La contrarrevolución no representa al pueblo de Cuba.


Por Arthur González.

La vida se encarga de demostrar que la contrarrevolución con disfraz de “disidencia”, es fabricada y financiada por Estados Unidos, y no representa al pueblo cubano, a pesar de las campañas de prensa que paga la CIA y el Departamento de Estado, para hacérselo creer a los que desconocen la verdad sobre Cuba.

La raíz de esa posición de los yanquis, hay que buscarla antes del triunfo de la Revolución, manifestado por el propio presidente Eisenhower y el director de la CIA, quienes en 1958 afirmaron que tenían que evitar la victoria de Castro, por no ser el hombre que necesitaban para sus intereses en la Isla.

Es por ese motivo que unos días posteriores a la victoria en enero de 1959, se conforma en Miami la primera organización contrarrevolucionaria, como otras tantas que se quedaron en el camino.

Pero ante tantos fracasos y dinero malgastado, los yanquis insisten en la creación de nuevos grupúsculos, porque la contrarrevolución es un negocio muy jugoso que aporta capital financiero y político para muchos. De ahí la búsqueda de noveles actores para esa comedia, que nunca ha conseguido apoyo del pueblo cubano, porque sabe que en la Revolución está la soberanía e independencia de Cuba, principios sagrados que no se venden.

A pesar de las derrotas, en los últimos años Estados Unidos insiste en inventar organizaciones invisibles para los cubanos, aupadas por la blogosfera, pero sin reconocimiento social en pueblos y ciudades de Cuba, como es el caso de Cuba Decide, construido para darle visibilidad a Rosa María Paya Acevedo, “ahijada” del Senador Marco Rubio, tratando de captar a la juventud cubana, sin resultado alguno.

Ella solo tiene un papel en el circo mediático y por eso la obligan a escribirle a la Unión Europea y la OEA, con la pretensión de presentar un supuesto plan para cambiar el sistema en la Isla, sin antes haber contado con el pueblo cubano, que aprobó hace año y medio una nueva Carta Magna, respaldada por cerca del 90 por ciento de la población.

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Quién es el culpable del hambre y la miseria en América Latina.


Por Arthur González.

Desde hace 60 años, Estados Unidos fabrica una matriz de opinión para hacerle creer al mundo que el socialismo cubano ha llevado a la ruina al pueblo, pero sus periodistas no hablan de la guerra económica, comercial y financiera que estructuran los yanquis para impedir el avance del sistema, al imponer con sus leyes criminales prohibiciones al comercio y sanciones severas a quienes las violen.

Sus campañas mediáticas repiten que “la economía cubana es un fracaso” y en los últimos años pretenden responsabilizar a los errores del gobierno, que, si bien han sido muchos, la verdadera causa es el llamado Bloqueo, algo reconocido por la CIA en sus informes secretos, donde aseguran:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre….  estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

A pesar de esto, la Revolución cubana exhibe avances en educación, salud, cultura y desarrollo científico, a nivel de países desarrollados, incluso con una industria biotecnológica que le permite contar hoy con 5 candidatos vacunales contra la Covid-19, cosa impensable para Latinoamérica, la fabricación de equipos de alta tecnología y la producción de software que le permiten competir con otras naciones.

En contraste con esto, informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aseguran que América Latina es la región más desigual del planeta, donde en países como Chile, las mujeres de los barrios pobres nacen con una esperanza de vida solo de 18 años, bien diferente a los más de 80 que tienen las cubanas en el sistema socialista, ese que tanto satanizan los yanquis.

Otra de las desigualdades que viven los países latinoamericanos regidos por el capitalismo, está marcada por el color de la piel, pues los indígenas, negros y mestizos son más pobres y con menos posibilidades de terminar los estudios secundarios o lograr un empleo estable, que las personas blancas, situación erradicada por la Revolución socialista cubana, que brinda las mismas oportunidades para citadinos, campesinos y personas de todos los colores de piel.

El socialismo en Cuba tiene un sistema de educación universal y gratuito para todos, lo mismo que el de salud, por eso los altos niveles de supervivencia de los niños al nacer y sus madres, y una esperanza de vida superior a los 78 años, contrario a los países capitalistas de la región, prueba que el socialismo no es tan atroz como lo pintan.

¿Por qué cientos de miles de latinoamericanos emigran todos los días hacia Estados Unidos?

