La dictadura yanqui.


Por Arthur González.

Aunque los Estados Unidos proclaman que son la “democracia perfecta”, realmente son una dictadura total que no permite ideas políticas diferentes, persiguen con saña a quienes desobedecen sus órdenes, acallan a los periodistas y personas que expresan opiniones a favor de los pobres, negros, latinos, mujeres y todos los que poseen criterios no afines con el capitalismo, o se atreven a demostrarlo públicamente.

Ejemplos son muchos.

Si una persona es miembro del partido comunista, es calificado como peligroso e incluso se le deniega una visa o la residencia legal en Estados Unidos, lo que demuestra que no toleran la libertad de pensamiento.

Lo mismo pasa con la libertad de expresión. Los periodistas que denuncian sus atropellos, la injerencia en los asuntos de otros países y de personas, son perseguidos como sucede con Julián Assange, acosado alevosamente por haberle abierto los ojos al mundo, al publicar cables oficiales del gobierno, donde se constatan las atrocidades políticas que comenten los yanquis.

Los derechos humanos no se respetan, comprobado en las cárceles secretas y públicas, como las de Irak, Polonia, Rumania y en la Base Naval ubicada en Guantánamo, donde las torturas físicas y psíquicas ejecutadas por la CIA, son insólitas en la era moderna.

La dictadura yanqui es tan severa que aquellos que pretendan comerciar libremente con otros y en los negocios puedan quedar fuera los Estados Unidos, en el acto son sancionados con multas y/o se le establecen fuertes restricciones en las actividades comerciales, porque o se acepta lo que dicen ellos, o lamentarán las consecuencias.

Un vivo ejemplo es el nuevo gasoducto ruso-alemán, que resultará beneficioso para ambos países, pero Estados Unidos no recibirá ganancias y, por tanto, ha chantajeado con sancionar a decenas de empresas europeas para que se retiren de esa construcción, prueba de lo que es capaz la dictadura yanqui.

El trato discriminatorio a los estadounidenses de raza negra guarda una larga y triste historia, al ser tratados como ciudadanos de 2da categoría, no les llaman norteamericanos, sino afronorteamericanos, calificativo para que no olvide que son de África y no de Estados Unidos, criterio que impuso el presidente Quince Adams, cuando compró un pedazo de tierra en aquel continente y deportó a cientos de miles de negros, porque no los quería en América.

Las oportunidades de trabajo, salario, estudios y participación ciudadana, se han obtenido con mucha sangre, incluido el asesinato de líderes negros para impedir que dirijan movimientos opositores, como pasó con Martin Luther King y otros más que han cumplido años de cárcel, entre ellos Ángela Davis.

Si eso no es un comportamiento dictatorial, ¿qué calificativo tiene?

La lista de golpes de Estado en países con gobernantes que no se pliegan a las órdenes de Estados Unidos, es amplia, al igual que los asesinatos y planes contra gobernantes que defienden la soberanía de sus naciones. Solo contra Fidel Castro fraguaron más de cien, hecho que supera la actuación de Adolfo Hitler, incluida las formas de ejecutarlos, con venenos creados en laboratorios de la CIA.

Cuba es víctima de miles de acciones terroristas, invasiones mercenarias, guerra económica y financiera, unida a la biológica para afectar su flora, fauna y los seres humanos, crímenes genocidas que exponen la condición de dictadura de Estados Unidos, que además da abrigo a terroristas y asesinos a sus órdenes.

La dictadura yanqui se siente dueña del mundo, con bases militares en todos los continentes para amenazar a los países que se oponen a su tiranía.  

Similar a Hitler, invaden y roban las riquezas de otros, sin que los agredidos tengan el derecho a defenderse y reclamar los daños.

Aún se recuerdan los crímenes cometidos contra los pueblos de Viet Nam, Cambodia y Laos, quienes sufrieron daños incalculables sólo porque los dictadores yanquis querían apoderarse de sus territorios. Para los responsables de tantas muertes no hubo un tribunal como el que juzgó y condenó a los militares alemanes, a pesar de haber causado muchas más muertes y daños colaterales en la población.

Afganistán, Irak, Libia y Siria, han sido invadidas por tropas yanquis, con el deliberado propósito de robarles sus recursos naturales, fabricando pretextos falsos para sus guerras sucias.

Venezuela cuenta con suficientes pruebas legales para que Estados Unidos sea condenado por sus actos criminales, que como hacen contra Cuba, buscan matar de hambre y enfermedades a su población, solo por haber cometido el desacato de no someterse a sus órdenes.

Sus cuentas bancarias son robadas, el oro depositado en bancos extranjeros congelados, saqueadas son propiedades en territorio yanqui y apoyan a un títere que se auto proclamó presidente, sin elecciones populares, la mayor violación de la llamada “democracia representativa”, tan cacareada por los yanquis.

Las guerras psicológicas desarrolladas contra los que se niegan a subordinarse a ellos, son evidencias de su dictadura impuesta a quienes desean ser independientes.

El robo de información a través de Internet y sus mecanismos de Facebook, Instagram, Twists y otros, autentifican la dictadura a la que someten a miles de millones de personas, al utilizar sus datos personales a su antojo, caracterizar gustos y preferencia de los usuarios, familiares y amigos.

En los años 50 del pasado siglo XX, el director de la CIA, Allen Dulles, afirmó:

“Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde nuestras grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de las fuerzas armadas, en cualquier zona, sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural a defenderse”.

Reafirmación de las bases ideológicas de su dictadura, incrementada y globalizada después de los años 90, con el desmembramiento del socialismo europeo y la URSS.

Los dictadores yanquis no se detienen ante nada que entorpezca su monopolio político, de ahí los golpes militares en naciones que tomen un camino diferente al trazado por Washington. Para ello, fabrican campañas mediáticas para atemorizar a los pueblos con el fantasma del comunismo, satanizando al sistema socialista como lo peor, escamoteándole la verdad a la opinión pública de sus bondades, muchas de ellas saboteadas por sus planes de acciones encubiertas. 

Su dictadura es tan sangrienta que llegan a impedir hasta la alimentación y la salud en los países que se le enfrentan, como le hacen a Cuba, en plan homicida que ejecutan desde hace 60 años, plasmado en un informe redactado en 1960, por uno de los sub secretarios del Departamento de Estado, donde expuso:

“Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

El Comité Pike, de la Cámara de Representantes yanqui, fue torpeado al poner en peligro la dictadura, cuando anunció que investigaría 10 años de acciones encubiertas de la CIA, en particular su intervención en las elecciones italianas de 1972, la ayuda encubierta a los kurdos en Irak entre 1972 – 1975 y la participación secreta de la CIA en los sucesos de Angola en ese último año.

La dictadura yanqui no tiene frenos, va contra todo. Por eso José Martí nos alertó:

“De ese pueblo del Norte hay mucho que temer y mucho que parece virtud no lo es”.

Un pensamiento en “La dictadura yanqui.

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