniero, o cibernético matemático.

¿El deporte sería un derecho del pueblo? No.

Volverían los clubes privados a monopolizar la práctica de muchos de ellos y la exclusividad para los socios que puedan pagar las cuotas de inscripción y cada cual a comprarse sus equipos.

¿Los teatros y los ballets abrirían sus puertas al pueblo, o regresarán las asociaciones de Damas filantrópicas a dirigir las compañías?

En fin, que nadie se llame a engaño que los Estados Unidos desean el bienestar de los cubanos, porque la sociedad yanqui es un vivo ejemplo de lo que reciben los obreros y empleados, muy diferente a lo alcanzado por la Revolución que tanto odian, considerada un “mal ejemplo”. 

Que se crean los asalariados de San Isidro, las “Damas” de Blanco y de la UNPACU, que en otra Cuba serán calificados de “valientes y de nuevos mambises”, como irrespetuosamente con nuestros héroes de la patria, los catalogó hace pocos días el congresista Mario Díaz-Balart, hijo de uno de los esbirros del asesino Batista.

Serán despreciados por no pertenecer a su clase social y discriminados por el color de la piel y baja catadura moral, muy alejada de los preceptos de la burguesía.

Razón tiene José Martí al afirmar:

“El lucro cría gusanos”.

Un pensamiento en “Matar de hambre al pueblo cubano, así es el plan.

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