Huyen de la pobreza perenne que mata de hambre y no por el comunismo, como acuñan a la emigración cubana, la única que disfruta desde 1966 de la llamada Ley de Ajuste Cubano, la cual otorga beneficios que ningún otro ciudadano del mundo tiene, solo porque proceden de un país socialista. 

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Cuba puede y debe hacer campañas de solidaridad con los negros estadounidenses.


Por Arthur González.

Desde 1959 el gobierno de Estados Unidos fabrica campañas mediáticas mentirosas contra la Revolución cubana, con el propósito de hacerle creer a sus ciudadanos y al mundo, que el sistema socialista es un infierno que debe ser erradicado de la faz de la tierra, imagen que repiten todos los días.

Sin embargo, Cuba también puede y debe hacer campañas contra los males de la sociedad capitalista yanqui, plagada de desigualdades y un racismo criminal impregnado en los genes de muchos estadounidenses blancos, auto considerados como “seres superiores” a los negros, latinos y asiáticos.

El apoyo político y monetario que brinda la Casa Blanca a los movimientos contrarrevolucionarios cubanos fabricados por la CIA, con fondos millonarios aprobados anualmente por el Departamento de Estado, la USAID y la NED, se aprecia diariamente, incluida la participación de diplomáticos yanquis en reuniones con esos elementos, donde imparten orientaciones, preparación y visitan sus casas en desafío a las autoridades cubanas.

Sistemáticas son las declaraciones del Departamento de Estado acusando a Cuba de “violar” los derechos humanos. Además, respaldan todas las provocaciones de sus asalariados, observado recientemente en el barrio de San Isidro y en Santiago de Cuba, donde diplomáticos yanquis, encabezados por el encargado de negocios, se presentan en la zona.

¿Cómo reaccionaría el Departamento de Estado, si el embajador cubano en Washington visitara la residencia de alguno de los estadounidenses de raza negra, asesinados por la policía, para darle apoyo solidario a la familia?

Los cubanos deben darle todo su apoyo solidario al movimiento denominado “Black Lives Matter”, (Las vidas negras importan), porque el racismo estructural de Estados Unidos se expresa a lo largo de ese país.

En los últimos meses, policías de Estados Unidos acabaron con las vidas de George Floyd, Eric Garner, Laquan McDonald, Michael Brown (un día después de que Derek Chauvin fuera condenado por el asesinato de George Floyd), Breonna Taylor y Ma’Khia Bryant, de solo 16 años. Por cada muerte el gobierno cubano debió hacer una declaración acusatoria, como hace el Departamento de Estado por hechos falsos y apoyo a inventadas huelgas de hambre pagadas con dinero de Estados Unidos, para crear una matriz de opinión negativa contra la Revolución.

Tuits, mensajes en Facebook, Instagram y declaraciones oficiales cubanas, deben aparecer diariamente en las redes sociales, para exigir el fin de la violencia policial contra los estadounidenses negros y la violación de sus derechos ciudadanos.

Hay que tomar la ofensiva para que el mundo se levante contra los crímenes impunes de la policía yanqui, unir grupos de solidaridad y efectuar manifestaciones en grandes ciudades y en pueblos pequeños de todos los Estados Unidos y en otros países, porque los yanquis sí violan todos los derechos humanos, crean y resguardan a los terroristas, son el mercado más grande de las drogas, de pornografía y prostitución infantil, de trata de personas; secuestran, encarcelan y torturan con impunidad, y maltratan a los inmigrantes, incluidos a menores de edad.

Esas violaciones deben ser condenadas todos los días y conformar campañas en las redes sociales con hechos comprobados y no los falsos fabricados por la CIA, como hacen contra países que tienen gobiernos soberanos, pero no aceptables para Washington.

El lema Black Lives Matter, tiene que grabarse en la mente de los ciudadanos del mundo, mediante denuncia permanente en los medios de prensa escrita, radial, televisiva, y por Internet, igual a lo que hacen los yanquis en sus cruzadas mediáticas contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, China, Siria e Irán.

No se le puede dar tregua a quienes fabrican disidentes, movimientos opositores, sufragan manifestaciones públicas y hasta supuestos envenenamiento de sus asalariados, para desprestigiar a gobiernos que no logran derrocar, a pesar de los miles de millones de dólares gastados.

