La vieja historia de las Fake News contra Cuba.


Por Arthur González.

Las Fake News contra Cuba no comienzan con la era de Internet, llevan 62 años en actividad.

El mismo año 1959, cuando triunfó la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro, el gobierno de Estados Unidos inició su guerra mediática, con el objetivo de desinformar a la opinión publica de lo que acontecía en la Isla y demonizar a los que habían derrocado al dictador Fulgencio Batista, apoyado política y militarmente por Washington.

Ante la avalancha de mentiras, el propio Castro convocó a la prensa nacional y extranjera acreditada, para desenmascarar a quienes intentaban acusar a la Revolución, interesados en conformar una imagen distorsionada y sembrar el rechazo a la misma, especialmente en América latina.

El primer Programa de Acciones Encubiertas de la CIA, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el presidente Dwight Eisenhower, plantea:

Para que la oposición pueda ser escuchada y la base del apoyo popular a Castro debilitada, es necesario desarrollar los medios de información hacia el pueblo cubano, con el fin de iniciar una poderosa ofensiva propagandística en nombre de la oposición declarada”.

“Como voz principal de la oposición, se propone establecer una estación de radio “gris”, controlada por Estados Unidos. La misma probablemente se ubicará en la Isla Swan y emplearía equipos de potencia sustancial, tanto en banda de alta frecuencia como de radio difusión. La preparación de los guiones (libretos) serán hechos en Estados Unidos y transmitidos electrónicamente hasta el lugar de la emisión”.   

El presupuesto aprobado para esa propaganda anticubana fue de 700 mil usd en operaciones de radio y programación, y 500 mil usd para pagar artículos en la prensa y otras publicaciones.      

La CIA designó a los oficiales David Alteé Phillips, como jefe de propaganda, por su experiencia en el golpe de Estado en Guatemala y a Howard Hunt, para dirigir las acciones políticas, su compañero en aquel hecho, quien viajó a La Habana en mayo de 1960 para evaluar la actitud de los cubanos hacia la Revolución y observar los alrededores de las estaciones de radio y televisión, proponiendo al regreso su destrucción.

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