¿Con qué se sienta la cucaracha?


Por Arthur González.

Rosa María Payá se ha creído que el papel otorgado por la mafia terrorista de Miami, especialmente el senador Marco Rubio, para que actúe en el show anticubano, es verdadero, cuando ella realmente es solo una marioneta fabricada a la carrera, como otros tantos.

Creyendo ser una figura política importante, la engreída hija de Oswaldo Payá, se atrevió hace unos días a cuestionar a Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea, acusándolo de “ponerse de parte de los dictadores”, ante la petición de esa organización al gobierno de los Estados Unidos, para que retire a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, medida tomado por Donald Trump días antes de terminar su mandato presidencial, sin un tener un solo elemento probatorio.

Tantos halagos inmerecidos le han ofrecido, a quien cambió sus sentimientos filiales por una visa de refugiada política en Miami, que ahora se siente con el derecho de reclamarle a un funcionario de carrera, ex ministro de Exteriores de España, y pretender tratarlo de igual a igual, cuando ella no tiene aval político alguno, ni historia de acciones en Cuba, porque su padre siempre la tuvo apartada para que pudiera estudiar y graduarse en la Universidad de La Habana, como licenciada en geografía.

¿Se le habrá pegado la prepotencia del senador Rubio y de los demás representantes de la mafia terrorista de Miami, que hicieron carrera a costa de sus posiciones contra la Revolución cubana?

Quizás, pero ella igual que las cucarachas no tiene con que sentarse, por ser una asalariada más, que solo recibe órdenes de quienes le pagan.

En su insolencia desmedida llegó a cuestionar a Borrell por dar ese paso, en momentos donde José Daniel Ferrer y otros de sus seguidores, dicen estar en una “huelga de hambre” desde hace más de 18 días, escenificando otro show mediático.

Pensará Rosa María que el Alto Representante de la Unión Europea es tonto, cuando por sus años y experiencia acumulada con las acciones de la contrarrevolución cubana, le permiten aquilatar la gran mentira, situación que pudo constatar hace unos 10 años, cuando España aceptó recibir a un grupo de ellos, después de la mediación del Cardenal Jaime Ortega con Madrid, para que aceptara a varios de los que estaban detenidos por sus actos subversivos, financiados por Estados Unidos.

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