La necesidad de leyes estatales y federales en Estados Unidos, para evitar que la policía continúe asesinando a ciudadanos negros, debe ser parte de las denuncias que se proyecten, porque se conoce que en el Senado ninguna ley será aprobada por sus integrantes blancos y conservadores, a quienes no les importan las vidas de los negros.

Las personas y agrupaciones anti racismo en Cuba y del mundo, deben apoyar los reclamos de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color de Estados Unidos, y que ellos sientan que no están solos en su lucha por la igualdad racial.

En la unidad está la fuerza y si todos nos unimos, el gobierno de Estados Unidos tendrá que hacer cambios, al ser condenado en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por sus sistemáticas violaciones.

Después del asesinato de George Floyd, muchos ciudadanos en Estados Unidos se unieron a las protestas, entre ellos miles de blancos que no rechazan a los estadounidenses de piel negra, porque han tomado conciencia de que el racismo es una amenaza grave para la salud pública de ese país, corroborado en el incremento del desempleo en las comunidades negras.

Hoy familias y trabajadores de las comunidades negras, son las más perjudicadas por la pandemia, y estudiantes blancos obtienen mejores resultados en la educación a distancia. Según datos oficiales, hasta los propietarios blancos ganan más dinero en el actual mercado inmobiliario.

Esta realidad merece una denuncia cotidiana, para que se conozca la verdad que los yanquis quieren ocultar o edulcorar. Los movimientos anti racistas deben mantener la protesta permanente contra lo que sucede en Estados Unidos y no dejarse confundir con las campañas que estos fabrican contra otros países, para desviar la atención de sus propias penurias.

Los Estados Unidos son profundamente racistas desde hace 350 años y deben ser condenados por sus crímenes. Unámonos.  

¡Las vidas negras importan!  Y como afirmó José Martí:

“Hay propagandas que deben hacerse infatigablemente y toda ocasión es oportuna para hacerlas”.

Matar de hambre al pueblo cubano, así es el plan.


Por Arthur González.

El gobierno de Estados Unidos y representantes de la mafia terrorista anticubana, llevan 60 años diciendo: “deseamos liberar al pueblo cubano de la dictadura castrista”, sin embargo, todos sus planes demuestran que solo desean matar de hambre y enfermedades a los cubanos, y culpar al socialismo.

No hay una sola medida, sanción o ley aprobada por el Congreso yanqui, dirigida a mejorar la situación de los cubanos, todo lo contrario.

El reforzamiento de la guerra económica, comercial y financiera que estrangula la economía de Cuba, es para afectar a la ciudadanía y que se lance a las calles a protestar, viejo sueño de más de medio siglo sin lograrlo, porque los cubanos conocen bien su historia y la explotación que ejecutaron en la Isla empresas norteamericanas y los magnates que en 1959 se refugiaron en Miami.

La Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton lo reflejan perfectamente.

Una prueba del estrangulamiento que llevan a cabo los yanquis, acaban de exponerlo durante la conferencia efectuada en Estados Unidos, titulada “La Economía Política del Turismo en Cuba”, transmitida en Internet por el Centro de Estudios para las Sociedades Abiertas.

La política yanqui contra Cuba ataca todos los renglones económicos que generen ingresos, destinados a satisfacer las necesidades de la población, evidenciado en el sostenimiento de una salud pública universal y gratuita, la educación, la cultura con acceso para todos, incluidas las escuelas y universidades de arte, el deporte, la seguridad social y todos los programas que benefician a once millones de cubanos, sin importar afiliaciones políticas, religión, orientación sexual y color de la piel.

Ante esta verdad incuestionable, la maquinaria mediática yanqui pretende sembrar una matriz de opinión: “Todo el dinero que entra a la economía de Cuba, va a parar a los gobernantes y no al pueblo”, afirmación que no pueden demostrar, ni sostener.

Ante eso repiten:

“Dado el control efectivo del régimen de la industria del turismo organizado, continuar permitiendo que los barcos de cruceros y vuelos a la Isla, continúen inyectando vitalidad económica al régimen, ignoran que es la dictadura -no el pueblo cubano- la que se beneficia de su inversión”.

Punta de lanza de esa vieja política de Estados Unidos, son los senadores Marco Rubio, Ted Cruz, Rick Scott, Robert Bob Menéndez y los congresistas Carlos Giménez, Albio Sires, Mario Díaz Balart y María Elvira Salazar, quienes defienden el criterio que “La política yanqui hacia Cuba, debe mostrar solidaridad hacia el pueblo cubano”.

¿Pensarán esos hijos de esbirros del dictador Fulgencio Batista, o de quienes se fueron al norte evitando ser asesinados por este, que los cubanos no tienen memoria o desconocen su historia?

El informe que elaboró el subsecretario de Estado Lester Mallory en abril de 1960, no deja lugar a dudas de cuál es el objetivo perseguido, bien alejado de “solidaridad hacia el pueblo cubano”, como pretenden hacerle creer a tontos y estúpidos.

Lo esencial de aquel documento de Mallory afirma:

“El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución, es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

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Bob Menéndez, el imperio de la corrupción.


Por Arthur González.

Miembro de la mafia terrorista anticubana de Miami, el senador Bob Menéndez, padece de la misma enfermedad que muchos de los integrantes de la “Cosa Nostra” de origen cubano, enriquecida por sus vínculos con la CIA para la ejecución de acciones terroristas contra la Revolución socialista.

De ese grupo surgieron los fracasados mercenarios que invadieron Cuba, los autores de infiltraciones ilegales para perpetrar actos terroristas, conformaron redes de espías e introdujeron gérmenes patógenos para afectar la salud humana, animal y vegetal.

Son parte de la historia del narcotráfico denunciadas en el caso Irán-Contra, la colocación de micrófonos para espiar en el proceso conocido como Watergate y hasta el complot para asesinar al presidente J. Kennedy.

Robert Bob Menéndez, uno de los miembros de mayor rango en el Comité de Relaciones Internacionales del Senado, asume posiciones estridentes contra Cuba igual que otros de esa cúpula, pero en su caso se destacan hechos delictivos que, si no contara con el respaldo de esa mafia y el apoyo de altos funcionarios de los Servicios de Inteligencia yanqui, estaría cumpliendo condena en una prisión de alta seguridad.

Es el máximo exponente de posiciones estridentes hacia La Habana, promotor de enmiendas para reforzar la guerra económica, comercial y financiera, y otras que afecten al pueblo cubano, para que culpe al socialismo de sus penurias.

La mafia anticubana siente temor de que la administración de Joe Biden, desmonte las medias y sanciones que su antecesor Donald Trump impuso a Cuba, razón para que Menéndez desde su posición, insista en reforzar la matriz de opinión de que: La Habana es el principal enemigo de Estados Unidos en el hemisferio, porque tiene sus tentáculos por todas partes, fundamentalmente en Venezuela”.

Es un corrupto total que, al amparo de la maquinaria secreta de la CIA, ha logrado evadir la justicia a cambio de actuar según las órdenes de la esa Agencia de Inteligencia.

Desde el 2013 el FBI disponía informaciones que vinculaban al senador Menéndez en un caso de corrupción, al favorecer desde su alta posición política, al oftalmólogo de Florida Salomón Melgen, en ciertas negociaciones comerciales, por ser su amigo personal y uno de los principales donantes para sus campañas electorales.

A esa acción, el FBI sumó en enero de 2014, otra investigación en su contra, por haber ayudado a dos hermanos ecuatorianos, declarados fugitivos de su país desde finales de los años 90 del siglo XX, por cargos de malversación a los clientes del banco Filanbanco, ayuda que constituye un crimen federal.

Como resultado de la investigación desarrollada por el FBI, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos acusó formalmente el1 de abril de 2015, a Menéndez y a Melgen, de soborno, fraude y declaraciones falsas, entre otros delitos conexos.

Los argumentos expuestos afirman que, el senador Menéndez pidió a altos funcionarios del Departamento de Estado, que presionara al gobierno de República Dominicana, para que cumpliera un contrato de seguridad portuaria en beneficio de una compañía propiedad de Salomón Melgen. A cambio, Melgen se comprometió en “donar” 60 mil dólares a la campaña política del senador, maniobra bastante común en esas esferas yanquis.

A esa lista de hechos criminales de Bob Menéndez, la fiscalía le sumó el delito de haber ayudado a su amigo oftalmólogo, en la obtención de visas para varias de sus “novias”, con el objetivo de que viajaran a Estados Unidos.

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